La
decisión del juez Lord Brian Hutton, de calificar de
infundadas las denuncias hechas por la BBC, en el sentido de
que las pruebas presentadas por el gobierno británico
para justificar la guerra contra Irak estaban infladas, es el
penúltimo episodio del enfrentamiento sostenido entre
el primer ministro Tony Blair y la cadena pública de
radio y televisión.
La BBC siempre se ha caracterizado por mantener su independencia
de los gobiernos que se han sucedido en Inglaterra, independencia
a la que no renuncian ni siquiera cuando su nación entra
en guerra, tal como lo demostró su posición ante
la decisión de Blair de acompañar a los Estados
Unidos en su invasión a Irak.
Las dudas de los periodistas de la BBC sobre la posesión,
por parte de Irak, de armas de destrucción masiva, principal
justificación para invadir a ese país, fue corroborada
por uno de los inspectores de la Organización de Naciones
Unidas, David Kelly –quien posteriormente se suicidaría-
lo que puso contra las cuerdas por varios meses al primer ministro
británico.
El último episodio de esta batalla entre el gobierno
británico y los periodistas de la BBC se produjo esta
semana cuando, tras la renuncia del presidente de la junta directiva,
Gavyn Davies, y el director general, Greg Dykes, quienes laboran
en esta cadena de radio y televisión salieron a manifestar
y a exigir que se “mantuvieran las manos fueras de la
BBC”. Quienes dirigen y laboran en la BBC tienen muy claro
que se deben a sus lectores antes que al gobierno de turno.
(08/02/04)