Las últimas horas
de Jorge Tortoza
 

Aquel jueves 11 de abril, Jorge Tortoza, reportero gráfico de 48 años, al servicio del diario 2001, no tenía asignada la cobertura de la marcha de la oposición que debía salir del Parque del Este. Aquella multitudinaria manifestación se realizaba en medio de una encendida confrontación política entre el gobierno y los sectores de oposición, pero no era un evento noticioso que le correspondiera hacerle seguimiento a un gráfico asignado a la fuente de sucesos, como era el caso de Jorge. Muy temprano en la mañana, acompañado por la reportera Jenny Oropeza, debió dirigirse a la población de Yare, Estado Miranda, donde habian tenido lugar disturbios el día anterior. Otros reporteros de sucesos también habían enviados a la misma misión, y entonces decidieron viajar en pareja los vehículos de 2001 y el de El Universal, ocupado por Gustavo Rodríguez y “el compadre” Fernando Sánchez, gráfico como Tortoza.

De manera que a primeras horas de aquel trágico día, Tortoza se encontraba muy lejos del escenario donde horas más tarde perdería la vida. Fue cerca de las tres de la tarde cuando los reporteros regresaron a Caracas y de inmediato se dirigieron al centro de Caracas, donde ya tenían lugar escenas de violencia. Llegan a la avenida Baralt en medio del tiroteo. Jenny Oropeza se despega de Tortoza, comienza a llamarlo y este le responde, jocoso: “¿tienes miedo? ¡cómprate un cochino!”. Cada quien busca protegerse como puede, mientras silban las balas y en su rededor cae gente sangrante, agonizante, bajo una lluvia de proyectiles y en medio de densas nubes de gas lacrimógeno.

Tortoza se encuentra en plena avenida Baralt, a la altura de la esquina de La Pedrera. En un momento dado decide cruzar la vía, en sentido oeste-este, muy cerca del lugar donde está la estatua de Baralt. Antes de llegar a la acera, recibe un balazo en el parietal izquierdo, que lo lanza de bruces. Cae inconsciente. El proyectil quedó alojado en su cabeza. Nadie sabe a ciencia cierta que calibre es, aunque la policía ha dicho que es un proyectil blindado calibre 38, pero las versiones iniciales indicaban una bala 9 milímetros.

Enseguida es auxiliado por el arquitecto Manuel Madriz, y los reporteros Johán Merchán (Televén); Gustavo Rodríguez y Fernando Sánchez (El Universal), Henry Solórzano (free lance) y por funcionarios de la Policía Metropolitana, que lo montan en una motocicleta y lo trasladan al Hospital Vargas, donde ingresa poco antes de las cuatro de la tarde. Nunca recuperaría el conocimiento. Su deceso se produjo cerca de las diez de la noche.

Su equipo fotográfico fue recogido, coincidencialmente, por dos hijos del subdirector del 2001. Las gráficas fueron publicadas por ese diario en su edición del 25 de mayo, con lo cual quedó claro que Tortoza no fue objeto de un asalto, como irresponsablemente algunos quisieron hacer ver. Esas personas fueron detenidas y luego dejadas en libertad.

En los días sucesivos surgieron distintas hipótesis sobre el lugar desde donde se le disparó a Tortoza. Las primeras versiones señalaron que le dispararon desde uno de los pisos del edificio La Nacional, lo cual parecía reforzado por la trayectoria descendente que presentó su herida. Luego comenzaron a surgir otros testimonios. Alguien dijo que le habían disparado desde un edificio en construcción. Otra versión señala que Tortoza fue alcanzado por un balazo disparado a la altura de la avenida e inclusive se llegó a señalar a un sujeto identificado como Amílcar Carvajal, vinculado a las altas esferas del poder gubernamental, quien fue fotografiado disparando desde la isla de la avenida y que aún se encuentra prófugo. Había gente disparando desde detrás de los árboles y los kioscos de venta de periódicos.

Dos años han pasado de la muerte de Jorge Tortoza. Las investigaciones permanecen en punto muerto, así como la del resto de conciudadanos vilmente asesinados ese día. No ha sido posible integrar una Comisión de la Verdad. Lo que sí está claro es que los periodistas heridos ese día no lo fueron por causas del azar. Fueron heridos al ser identificados por sus instrumentos de trabajo, sus cámaras fotográficas. Y ese fue el caso de Tortoza, de Jorge Recio, de Johnatán Freitas o Luis Enrique Hernández. Los compañeros de Jorge Tortoza continuaremos exigiendo justicia.
(
11-04-04)

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