Me pregunto: ¿Dónde está el poder popular de los ministerios?. La respuesta a esta interrogante nos podría subir el termómetro de la preocupación, si evaluamos las muestras que nos han dado desde dichos entes públicos, después que se les agregó la denominación de Poder Popular. La respuesta lamentablemente podría conducirnos a pensar que son los titulares de esas carteras los que tienen poder, pero especialmente para pisotear los derechos humanos de la población, donde obviamente lo popular se pierde.
Hago esta reflexión porque, por ejemplo, el primer anuncio que se conoce del ministerio de Comunicación e Información (Minci), convertido en ministerio de Poder Popular, gracias a la reactivación de los motores socialistas creados por el presidente Hugo Chávez, es que desde allí se centralizará la información de todas las dependencias gubernamentales y yo diría que hasta no gubernamentales, porque si los poderes son tan autónomos, como reiteran todos los voceros del Ejecutivo, no se entiende por qué desde el Minci se nos convoca a los periodistas a algunas ruedas de prensa de diputados y a los eventos del TSJ.
¿Es que acaso esta centralización de la información está diseñada para configurar solo una gran verdad o una palabra santa desde el Ejecutivo, sobre la cual nadie tenga derecho a replicar?, y de paso, dicha por el único vocero previamente autorizado por el gobierno. Conozco referencias sobre casos de ministros que han suspendido entrevistas porque desde el Minci no le dieron el visto bueno para hablar. ¿Dónde quedan los derechos del pueblo a ser informado oportuna y verazmente y a expresarse exigiendo respeto a sus derechos, independientemente a que contradigan la palabra oficial?. ¿Qué pasa cuando los periodistas y los medios quedan limitados a una sola versión, además adornada y acomodada a los requerimientos de un poder para nada popular?. ¿Eso es lo que han intentado decir los personajes cautivos de la revolución cuando van a las puertas de los medios a gritar y a agredir, supuestamente conmocionados por la “falta de seriedad” en alguna versión periodística, clamando: ¡digan la verdad, digan la verdad!.?
Todo indica que en nombre de la hegemonía comunicacional que aspira el gobierno, el poder popular de los ministerios nos intenta ubicar en el motor de la sumisión, el silencio, la noticia siempre halagadora al mando y la omisión de las frustraciones y problemas del pueblo. Para muestra un botón: la carta que el titular del Ministerio del Poder Popular para la Economía, Pedro Morejón, le envió al director del diario Ultimas Noticias, mediante la cual advierte que los trabajos de investigación sobre presuntas irregularidades con el convenio iraní, publicados en ese diario, podrían formar parte de una “conspiración” nacional o internacional, entre otras cosas.
Otro ejemplo del poder popular emanado de los ministerios, son las constantes protestas del Soberano que exige seguridad personal, justicia, vivienda, salud, empleo y respeto a los derechos establecidos en la Constitución vigente, mejor conocida como “la bicha” diseñada para garantizar que “con Chávez manda el pueblo”, tal como reza el slogan de campaña del jefe de Estado, cada vez que le pide el voto a los venezolanos. Se supone que desde las diferentes carteras del Gobierno se ejecutan los programas dirigidos a satisfacer estas demandas.
Sobran situaciones, lamentablemente desafortunadas, que develan la abundancia del poder y la popularidad en los entes públicos. Ojala no tengan razón quienes predicen que la creciente corrupción que se denuncia a diario en la mayoría de estas dependencias, será finalmente la expresión máxima de que cuando el pueblo manda a los políticos se les llena más el bolsillo. O sea, Juan Bimba, que si es bien popular y dicharachero, no sabe de pichirreces, sobre todo cuando acude a votar con la mano puesta en el corazón y no en la cabeza, porque está borracho de consumir tanta democracia.
Dorys Villarroel
30.03.07