"En
este oficio vales lo que tu última foto". Recuerdo
su gesto de franco asentimiento a esta afirmación mía
la primera vez que la pronuncié en el taller que en mayo
del año pasado impartí en Caracas a los 31 fotoperiodistas
de la Cadena Carriles, que edita los diarios Últimas
Noticias y El Mundo. Como tampoco se me escapó su indisumulada
falta de interés cuando intenté animarles a que,
al margen de su trabajo de ejecutar las pautas -servicios- del
día a día de la fuente -sección- a la que
estuvieran asignados, intentaran identificar un tema personal,
su tema, e hicieran fotos intemporales libres de la vorágine
de la agenda de Redacción. Volvió, eso sí,
a asentir con determinación cuando me dispuse a explicar
por qué recomiendo por sistema a los fotógrafos
que no tengan prisa por ser famosos, que no trabajen para la
fama sino para la vida.
Jorge Aguirre no quería ser artista fotógrafo;
ni siquiera fotoperiodista de relumbrón. Se sabía
un profesional y estaba satisfecho con ser un profesional. Sólo
aspiraba a realizar las pautas de cada día. Y sobradamente.
Se excedió de profesionalidad en su último servicio
el pasado miércoles 5 de abril. No se limitó a
cubrir el expediente que rezaba en su pauta de hacerle fotos
al Estadio Olímpico Universitario de Caracas. Hecho el
trabajo y de vuelta a la Redacción, indicó al
conductor del periódico que le acercase a la Universidad
Central de Venezuela, en cuyas inmediaciones discurría
una manifestación de repulsa por los últimos asesinatos.
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Él
sería la siguiente víctima mortal de la convulsa
Venezuela actual. La historia la conocen los lectores: de repente,
un pistolero motorizado da el alto al vehículo, debidamente
identificado como prensa con el logotipo del periódico
y en nombre de "la autoridad" dispara contra el fotógrafo.
Abatido, instantes antes de desplomarse en el suelo, Jorge Aguirre
logró retratar a su asesino. "Herido moribundo",
me recuerda Carmen Riera, editora gráfica de la Cadena
Carriles, "y todavía lo que pensaba era en tomar
la foto…" El mensaje del equipo gráfico que
dirige, asistida por Yannina Carrillo, coordinadora; Esso Álvarez,
jefe, y Ángel Echevarría, coordinador de Fotografía,
es claro: "Acá el dolor nos embarga y al mismo tiempo
motiva a seguir luchando por un mejor periodismo, por un mejor
país…
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Que el mejor
periodismo en la Venezuela de Hugo Chávez va muy por
delante de la acción de justicia lo demuestra el hecho
de que del anterior asesinato perpetrado hace cuatro años
contra el fotoperiodista Jorge Tortoza sigue sin haber culpables.
El clima de inseguridad creciente en que han de trabajar los
periodistas en Venezuela, que ha propiciado el que la normalidad
sea cubrir la información en la calle protegidos con
chalecos antibalas. El propio título del taller que impartí,
"Fotoperiodismo, aquí y ahora. Estrategias de supervivencia
en la encrucijada de la imagen digital" pierde cualquier
significado metafórico cuando se trata de Venezuela:
la palabra supervivencia tiene allí un significado trágico.
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Cuando abrimos
un coloquio en torno al segundo tema del programa del taller,
"Retrato robot de la profesión más arriesgada
del mundo", recuerdo que flotaba en el ambiente la amenaza
de la sombra de la tragedia, omnipresente en la crispada vida
venezolana. Los 31 integrantes del equipo gráfico de
la Cadena Capriles -ahora 30- se sabían víctimas
potenciales.
Uno de ellos,
Jorge Aguirre, el fotógrafo tranquilo que sólo
aspiraba a hacer bien su trabajo, pasa a engrosar la lista de
mártires de la información. En el caso de quien
firma este testimonio, viene a ser el cuarto entre los fotoperiodistas
asesinados que pude conocer personalmente en vida.
A diferencia de los anteriores, que perdieron la vida en escenarios
de conflictos bélicos de su país -Juantxo Rodríguez,
asesinado por marines estadounidenses durante la invasión
de Panamá en 1989; Luis Valtueña, asesinado en
Ruanda en 1997; y José Couso, asesinado por tropas estadounidenses
en Bagdad en 2003-, Jorge Aguirre fue asesinado en la capital
de un país teóricamente en paz democrática.
Mientras los periodistas sólo estén a salvo con
chalecos antibalas, la Venezuela de Chaves continuará
teniendo suspensa la asignatura de la libertad de prensa.
11-04-06