La pauta ordenada por Dios a mis compañeros Tortoza y
Aguirre me hace recordar que durante los sucesos del 11 de abril
del 2002 cumplía funciones reporteriles en la esquina
de Pedrera, avenida Baralt. El sonido de las balas silbaba en
mis oídos cuando me enteré de que Jorge Tortoza
estaba gravemente herido. Quedé impactado, lo auxilie,
no lo creía, pero lamentablemente era cierto, estaba
muy mal herido, de mano de un pistolero que aún no ha
pagado su culpa. Más tarde la vida de nuestro colega
se apagó en un hospital.
Tortoza también cubría gráficamente los
sucesos en la avenida Baralt. Estoy seguro que el sujeto que
alejó físicamente a nuestro compañero de
todos nosotros no ha podido estar tranquilo, la conciencia le
atormenta, y que poco a poco su vida se irá extinguiendo,
mientras, la de Tortoza se encuentra en la gloria, disfrutando
de esa paz que Dios da. No así a su agresor, a quien
ese mismo Dios se encargará de administrarle la justicia
divina.
Han pasado cuatro años y pasarán muchos más,
pero Tortoza nunca será distanciado de nuestras mentes,
siempre lo recordaremos. Todavía no nos hemos recuperado
del dolor que nos causó su partida, y ahora nuevamente
ese mismo dolor se acrecienta causado por un elemento inescrupuloso
que acabó cobardemente con la humanidad de nuestro compañero
Jorge Aguirre, sin medir la consternación, el dolor y
el desconcierto que produciría a sus familiares y amigos.
El asesino que le quitó la vida a nuestro colega, no
podrá estar en paz con su conciencia y cada vez que vea
una cámara fotográfica, se acordará del
momento cuando cegó la vida de Aguirre que sólo
tenia en sus manos una herramienta de trabajo, mientras que
él tomaba en sus manos un arma de fuego con la cual le
quitó la vida cobardemente.
Compañero Aguirre, al captar fotográficamente
a su victimario en los últimos minutos de su vida cuando
el visor de su cámara se oscurecía, demostró
que los reporteros gráficos venezolanos estamos hecho
de una madera fuerte y especial para enfrentar los momentos
difíciles, aun cuando tengamos la muerte muy cerca.
Compañero Aguirre, amigo, buen hijo, buen padre y buen
esposo con su retirada las cámaras del periodismo venezolano
están de luto y pasarán muchos años para
poder recuperarnos de este dolor y resignarnos a no verle más
entre nosotros, celebrando algún momento jocoso. ¡Ah…!
pero también verle llegar, saludando de esa forma cordial
y amistosa, imágenes que nunca podremos olvidar.
Mi amigo Aguirre, estoy plenamente seguro de que Dios, el “editor
mayor” te asignó una pauta y responsablemente la
estás cumpliendo, como siempre lo hiciste aquí
en la tierra.
Tortoza y Aguirre, mis compadres, ¡nunca los olvidaré!.
22-04-06