El
artículo 274 de la Constitución Nacional no puede
ser más explícito al referirse a las atribuciones
de los órganos que componen el Poder Ciudadano, a saber
Defensoría del Pueblo, Contraloría General y la
Fiscalía General de la República: “prevenir,
investigar y sancionar los hechos que atenten contra la ética
pública y la moral administrativa; velar por la buena
gestión y la legalidad en el uso del patrimonio público,
el cumplimiento y la aplicación del principio de la legalidad
en todas la actividades administrativa del Estado; e, igualmente,
promover la educación como proceso creador de la ciudadanía,
así como la solidaridad, la libertad, la democracia,
la responsabilidad social y el trabajo”.
En el caso
concreto de la Fiscalía General de la República
le corresponde, entre otras atribuciones, garantizar la buena
marcha de la administración de justicia y el respeto
a los derechos y garantías constitucionales. En esta
labor, inevitablemente, el Fiscal General debe tomar en cuenta
y orientarse por el eco que le llega de la sociedad especialmente
a través de los medios de comunicación. Hay un
clamor ciudadano que, en toda sociedad libre, aflora a través
del flujo informativo que los propios medios no solamente reciben
sino que estimulan, porque ese es su deber y su responsabilidad.
El Fiscal
General Isaías Rodríguez, a quien antes de llegar
a dirigir el Ministerio Público se le conoció
como un intelectual y por tanto un humanista, sabe bien que
medios y periodistas no pueden eludir su misión de alertar
a la sociedad sobre las desviaciones u omisiones del poder.
Y conoce, sobradamente como cualquier ciudadano, que el derecho
a opinar es inalienable y que son varios los artículos
de la Constitución Nacional y los convenios internacionales
que lo garantizan.
Por eso
no podía causar menos que perplejidad (además
del escándalo y las protestas, por supuesto), en el ámbito
nacional e internacional, que el doctor Rodríguez anunciara
un enjuiciamiento contra el diario El Universal por el presunto
delito de ultraje institucional, a raíz del editorial
“Justicia Arrodillada”, en el cual este medio impreso,
además de emitir sus propias opiniones, recoge las de
una organización no gubernamental prestigiosa y respetada,
dentro y fuera de Venezuela, como lo es COFAVIC, sobre el actual
estado de la administración de justicia en Venezuela.
Después
del temerario anuncio del Fiscal han venido presentándose
situaciones curiosas, por decir lo menos. Una de ellas es que
están brotando como la verdolaga los artículos
de prensa infinitamente más duros, más categórico
en sus condenatorias a la actualización de la Fiscalía
y del Poder Judicial, incluso irreverentes y…el Fiscal
no se ha dado por aludido. ¿Qué puede hacer? ¿Enjuiciar
también a todo articulista u opinador que, libérrimamente,
coincida con los juicios de El Universal?.
La otra
es que tal como lo aclaró el abogado y profesor universitario
Alberto Arteaga Sánchez, el Ministerio Público
no puede ser objeto de vilipendio, pues no figura entre las
instituciones a las cuales hace alusión el artículo
149 del Código Penal. Pequeño detalle.
La decisión
del Fiscal de enjuiciar a El Universal ha terminado por involucrar
a otro órgano del Estado venezolano, el Tribunal Supremo
de Justicia, pues el representante del Ministerio Público
ha requerido que sea el máximo tribunal el que diga si
él está en lo cierto y, por lo tanto, el juicio
procede. Si así afuera, peor que peor.
En muchos
aspectos el país ha perdido su capacidad de asombro y
tal vez por eso la iniciativa del Fiscal pareciera no haber
sido captada en toda la dimensión de lo que pueden ser
sus funestas consecuencias. Que sea precisamente el Ministerio
Público el que se erija en promotor de una medida que
a todas luces resulta violatoria de la Libertad de Expresión
empuja a la sociedad toda, pero en especial a medios y periodistas,
hacia el umbral del “estado general de amedrentamiento”
para parafrasear la infeliz frase de un personero del oficialismo
pronunciada años atrás, cuando este sector pensó
que podía perder el control de la Asamblea Nacional.
Y nos preguntamos,
¿Creerá el ciudadano Fiscal General que con esta
iniciativa está contribuyendo a promover la educación
como proceso creador de la ciudadanía, así como
la solidaridad, la libertad, la democracia, la responsabilidad
social,,”, como se lo pauta la Constitución Nacional?.
¿De verdad considera que esta es la mejor contribución
que puede darnos a los venezolanos el doctor Rodríguez
en busca de un verdadero Estado de Derecho?.
Son públicas las difíciles situaciones
en las que se ha visto envuelto el Fiscal Rodríguez a
lo largo de los últimos tortuosos años que ha
vivido el país. Nada más el caso Anderson estremeció
los cimientos de la institución que él dirige.
Quizá es hora de que el Fiscal se pregunte si la hipersensibilidad
que está manifestando hacia la crítica, la propia
orfandad en que confesó encontrarse en el seno de la
FGR, le puede permitir seguir ejerciendo un cargo que requiere
de la máxima imparcialidad, ponderación, serenidad
y equilibrio. Por el bien del país.
14-08-05