El
periodista de Radio Caracas Televisión Noé Pernía
fue imputado el pasado viernes por el Fiscal 23 del Ministerio
Público por los cargos de presuntas lesiones personales
genéricas e instigación a delinquir contra un
joven que se identificó como productor de la televisora
comunitaria Catia TV, de nombre Johan Pérez.
La investigación
se originó a partir de los hechos ocurridos a ls 3 de
la tarde del 19 de julio, en la esquina de El Chorro, durante
una marcha de universitarios que protestaban por la masacre
de tres estudiantes de la Universidad Santa María, en
el barrio Kennedy, a manos de cuerpos de seguridad del Estado.
Pernía
no se encontraba reporteando ese día, pero participaba
de la protesta de los jóvenes estudiantes. Según
lo recogen los videos que ampliamente han difundido los canales
oficiales y la web aporrea, Pernía observó a una
persona que portaba una cámara de aficionado y se le
acercó diciéndole: “¿estás
espiando?”.
Posteriormente
se observa cuando Pernía tapa el lente de la cámara
mientras le dice al portador “a mi no me estés
grabando”, y el otro le riposta: “suéltame
la cámara”.
Pérez
denunció a través del canal 8 que Pernía
le “batuqueó” la cámara y la partió.
A su denuncia se sumaron otras dos jóvenes identificadas
como productoras de Catia TV, de nombre Iris Castillo y Leydi
Figuera.,quienes de una vez anunciaron la realización
de una marcha para poner la denuncia ante la Fiscalía.
Entre tanto en la web aporrea se pide en un cintillo “prisión
para Noé Pernía”.
Ya el Fiscal
23 actuó y le anticipó a Pernía que no
irá preso, pero lo imputó por dos delitos que
Pernía dice no haber cometido. “No causé
lesiones ni le pedí a nadie que lo agrediera”.
Para Pernía,
Johan Pérez no es periodista ni productor de televisión.
“Ya me lo he topado otras tres veces cuando ha tratado
de sabotear mi trabajo reporteril. La primera vez en El Valle
cuando fue allanada una sede de la PM, después en una
manifestación frente al CNE y luego en otra frente a
RCTV. Es un individuo que se infiltra para grabar a los periodistas
y a las personas que toman parte de las actividades de calle
de la oposición y eso para mí es inaceptable.
No toleré que me grabará con intenciones policiales,
pero nunca lo golpeé”.
En Aporrea
se acusa a Pernía de haber agredido a parciales del oficialismo
por lo menos en dos ocasiones, en El Manicomio y La Pastora,
durante los años 2004 y 2005.
Por supuesto
que no avalamos ni justificamos la conducta de Pernía,
aunque entendemos el acoso que él, como otros reporteros,
han tenido que soportar por agitadores de calle durante su labor
como reporteros. Y aún cuando no se encontraba ejerciendo
labores profesionales, lo prudente hubiera sido preservar su
imagen, que es conocida por todo el país, y evitar verse
envuelto en el incidente. Ahora resulta evidente la magnificación
del episodio, lo cual deja servida la escena para una medida
judicial “ejemplarizante”.
Destacamos
la clara la diferencia entre la conducta de los colegas periodistas
que han padecido cualquier clase de vejámenes, pero prefieren
no denunciar para no verse envueltos en una discusión
pública o porque la intervención de cualquiera
institución obedece solamente a que “está
al servicio de una posición política”. Crasa
equivocación porque del sector oficial hay ya bastante
justificación, inclusive de nuestros propios colegas,
de las agresiones físicas y verbales, el acoso y los
intentos de amedrentamientos, que padecen los periodistas venezolanos.
Y esa situación necesita ser revertida.
El final
es previsible, centenares de agresiones a periodistas que seguirán
en la impunidad y un periodista enjuiciado y sancionado como
agresor.
14-08-05