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El
CNP no puede ser solo siglas
En mi vida de estudiante de comunicación
social, por allí en el año 1988, la primera referencia
que tuve sobre el Colegio Nacional de Periodista fueron sus siglas
repetidas en una conversación entre dos profesores. Curiosa,
como siempre he sido y sin ningún temor de pecar de ignorante,
pregunté: ¿Qué significa CNP?. Los aludidos
me miraron con asombro y sin responderme exclamaron: ¡muchacha,
tu vas a ser periodista y no sabes que es el CNP!, ¡Debería
darte pena, porque ya estas avanzada en la carrera!. A mi no me
dio pena y repliqué: Es la primera vez que escucho en forma
tan repetida esas letras. Yo se que significa OEA, UCV, OPEP y otras,
pero esas letras no. Respondan porque seguramente si lo busco en
el diccionario no lo encuentro.
“El CNP es el Colegio Nacional de Periodistas”, me dijo
otro profesor que se acercó y me escuchó. A partir
de ese momento me formulé internamente muchas interrogantes
que intentaba aclarar cada vez que me topaba con alguien que a mi
juicio sabía del asunto. Pero no, lamento decir que hoy,
a casi 20 años de graduada como periodista, no tengo resueltas
mis interrogantes al respecto. Ahora, en este momento de reflexión
sobre el gremio, siento que se pasean a mí alrededor una
serie de nudos difíciles de desatar porque, a pesar de estar
inscrita en la organización, de haber cumplido con mi deber
y derecho al voto en las elecciones internas cuando se han realizado,
no me siento convocada siquiera a formar parte del CNP. Aclaro y
admito mi responsabilidad en esta apatía que evidentemente
he tenido hacía la institución. Ahora, es el momento
de analizar por qué sólo conozco del CNP sus siglas
y no su misión, funcionamiento y sus acciones en beneficio
del gremio.
¿Qué nos hace a los periodistas tan divorciados de
nuestro colegio?, ¿Ese divorcio es de siempre o reciente?,
¿Qué están haciendo los directivos del CNP
por la institución?, ¿Qué estamos haciendo
los periodistas por nuestra instituciones gremiales?. Estas son
preguntas que valdría la pena respondernos. Particularmente
siento que ese divorcio existe desde antes, inclusive, del matrimonio,
si es que acaso lo hubo en algún momento. No obstante, durante
los últimos años, concretamente desde que se habla
de Constituyente Gremial, lo cual interpreto como un proceso ficticio
para legitimar el control de un sector sobre los gremios, la fase
de reconciliación, convivencia y vida común que deben
llevar en armonía los miembros de una familia, se ha deteriorado
notablemente porque hay un tercero entre nosotros, que es nada más
y nada menos que la política partidista que intenta apoderarse
de nuestros bienes morales e intelectuales, que somos nosotros mismos.
El debate ético es muy amplio y complejo de dar, pero todo
pasa por una revisión interna de cada cual para entender
realmente a dónde muchos han dejado sus valores gremiales
por los intereses políticos-partidistas.
Qué podemos hacer para aclararnos en la realidad de que políticamente
podemos cambiar de colores cada vez que se nos antoje, pero gremialmente
tenemos una profesión de vida que escogimos y juramos defender
dignamente.
¿Cómo puede el Colegio Nacional de Periodistas dejar
de ser sólo siglas de referencia y convertirse en una fortaleza
institucional que realmente acoja en sus fines e intereses los derechos
y deberes de sus afiliados?. Difícil pero no imposible es
plantearse acciones viables en ese sentido.
Lo primero es garantizar que las palabras no se queden en el aire
ni las intenciones terminen compradas por intereses políticos.
Además, que el compromiso sea de todos, independientemente
de sus ideologías y predicas. Ser, estar y parecer son las
claves.
De esto puede hablar con conocimiento de causas el Sindicato Nacional
de Trabajadores de la Prensa, que a mi juicio se mantiene en la
posición defensiva que le exige sus principios, a pesar de
los ventarrones políticos de los últimos años
y de la ceguera inclemente de algunos de sus miembros, que han jugado
a la crítica destructiva e interesada en lugar de estar listos
para decir presente cuando se requieren fuerzas para la lucha.
Por: Dorys Villarroel
17-02-2008
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