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Pensando
en qué pensar
Recuerdo la fecha exacta, 23 de febrero de 1997.
También recuerdo las palabras exactas de la profesora de
matemáticas, (materia menos querida por mis compañeros,
futuros colegas y esta servidora) – Cuando lleguen a grandes
serán lo que piensan estudiar, de eso se forjará el
futuro, dijo.
Ese día llegué a casa y grite: “quiero ser periodista”.
Mamá me comentó lo complicado de la carrera, lo difícil
que era en ese entonces ingresar a la universidad que hasta el momento
enseñaba la carrera, un sueño para pocos, un lugar
para los que logran llegar tan lejos como pueden, no importa, yo
iba a ser periodista.
Diez años después me encontraba recibiendo de manos
del rector de la universidad, el título que me convertía
en la profesional que quería ser, esas lágrimas no
eran de susto, ni alegría, era triunfo y del bueno.
Hoy, cuando visito por tercera o cuarta vez la sede del Colegio
Nacional de Periodistas, descubro que la desilusión me embarga
el doble de lo que me embargó la primera vez que estuve allí,
paredes blancas con cuadros colgando, pupitres al final del pasillo,
como quien no los quiso y los entregó a otro que no los quería.
En un edificio solo y en la vía, de esos que quedaron luego
de una subasta con una reja sobria y sin sonrisa a la entrada.
Cómo desearía encontrar mi colegio en una zona perfectamente
ubicada, digna y sin atraviesos de ningún tipo, con un parque
para niños, una piscina para que los miembros se relajen,
una biblioteca y hemeroteca donde podamos encontrar artículos
importantes, ganadores de premios y de los que hoy se encuentran
en asilo por pesares diarios.
Aun más, quisiera saber que no tenemos problemas, que no
nos inmiscuimos en labores que no nos corresponden y que al tratar
de sacar la verdad a flote estamos hundiendo a nuestros colegas
que a su vez nadaron por encima de otros y así hasta que
hoy día, tenemos dividió el sector del periodista
en “buenos y no tan buenos”. Cuando el blanco se convirtió
en un color especial y el rojo en un más especial aún,
un verde no tiene esperanza aquí, es una pelea entre blancos
y rojos, ¿no podemos simplemente limitar el sector a decir
la verdad, sin pisar o empañarnos?
Depende de nosotros mantenernos dentro del espacio de lo neutral,
nos corresponde, nos llenan la sangre y la mente de aquello que
llaman “objetividad” pero nos enseñan a pensar
como ellos, a vernos errados o no errados cuando queremos decir
de forma pasiva lo que vemos, es difícil entender para otros
que nuestro trabajo es un trabajo como otro cualquiera, donde la
diferencia es convertirse en blanco fácil para desmanes y
desprestigio, pero siendo esto correcto, entonces, ¿no nos
merecemos los periodistas un lugar donde expresarnos, que vaya acorde
a lo que somos?, un lugar placentero donde las ideas fluyan de forma
natural, donde el apoyo esté en videos digitales y donde
no deban llenarse más planillas y esperar unos largos meses
para obtener algún beneficio.
Un lugar de descanso, donde todos los colegas podamos vernos, discutir
asuntos laborales y cerrar los comentarios con sonrisas. Construir
un lugar como el que muchos periodistas deseamos, no es sencillo,
menos hoy día cuando estamos en el ojo del huracán,
cuando las miradas de todos están centradas en lo que diremos
o mostraremos, donde luego de una publicación los comentarios
comunes entre familias está entre decidir quién está
diciendo la verdad; quienes creen en ella aportan aplausos silenciosos
que alientan a continuar con la labor, quienes deciden declinar
sobre los comentarios, alegando traición y odio a la realidad,
aportan ideas de derrota y deseos de fracaso, hoy un medio compañero
ha sido derrotado y otro está por caer a los pies de la angustia,
antes un colega habría caído en la esquina La Pedrera
donde la verdad se veía a desde los cuatro ángulos.
En este momento, ¿que pedimos y que queremos? ¿a dónde
vamos y con qué sentido lo hacemos? yo, segura de lo que
soy y de lo que quiero, les pido a los colegas con un grito ahogado
que continuemos apoyándonos para lograr la unión de
todos nuevamente, basta de miradas oscuras o sonrisas apagadas,
celebremos a diario que somos el canal que Aristóteles creo
para la comunicación entre seres humanos. Yo quiero llegar
al Colegio Nacional de Periodistas y decir, “estoy en casa”.
Jorge Tortoza: (11/04/01) “La gloria consiste
en el cumplimiento del deber." Sergio Arboleda
Por: Lic. Rita Nureña
17-02-2008
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