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NACIMIENTO Y DESARROLLO
DEL SINDICATO NACIONAL DE TRABAJADORES DE LA PRENSA (SNTP)


Manuel Isidro Molina Peñaloza
manuelisidro21@gmail.com

• El autor es licenciado en Comunicación Social de la Universidad Central de Venezuela.

• Especialista en Ciencia Política, con estudios de maestría aprobados en la Universidad Simón Bolívar. Pendiente de presentar el Trabajo de Grado para obtener el grado Magíster en Ciencia Política.

• Ha sido profesor de Lenguaje y Comunicación y Ética Publicitaria en el Instituto Universitario de Mercadotecnia (ISUM), Caracas; y de Comunicación y Desarrollo y Sociopolítica en la Universidad Católica Santa Rosa, Caracas.

• Ha sido ponente en diversos foros nacionales e internacionales, y expositor invitado durante tres años, del Instituto de Altos Estudios de la Defensa Nacional “Gran Mariscal Ayacucho Antonio José de Sucre”, Caracas.

DESEMPEÑO PROFESIONAL ACTUAL:

• Editor-Director de SUMMA La Revista Universitaria de Venezuela

• Presidente de la EDITORIAL UNIVERSITARIA LATINOCARIBEÑA, C. A.

• Columnista del semanario LA RAZÓN, Caracas.

GREMIALMENTE se ha desempeñado como:

• Presidente del Colegio Nacional de Periodistas (1996-1998)

• Coordinador del “Foro Profesional de Venezuela”, que en 1997 agrupó a todos los Colegios y Federaciones de profesionales universitarios de Venezuela. Su designación en ese importante cargo intergremial fue producto de la decisión democrática de todos sus colegas presidentes y presidentas de las Federaciones y Colegios de profesionales universitarios del país, reunidos en Caracas, en enero de 1997.

• Secretario General de la IX Convención Nacional de Periodistas.

• Secretario de Organización de Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa (1978-1980).

• Presidente y Secretario General del Centro de Estudiantes del “Liceo Luis Razetti”, Caracas. (1965-1968)

CARGOS DE REPRESENTACIÓN POPULAR EJERCIDOS:

• Diputado al Congreso de la República, por el Distrito Federal (1994-1999).

• Presidente de la Comisión Permanente de Medios de Comunicación Social de la Cámara de Diputados (1994-1996, lapso en el cual fue aprobada la vigente Ley de Ejercicio del Periodismo –Diciembre de 1994).

• Diputado al Congreso de la República, por el Estado Mérida (1989-1994).

UNIVERSIDAD CENTRAL DE VENEZUELA
FACULTAD DE HUMANIDADES Y EDUCACIÓN
ESCUELA DE COMUNICACIÓN SOCIAL

TRABAJO DE GRADO DE:

MANUEL ISIDRO MOLINA PEÑALOZA PARA OPTAR AL TITULO DE:

LICENCIADO EN COMUNICACIÓN SOCIAL
(MENCION IMPRESO)

TUTOR:

Prof. LENIN LOMBARDO MOLINA PEÑALOZA

MIEMBROS DEL JURADO:

Prof. GILBERTO ALCALÁ
Prof. EARLE HERRERA


Caracas, noviembre de 1980.


INTRODUCCIÓN

En 1981 cumple 35 años de existencia el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa (SNTP), ente gremial de singular importancia, cuyos militantes poca o ninguna atención han prestado a su significación histórica como elemento de primera línea en la elevación profesional, la dignidad laboral y las condiciones de trabajo y beneficios socio-económicos.

Sólo comparando los 80 bolívares mensuales más una puya (5 céntimos de bolívar) por centímetro/columna publicado, que ganaban los periodistas de Ultimas Noticias en 1946, con la realidad contractual de hoy, bastaría para apreciar el rol catalizador que ha desempeñado el SNTP con el esfuerzo de sus dirigentes y afiliados durante épocas benignas y también en momentos difíciles para los trabajadores y fuerzas progresistas, y por ende para la Patria.

Fundado cinco años después que la Asociación Venezolana de Periodistas (AVP), el entonces Sindicato Nacional de Periodistas surge como motor de las luchas clasistas de los trabajadores de la prensa, y durante su desarrollo firma los primeros contratos colectivos de trabajo con base en las ahora insuficientes y amañadas legislación y reglamentación laborales; organiza a los trabajadores para luchar por sus derechos frente a los patronos; acompaña al pueblo venezolano en sus luchas por las libertades ciudadanas frente a la dictadura perezjimenista; enfrenta los excesos antidemocráticos del gobierno del presidente Rómulo Betancourt (quien, aunque electo democráticamente se desempeñó en Miraflores con el mayor desprecio hacia los principios y garantías de nuestra Constitución Nacional de 1961); adhiere a los sentimientos progresistas y luchas por la libertad de los pueblos, especialmente en nuestra América Latina; comparte las justas luchas de los trabajadores venezolanos por mejores condiciones de vida y trabajo; y milita decididamente en el campo de quienes asumen verticalmente la defensa de la libertad de expresión y la libertad de información, sin confundir estos términos con el sentido insincero que le han venido dando los patronos nacionales e “interamericanos” agrupados en el Bloque de Prensa Venezolano, Cámara Venezolana de la Radiodifusión, Cámara Venezolana de la Industria de la Televisión, Asociación Interamericana de Radiodifusión (AIR) y la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), entes patronales que más que “libertad” andan en busca de la continuidad de sus privilegios de poder y de su rectoría en la dinámica de los medios de difusión masiva de nuestros países, donde “administran” a su antojo el flujo informativo.

Pero sería poco realista reflejar un balance cien por ciento positivo, que nos llevaría a un conformismo deseado por las fuerzas dominantes e impediría ver deficiencias al lado de las virtudes, lo que a su vez mataría la posibilidad de revitalizar, desarrollar y ampliar el campo de acción y el espíritu clasista que en el futuro pueda hacer del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa una referencia positiva para el resto de los trabajadores del país, cobijados hoy, en su mayoría, por un sindicalismo castrado, colaboracionista y reformista, que no permite el desarrollo eficaz de las luchas sociales, en aras de su permanente compromiso con las fuerzas políticas pro-capitalistas, conformándose con migajas para no romper el grotesco sistema de privilegios y predominios que mantiene atada a Venezuela al subdesarrollo y la dependencia, uno de cuyos componentes es la transculturización a través de los medios de difusión masiva y otros mecanismos culturales, que evidentemente no han dejado de contaminar a nuestro gremio, como a toda la sociedad venezolana.

Por ello, este modesto Trabajo de Grado no se quedaría en la fría referencia a hechos y fechas, como era el método de la historia anecdótico-cronológica que nos forzaron a memorizar en la escuela con los textos primarios del profesor Siso Martínez. Será más bien, la interpretación y una serie de reflexiones en torno a hechos ciertos de la historia inédita del SNTP, con un elemento particular que es necesario conocer desde el principio para poder entender al final, por qué el autor también es actor y asume posiciones autónomas respecto a muchos tópicos:
Efectivamente, aclaro que actualmente soy Secretario de Organización del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa, electo en 1979, cuando me desempeñaba como Secretario de Redacción en el diario Ultimas Noticias, momento en el que comienza a ligarse la vida del SNTP a la acción de sus recién electos siete directivos, entre quienes me encuentro.
Este trabajo no estará regido por concepciones “obreristas”, que a fin de cuentas desconocen la realidad nacional y la dinámica laboral del país, negando la potencialidad de ciertas clases intermedias, como algunos sectores de la clase media, por ejemplo, por simple afán sectario y purista. Tampoco estará en el otro extremo: el que niega, prácticamente, la lucha de clases y el cambio revolucionario por conformarse con el quietismo sindical y la paz obrero-patronal, que asigna a los sindicatos un simple rol economicista o, por mucha audacia que se tenga, políticamente conservador en tanto que defensor complacido del actual sistema político y económico venezolano. Si bien no se trata de caer en el “forismo” (24:51) argentino de principio de siglo, desarrollado en el Cono Sur por la inmigración europea que llegó con sus maletas repletas de textos anarquistas y los corazones excitados por los tumultos sociales del viejo continente que tuvieron el más alto exponente en la “Comuna de París”, fracasado experimento socio-político proletario del siglo XIX, que gracias a Karl Marx (1818-1883) dejó valiosas enseñanzas; tampoco se trata de mirar y actuar con los ojos y músculos reformistas, que apenas alcanzan para conseguir unos bolívares más cada vez que se discute un contrato colectivo de trabajo.
Por su especificidad, el SNTP, con toda esa carga de dignidad y lucha que durante 35 años han mantenido sus dirigentes y militantes, está llamado a ser un importante centro de referencia sindical venezolano que por sus vínculos directos con la política, la historia contemporánea y la cultura, puede desempeñar un rol de vanguardia en la sociedad venezolana, contribuyendo a la conformación de fuerzas emergentes que apunten a la transformación de esta sociedad que ya nadie vacila en calificar de injusta. Por ello, se analizan en este trabajo las perspectivas inmediatas del SNTP, si su colectivo se dispone a imprimir una nueva orientación que le permita optimizar la utilización e incorporación de todos los recursos que tiene a su alcance.

Esta investigación, que desde el momento mismo de presentar el Proyecto tipificamos como documental y testimonial, tuvo dos elementos de signos contrarios entre sí:
El primero, negativo: bibliografía no existe sobre el SNTP, apenas unas útiles referencias en algunos trabajos sobre la AVP o el Colegio Nacional de Periodistas (CNP), lo cual se dificulta más con la falta de archivos metodizados y suficientes en el SNTP y en la Inspectoría del Trabajo del Distrito Federal.

Y en segundo lugar, el positivo: mucha de la historia del Sindicato, que no está en libros ni en archivos, permanece en las mentes de los actores de cada época, quienes la suministran con ciertas explicables inexactitudes, aderezadas con juicios personales totalmente válidos, si respetamos el natural elemento subjetivo que todos llevamos por dentro. Para las personas que fueron consultadas en diversas oportunidades para armar este aporte a la historia del SNTP, va ya el más profundo agradecimiento.

Huelga aclarar que con este Trabajo de Grado no se pretende agotar el tema y, por el contrario, se ofrece como un modesto aporte al conocimiento de treinta y cinco años de acción y pasión por un gremio joven que todavía no ha logrado su mejor época ni su papel protagónico en el sistema comunicacional del país, dominado por sectores de la burguesía con nexos de asociación y dependencia de economías transnacionales, que han “distorsionado tan profundamente la evolución económica del país, que incluso el excepcional ingreso petrolero que ha percibido, más bien ha contribuido a acentuar la deformación de su desarrollo y la del proceso y comportamiento de sus clases sociales, tanto de las dominantes como de las explotadas e intermedias.” (20:35)

Quedarán formuladas algunas interrogantes y evidentes algunas lagunas. También, elementos para discutir en beneficio del SNTP y sus agremiados. Todo resultará un reto a otros para ahondar en la historia de este organismo gremial, que junto a las de la Asociación Venezolana de Periodistas y del Colegio Nacional de Periodistas deben ser entrelazadas para escribir algún día la historia general del gremio en la era postgomecista, importante etapa del periodismo y la vida nacionales, precedida por 35 años de primitivismo político, cuando los periodistas se confundían con los políticos y viceversa, para dejarnos ejemplos de capacidad, lucha y dignidad.

UNA EPOCA

Los “chopos de piedra” ya habían sido desplazados definitivamente por los “técnicos” (5:15). Diez años con varios metros de tierra encima llevaba en eterno descanso el “Benemérito” Juan Vicente Gómez, ese férreo caudillo-anticaudillista a quien se le asigna la unificación de Venezuela y la estructuración de las Fuerzas Armadas con principios de unidad de mando y organización verdaderamente nacional; el haber entregado nuestra riqueza petrolera al capital transnacional, fundamentalmente a ingleses, holandeses y estadounidenses; y ser rector de esa rotunda política carcelaria y represiva contra sus opositores, a quienes la historia (o ciertos historiadores) quiere sacralizar y representar iconográficamente en la “Generación del 28”, especie de club caudillesco, cuyos miembros no se conforman con el reconocimiento popular del que han sido objeto sino que pretenden continuar percibiendo los beneficios de sus “sacrificios por la patria” e influyendo decisivamente en la vida nacional, unos por sus siempre frustradas ansias de poder, y otros por su insolente deseo de ejercerlo en forma vitalicia, aunque con visos de alternabilidad.

La muerte de Gómez, el 17 de Diciembre de 1935, fecha a la que algunos asignan maniqueísmo del dictador y sus adláteres para hacerla coincidir con el aniversario de la muerte de nuestro Libertador Simón Bolívar, significó también el comienzo de la agonía de un régimen que mantenía a Venezuela alejada del desarrollo de otros pueblos, tanto en lo político como en lo económico-social, y ni qué hablar de lo cultural. Un sistema de organización social que estimuló las más diversas reacciones opositoras, siempre atacadas con ansias de aniquilamiento, pero que, por contradicciones inherentes a cualquier cuerpo social, fue también vivero de la maduración y diferenciación de las actuales clases sociales antagónicas, enumeradas por el extinto economista y profesor universitario Salvador de la Plaza, de la siguiente manera:
La clase dominante integrada por la burguesía industrial, empresarios agropecuarios, comerciantes, importadores, etc., quienes tienen dos grandes sectores: los nacionales y los ligados a las economías imperialistas, siendo más poderoso el segundo.

Las clases explotadas: el campesinado y los obreros. Y advierte este autor, “entre la clase dominante –sus dos sectores acaparadores de los medios de producción– y las clases explotadas, productoras de riqueza, una variedad de subclases, con sus propios antagonismos, que va desde lo que podría ser calificada de pequeña burguesía, por los ingresos, hábitos y costumbres de quienes la integran –profesionales, técnicos, burocracia media, pequeños industriales, etc.-, hasta la amplia masa de los sin-trabajo que deambulan por el territorio o se asientan en los sórdidos suburbios de los pueblos y ciudades.” (20:34).

Basándonos en Salvador de la Plaza, podemos determinar los antecedentes de las clases sociales venezolanas, que vienen de una relación de profunda explotación desde la época misma de la conquista y luego en la sociedad colonial, donde existió una estructura esclavista que también registra el historiador Federico Brito Figueroa en su libro La Formación de las Clases Sociales en Venezuela, para quien “la captura de indígenas con fines de tráfico esclavista es una de las actividades económicas explotadas por los conquistadores desde el instante mismo del descubrimiento de América”, actividades en que “participa el propio Cristóbal Colón, quien el 14 de Octubre de 1492 remite a España el primer lote de esclavos indios” (3:24). “El 24 de febrero de 1545, Cristóbal Colón remitió a Sevilla 500 esclavos indígenas de ambos sexos, distribuidos en cuatro buques de carga –refiere FBF-. Esta actividad práctica de Cristóbal Colón respondía a la concepción que tenía sobre los fines de la conquista; en efecto, el 15 de febrero de 1493 había escrito (...) que en las tierras conquistadas se obtendría oro, especerías, algodón y esclavos cuanto mandare cargar” (3:25). Esa relación de esclavitud se vivió abiertamente en los placeres de perlas, donde indígenas y esclavos africanos eran obligados “a trabajar mediante la más brutal violencia física, sobre la base del látigo y las más severas penas corporales; en las noches dormían amarrados a un botalón o inmovilizados con el aparato de tortura llamado cepo; se les marcaba con hierro candente para identificarlos fácilmente en caso de fuga, casi no se les suministraba alimentos.” (3:28 y 29). Así, negros e indígenas “forman una clase social, la clase de los esclavos, propiedad de los amos esclavistas, dueños de los primeros en términos de una cosa y de su capacidad de producción” (3:36), de tal manera que el “modo de producción esclavista (...) es el rasgo fundamental de la estructura económica que domina cualitativamente en el territorio venezolano conquistado hasta 1550” (3:40), donde “con el apoyo institucional e ideológico del Estado metropolitano español, los amos de esclavos se fortalecen como clase social explotadora” (3:43).

El profesor Brito Figueroa remata el estudio mencionado, afirmando que “no hay la más mínima duda que la salvaje política de discriminación racial impuesta como sistema con relación a los negros es para afianzar igualmente el régimen económico-social de esclavitud y el status político esclavista, que como una entidad histórica indisoluble, constituye el instrumento de dominación del Estado metropolitano español en territorio venezolano, en la época de formación de las primeras clases sociales en ese territorio violentamente conquistado.” (3:49 y 50).

Esa etapa inicial sufre las naturales transformaciones que permiten la aparición y consolidación de las clases y castas coloniales que van a vivir la lucha por la independencia a partir de 1811, cuando se protocoliza la separación de la España de Fernando VII, el 5 de julio.
“Realizada la emancipación tras cruenta y prolongada guerra -sostiene Salvador de la Plaza– y convertida la Capitanía General de Venezuela en Estado autónomo e independiente, la estructura esclavista y de clases de la Colonia pervivió, lo que explica por qué (...) quienes estaban en capacidad de dirigir la acción emancipadora, cortar el lazo de dependencia con la Corona, incluso al comienzo con la oposición de los rangos inferiores de la sociedad, no podrían ser otros que los mismos grandes propietarios de tierra y de esclavos, el sector de la clase económicamente dominante que con la independencia se apoderaba de todo el poder político.” (20:20).

Sin embargo, la lucha independentista, que fue tan devastadora en nuestro territorio, imprimió cambios apreciables en el orden social, pues “si bien es cierto que el Estado no aboliría la esclavitud hasta 1854 (con el presidente José Gregorio Monagas) el modo de producción esclavista ya había dejado de ser predominante, pues la mayoría de los esclavos, aprovechando la consiguiente desarticulación y desajustes provocados por las guerras, se había liberado por sí misma, abandonando las haciendas, incorporándose a los cuerpos de ejército, tanto a los realistas como a los independentistas o internándose en las montañas y llanos para emprender sus propios sembradíos. Los grandes propietarios de tierras, ante la imposibilidad de recuperar sus esclavos por medio de la fuerza pública, gestiones en las que agotaron no pocos esfuerzos, optaron por generalizar en sus haciendas y hatos relaciones de producción que parcialmente estaban en uso desde la Colonia. En efecto, sustituyeron, o mejor dicho, reemplazaron, la mano de obra esclava en las plantaciones de cacao, de café, de caña de azúcar por el ‘medianero’ y por el ‘aparcero’ en los cultivos temporeros (cereales, tubérculos, etc.), y en unos y otros cultivos y en la cría, por el ‘peón’ agrícola, especie de asalariado en condiciones infrahumanas.” (20:20).

Este reacomodo social y económico tuvo su soporte en lo político, y fue dando origen al caudillismo en Venezuela, fenómeno que mantuvo desarticulado al país hasta la época de Gómez. La explotación creciente de los trabajadores del campo por parte de los terratenientes, quienes veían crecer sus acres al tiempo que consolidaban poder regional, “determinó que éstos se convirtieran en caciques o caudillos –especies de señores feudales-, que en sus respectivas regiones detentaban el poder económico y el político, y en las luchas entre ellos por conservar la hegemonía local o conquistar el poder nacional, arrastraron tras ellos a los medianeros, aparceros y peones agrícolas arraigados en sus tierras, glas que fue escenario el país hasta entrado el presente siglo...” (20:21). Era la guerra entre la “oligarquía conservadora”, descendiente de la “nobleza criolla”, y la “oligarquía liberal” conformada por jefes militares de la independencia.

A rasgos generales, ese es el país que encuentran Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez en 1899, cuando inician la larga hegemonía andina en el poder.
En 1908, Juan Vicente Gómez desplaza del poder a Cipriano Castro, quien desde la Presidencia enfrentó agresiones imperialistas. “La dinámica política de la sociedad venezolana en la primera década del siglo XX –afirma el investigador social y profesor universitario Rodolfo Quintero – no constituye una garantía para las inversiones de los monopolios internacionales. Los imperialistas juzgan necesarios el derrocamiento de Cipriano Castro y hacer presidente a Juan Vicente Gómez, quien ofrece pagar las deudas y entregar el petróleo del subsuelo nacional a los consorcios de dicha industria con radio de acción mundial”. Según el autor mencionado, “los planes imperialistas se cumplen con sorprendente rapidez, Juan Vicente Gómez, apoyado política y militarmente por Estados Unidos, desconoce a Castro (quien se encontraba en Europa por razones de salud) y, como jefe del Estado inicia su actuación de fiel servidor de los intereses extranjeros. Cancela las deudas y sus intereses, persigue brutalmente a los opositores y monta una maquinaria de terror gubernamental que funciona hasta los últimos días de 1935” (21:43 y 44).

“En torno al Gobierno de Gómez –escribió Salvador de la Plaza-, integrando la clase dominante, giraban los grandes propietarios de tierras, los comerciantes, prestamistas, rentistas urbanos, alta burocracia, como clase inferior de sustentación, un campesinado cada vez más explotado y depauperado. Entre ambas clases, y sin que todavía se les pudiera clasificar de clase media, los artesanos, profesionales, empleados públicos y privados, pequeños comerciantes y los estratos más pobres de las ciudades. A los 84 años de existir la República, Gómez unificador y centralizador del poder político, dictador sanguinario, fue el exponente caracterizado de aquella estructura latifundista, del atraso económico, social y político que engendraba, y del divorcio entre el ordenamiento jurídico que cursaba en Constituciones y leyes y las relaciones sociales y políticas que imperaban en la práctica diaria.” (20:26).

El período gomecista es también la génesis de la Venezuela moderna, tanto desde el punto de vista político como del económico. Bajo el mandato del “benemérito” nace, muere y reencarna la Escuela Militar de Venezuela; se consolida la explotación petrolera en manos de las transnacionales; se instaura la persecución, tortura y muerte de los opositores, pero al mismo tiempo nacen y florecen con ideologías muy diversas los grupos de luchadores sociales que luego serían los dirigentes de los partidos políticos decanos de la vida contemporánea –(PCV, AD, URD Y COPEI) , comienza el éxodo campesino hacia los campos petroleros; y en la medida en que la producción y exportación de petróleo fue aumentando hasta convertirse en la actividad económica predominante, a través de la cual se deslizaba un poder real a manos de los trusts petroleros. Un enriquecido sector de la clase dominante (los burócratas y “hombres de negocios”) fue “transformándose cada vez más en el principal agente de mediatización económica y política del país” (20:28). A partir del desarrollo de la industria petrolera y del éxodo humano hacia las zonas petroleras y ciudades importantes donde florecía la burocracia, “fueron apareciendo en la evolución de la sociedad venezolana masas asalariadas, relativamente numerosas y concentradas que devendrían en el inmediato futuro de la clase obrera venezolana.” (20:28)

Citando investigaciones universitarias de 1966, Rodolfo Quintero en su obra Clase Obrera y Revolución, participa del criterio sostenido por Salvador de la Plaza en cuanto al nacimiento de la clase obrera en Venezuela, cuando afirma que “los primeros grupos sociales de obreros aparecen en la sociedad venezolana durante las últimas décadas del siglo XIX, pero la clase obrera como tal, diferenciada de otras clases por el lugar ocupado en el proceso de producción predominante, surge y adquiere fisonomía con la iniciación y el desarrollo en el país de las operaciones de exploración y explotación, programadas por los monopolios extranjeros en la industria petrolera” . (22:45)

Desde el punto de vista estructural, Salvador de la Plaza mantuvo el criterio de que “en el país comenzaron a coexistir dos economías en perenne contradicción y antagonismo: la agropecuaria atrasada y en decadencia, como hemos visto, pero nacional; y la petrolera, la que además de altamente tecnificada es extranjera por su ensamblamiento a las economías de los países de origen de los trusts, principalmente a la de Estados Unidos; anormal coexistencia que (...) determinaría que la evolución y formación de las clases sociales venezolanas siguieran un proceso que, en muchos aspectos –el más trascendental: la gestación y desarrollo de una clase industrial nacional-, diferiría del observado y comprobado en los países desarrollados.” (20:29)

En cuanto a la libertad de expresión se refiere, el período gomecista fue de casi absoluta oscuridad, salvo el irreverente humorismo de Leoncio Martínez, leo, quien alternativamente tuvo dos domicilios: Fantoches y la cárcel, que le permitió conocer la asfixiante atmósfera de La Rotunda, símbolo de la represión ignominiosa causante de un letargo en el desenvolvimiento nacional.

“El gomecismo, indudablemente, fue el máximo negador de la libertad de prensa (...). Era un sistema nacional de opresión”, en criterio del colega y profesor universitario Manuel Isidro Molina Gavidia, expresado a partir de consideraciones sobre periodismo regional en su obra Humorismo Trujillano (13:56).

Venezuela conoce la muerte de Juan Vicente Gómez, preñada de convulsiones, transformaciones y ansias de libertad. La mano férrea del general Eleazar López Contreras, quien ocupa la Presidencia de la República desde la desaparición del dictador hasta 1941, cuando sume su Ministro de guerra y Marina, general Isaías Medina Angarita, no fue suficiente para impedir que afloraran manifestaciones populares en procura de mejores condiciones de vida y por la democratización del país.

Ya en junio de 1936, apenas seis meses después de sepultado el jefe de la dictadura más longeva de Venezuela, se produjo una huelga general contra una legislación antidemocrática que pretendía imponer López Contreras. Ese año es el momento del gran despertar social y político de la Venezuela contemporánea, aunque se mantenían las estructuras gomecistas. Importantes jornadas laborales fueron la huelga petrolera iniciada el 9 de diciembre -decretada ilegal por el gobierno el 2 de enero de 1937– y la realización en Caracas del Primer Congreso de Trabajadores de Venezuela, que representó a más de 200 mil obreros y empleados de todo el país, según refiere el entonces dirigente sindical Rodolfo Quintero.

La represión lopecista, instigada por las clases dominantes y los trusts extranjeros, propinó duros golpes al movimiento sindical. Sin embargo, los trabajadores, motorizados por militantes políticos, fundamentalmente del Partido Comunista de Venezuela y del Partido Democrático Nacional (que se convertiría en Acción Democrática, en 1941) realizan en 1938, en Caracas, una Conferencia Sindical Nacional que fue reprimida por la Gobernación del Distrito Federal y continuó en la clandestinidad, siendo sus principales decisiones decretar el 1ro. de Mayo como Día del Trabajador Venezolano, y la “elección de un Comité Ejecutivo de la Confederación de Trabajadores de Venezuela.” (21:145)

La presión política y social continuó con altibajos, pero hacia adelante. Cuando asume Isaías Medina Angarita la Presidencia de la República, se inicia un período de democratización detestado por el gomecismo que veía escapar de sus manos definitivamente un país que había tenido de botín y hacienda durante casi tres décadas. Todavía los “chopos de piedra” mantenían ciertas esferas de mando que frenaban la apertura democrática del régimen, al cual muchos asignan un balance positivo y otros critican no haber acelerado la marcha hacia la modernización y democratización del país.

El 18 de octubre de 1945, sale el general Medina Angarita de Miraflores, derrocado por un grupo de militares jóvenes formados en academias del país y del extranjero, en combinación con el partido Acción Democrática, ese pivote del desarrollo capitalista dependiente de Venezuela en las últimas cuatro décadas. Rómulo Betancourt asume la jefatura de la Junta de Gobierno y se abre en el país una etapa de gran ebullición social y política, que registra, por ejemplo, la fundación de centenares de sindicatos y asociaciones gremiales en todo el territorio nacional.

En torno a esa “Revolución de Octubre”, como la llaman en la literatura adeca, han surgido muchas consideraciones, en su mayoría negativas, pero es indudable el respaldo que en el orden político tuvo luego de parte de una población desorientada, ignorante, hambrienta y ansiosa de un mejor futuro, que no vacila en lanzarse a la lucha social aprovechando la apertura política y el desarrollo de la modernización institucional del Estado, que si bien tiene méritos en el orden meramente político, en el social y en el económico carece de muchas virtudes.

Mario Briceño Iragorry, escritor trujillano de grandes méritos, íntimo amigo de Isaías Medina Angarita y estrecho colaborador en su gobierno, en ese ensayo desgarrador sobre la identidad nacional Mensaje sin Destino, plasma un criterio al respecto: “La Revolución de octubre de 1945, afanosa de componerlo corrompido anterior, habló hasta de una segunda independencia. Lo mismo habían hecho todos los movimientos precedentes cuando tomaron el gobierno.

“Si leemos los discursos inaugurales de los ejercitantes del Poder, hallaremos que Venezuela ha nacido tantas veces como regímenes personalistas ha soportado.” (2:40)

Y agrega más adelante:
“Lo mismo que proclamaron Guzmán y Betancourt, lo sintieron o lo mintieron Gómez y Castro, Crespo y los Monagas. Cada uno se creyó a su turno el mago de Venezuela, y preocupados los magos y los brujos de cada momento en variar y mejorar a su modo el rostro de la patria, hemos terminado en sufrir una fatal ausencia de perfiles determinados. Creo que cualquiera conviene conmigo en que sea ésta la peor de las crisis que sufre nuestro país.” (2:41).

Salvador de la Plaza le asignó al golpe del 45 un tinte extranjerizante y dependiente. Él afirma que “los trusts norteamericanos, apoyándose en el sector parasitario y antinacional, y valiéndose de un grupo de oficiales del Ejército y de líderes pequeñoburgueses demagogos, organizaron un golpe de estado, derribaron al gobierno y, el de facto que fue instaurado derogó la Ley de Reforma Agraria y frenó la industrialización independiente, favoreciendo y auspiciando la instalación en el país de subsidiarias de los grandes truts norteamericanos, clausurando así, el breve paréntesis –1941/1945– de actuación nacionalista del Estado.” (20:32)

En todo caso, los nexos de dependencia estaban enraizados, fundamentalmente con Estados Unidos, potencia que emergió de la Segunda Guerra Mundial que diezmó a Europa, como el Estado imperialista que cuenta con el más poderoso cuerpo económico y militar del capitalismo mundial, preeminencia que hoy registra en declive la realidad internacional debido a la superación de los pueblos en sus luchas contra el imperialismo y el colonialismo. Tenía sus bases firmes en el país, la “cultura del petróleo” (21), que Rodolfo Quintero encuentra en lo más íntimo de la sociedad venezolana contemporánea, parte de la “crisis de pueblo” que atormentó a Mario Briceño Iragorry (2:14). En aquel tiempo ya se advertían las causas de la actual falta de identidad nacional, la nociva penetración cultural a través de los medios de difusión masiva y otros mecanismos, la desarticulación social y el desdoblamiento de clases que mantiene en la abulia y la indeferencia a la mayoría de los trabajadores venezolanos, imbuidos por la perspectiva del enriquecimiento fácil, el derroche suntuario, la frivolidad y el seguimiento de patrones de conducta y aspiraciones que se contradicen con su naturaleza de clase.

Por aquella época, Caracas contaba apenas unos 300 mil habitantes, lo que bien puede ser hoy la parroquia Caricuao o el “23 de enero”, sin la alta concentración humana, por supuesto. “El norte lo arropaban una serie de casonas ubicadas más acá de la actual Cota Mil; por el sur el lindero era Puente Soublette o Quinta Crespo, a cuyos lados corría el Guaire, alargando esta extremidad sus dedos hasta la urbanización El Paraíso, La Vega, Los Rosales, El Cementerio y el Valle. Por el oeste, Palo Grande era un punto extremo, porque más allá estaban los aledaños; en Antímano aún se veían vaqueras y en sus contornos los sembradíos. El este de la ciudad finalizaba en la Calle Real de Quebrada Honda y en la urbanización Los Caobos, pues Sabana Grande, Cacaito, Chacao y Petare eran aldeas tranquilas y pintorescas, pueblos que no habían comenzado a recibir los aires del remozamiento, ayunos de los estímulos de los que será más tarde la zona metropolitana. La urbe en puntillas se disponía no obstante a invadir sembradíos y jardines, y a perfilar su futura silueta de gran ciudad.”, según la descripción que hace el colega e historiador Luis Cordero Velásquez en su libro Betancourt y la Conjura Militar del 45. (5:14)

A partir del régimen de Medina, el periodismo venezolano encuentra condiciones favorables para su desarrollo, fundamentalmente en Caracas, cuidad que comenzaba a sufrir la hipertrofia política, demográfica y económica que la ha llevado a ser hoy el centro vital, corazón y cerebro de una Venezuela excesivamente centralizada, lo que planificadores y sociólogos han dado en llamar “megacentrismo”.

Es universal el reconocimiento al respeto que por las libertades públicas, y especialmente la libertad de información, mantuvo siempre el Presidente Medina. “La palabra se combatía con la palabra –afirma Manuel Isidro Molina Gavidia-, el argumento con el argumento. Después del 45 también existió esa libertad hasta 1948. A partir del decreto de suspensión de garantías constitucionales del Presidente Gallegos, vuelve a caer la bota de la censura.” (3:58)

El propio Isaías Medina Angarita lo reafirma en discurso pronunciado en el Teatro Municipal de Caracas, el 24 de octubre de 1943, al inaugurar el Primer Congreso Venezolano de Periodistas, según cita del colega profesor universitario Eleazar Díaz Rangel en sus Apuntes y Materiales para la Historia de la A.V.P.:

“’Ha sido cuidado especial del Gobierno, con cuya suprema dirección me honró la confianza de mis ciudadanos, mantener la garantía constitucional de la libertad del pensamiento y cuidar de que a su ejercicio cabal no se pongan trabas. Mis más íntimas convicciones, mi respeto por la opinión ajena y el deseo vehemente de que en el país exista un clima propicio a la libre discusión de los asuntos que incumben a los destinos, a los verdaderos, puros permanentes destinos de a Nación Venezolana, me impulsa a declarar nuevamente en este ambiente de hombres de prensa, que continuará siendo esa, una norma inalterable durante mi mandato constitucional’.” (7:21 y 22).

Ahora, El Universal, La esfera, La religión, El Heraldo, diarios existentes para el período de López Contreras, reciben el impacto del periodismo popular que comienza a desplegar Ultimas Noticias desde el 16 de septiembre de 1941; de El Nacional, que nace dos años después con innovaciones de estilo y presentación; del serio humor de El Morrocoy Azul; y la acción política de El País, tribuna acciondemocratista desde donde Rómulo Betancourt, con sus famosos artículos fue catalizando las condiciones para el derrocamiento de Medina. De tal manera que en los diez años que siguieron a la muerte de Juan Vicente Gómez, caracas volvió a ser un agitado centro generador de ideas y luchas de sentido nacional.
1946 recibe el impacto del naciente gobierno cívico-militar presidido por el fundador de AD, que personalmente no consideramos “revolucionario” porque, si bien impulsó reformas importantes a nivel político, en lo económico y esencialmente en la relación explotados–explotadores no imprimió cambios reales, sino de forma, quedando inalterados los privilegios de las clases dominantes. La evolución posterior de la sociedad venezolana es evidencia suficiente de que continuó el predominio capitalista, la dependencia económica (reformulada siempre con nuevos mecanismos), la estigmatización del sentido nacional (aparte de cualquier chauvinismo) y el beneficio de las clases privilegiadas mientras se hablaba y habla de “pueblo”, “pobres”, etc.

1946 fue efervescencia permanente. Las condiciones políticas permitieron y exigieron la formación y el desarrollo de organizaciones obreras y profesionales. Una diáspora social y política impregnó a todos los venezolanos, a cada quien impacta en su óptica e impulsa en sus propósitos.

FRENTE A LA PLAZA BOLIVAR

Caracas comenzaba a recalentar sus músculos. Varios meses llevaba en Miraflores, Rómulo Betancourt presidiendo la Junta Revolucionaria de Gobierno, que además integraron Raúl Leoni (AD), Edmundo Fernández (Independiente), Luis Beltrán Prieto Figueroa (AD), y Gonzalo Barrios (AD), por la parte civil, y el mayor Carlos Delgado Chalbaud y el capitán Mario Ricardo Vargas, por la Unión Patriótica Militar, corriente castrense que motorizó y ejecutó el golpe contra el presidente Isaías Medina Angarita. Los tanques habían vuelto a los cuarteles y el tiempo había asfixiado las detonaciones de las balas que segaron algunas vidas de “medinistas” y también de “revolucionarios”.

La aceleración que vivió el país no dejó de impregnar al gremio de la prensa. A comienzos de marzo de 1946, se realizan los primeros movimientos para fundar el Sindicato Nacional de Periodistas (SNP), que once meses después cambiaria su denominación por la de Sindicato Nacional de Trabajadores de Prensa (SNTP), en busca de mayor base social dentro de las empresas y así poder enfrentar mejor a los patronos.

Sería impropio pensar que el acontecer político nacional no influyera como catalizador en los intentos de fundación del SNP, sobre todo si se toma en cuenta que la “revolución” de octubre de 1945 generó una gran ebullición social y política en todo el territorio, una de cuyas manifestaciones fue la fundación masiva de sindicatos, impulsada por las corrientes políticas de la época, especialmente el Partido Comunista de Venezuela (de reciente legalización), y, claro, con gran interés y empeño, por parte de Acción Democrática, fuerza que se expandió y se transformó en partido gobernante gracias a la Unión Patriótica Militar que dirigían, entre otros, los oficiales jóvenes Carlos Delgado Chalbaud, Mario Ricardo Vargas, Julio César Vargas, Martín Márquez Añez, Hugo Fuentes, Edito Ramírez, Horacio López Conde, Luis Felipe Llovera Páez, Francisco Gutiérrez y Marcos Pérez Jiménez, cuya mayoría luego consumaría el derrocamiento del presidente Rómulo Gallegos, el 24 de noviembre de 1948, deshaciéndose de AD para establecer la dictadura militar que estuvo vigente hasta enero de 1958.

Con el propósito de exponer lo más libremente posible, los criterios de varios de los fundadores del Sindicato, seguidamente daremos a conocer algunas versiones en relación a esa influencia política sobre la génesis del SNP. Servirán para discutir y analizar una época importante del gremio de la prensa, que no sólo periodístico, en un país donde el sindicalismo contemporáneo a partir de la muerte de Gómez o, como todos prefieren decir, con razón, “a partir del 36”, nace bajo la influencia ideológica de las corrientes políticas representadas en el Partido Comunista y en Acción Democrática, organización ésta que tuvo su antecedente inmediato en el Partido Democrático Nacional. El Sindicato Nacional del Periodistas no es una excepción: fundamentalmente fue ideado y construido por militantes de AD y del PCV, como veremos más adelante. En esa época, ya funcionaban además en Venezuela, Unión Republicana Democrática (URD) y el Partido Social Cristiano COPEI, que surgieron de la Cívicas Bolivarianas lopezcontreristas y del Partido Democrático Venezolano (PDN), adscrito al medinismo, organizándose como oposición derechista y liberal, respectivamente, al gobierno de AD.

Al respecto, Rafael Calderón, Secretario General–fundador del Sindicato Nacional de Periodistas, militante de AD y actualmente miembro del Tribunal Disciplinario Nacional del Colegio Nacional de Periodistas, sostiene que dieron los primeros pasos hacia la fundación de la organización “en los días iniciales de marzo (del 46), aprovechando, pues, la euforia que había, el entusiasmo que había a consecuencia de la `Revolución de Octubre´” . (4)

No obstante, otro fundador, Arístides Bastidas, militante del PCV y varias veces Secretario General del SNTP, afirma que “el Sindicato no nace sólo porque haya habido ambiente de libertades. En la época de Medina se gozaba aquí de libertad sindical; fue sumamente liberal, entre otras cosas, porque la gente aquí estaba identificada, de diferentes sectores, en la lucha contra el nazifascimo, que era el objetivo principal de las luchas políticas de esa época.” (1)

En todo caso, Venezuela se venia moviendo en una progresiva ruta democratizante y, si se quiere, de avanzada, por influencia de la situación política del mundo que acababa de sufrir la tragedia horrible de la Segunda Guerra Mundial, que prácticamente logró poner al resto de los países contra el eje Italia-Alemania-Japón, que por motivaciones imperialistas habían decidido pretender una nueva repartición del mundo. También influyó antes, en buena medida, la Guerra Civil Española, dominada por el franquismo, esa forma sui generis de fascismo que sepultó a la “República Española”.

Omar Pérez, fundador como sus colegas, adeco como el primero y dirigente del Colegio Nacional de Periodistas, concreta más esa influencia y le asigna nombre y apellido:
-Ese criterio (de fundar el SNP) contribuyó a ampliarlo la circunstancia de que al Ministerio del Trabajo llega Raúl Leoni, que había sido prácticamente una especie de investigador de las organizaciones sindicales; él hizo los estatutos de la CTV, él fue consejero, consultor jurídico, abogado y estimulador de la Federación de Trabajadores Petroleros, FEDEPETROL... Bueno, entonces, claro, cuando él llega al Ministerio del Trabajo aúpa realmente la creación de los sindicatos como fuerza fundamental de Venezuela, distinta de los grupos que aquí habían sido siempre fuerza... (19)
Por su parte, Claudio Cedeño, también fundador y Secretario General del Sindicato durante dos períodos, militante del PCV en la época, coincide con Bastidas y defiende la paternidad política del SNP para el PCV y AD, según testimonios en entrevista, una de cuyas partes transcribimos:
-¿Qué ligazón –se le pregunta a CC– tuvo el nacimiento del Sindicato con el florecimiento del movimiento sindical en el plano nacional?
-Para esa época –responde él– los sindicatos eran una entidad desarrollada. El Sindicato se funda en una época en que eso era perfectamente posible. Quizá, no había libertades, posiblemente, en el régimen de López Contreras. Con Medina sí las hubo, pero en esa época, 1946, ya las organizaciones sindicales estaban altamente desarrolladas en el país.
-¿Tuvo relación el Sindicato con el gobierno de Betancourt?
-No, no. Nada de eso. Eso fue un movimiento verdaderamente de gente del Partido (Comunista de Venezuela) y de los adecos que también estaban asalariados... (4)
En definitiva, en la motivación contextual para la fundación del SNP, la de naturaleza política, es innegable. Ahora, que sea más adeca que comunista o viceversa, es cuestión de subjetividad irremediable por la pasión que a cada quien embarga, y más aún a quienes fueron actores de un momento histórico, en este caso, del gremio de la prensa. Por lo demás no se trata de asignar, ahora, créditos políticos a nadie en particular, sino de ubicar las colaterales del nacimiento del Sindicato, y basta con saber que su fundación estuvo impregnada de elementos políticos e ideológicos, que se manifestaron en pugna desde el comienzo mismo, claro, en ambiente de camarería profesional que siempre en el gremio periodístico ha hecho palidecer los enfrentamientos político-partidistas.

LOS ANTECEDENTES

Desde el punto de vista puramente gremial, el Sindicato Nacional de Periodistas tiene como antecedentes importantes, la Asociación de Escritores y Periodistas, fundada el 29 de diciembre de 1935, recién fallecido Gómez, organización que en sus primeros pronunciamientos exigió “una amplia libertad de prensa”; “un sindicato de periodistas, de vida muy breve y actividades sin mayor trascendencia”, fundado en 1936; y la Asociación Venezolana de Periodistas (AVP), constituida el 20 de agosto de 1941 con el propósito de lucha por “la defensa y mejora del Estatuto jurídico-económico, moral y social de los periodistas venezolanos y extranjeros que efectivamente trabajen en los periódicos de Venezuela, fuera de toda diferencia política o religiosa”, que tuvo su “Junta Directiva Provisional” integrada por Pascual Venegas Filardo, presidente; Luis Esteban Rey, secretario general; Manuel B. Pocaterra, Pedro Chacín Chacín, Ángel C. Mejías, Julio Ramos y Miguel Otero Silva, como sus otros miembros. (7)

Para el momento, circulaban en Caracas los diarios La Religión, La Esfera, El Universal, El Heraldo y Ahora, y los semanarios humorísticos Fantoches y El Morrocoy Azul. A éstos se une más tarde el tabloide Ultimas Noticias, el 16 de septiembre de 1941, fundado y dirigido por Kotepa Delgado, Pedro Beroes, Víctor Simone D´Lima y Vogan Salas Lozada, quienes prácticamente introdujeron las técnicas modernas del periodismo en Venezuela y, además, con sus reporteros, fueron protagonistas del primer periodismo realmente popular que se produce en el país.

En 1942 se celebra por primera vez el “Día del Periodista”, el 24 de octubre, aniversario de la aparición de la Gaceta de Caracas, en 1808. Homenaje impropio, debido a que ese vocero colonial sirvió de soporte a las ideas monárquicas contra la causa independentista, y a partir del comienzo de la lucha anticolonialista frente a España y la imposición de los patriotas por primera vez, de acuerdo a la relación de poder, se fue colocando alternativamente como tribuna patriota y como “Gaceta” realista. No es por otra razón que desde El Correo del Orinoco, nuestros libertadores a partir del sábado 27 de junio de 1818, enfrentan duramente a esa publicación que jugaba a la intriga, la desinformación y la manipulación de informaciones para desnaturalizar las luchas liberadoras. (6)

Al año siguiente –1943– aparece el diario El Nacional, el 3 de agosto, y el 24 de octubre se reúne en Caracas el Primer Congreso Venezolano de Periodistas, instalado por el presidente Isaías Medina Angarita, quien expuso claramente su política abierta a la libertad de información. En el Teatro Municipal, esa noche los asistentes al acto escucharon al Jefe del Estado. Sus ideas centrales sobre el particular, fueron:
-A medida que un país va reafirmando sus principios de dignidad, la función de la empresa adquiere mayor importancia, porque va difundiendo en ambientes de mejor comprensión las ideas que proclama. Elemento de cultura indiscutible es un periódico, cuando efectivamente cumple, dentro de los cánones de la ética periodística, su misión de enseñanza, orientación e información.

-Ha sido cuidado especial del Gobierno, con cuya suprema dirección me honró la confianza de mis ciudadanos, mantener la garantía constitucional de la libertad del pensamiento y cuidar de que a su ejercicio cabal no se opongan trabas. Mis más íntimas convicciones, mi respeto por la opinión ajena y el deseo vehemente de que en el país exista un clima propicio a la libre discusión de los asuntos que incumben a los destinos, a los verdaderos, puros y permanentes destinos de la Nación Venezolana, me impulsan a declarar nuevamente en este ambiente de hombres de prensa, que continuará siendo esa, una norma inalterable durante mi mandato constitucional.

-Tengo la más firme convicción de que el ejercicio de nuestros derechos constitucionales debe contribuir al mejor entendimiento y al respeto recíproco entre los hombres que vivimos al amparo de nuestra bandera y de nuestras leyes. Pretender unificar el pensamiento de rodos los venezolanos en las mismas teorías políticas, sociales o económicas, seria un absurdo, porque si ello se lograra, indicaría la falta de vitalidad en un pueblo de noble índole pero de inquieto espíritu, que no puede adaptarse a una uniformidad incompatible con anhelos de renovación y perfeccionamiento: pero sí existen postulados y objetivos de interés publico sobre los cuales la armonía de las fuerzas sociales y el acuerdo de las inteligencias pueden hacerse y, para bien de la Patria, cada día más se están haciendo. (7:64).

Según refiere Eleazar Díaz Rangel en sus Apuntes, el temario del Congreso fue bastante amplio, iba desde cuestiones éticas hasta una casa para los periodistas, y en él estuvieron representados colegas “de casi todos los periódicos que entonces se editaban en el país”. Entre sus resoluciones, fijaron posición sobre la libertad de expresión, solicitaron la derogación de la norma constitucional de neto corte macartista que prohibía la ideología marxista y la militancia política en organizaciones de esa importante corriente ideológica.

Desde su fundación, la AVP sirvió como organización político-gremial de innegables meritos, enfrentando las políticas gubernamentales o herencias antidemocráticas, luchando por la elevación de la calidad profesional de los periodistas y por lograr una mejor ubicación en la estructura de la sociedad y el justo reconocimiento y valoración de la profesión.

LA AVP Y LA NECESIDAD DEL SINDICATO

Sin embargo, los periodistas no estaban satisfechos con el alcance de la AVP, dado que en poco contribuía a mejorar realmente las condiciones de trabajo, remuneración, situación socio-económica y relaciones dentro de las empresas. Por aquellos años, cuando los periódicos llegaban a las manos de los lectores a una puya, los sueldos eran realmente irrisorios, iban desde los 80 bolívares más un centavo por centímetro/columna publicado, hasta cerca de trescientos bolívares mensuales; horario de trabajo prácticamente no existía; elementos actuales como pago de movilización o suministro, por parte de las empresas, de transporte adecuado, simplemente no se conocían. El periodismo, en cierta forma era una aventura literaria, política o vital, según el caso de los que se atrevían a trabajar el diarismo. Bastaba manejar suficientemente el castellano, llevar en su espíritu la vocación y ser lo necesariamente audaz como para llegar del interior con el bachillerato aprobado o en plan de audacia para entrar a una redacción. Por supuesto, muchos saltaban la verja del campo literario hacia el informativo, y otros venían de estar ligados al periodismo de provincia de entonces, que poco tenía que ver con el periodismo moderno que comenzó a desarrollarse en Venezuela a partir de 1941.
En torno al nacimiento del Sindicato Nacional de Periodistas existe todavía una polémica, relativa a si su origen fue estimulado por la Asociación Venezolana de Periodistas o se dio en forma autónoma y contra el criterio de los dirigentes de la AVP.
Todo indica que fue lo segundo. Los testimonios de varios fundadores del Sindicato son terminantes, y algunos otros elementos son demostrativos de lo que afirmamos.
El primer criterio es recogido por Eleazar Díaz Rangel en los Apuntes que veníamos citando por la importante información que suministra. Así, escribe:
“En la continuación de su política de crear organismos que lucharan por especificas reivindicaciones, la AVP propicio a comienzos de año algunos contactos con el objeto de fundar un Sindicato. El 7 de marzo (1946) se realiza, convocada por la AVP, una reunión donde se elige a Luis Evaristo Ramírez, Martín Ernesto González y Rafael Calderón para que redactaran los Estatutos. Esa comisión trabajo en breve tiempo, y el 11 del mismo mes hubo una asamblea en el local de la Asociación de Linotipistas para aprobar los Estatutos, como en efecto se hizo, y elegir la primera Junta Directiva.” (7:23)
Esa reunión de los pioneros del SNP , el 7 de marzo de 1946, la registra una nota que con título a tres columnas, en cabeza de página, publicó El Nacional, el viernes 8:

“HACIA LA CONSTITUCIÓN
DEL SINDICATO DE PERIODISTAS”

“Con asistencia de la mayoría de los reporteros y redactores de los diarios de la capital – reseña la nota – se efectuó, ayer, en el local de la Asociación de Linotipistas, la asamblea del Sindicato de Periodistas, que desde hace tiempo venia preparándose.
“Después de las exposiciones preliminares, la discusión previa se canalizó en dos sentidos: si el Sindicato debe agrupar únicamente a los redactores y reporteros de textos y gráficos de los periódicos, sin eliminar la posibilidad futura de una Federación de Trabajadores de la Prensa, comprendiendo linotipistas y gráficos, o si ésta aglutinación debía intentarse previamente con el fin de cread un Sindicato Único de Trabajadores de la Prensa, con los linotipistas y la Asociación de Artes Gráficas. Después de varias intervenciones, triunfó la primera posición, sostenida por mayoría.

“Posteriormente se procedió a nombrar una comisión integrada por Martín Ernesto González, Luis Evaristo Ramírez y Rafael Calderón, que se encargará de presentar, en próxima reunión, un proyecto de estatutos, que al ser aprobados, se introducirán ante las autoridades del Trabajo. Con el acta constitutiva para la legalización definitiva del Sindicato.
“Un gran ambiente encontró la idea, que al parecer cristalizará luego de varias tentativas frustradas, y que dará a los trabajadores de la prensa un organismo de lucha específica por el mejoramiento de sus condiciones económicas y materiales. La próxima reunión se hará probablemente, el sábado en la mañana.” (Subrayados nuestros)

Acompaña a esa información una foto a tres col., con una leyenda que registra “parte de la concurrencia que asistió a la reunión preparatoria del Sindicato de Periodistas.”
Como se puede observar, por ninguna parte aparece en esa reseña del acto, la Asociación Venezolana de Periodistas. Y no es casual. El Universal también recoge el hecho, aunque sin grafica, con muchas más revelaciones, que evidencian la existencia de diferencias entre los organizadores del SNP y, por lo menos, los directivos de la AVP:

“AYER FUE CONSTITUIDO EN ESTA CIUDAD
EL SINDICATO DE PERIODISTAS ACTIVOS”

“Como resultado de la convocatoria firmada por un grupo numeroso de periodistas activos que presta sus servicios en diferentes diarios capitalinos –comienza la información que sigue al titulo-, se constituyó ayer en el local de la Asociación de Linotipistas de Venezuela, el Sindicato Nacional de Periodistas, organismo que tiene por finalidad principal abogar por la defensa de los intereses económicos y sociales de los profesionales del periodismo.
“Ante una concurrencia de más de cincuenta periodistas, el señor Rafael Calderón, expuso el móvil de la reunión, el propósito perseguido por los trabajadores del diarismo y la aspiración y anhelo de construir un sindicato. Dijo que muchas tentativas se habían frustrado en ese sentido, pero dado el entusiasmo reinante en la reunión de ayer, la oportunidad era propicia para realizar lo que es un anhelo de todos los periodistas activos.

“A las palabras de Calderón siguió la disertación del señor Raúl Agudo Freites, enfocando diversos puntos en relación con la cuestión planteada, entre los cuales subrayó la referente a las relaciones o posición del Sindicato frente a la Asociación Venezolana de Periodistas. Este aspecto fue puesto en claro más adelante, poniéndose de presente que no se trataba de crear un organismo de fracción de la A.V.P., sino de una organización de características definidas y atribuciones especificas para lograr mejoras económicas y sociales de los periodistas profesionales.”

“A pedido de una mayoría, Agudo Freites concretó su disertación en una proposición de que el Sindicato estuviera integrado por los trabajadores de la Prensa en general, incluyendo linotipistas, empleados de administración, etc. Puesta en discusión esta proposición, se expresaron muchas opiniones diferentes, sustentándose la tesis de que se trataba de periodistas, esto es, de redactores, reporteros, fotógrafos y colaboradores regulares remunerados, pues los demás trabajadores de la prensa ya estaban organizados. Los empleados de administración tienen su organismo especifico: La Asociación Nacional de Empleados; los linotipistas tienen su sindicato y también los pregoneros están organizados.”

(Como se ve los periodistas estaban rezagados desde el punto de vista sindical, en relación al resto de los trabajadores de la prensa, aunque ya la AVP tenía cinco años de vida).

“Luego surgió la proposición de Rafael Calderón –continua la nota de El Universal-, que concretamente expresaba: Que quede de una vez constituido el Sindicato con periodistas activos (redactores, reporteros, columnistas, etc.) reporteros gráficos y colaboradores regulares remunerados.
“Puesta en votación las dos proposiciones, fue negada la de Agudo Freites, que obtuvo catorce votos; y aprobada la de Calderón por mayoría. Se advirtió que esto no quería decir que el Sindicato Nacional de Periodistas no colaborará con los demás organismos similares para el caso de que en lo sucesivo se tratara de crear la Federación de Trabajadores de la Prensa.
“Respecto a la posición del Sindicato con relación a la A.V.P., aspecto señalado por Agudo Freites, se acogió una moción de César Rengifo , en la cual enfocó con acierto la discriminación de que la Asociación Venezolana de Periodistas actúa en el plano de lo cultural más que todo; y las funciones del Sindicato, como se ha expresado categóricamente, son económicas y sociales.
“Finalmente se llegó a un acuerdo, nombrándose un Comité Responsable, que presente los estatutos a la reunión del próximo día sábado, y haga las convocatorias que son del caso. Dicho Comité quedó integrado por los periodistas Rafael Calderón, Martín Ernesto González y Evarista (SIC) Ramírez . Una vez discutidos los estatutos, se procederá a la instalación, nombramiento de la Junta Directiva del Sindicato y a llenar los extremos de la Ley necesarios para pedir la legalización ante el Ministerio del Trabajo.
“En dicha reunión actuó –concluye la nota– como Director de Debates, el señor Raúl Alfredo Arriaga, y como Secretario Accidental, el señor Alfredo Pérez Mirabal.” (29)

Antes de continuar con los testimonios, debemos señalar varias cuestiones. Empecemos por decir que es evidente, cuando se fija “posición del Sindicato frente a la Asociación Venezolana de Periodistas”, que la AVP no fue la promotora del SNP, y más cuando se llega a deslindar la naturaleza de cada una de esas organizaciones afirmando que la primera se mueve “en el plano de lo cultural más que todo”, mientras que el futuro SNP tendría funciones “económicas y sociales”, y que en todo caso, “no se trataba de crear un organismo de facción de la A.V.P., sino de una organización de características definidas y atribuciones especificas para lograr mejoras económicas y sociales de los periodistas profesionales”. Esas aclaratorias y posiciones, es lógico, revelan, por lo menos, que de parte de la AVP como institución, no se aupaban los intentos de creación del Sindicato por considerar que era un organismo paralelo, “de facción”, sin comprender ni justificar las motivaciones que impulsaban el nacimiento del SNP. Esa contradicción pone al descubierto la existencia en el seno de los periodistas venezolanos de la época, cuando menos, de tres posiciones que tienen, indudablemente, origen ideológico: primero, quienes se conformaban y disfrutaban con ser miembros de una élite ilustrada, culta, del campo de las ideas que no podían descender a cuestiones demasiado terrenales como la lucha organizada frente a los patronos, élite que formaría un sector directivo de la AVP en la época; segundo, un grupo más avanzado ideológicamente que entendía que además del puro ejercicio cultural y de retórica política había necesidad de la lucha de clases a través de los sindicatos, e intuían la condición de asalariados de los periodistas. No obstante, no pasaban de enfrentar una realidad muy evidente con criterios “tradeunionistas”, se estancaban en el economicismo, conservando ciertos resabios elitescos, que lograron imponerle al Sindicato para estar integrado solo por “periodistas activos (redactores, reporteros, columnistas, etc), reporteros gráficos y colaboradores regulares remunerados.”; y en tercer lugar, quienes sostenían ideas marxistas y veían desde el comienzo la necesidad de ampliar la base social se la nueva organización con trabajadores y profesiones de otras áreas de la industria de la prensa, que serían, en este caso, los catorce votantes que apoyaron la proposición de “que el Sindicato estuviera integrado por los trabajadores de la Prensa en general”.

También llama la atención que las reuniones de los fundadores del SNP se realizaron en el local de la Asociación de Linotipistas de Venezuela, en el edificio Washington que quedaba frente a la Plaza Bolívar, en la misma acera de la Gobernación del Distrito Federal, de Torre a Principal; y no en la sede de la AVP, como hubiese sido lógico si las convocatorias constituyentes las hubiese realizado o animado la Asociación.

TESTIMONIOS

Sobre el particular, son de gran valor los testimonios de varios de los fundadores del Sindicato Nacional de Periodistas, entre ellos Rafael Calderón, primer Secretario General:
-Esto se origina de una idea que tuvimos nosotros en La Esfera –se refiere a la fundación del SNP– en los primeros días de marzo aprovechando, pues, la euforia que había, el entusiasmo que había a consecuencia de la “Revolución de Octubre”. Y allí varios redactores consideramos si tal vez era conveniente fundar un sindicato, idea que pareció un poco rara porque siempre se consideraba al intelectual, al periodista, como un trabajador fuera de la línea típicamente obrera, concepto, desde luego, equivocado. Yo tuve que aclararle bastante este asunto, a muchas personas, a muchos compañeros, para decirles simplemente que éramos obreros con las mismas prerrogativas de cualquier obrero. Y entonces hice una lista de compañeros de otros diarios: El Heraldo, El Universal, Ultimas Noticias, El Nacional, para que los que estuvieran de acuerdo con la idea de fundar un sindicato de periodistas, la firmaran. Se la di a Alfredo Pérez Mirabal, “El Faraón” le decíamos siempre con todo cariño. Él fue a todas partes y al día siguiente, bueno, todos aceptaron y nos reunimos en la Asociación de Linotipistas que siempre estuvo hermanada con nosotros, cedía sus locales. Aprovechábamos todo porque nosotros no teníamos ni un centavo ni sabíamos, inclusive, por dónde nos iban a entrar en material sindical, era una cuestión completamente nueva en Venezuela la sindicalización del intelectual, del profesional del periodismo; una cosa, repito, que casi no se concebía. En esta reunión de quizá treinta, cuarenta, cincuenta, no recuerdo bien -Calderón habla de la sesión del 7 de marzo de 1946– yo les hice una exposición sobre la materia, todos opinaron favorablemente, se discutió si se hacia un sindicato únicamente de reporteros, redactores y fotógrafos o si se mezclaban los linotipistas y los gráficos, pero entonces se quedó en que era únicamente periodistas. En esa reunión se nombró una comisión para redactar unos estatutos que serían, desde luego, provisionales; ésta comisión quedó integrada por Martín Ernesto González, Luis Evaristo Ramírez y Rafael Calderón, con el encargo de presentar un informe en la reunión siguiente. En esa reunión constitutiva, muy simpática y muy animosa y, desde luego, muy preocupada por los problemas que íbamos a resolver, actuó como Director de Debates Luis Alfredo Arriaga y como Secretario Accidental el compañero Pérez Mirabal.

Esas reuniones, según las referencias, eran realmente democráticas, abiertas, con la disposición de aclarar cualquier cuestión y decidir siempre por mayoría, cuando el acuerdo unánime no se conseguía. Fueron reuniones solidarias y espontánea la participación de los periodistas, donde no faltaba quien llegara “jumo” después de haberse tomado varias “cervecitas de esas de a medio”, lo que también contribuía a caldear el ambiente en ciertas discusiones.

En cuanto a las relaciones con la AVP, concretamente, RC afirma que “esos fueron pleitos también que tuvimos con la Asociación Venezolana de Periodistas. ¡Ah!, protestó un poco contra nosotros porque nosotros éramos un grupo, que te dijera, de guerrilleros, pues, de guerrilleros de la profesión: no puede ser porque eso era apartar a la Asociación... la Asociación sigue sus asuntos culturales...”
-Y que lo consideraban hasta peyorativo porque el periodista era un intelectual que cómo se iba a obrerizar, le comentamos a RC.
-Si, que era suficiente con la AVP.
-¿Qué criterio manejaron ustedes?
-No... Nosotros nos separamos de ellos... mantuvimos una línea completamente separada de las ideas de la AVP, hasta que la AVP, en vista de que la fuerza sindical éramos nosotros, los que hacíamos los periódicos, al fin y al cabo ellos no hacían nada, ellos eran escritores... Desde luego, muchos de nosotros, yo soy fundador de la AVP también, y todos somos tanto fundadores de la AVP como del Sindicato.
-¿Igual que Francisco J. Ávila?
-Sí, Francisco, como no...
-¿Francisco J. Ávila aparece como promotor del Sindicato también?
-No. De la AVP. (4)
Al respecto, sigue la versión de Arístides Bastidas:
-No había sindicato y entonces la gente de Ultimas Noticias, sobre todo los jóvenes, ¿no?, nos empeñamos en fundar el Sindicato. En eso tuvieron gran participación los militantes del Partido Comunista, especialmente Bernardo Dolande. Habían dirigentes de la AVP, que se había fundado en 1941, que consideraban que la fundación del Sindicato era un agravio a la profesión de periodistas, porque literalmente aducían que una profesión tan intelectual, tan llena de dignidad y tan significativa a los efectos del desarrollo social, etcétera, etcétera, etcétera, que había que jerarquizarla y que no podía confundirse, en ningún sentido, con las profesiones artesanales como la de albañiles, los zapateros, que en esa época ya tenían funcionando sus sindicatos. Puedo decirte que la AVP estuvo ausente por completo, por lo menos los Directivos de la AVP, en la fundación del Sindicato. (1)

Omar Pérez también reconoce las divergencias con los Directivos avepistas, cuando dice “que ha habido siempre esa tendencia por razones históricas” de la estrecha relación entre escritores y periodistas, “siempre ha privado ese criterio elitesco de pensar que nosotros no teníamos derecho a asociarnos para defender nuestros intereses de trabajadores enfrentados a un poder económico terrible; claro, que si nosotros no nos uníamos, en algún momento dado nos podía liquidar fácilmente, como siempre ocurría cada vez que entraba un redactor en conflicto con la empresa, pues el redactor salía disgustado y más nada; no había ningún reconocimiento ni tenia indemnización; no tenia ninguna clase de protección. Entonces, claro, esa era una de las cosas por las cuales (Bernardo) Dolande se preocupaba, porque Dolande se convirtió un poco en heraldo de ese pensamiento y nosotros lo fuimos acogiendo todos, porque evidentemente nos dábamos cuenta de que teníamos que asociarnos y unirnos para luchar contra los empresarios, contra los intereses patronales, que eran totalmente distintos a los nuestros, era evidente.”

Muy preciso al aclarar el asunto fue Claudio Cedeño, caricaturista, pintor y profesor de artes plásticas, quien ocupara la Secretaria General del SNTP durante los periodos 49-51 y 51-53. La pregunta que le formulamos fue la siguiente:
-Hay quienes sostienen que la AVP decidió crear el Sindicato; hay quienes dicen que el Sindicato nació ante la falta de poder de la AVP para actuar en ciertos planos y concretamente en el de la contratación colectiva. ¿Cómo fue eso realmente?
Y ésta su respuesta:
-Una cosa no tuvo nada qué ver con la otra. Yo participé en las dos fundaciones, tanto en la de AVP como en la del Sindicato. La AVP se fundó en 1941: naturalmente que era una idea que se venía produciendo en el ánimo de muchos y su principal animador fue Francisco J. Avila, y con un grupo de trabajadores que estaban en los periódicos activos en esa época, se organizó la Asociación Venezolana de Periodistas. Todavía es una agrupación un poco... para la época de Caracas, de esa Caracas de entonces que era una aldea y que los periódicos tenían una limitación bastante grande. Realmente el periodismo moderno nació fue con Ultimas Noticias, con El Nacional posteriormente, en Caracas, con el tipo de reportero buscando noticias. Antes era (cualquier periódico) una oficina donde iban a llevar algunas informaciones y esporádicamente salían, así que los periódicos eran una cuestión muerta completamente. Esa aparición (se refiere a los dos diarios prenombrados) y un cierto auge que tuvo la prensa con la presidencia de Medina, una apertura de las libertades democráticas, sobre todo la libertad de expresión, eso dio el estimulo a que la gente se agrupara primero en la Asociación. Había sucedido ya un congreso de Periodistas que se había realizado aquí (en Caracas) en 1943. Yo estuve en ese Congreso. Y luego, era una concepción gremialista completamente la AVP, hasta el punto de que había Circulo de Reporteros Gráficos y de Periodistas Deportivos; toda una serie de derivaciones que indicaban un carácter, que no era un organismo de lucha reivindicativo ni mucho menos, no se había constituido para eso. El Sindicato se fundó en 1946: ya entonces, se había creado una organización totalmente diferente. Ya existían los reporteros trabajando en la calle, trabajando empleados, con sueldos, unos sueldos bajísimos, de 300-400 bolívares. Con El Nacional se habían creado una serie de estamentos, que si las paginas deportivas, reporteros de sucesos, el de información, toda una serie de cosas que hizo evidente la explotación y la necesidad de que los trabajadores se organizaran gremialmente desde el punto de vista de conquistas salariales y de todas esas cosas, de aspirar a sus reivindicaciones.
-¿Por qué la AVP nunca tuvo ese carácter?
-No, nunca tuvo ese carácter porque la AVP era un organismo que permitía la representación de los Directores de periódicos, podían ser miembros de la AVP todo el mundo, dueños de periódicos: Juan de Guruciaga, por ejemplo, era miembro de la AVP; Miguel Otero Silva y Kotepa Delgado, etc. Todos los directores de periódicos en esa época, eran miembros de la AVP. Del Sindicato no podían serlo, porque el Sindicato era una agrupación de explotados, de asalariados. Así nació desde el primer momento; claro, fue organizado por Bernardo Dolande, un camarada (del PCV), fotógrafo que trabajaba en La Esfera. El fue el animador de este proyecto.
-¿Y Francisco J. Ávila?
-Ávila no tenía ese carácter reivindicativo, su trabajo era esporádico.
-Pero han dicho que así como fue el principal animador de la AVP, Francisco J. Ávila fue el principal animador del Sindicato...
-Eso es cierto –respondió CC– Dolande le dio un carácter de clase al Sindicato y lucho como se podía luchar en es época, con tanta decisión que la gente le otorgo su confianza inmediatamente, porque era un hombre que no iba a tener vacilaciones con los patronos ni nada de esas cosas. Ávila era un periodista, pero era un tipo de otra índole; era un colaborador, no era trabajador fijo de ningún periódico. En cambio, Dolande era un trabajador asalariado, con un sueldo, explotado.

11 DE MARZO DE 1946

Con esa contraposición de criterios, los fundadores del SNP continúan su actividad y convocan una nueva reunión para el lunes 11 de marzo de 1946, día de la fundación del Sindicato Nacional de Periodistas. Pero dejemos que hablen sus promotores:
-El día 11, de marzo de 1946, el Sindicato celebró una gran sesión en la sede de la Asociación de Linotipistas de Venezuela -cuenta Rafael Calderón-. Allí se abrió el debate y yo, como presidente de la comisión (“Comité Responsable”), pues, expuse todos los deseos nuestros y los problemas de los periodistas, el deseo de luchar por las reivindicaciones gremiales legitimas, todas las posibles en aquellos tiempos de sueldos muy bajos. Inclusive, ya empezamos a considerar esa vez unos casos de un compañero de Ultimas Noticias y otro del El País. Estas eran cosas muy apresuradas, tú sabes, un poco improvisadas porque, sin experiencia, pues, nos reuníamos y discutíamos y aprobábamos todas las cosas técnicas profesionales con los linotipistas que tenían muchas más experiencia que nosotros. Los Estatutos se aprobaron en principio y quedaron pendientes para una aprobación formal después. Después se procedió a la elección de la Junta Directiva.

-Esa constitución del Sindicato –recuerda Omar Pérez– fue singular, chico, a nosotros nos convocaron, ya estaba yo trabajando en El País, empezaron a realizar aquellas reuniones de tipo político... yo me acuerdo. Raúl Agudo Freites, que era un tipo increíble, de gran calidad, pidiendo la palabra para proponer a compañeros que trabajaran en el Sindicato, entonces, claro, todas las fuerzas políticas procurando obtener mayoría en la Directiva, pero nombrando siempre suplentes que pudieran en un momento dado, reemplazarlos porque en principio, en las primeras reuniones del Sindicato la gente no pensó que aquello iba a consolidarse.

Claudio Cedeño, cuando habló del ambiente y de los promotores de la constitución del SNP, reconoció que en ese momento “la gente de Ultimas Noticias fue un factor importante en eso, porque después que paso a manos de Capriles, se hizo sentir la explotación. La gente de Ultimas Noticias es la que forma la vanguardia, unos muchachos casi todos formadores de peo y alborotadores, constituyen realmente la vanguardia dentro del Sindicato de la Prensa. Casi todos son gente comunista, vinculados al Partido, todos tiene ese espíritu, una vanguardia juvenil, entusiasta, alegre: `El Caballo´ Acosta (Juan Acosta Cruz), (Pedro Rafael) Gilly, Arístides Bastidas, Carmen Clemente Travieso, la mujer de Miguel Otero: María Teresa Castillo, un grupo de gente que luego pasa a El Nacional, periódico que se los iba llevando de Ultimas Noticias...”

Sin embargo, Rafael Calderón sostiene que “tan sólo se trataba de dos o tres y Arístides mismo que estaba allí. Dos o tres compañeros que estaban con nosotros en la onda sindicalista, pero no era el grupo mayoritario. Siempre había problemas... Tú observas que en la (primera) Directiva no hay ninguno de Ultimas Noticias porque ellos siempre fueron remisos a eso. Luego fueron incorporando alguno que otro...”

Por su parte, Arístides Bastidas considera que “la fundación del Sindicato había sido una necesidad que se experimentaba desde 1945. En Ultimas Noticias, que fue la flecha del Sindicato, se pagaban unos salarios insignificantes. El salario en Ultimas Noticias era de 80 bolívares mensuales y una puya cada centímetro por columna que fuera publicado. En ese centímetro por columna le incluían a uno la foto, si uno aparecía en la foto. El centimetraje te lo pagaban los sábados y el sueldo lo pagaban mensual, los 80 bolívares. Pero la situación de Ultimas Noticias era tan dificultosa, que habitualmente le pagaban a uno el centimetraje incompleto y los sueldos había veces que se acumulaban por meses. Y entonces, en esa época, no se conocían pagos de guardias nocturnas, pago de guardias dominicales, y se obligaba a la gente a ir a las dos de la mañana y, en fin se trabajaba hasta tarde en las noches. La situación de los trabajadores era sumamente desventajosa en esos momentos, no solamente en Ultimas Noticias que era el lugar más crítico, sino también en La Esfera. El Nacional se consideraba que pagaba muy buenos sueldos porque en esa época la gente aquí (en El Nacional) ganaba 300 bolívares mensuales, 253 bolívares mensuales.”

-El Sindicato se fundó a raíz, pues, de esas reuniones –dijo AB– que unos cuantos tipos motorizamos, hicimos en el edificio Washington, que quedaba al lado de la Gobernación, frente a la parte norte de la Plaza Bolívar, entre Torre y Principal. Al este de la Gobernación estaban los Telégrafos, y al este de los telégrafos estaba el edificio Washington. Recuerdo que en unos muebles de paletas nos sentábamos nosotros. Allí estaba la Asociación de Linotipistas. La Asociación de Linotipistas que estaba antes de Monjas a Padre Sierra, 2-1 alto, era sede de varios sindicatos, se había mudado para el edificio Washington, y entonces nosotros nos reuníamos allí. Y allí se fundó el Sindicato... y esa es la historia inicial del Sindicato.

LA PRIMERA DIRECTIVA

En esa reunión del 11 de marzo, se aprobaron los Estatutos, se eligió la Primera Junta Directiva y se firmó el Acta Constitutiva del Sindicato Nacional de Periodistas. Dicha Junta fue estructurada con seis secretarios principales y dos suplentes, que ocuparían las vacantes temporales o definitivas:
Secretario General
RAFAEL CALDERÓN (La Esfera)
Secretario de Organización y Disciplina
RAÚL ALFREDO ARRIAGA (El País)
Secretario de Cultura y Propaganda
RAÚL AGUDO FREITES (El Nacional)
Secretario de Finanzas
PEDRO HERNÁNDEZ CAMACHO (El Universal)
Secretario de Actas y Relaciones
LUIS F. BELLORÍN (La Religión)
Secretario de Trabajo y Reclamos
CESAR GIL (El País)
Primer Suplente
BERNARDO DOLANDE (La Esfera)
Segundo Suplente
CESAR RENGIFO (El Heraldo)
De ellos, tres eran militantes de AD (Calderón, Arriaga y Gil), y tres del PCV (Agudo, Dolande y Rengifo), lo que da una idea del predominio de esos dos partidos políticos en el gremio para esa época.
El martes 12, varios diarios recogen el acontecimiento gremial, con buen despliegue informativo y con gráfica en el caso de El Nacional:
“QUEDO INSTALADO
EL SINDICATO NACIONAL DE PERIODISTAS
Se espera su Legalización para Dentro de Poco”
(Titulo a 3 col., ángulo superior izquierdo
de una página impar)
Foto a 3 col., con la siguiente leyenda:
“En la foto la Directiva del Sindicato Nacional de Periodistas: de izquierda a derecha: Bernardo Dolande, Pedro Hernández Camacho, Raúl Agudo Freites, Rafael Calderón, Raúl Domínguez, Luis F. Bellorín y César Rengifo. (Foto León)”

Texto, a 1 col.:

“Con una asistencia que sobrepasó el número a la primera, se efectuó ayer en el local de la Asociación de Linotipistas la segunda reunión destinada a constituir al Sindicato Nacional de Periodistas con sede en Caracas. En esta reunión debía conocerse el resultado de los trabajos encomendados en la reunión anterior, destinados a la elaboración de los estatutos y debía igualmente procederse a la elección de la Mesa Directiva.
“A las 11:30, se procedió a comprobar la filiación profesional dþtodos los presentes, mediante la presentación del respectivo carnet o el testimonio de los compañeros de trabajo. Luego se dispuso la discusión del proyecto de estatutos elaborados por la comisión. Una moción de Dolande con el apoyo de varios presentes, en el sentido de que se aprobaran colectivamente fue admitida, con el objeto de ganar tiempo y proceder al importante punto de la elección de la Directiva.
“En este punto, Calderón leyó la parte pertinente de los estatutos aprobados en la cual se señalaba la forma de elección: voto abierto, levantando la mano y por la mayoría relativa. Individualmente fueron propuestos los respectivos cargos. Primero, Secretario General. Fue electo Rafael Calderón, sin opositores, por unanimidad. Para Secretario de Reclamos , se propuso a Raúl Domínguez de Ultimas Noticias y Raúl Arriaga de El País siendo electo el último. Para la Secretaría de Trabajos y Reclamos, se asomó al mismo Domínguez y a César Gil, siendo electo éste, por mayoría. Para la Secretaría de Finanzas, resultó electo, Pedro Hernández Camacho de El Universal sin oposición como también Luis F. Bellorín, de La Religión para Secretario de Actas y Correspondencia. Por mayoría fue igualmente electo el compañero Agudo Freites para la Secretaría de Cultura y Propaganda. Sin mayores pugnas resultaron electos Bernardo Dolande y César Rengifo, Reportero Gráfico el primero de La Esfera y Jefe de Información de El Heraldo el segundo, como primero y segundo suplente, respectivamente.
“En las votaciones, se puso de manifiesto el mayor espíritu democrático, realizándose la asamblea en medio de un clima de convivencia y de compañerismo ejemplares. Después de esta asamblea, se procederá a introducir ante los organismos del Trabajo los estatutos aprobados y el acta de instalación para que el nuevo organismo sea aprobado legalmente, lo que se espera dentro de poco.
“Así culmina una larga etapa preparatoria de este organismo, del cual se esperan grandes beneficios para sus asociados.”
El Universal, aunque sin gráfica, lo destaca en primera página a 2 col., con un pase a la página 19, practica corriente en el periodismo venezolano de la época, con excepción de El Nacional que introdujo como característica suya la eliminación de esos cortes:

“NOMBRO JUNTA DIRECTIVA Y DISCUTIO
LOS ESTATUTOS EL SINDICATO DE PERIODISTAS” (30)

“En la sesión celebrada ayer por el Sindicato Nacional de Periodistas, en el local de la Asociación de Linotipistas de Venezuela, se trataron los puntos acordados en la reunión anterior, a saber: discusión y aprobación de los Estatutos que regirán el organismo; y la designación de los miembros que integraran la Junta Directiva Provisional del Sindicato.
“Abierto el debate por el señor Rafael Calderón, de la Comisión redactora del Proyecto de Estatutos, el Secretario accidental Pérez Mirabal, propuso que se procediera, en conformidad con lo acordado anteriormente, a la identificación de los periodista presentes, a fin de comprobar si devengaban salarios en los diarios capitalinos. Para el efecto se adoptó el procedimiento de la presentación de carnet o la declaración de dos testigos para comprobar que eran periodistas activos. Sólo se esclarecieron dos casos mediante testigos y declaraciones de los propios interesados. Se trataba de dos periodistas de Ultimas Noticias que antes estuvieron en cargos administrativos pasando luego a la redacción de ese diario donde tienen ya más de un año de labor. Otro caso fue aplazado para posterior consideración del Sindicato, ya que el interesado, redactor de un semanario, no devenga sueldo de patrón alguno. Como quiera que no tiene ni podrá tener problema sindical, se acordó posponer el ingreso al sindicato, debido a la circunstancia anotada.
“Por lo que a los Estatutos se refiere, se aprobaron en principio, y se dispuso efectuar una revisión de los mismos para introducirle las reformas pertinentes dentro de unos tres meses. Seguidamente se procedió a la elección de la Junta Directiva, la cual quedó integrada de la siguiente manera: Secretario General, Rafael Calderón, de `La Esfera’; Secretario de Organización, Raúl Alfredo Arriaga, de `El País´; Secretario de Trabajo y Reclamos, César Gil, de `El País´; Secretario de Actas y Relaciones, Luis F. Bellorín, de `La Religión´; Secretario de Cultura y Propaganda, Raúl Agudo Freites, de `El Nacional´; Primer Suplente, Bernardo Dolande, gráfico de `Elite´; y Segundo Suplente, César Rengifo, Jefe de información de `El Heraldo´.”

LOS FUNDADORES

Esa misma nota de El Universal registra a los miembros fundadores del Sindicato Nacional de Periodistas:
“Firmaron en efecto el acta constitutiva los periodistas que a continuación pasamos a nombrar: Rafael Calderón, Pedro Hernández Camacho, Francisco Falcón Hurtado, Raúl Alfredo Arriaga, Raúl Domínguez C., Carlos Navarro Giral, Casto Noguera, Genaro de Egileo, José Moradell, Pedro Moreno Garzón, E. Tenorio A., Héctor Stredell, J. A. Cárdenas, H Cedrés, J. Díaz, Pedro Chacín Chacín, A. R. Bastidas, Candelario Rivero, A. González Trujillo, Marconi Villamizar, Miguel Ángel Sánchez, R. Emilio Alfonso, Pausolino Vargas, Maria Teresa Castillo, Ida Gramcko, Carmen Travieso, Raúl Agudo Freytes, Sergio Antillano, G. Araujo Silva, Luis E. Ramírez, Héctor Arismendi, Francisco Aponte M., J. M. Machín, Domingo Alberto Rangel, Bernardo Dolarde, Miguel León, Francisco Edmundo Pérez, Federico Ruiz, Cesar Pagés, Roberto González, Ciro Urdaneta B., Miguel Ángel García, Alirio Ugarte Pelayo, Cesar Rengifo, Fraiz Grijalva, Pedro Antonio Vásquez, Luis Alberto Paúl, Alfredo Pérez Mirabal, Francisco Villanueva, h., Oscar Pulgar, Antonio Mora Saavedra, J. Boada Alvins, Federico Pacheco S., Juan López, hijo, José Benavides, Jerónimo Ascanio, José Porras.” (Subrayados nuestros)
La lista suministrada por El Universal no es idéntica a la que reposa en el Ministerio del Trabajo (12). En la “Lista de Miembros del Sindicato Nacional de Periodistas que firmaron el Acta Constitutiva”, además de los 48 nombres subrayados en el párrafo anterior, aparecen también, Luis F. Bellorín, Raúl S. Esteves, Martín Ernesto González, Omar Pérez y Cesar Gil, para totalizar 53.
Es permisible pensar que los fundadores sean unos cuantos más, a menos que se exija la rigurosidad del factor documental. Por ejemplo: Sergio Antillano, ese veterano periodista y docente universitario, aparece en la lista de fundadores, pero sin firmar; de Domingo Alberto Rangel no es descabellado pensar que estuviese inmerso en ese tipo de actividades para la época, cuando era un potencial dirigente político bajo la rectoría e influencia de Rómulo Betancourt. Pero en sí, oficialmente, los firmantes del Acta Constitutiva fueron 53.
De esos firmantes, 49 eran “periodistas” y 4 eran “fotógrafos”: Castro Noguera, Héctor Cedrés, Bernardo Dolande y Francisco Edmundo Pérez (“El Gordo”), los dos últimos ya fallecidos. Lo que significa una relación de 92.46% de “periodistas” y 7.54% de “fotógrafos”.
Además evidencia que el SNP fue fundado única y exclusivamente por periodistas, aunque en su seno había criterios distintos como los señaláramos anteriormente.

LOS ESTATUTOS

Los Estatutos del SINDICATO NACIONAL DE PERIODISTAS (26), son muy diáfanos al respecto, al comienzo del Capítulo II:
“Art. 3º.- Serán miembros del Sindicato Nacional de Periodistas los redactores, fotógrafos, corresponsales y colaboradores fijos, remunerados, que presten sus servicios en publicaciones periodísticas o en agencias informativas nacionales o extranjeras, sin diferencias de raza, nacionalidad, creencias religiosas o políticas, que hayan firmado el Acta Constitutiva, o los que pidan su ingreso a el, por escrito o personalmente y sean aceptados por la Asamblea, comprometiéndose a cumplir y hacer cumplir los presentes Estatutos y a respetar las leyes del país.”
Esos primeros Estatutos constan de 38 artículos, distribuidos en 8 Capítulos, además de unas “Disposiciones Finales” relativas a la entrada en vigencia previa aprobación de la inspectoría del Trabajo del Distrito Federal.

El Capítulo I, del Nombre, domicilio y objeto; entre otras cuestiones, establece, en su artículo 2º, como “objeto el estudio, defensa y protección de los intereses económicos, sociales, culturales y morales de sus miembros”, y expone como fines inmediatos el aumento de salarios, valoración del trabajo profesional, celebración de contratos colectivos de trabajo, establecimiento del día de descanso semanal u obtener recursos para “atender a prestaciones médicas y otras formas de ayuda y protección a sus miembros” y “fundar una Casa del Periodista”.
Como se puede apreciar, parte de esos objetivos son coincidentes con los de la Asociación Venezolana de Periodistas, algunos planteados en el mismo terreno de la AVP, como la “Valorización del trabajo profesional” y la fundación de la “Casa del Periodista”.
El Capítulo II, de los Miembros, sus deberes y derechos; contiene el antes señalado articulo 3º y además fija una serie de normas para el ingreso de nuevos miembros, impone a sus militantes la obligación de “trabajar abnegadamente en pro del engrandecimiento y prosperidad del Sindicato”, y después de hablar de los deberes pasa a los derechos donde incluye uno garantizando que “en casos de enfermedad, cesantía, voluntaria o involuntaria, percibirá semanalmente una suma que determinara la asamblea, previo informe de la Junta Directiva”.
El Capítulo III establece todo lo concerniente a las asambleas y sus mecanismos democráticos internos.
La Junta directiva es regulada en el Capítulo IV, asignándole seis secretarías y dos suplentes, cargos votados “por separado, levantando la mano los partidarios de cada uno de los candidatos e iniciándose seguidamente el contaje reglamentario”. El artículo 20º establece que “cualquiera de los miembros de la Junta Directiva o su totalidad, podrán ser removidos antes de expirar el período, por decisión de las dos terceras partes de la totalidad de los miembros del Sindicato, y por las siguientes causales: malversación de fondos del Sindicato; actividades de rompehuelgas; inasistencia a cuatro sesiones consecutivas sin causa justificada; incumplimiento de los acuerdos y resoluciones aprobados por la asamblea o comisión de actos que comprometan la existencia del Sindicato. Estas sanciones podrán extremarse con medidas de expulsión del Sindicato.”
El Capitulo V se concreta a estipular las atribuciones de los miembros de la Junta Directiva; el VI, a las finanzas; el VII deja en manos de la asamblea las sanciones a los miembros por cuestiones que indica taxativamente; y el VIII se refiere a “Disposiciones Generales” que van desde la posibilidad de afiliar al SNP a federaciones o confederaciones de trabajadores, hasta el mecanismo de disolución del organismo sindical. (26)

NO EXISTIO DECLARACIÓN DE PRINCIPIOS

Aunque en los Estatutos y en algunas declaraciones y notas de prensa se aprecian elementos definitorios del naciente Sindicato, sus fundadores no se preocuparon por redactar una declaración de principios, que siempre emite este tipo de organizaciones en el momento de su nacimiento. Como veremos más adelante, a la Inspectoría del Trabajo del Distrito Federal sólo fueron remitidos por la Junta Directiva, “un ejemplar de los Estatutos del Sindicato Nacional de Periodistas, el Acta Constitutiva y la Nómina de sus miembros”.
Al respecto, Rafael Calderón afirmó que “la hubo, pero de boquilla”, es decir, en las deliberaciones de las asambleas, en el espíritu de los fundadores y efectivamente en declaraciones a la prensa:
“Se ha limitado la admisión únicamente para los periodistas, fotógrafos, corresponsales y colaboradores fijos, remunerados, que puedan demostrar que el trabajo periodístico es y ha sido, durante un lapso anterior, su principal fuente de subsistencia.”, se lee en nota aparecida en El Universal del 14 de marzo de 1946, que recoge declaraciones del propio Calderón, bajo el título “El Sindicato Nacional de Periodistas será un organismo netamente Nacional”.
-Tiene como objetivos inmediatos –dijo Calderón más adelante en las declaraciones referidas– la defensa de los intereses económicos, sociales y morales de sus afiliados; la celebración de contratos colectivos de trabajo, la fundación de una casa del Periodista, la regulación de las horas de trabajo, el día de descanso semanal y, principalmente, el establecimiento del sueldo mínimo para los asociados, como la única forma de lograr una verdadera selección del personal, para imponer al periodismo venezolano un nuevo estilo, a base de exactitud informativa, moralidad, responsabilidad y, en general del más elevado concepto de la ética profesional.
Y agrega casi al final:
-No hemos constituido un Sindicato para hacer de él un reducto de lucha sorda y sistemática, sino más bien con un espíritu de colaboración dirigido a la conciliación de los intereses de los trabajadores y patronos, sin mengua, por supuesto, de la energía necesaria para hacer valer los derechos legítimos del periodista profesional, como trabajador y como individuo que necesariamente debe ocupar un destacado lugar en la escala social.
A esto debemos agregar lo estipulados en los artículos 2º y 3º de los Estatutos, comentados anteriormente.
En su momento histórico, el SNP nació como instrumento especifico de los periodistas caraqueños que vieron la necesidad de comenzar la lucha frente a los patronos por mejores condiciones de vida y trabajo, sabiéndose explotados en una Venezuela que abandonaba paulatinamente los campos de café y cacao y en general la actividad agropecuaria, para convertirse progresivamente en un país prácticamente monoproductor, altamente dependiente de centros capitalistas mundiales, especialmente del norteamericano y con la mayoría de la población concentrada en las grandes ciudades y sus alrededores.

LOS PRIMEROS PASOS

Tres Días después de la fundación del Sindicato Nacional de Periodistas, el jueves 14 de marzo de 1946, la recién electa Junta Directiva envió a la Inspectoría del Trabajo la solicitud de legalización. Fue una escueta nota, concebida en estos términos:

“Caracas, 14 de marzo de 1946.-
“Ciudadano
Inspector del Trabajo del Distrito Federal
Su Despacho.-
“Respetuosamente nos dirigimos a Ud., en la oportunidad de consignar en esa Inspectoría a su digno cargo, conforme lo dispone el Artículo 141 de la Ley del Trabajo vigente, un ejemplar de los Estatutos del Sindicato Nacional de Periodistas, el Acta constitutiva y la nómina de sus miembros, en un todo de acuerdo con los artículos 142, 143 y 144 de la misma Ley, a objeto de solicitar la legalización del Sindicato y el correspondiente registro y aprobación de los Estatutos.

LA JUNTA DIRECTIVA,”
(A continuación, los nombres, cargos y firmas de los directivos)

La comunicación y los recaudos fueron recibidos por el Consultor Jurídico de la Inspectoría del Trabajo, Héctor Humpiérrez, según reseña aparecida en El Nacional, el viernes 15:

“SE SOLICITA LA LEGALIZACIÓN
DEL SINDICATO DE PERIODISTAS”
(Título orlado a 3 col.)

Seguidamente una foto a 3 col., con la siguiente leyenda:

“Una comisión designada por la Directiva del reciente fundado Sindicato Nacional de Periodistas, consignó ayer tarde ante el Despacho del doctor Héctor Humpiérrez, Consultor Jurídico de la Inspectoría del Trabajo, la petición de legalización del Sindicato de los Trabajadores de la Prensa. Fueron entregados al Consultor Jurídico todos los documentos indispensables para obtener la legalización de la nueva organización sindical. Es de esperar que dentro de pocos días, una vez que hayan sido llenados otros requisitos exigidos por la ley, será impartida la debida legalización.” (Subrayados nuestros)

TEXTO A 1 Col.:

“Rafael Calderón, Secretario General del Sindicato de Periodistas, declaró que se ha limitado la admisión únicamente a los periodistas, fotógrafos, corresponsales y colaboradores fijos que reciben remuneración por su trabajo y que ella sea fuente principal de su subsistencia.”
-Además –dijo Calderón– se tomarán en cuenta los antecedentes morales e intelectuales de los aspirantes y la sinceridad y honradez con que se han consagrado a su profesión.
-¿Qué proyectos tiene el Sindicato?
-Defenderá a capa y espada, los intereses económicos, sociales y morales de sus afiliados; buscara la firma de los contratos colectivos de trabajo entre los periodistas y la empresa y luchara para obtener el día de descanso semanal y el sueldo mínimo para sus afiliados.
-De modo...
-Queremos darle al periodismo venezolano sólidas bases de exactitud informativa, de líneas morales inmutables, criterio y responsabilidad. Todo ello redundará en beneficio de las empresas, los periodistas y por extensión, del buen nombre de la cultura venezolana.
-Y redondeo sus declaraciones de la siguiente guisa:
-No hemos constituido el sindicato para hacer de él un reducto de lucha sorda y sistemática. Propenderemos a la conciliación de los intereses de los trabajadores y patronos, sin que implique el detrimento de los legítimos derechos del periodista profesional en su condición de trabajador situado en un destacado lugar de la escala social. No circunscribirá su acción a la capital, sino que acogerá en su seno a los colegas de la sufrida provincia, que viven nuestras mismas inquietudes y confrontan iguales problemas.”
El proceso de legalización se prolongaría hasta el 12 de abril del mismo año, cuando definitivamente fue legalizado e “inscrito bajo el Nº 177 folio 59 del Libro de Registro respectivo.”, según consta en la “BOLETA DE INSCRIPCIÓN” emitida en esa fecha por la Inspectoría del Trabajo del Distrito Federal.
El archivo del Ministerio del Trabajo permite establecer el camino que siguió la solicitud:
1. El 14 de marzo la Junta Directiva solicita la legalización.
2. El 8 de abril Héctor Humpiérrez, “Inspector–Adjunto del Trabajo”, oficia al “Secretario General del proyectado `Sindicato Nacional de Periodistas´”, que “hecho el estudio correspondiente... no encuentra observaciones que hacerles, sin embargo, para proceder a su debida inscripción espera la decisión del Ministerio del Trabajo sobre la consulta legal hecha al respecto”.
3. El mismo 8 de abril, la Inspectoría del Trabajo del D. F. Comunica al “Encargado del Ministerio del Trabajo”, que para el momento era Antonio Leidenz, Director del Despacho, que no han encontrado “observaciones que hacerle, y solo espera su debida inscripción”.
4. El 11, Antonio Leidenz responde a la Inspectoría y ordena “que proceda a hacer la inscripción legal correspondiente”.
5. El 12 ce abril de 1946, la Inspectoría emite la “Boleta de Inscripción”, y comunica al Sindicato Nacional de Periodistas la decisión.
6. Ese mismo día, la Inspectoría informa de la legalización y de la nómina de la Junta Directiva del SNP al Despacho del Ministro, al Director del Instituto Central de los Seguros Sociales, y al Gobernador del Distrito Federal.

LA DIRECTIVA VISITA MIRAFLORES

Antes de la legalización, el 21 de marzo, una comisión de cuatro miembros de la Junta Directiva del SNP va a Miraflores y se entrevista con el Presidente de la Junta Revolucionaria de Gobierno, Rómulo Betancourt, a quien plantean las inquietudes gremiales, fundamentalmente la Ley de Ejercicio del Periodismo, el salario mínimo y la creación de la Escuela de Periodismo, a nivel universitario.
La “Escuela Nacional de Periodismo” fue creada por Decreto Nº 241 de la Junta Revolucionaria de Gobierno, del 24 de octubre de 1946, y entró en funcionamiento en la Universidad Central de Venezuela en 1947, bajo la dirección de Miguel Acosta Saignes (14ª:24). La Ley y el salario mínimo fueron postergados por más de dos décadas.
Veamos cómo los periodistas de El Nacional (18) reflejan la entrevista con el deseo de que “se promulgue pronto” la Ley de Ejercicio del Periodismo:

“LEY DE EJERCICIO PERIODÍSTICO ACASO SE PROMULGUE PRONTO
LA CASA DEL PERIODISTA SERA DONADA LA SEMANA PROXIMA”
(TÍTULO A 3 COL.)


Le sigue una foto, también a tres col., con esta leyenda:

“Raúl Alfredo Arriaga, B. Dolande, Rafael Calderón y H. Hernández Camacho, de la Directiva del Sindicato de Periodistas con el Presidente de la Junta Revolucionaria”.

Texto a 1 col.:

“Miembros de la Directiva del Sindicato Nacional de Periodistas, organismo gremial recientemente constituido, se entrevistaron con el señor Rómulo Betancourt, Presidente de la Junta Revolucionaria, para exponer puntos de interés e importancia para los trabajadores de la Prensa. Rafael Calderón, Secretario General del Sindicato, manifestó al Presidente de la Junta la urgente necesidad y la conveniencia de crear una Ley de Ejercicio del Periodismo que resguarde los intereses de los profesionales, evitando el asalto de los improvisados a diario. Se habló de la utilidad de emplear la colegiación en el gremio, establecimiento de salarios mínimos, e instalación de una Escuela de Periodismo.
“A la entrevista asistieron Rafael Calderón, Raúl Alfredo Arriaga, Bernardo Dolarde y Pedro Hernández Camacho. Se trató acerca de la Casa del Periodista, los miembros del Sindicato se refirieron a la casa ofrecida por el Gobierno Revolucionario a la Asociación Venezolana de Periodistas. El señor Rómulo Betancourt hizo constar que la casa está destinada a los periodistas, avepistas y organizados, y manifestó que el gobierno procurará que el local a donarse la semana próxima, estará situada en el centro de la ciudad, y posiblemente será de dos pisos. La resolución relativa a la donación del inmueble, será dictada en breve. El Presidente de la Junta expuso el deseo de que los representantes del Sindicato le hicieran entrega de un memorando y la documentación necesaria, basada en experiencias de otros países, para proceder al estudio de la Ley de ejercicio del Periodismo, con cuya promulgación se mostró de acuerdo. La directiva del Sindicato prometió que dentro de unos días enviara a Miraflores los datos pedidos por el gobierno.”
Estos elementos evidencian cómo ha sido larga y zigzagueante la lucha de los periodistas venezolanos por elevar sus condiciones profesionales y socio-económicas, unas veces desde la AVP y otras desde el Sindicato, y más recientemente en conjunto, solidariamente como entes complementarios, aunque independientes como lo son hoy el SNTP y el Colegio Nacional de Periodistas.

DOMINGO 28

La Junta Directiva se posesiona el 28 de abril en la sede de la Asociación de Escritores de Venezuela, entre las esquinas de Palma y Municipal, ante una asamblea extraordinaria (8 y 9) que tuvo como orden del día:

1.- Instalación del Sindicato:
a) Lectura del Acta Constitutiva.
b) Juramentación de la Junta Directiva.
2.- Palabras del Secretario General, Rafael Calderón.
3. – “Lectura de un mensaje enviado por el Sindicato de Periodistas de Nueva York, por el cual invita a un delegado fraternal para que asista al Congreso de Periodistas Norteamericanos, que se efectuará el próximo mes de junio, en Pensylvania.” (Este incluye el primer nexo o contacto internacional del SNP, y fue posible gracias a la mediación del colega Francisco J. Ávila, quien trajo la invitación desde Estados Unidos).
4.- Puntos Varios.
5.- “Un cordial obsequio”, lo que para la época significaba un brindis.

La nota aparecida en La Esfera el mismo domingo 28, refiere además que “el Sindicato ha invitado a las organizaciones Sindicales de Caracas, para que envíen representantes a este acto”, lo que da una idea del tipo de relaciones intersindicales que deseaban mantener los fundadores del SNP.
Al día siguiente, el lunes 29, apareció en el mismo diario (10) la noticia:
“ AYER QUEDO INSTALADO
EL SINDICATO NACIONAL DE PERIODISTAS”
(Título a 3 col.)
Con estos subtítulos:

“La Junta Directiva ya entró en funciones – El Sindicato enviará un delegado al Congreso de Periodistas Norteamericanos que se reunirá en Pensylvania – Importantes puntos fueron tratados en la asamblea”.

Texto a 1 col.:

“El Sindicato Nacional de Periodistas celebró ayer a mediodía una asamblea extraordinaria, en el local de la asociación de Escritores Venezolanos, convocada con el objeto de proceder oficialmente a la instalación de la organización, mediante la toma de posesión de sus cargos, de los integrantes de la Junta Directiva que habrá de actuar durante el periodo 1946-1948, y tratar otros puntos de importancia.
“Numerosos asociados estuvieron presentes en el acto, así como representantes de diversas organizaciones gremiales y culturales a las cuales se les invitó especialmente, dándose comienzo a la asamblea con la juramentación de la directiva, después de lo cual se procedió, de acuerdo con el orden del día, a la lectura del Acta Constitutiva. Posteriormente hizo uso de la palabra el Secretario General del Sindicato, señor Rafael Calderón, quien en breve improvisación señaló los propósitos fundamentales que normarán las actividades del gremio y esbozó planes de trabajo y de coordinación para alcanzar objetivos esenciales dentro de una común aspiración profesional. Con certero criterio definió la conducta que corresponde al periodista, expuso el papel orientador que desempeña dentro de la sociedad, e hizo un llamado a la unidad, sin la cual –recalcó enfáticamente– fracasaría todo intento de superación. Finalizó Calderón sus palabras expresando un saludo cordial a todos los trabajadores del país que laboran afanosamente por estructurar un movimiento sindical de sólidos basamentos, en defensa de sus intereses específicos. Al terminar fue cálidamente aplaudido.
“Luego el periodista Francisco J. Avila quien acababa de llegar de Estados Unidos de América, después de unas breves palabras en las cuales puso de relieve la trascendencia que involucra la constitución del Sindicato de Periodistas y de exaltar la función de las entidades gremiales, leyó un expresivo mensaje enviado por los colegas sindicalizados de Nueva York, en el que hacen una formal invitación para que sea enviado un delegado fraternal a las deliberaciones del próximo Congreso de Periodistas que se reunirá entre el 17 y el 21 de junio venidero en la ciudad de Pensylvania. Puesto en consideración el contenido de la nota, la asamblea resolvió aceptar la invitación, posponiéndose la designación del delegado para una próxima reunión. Finalmente Raúl Arriaga propuso, con aprobación de los presentes practicar las gestiones necesarias para que sean pagados a los periodistas por las respectivas empresas, la remuneración especial correspondiente a los días de Semana Santa; e igualmente celebrar una reunión conjunta con delegados de los Sindicatos de Linotipistas, de Artes Gráficas y de Pregoneros para tratar lo relativo a la celebración del primero de Mayo.
“Antes de clausurar la sesión fue leída una correspondencia enviada por el Sindicato Profesional de Trabajadores de Laboratorios, Droguerías y Farmacias del Distrito Federal y Estado Miranda, participando su apoyo a la reportera Lucila Velásquez, ante el injusto despido de que fuera objeto de la empresa donde prestaba sus servicios. Concluyó el acto con un exquisito obsequio servido a la concurrencia.”
Lo que había por delante era trabajo, lucha, esfuerzo de todos para alterar una situación donde lo positivo estaba por conquistarse. El Sindicato no era más que una Directiva y muchos sueños de futuro.

EL 1º DE MAYO

Los trabajadores de la prensa venezolanos que todavía en 1946 no tenían como suyo el “1º de Mayo”, Día Internacional de los Trabajadores, en conmemoración de la sangrienta lucha obrera de Chicago en 1884, por la implantación de la jornada de 8 horas diarias de trabajo, movimiento laboral que recorría con gran fuerza los países industrializados de la época.
Acá en Venezuela, fue proclamado Día del Trabajador en 1938 por la “Conferencia Sindical Nacional” reunida en Caracas, como referimos en la parte inicial de este trabajo (21:145). Sin embargo, la represión política del “lopezcontrerismo”, afanado en impedir el desarrollo normal de las organizaciones sindicales de orientación izquierdista, apoyándose en el inciso 6º, norma constitucional antimarxista que proscribía esa ideología, y recurriendo a un sedicente bolivarianismo asaz patriotero, impuso el 24 de julio, natalicio del Libertador, como “Día del Obrero Venezolano”, celebración que no resistió la fuerza del desarrollo histórico-social y la solidaridad internacional de los trabajadores.
El 29 de abril de 1946, las Directivas del SINDICATO NACIONAL DE PERIODISTAS, de la ASOCIACIÓN DE LINOTIPISTAS DE VENEZUELA, del SINDICATO DE TRABAJADORES DE ARTES GRAFICAS y del SINDICATO DE EXPENDEDORES DE DIARIOS Y REVISTAS, por iniciativa del primero, se reunieron y acordaron “no trabajar” el “1º de Mayo”, para adherirse a la celebración mundial de la fecha laboral. Fue una decisión unánime de estos sectores laborales, que luego comunicaron a los patronos, con la decisión firme de considerar el Primero de Mayo como día feriado para sus afiliados.
El acuerdo del SNP al respecto, publicado en La Esfera del 30 de abril (10), fue el siguiente:

“La Directiva del Sindicato Nacional de Periodistas se reunió en el día de hoy (29-04-46) con las Directivas de los Sindicatos de Artes Gráficas, Asociación de Linotipistas y Sindicato de Expendedores y Repartidores de Revistas y Periódicos con el objeto de tratar conjuntamente sobre la no concurrencia al trabajo y celebración del 1º de Mayo, reconocido nacional e internacionalmente como Día de los Trabajadores.
“En esta reunión, después de cruzar ideas durante dos horas, la Directiva acordó no trabajar el día primero de mayo y participar como organización en los diferentes actos programados para la celebración del Primero de Mayo. Iguales acuerdos tomaron las Directivas de Artes Graficas y Pregoneros, manifestándose los linotipistas solidarios con ellos. También acordó la Directiva del Sindicato Nacional de Periodistas hacer un llamado a los compañeros que aun no han podido sindicalizarse, en el sentido de solidarizarse con este acuerdo. Abril 29 de 1946.- Rafael Calderón, Secretario General, Raúl Agudo Freytes, Secretario de Prensa y Propaganda.”
Refiriéndose a esos primeros días, Rafael Calderón cuenta el asunto en este dialogo:
-El Sindicato siguió así, promoviendo cosas, ya incorporamos el 1º de Mayo como día no laborable, después vino la Ley, pero en el momento lo hicimos nosotros un poco arbitrariamente, sindicalmente: “no trabajamos el Primero de Mayo”. Sí trabajábamos, pero ahora no se trabajó.
-¿Eso fue inmediatamente de la fundación, en el 46?
-En el mismo...
-¿Sin que existieran contratos ni nada?
-No, no, no. Todavía no teníamos contratos. Eso eran decisiones nuestras y luego se lo participamos a los patronos.
-¿Y cómo hicieron?
-Bueno...no trabajamos, se hacían guardias como ahora.
-¿Pero ustedes lo impusieron...?
-Sí, feriado...

LOS PRIMEROS CONTRATOS

La tarea concreta más inmediata era la discusión y firma de los contratos colectivos de trabajo, para empezar a superar una situación de indefensión frente a las empresas, en la cual los trabajadores carecían de horarios de trabajo, sus remuneraciones eran realmente infamantes, no estaban establecidos los días feriados y, en general, las condiciones de trabajo y beneficios a los trabajadores eran sumamente pobres.
El primer contrato que firma el SNP fue con El Heraldo, suscrito por Rafael Calderón y Bernardo Dolande por la parte sindical, y por Virgilio Corao en representación de la empresa. Lo protocolizan en la Inspectoría del Trabajo del Distrito Federal, el 16 de julio de 1946, cuatro meses después de la fundación del SNP, y a menos de tres meses de haberse instalado la Junta Directiva. Así era el ímpetu inicial del Sindicato, en beneficio de sus afiliados, etapa en la cual destaca la actividad de Bernardo Dolande, a quien todos reconocen sus dotes de luchador social y de negociador frente a las empresas.
Por supuesto, eran contratos algo simples, si se les compara con los actuales, pero justificados plenamente por las condiciones del momento y los antecedentes que los condicionaban.
El de EL Heraldo tuvo apenas 11 cláusulas y duración de 12 meses (28). Otros contratos duraban sólo seis meses, lo cual llama sobremanera la atención si se les compara con los contratos actuales, que tienen vigencia de 27 meses en adelante, en detrimento económico-social de los trabajadores, que quedan en desventaja ante el incremento sostenido del costo de la vida y la real devaluación del poder adquisitivo de los sueldos y salarios. Evidencia, además, un retroceso del factor trabajo frente al capital, fenómeno generalizado en el deficiente sindicalismo venezolano, que muy bien analiza el profesor Rodolfo Quintero en varios de sus trabajos referidos a la clase obrera (22:52 y siguientes). En 1980, por lo menos, dos contratos de los vigentes fueron firmados por 36 meses (TRES AÑOS), con un incremento salarial a los 18 meses, lo cual congela por un año y medio el ingreso de los trabajadores de la prensa, mientras la elevación real del costo de la vida reduce drásticamente el poder adquisitivo para sus hogares.
Otra característica importante del SNP, es que aunque en el momento de su nacimiento la mayoría se opuso a recibir en su seno trabajadores de la prensa que no fueran periodistas, ya al discutir su primer contrato colectivo incluían Correctores de Pruebas.
Lamentablemente, la copia del contrato de El Heraldo no especifica los cargos y la profesión de los trabajadores amparados. Sin embargo, se aprecia que el sueldo más alto lo tuvo César Rengifo, quien se desempeñaba como Jefe de Información, con 840 bolívares mensuales; es decir, estaba por encima del cuerpo de reporteros, quienes devengaban 500 y 600 bolívares. Pero es lógico pensar que además de periodistas y correctores de pruebas, fueron amparados por ese primer contrato trabajadores de otras profesiones, como se puede apreciar en la escala de sueldos:

César Rengifo.........................840
Francisco Villanueva................600
D. A. Vásquez...........................50
Zamora (Juan José).................600
Simón Rodríguez (Mr. Ply)........500
Carlos González Trujillo.............540
Francisco Garrido......................220
José Sardá................................540
José Boada Alvins......................500
Luis R. Hernández.....................500
Miguel A. Ibarra........................420
Santiago Gersi...........................180
Juan E. Fort.............................300
Pilar Pimentel...........................300

Antes de continuar el análisis, queremos hacer notar lo simpático e interesante que resulta ver incluido en un contrato colectivo de trabajo un “Mr Fly”, seudónimo del homónimo del gran maestro venezolano del siglo XIX, en este caso. Es un elemento que expresa en cierta forma dos modos opuestos de influencia cultural: 1) influencia angloamericana colada a través del béisbol, y 2) la familiaridad con que todavía se comportaba la gente en la Caracas de entonces. Este elemento resulta una constante en diversos documentos, listas de miembros, etc., de la época, que durante la investigación estuvimos revisando. En la actualidad no se permiten esos gestos espontáneos, sencillos y hasta ingenuos de identificación de los compañeros de trabajo; lo que cuenta es el nombre de pila y el número de cédula de identidad.
Si partimos de los sueldos anteriores, como los 300 bolívares que ganaba un periodista en El Nacional, es evidente la importancia de los contratos en materia salarial desde el comienzo del mismo.
Pero más importante aún es la perseverancia y la decisión tanto de los directivos como de los afiliados al Sindicato, para lograr la firma de sus contratos colectivos. En los meses siguientes, se firmaron contratos con El País, El Universal, El Nacional, y a la vuelta de un año ya estaban firmados con todas las empresas periodísticas caraqueñas y las agencias noticiosas con corresponsalías en Caracas: las famosas transnacionales estadounidenses UPI y AP. Así lo deja ver Rafael Calderón, quien se ausentaba de Caracas a menudo por razones personales que le obligaban viajar a Apure, en la carta de renuncia a la Secretaria General del “Sindicato Nacional de Trabajadores de Prensa” en septiembre de 1947, cuando definitivamente asume el cargo Bernardo Dolande.
-Uno de los tipos que trabajó mucho –refirió RC– fue Bernardo Dolande, gran amigo, por cierto; Arístides (Bastidas) “El Enano”, que fue Secretario General varias veces... yo a él lo quiero mucho, nosotros tenemos muy buena amistad, porque trabajábamos un grupito de tres o cuatro que andábamos pa’rriba y pa’bajo, pa’rriba y pa’bajo, nos vemos aquí, nos vemos en la esquina, vámonos pa’llá, vamos a comer...Pero claro, yo tenía que viajar a San Fernando, yo era solo. Los reales...sin plata y sin trabajo. Yo iba a Apure, mi pueblo, estaba unos meses, me venía pa’ca, iba pa’llá y así estaba...
-¿Se desincorporaba y asumía Dolande?
-Si, exacto.
-¿Usted renunció a la Directiva del Sindicato en septiembre del 47?
-Sí, en el 47...
-Yo leí su carta de renuncia (26) –le comentamos a RC-. Me parece interesante que allí usted dice que en un año ya estaban firmados los contratos con todos los periódicos...
-Bueno, sí, cómo no...
-¿Son todos?
-No había sino cuatro o cinco... El Nacional, Universal, Esfera y Heraldo...
-Y Ultima Noticias...
-Y Ultimas Noticias que firmaba, qué te diré yo, muy defectuosamente...
-Se caía el contrato...
-Y se volvía a levantar, y no lo cumplían y botaban a dos, entonces le aumentaban diez bolívares a uno, pero botaban a tres... En Ultimas Noticias siempre hubo problemas... la gente no colaboraba, los de adentro...
-Y contrato desde afuera no se logra...
-En cambio nosotros no; nosotros estábamos en La Esfera y entonces, ¿qué pasa?. Vamos a discutir el contrato, hay que hacer una representación de trabajadores, trae acá, de primerito, ponme ahí, Rafael Calderón, pero desde luego ya la delegación va, tiene un apoyo institucional. Eso nunca se pudo conseguir en Ultimas Noticias. Siempre teníamos algún compañero...
-Pero, Arístides refiere que hubo un grupito de Ultimas Noticias que se empeño mucho por el Sindicato...
-Por eso te digo –expresó RC-, dos o tres y Arístides mismo que estaba allí. Dos o tres compañeros que estaban con nosotros en la onda sindicalista, pero no era el grupo mayoritario. Siempre había problemas... Tú observas que en la Directiva no hay ninguno de Ultimas Noticias, porque ellos siempre fueron remisos a eso.
Otra muestra del tipo de contratos de la época, es el primero firmado con El Nacional, el 26 de septiembre de 1946 (28), que apenas tuvo dos folios, 8 cláusulas y duración de seis meses, con la siguiente tabla de sueldos por cargos:

Jefe de Información...................1200
Secretario de Redacción.............1200
Primer Redactor........................1000
Redactor Página Económica.......1000
Redactor Página de Provincia......350
Redactor Página Sociales............900
Jefe Página Deportiva.................750
Redactor Deportivo.....................500
Jefe Sección de Cables................100
Reporteros.................................600
Archivero...................................800
Fotógrafo Jefe...........................800
Fotógrafo Primer Ayudante.........450
Fotógrafo Segundo Ayudante......250

Esas asignaciones estaban estipuladas como “sueldos mínimos” en la cláusula primera.
La segunda establecía una remuneración de Bs. 30 por guardia en sustitución del Jefe de Cables, lo que ciertamente estaba por debajo de los 33,33 bolívares que promediaba el día en base al sueldo mensual de un mil bolívares. Seguramente, lo que venía pagando era muy inferior.
La cláusula tercera fijaba diez bolívares adicionales por trabajar los domingos y días feriados.
La cuarta, muy importante, establecía la continuidad del sueldo mínimo para los cargos en casos de cambio de personal.
La quinta estipulaba que la empresa, preferiblemente, solicitaría del SNP, “los redactores, reporteros, fotógrafos y correctores de pruebas que necesite”.
La sexta legalizaba el Comité de Empresa como organismo representativo de los trabajadores y del Sindicato.
La séptima pauta un aumento de Bs. 0,15 por hora a los correctores de prueba.
La octava establece la duración del contrato por seis meses y su prórroga por seis meses más, en caso de que no haya deseo de modificación en los 30 días antes del vencimiento.
Eso eran los contratos de la época. Posiblemente la realidad no permitía más, tanto por las condiciones sociales y económicas como por la inexperiencia y el desconocimiento de quienes recién se graduaban de sindicalistas:
“Bandazos aquí, bandazos allá, lo cierto fue que la idea no se perdió, la semilla germinó bien, el árbol creció, se desarrolló y ahí lo tenemos vivito y coleando”, afirmó Rafael Calderón al recordar los primeros pasos.

SINDICATO NACIONAL
DE TRABAJADORES DE LA PRENSA

En su génesis el Sindicato Nacional de Periodistas tuvo contradicciones ideológicas sobre su naturaleza.
En un primer momento contó con la oposición de algunos dirigentes de la Asociación Venezolana de Periodistas, organización gremial de tipo profesional con radio de acción en la esfera político-gremial, ética y cultural, sin diferencia de clases ni enfrentamiento a los patronos, ya que su lucha en pro de la libertad de expresión y de información era en realidad un objetivo común y estaba dirigida fundamentalmente contra el gobierno y algunos instrumentos legales del Estado. Además, trataba de dar forma, espíritu y entidad a un oficio que apenas comenzaba a vivir una vertiginosa etapa de desarrollo nacional.
Desestimada esa oposición y puesta en marcha la fundación del SNP, en sus asambleas se enfrentaron los criterios de constituir un sindicato profesional, o por el contrario, uno de mayor base laboral con militantes de distintas profesiones y oficios en áreas desde la corrección de pruebas hasta la administración de las empresas periodísticas. Como se ha referido, se impuso la primera tesis. La mayoría de los fundadores, en la sede de la Asociación de Linotipistas de Venezuela, decidieron constituir un “Sindicato Nacional de Periodistas”, en cuyo seno sólo se aceptarían redactores, reporteros, colaboradores fijos remunerados y fotógrafos.
Pero la realidad conspiró contra esa orientación inicial, dando posteriormente la razón al colega y profesor Raúl Agudo Freytes, quien sostuvo desde el comienzo la tesis de estructurar un “Sindicato Único de Trabajadores de la Prensa”. Los primeros contratos colectivos, firmados en 1946, ya incluían a trabajadores que no eran periodistas, como correctores de pruebas y gente de administración.
Esto impuso el cambio de nombre del Sindicato Nacional de Periodistas por el de “SINDICATO NACIONAL DE TRABAJADORES DE PRENSA”, que con el tiempo y por exigencias puramente expresivas cambió a “SINDICATO NACIONAL DE TRABAJADORES DE LA PRENSA”.
Según referencias de Rafael Calderón, la decisión la tomó la Junta Directiva en su sesión del 6 de febrero de 1947, once meses después de la fundación. La participación se le formula al Director del Trabajo, Aníbal Dao, y se introduce en la Inspectoría del Distrito Federal el 20 de febrero.
-Nosotros lo cambiamos –afirmó RC- ...yo no quise, si te soy sincero a estas alturas, pues yo en aquel momento... eso lo propuso Raúl Agudo (Freytes) y los compañeros de El Nacional. Ellos hablaron de que era bueno que el Sindicato tuviera una proyección más amplia, incorporando a un personal del periódico... Entonces yo les decía que no, que nos quedáramos con el Sindicato más profesionalizado, un instrumento de los periodistas para poder plantear problemas específicos del gremio periodístico. Entonces hubo debates: que no, que los de la administración también tienen problemas. Yo les decía, pero chico, es que son distintos, ellos están afiliados a la Asociación Nacional de Empleados y vamos a formar una amalgama. No, pero es que así debe ser... Bueno, como no teníamos... era conciliatorio todo; como tampoco era malo, entonces yo les dije bueno chico, vamos a hacerlo. Yo recuerdo que mandé a hacer otro dibujo (del logotipo del Sindicato) que decía “SNP”, con un dibujante, para los clisecitos para los periódicos, los membretes, etc. Entonces se llamó Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa.
Ese cambio de nombre, como es lógico, fue expresión de una concepción más amplia y clasista sobre el Sindicato y la labor sindical en general, y esa evolución debió ser recogida en los Estatutos, registrándose la primera reforma de éstos también en febrero de 1947.
No obstante, todavía en la década de los ochenta, hay gente que quisiera volver a la concepción elitista y aislacionista que significó la pretensión de no aceptar sino “periodistas” y “fotógrafos”.

SINDICALISMO Y POLÍTICA

Muy particularmente, el gremio de la prensa ha estado estrechamente ligado a la suerte política nacional. Aunque a muchos no les gusta “meterse en política”, la política sí “se mete” con ellos. Ciertamente es ya una perogrullada, pero no es inconveniente repetirlo en este trabajo.
Muchos compañeros aspiran sinceramente a que el Sindicato sea una “agencia de reclamos” o especie de “seguro laboral” al que se “paga” una cuota del 12 % del sueldo básico mensual (los que regularmente cotizan); para ser defendido ante los patronos en caso de conflictos personales o generales. Esa visión economicista del sindicato está determinada por la concepción socialdemócrata del sindicalismo; cuya mayor expresión vernácula es la Confederación de Trabajadores de Venezuela, con el agravante de que la fuerza mayoritaria de esa central laboral la coloca al servicio de los intereses del partido Acción Democrática, bien siendo gobierno, bien siendo oposición. Históricamente es fácil apreciar una CTV quietista, gobiernera, colaboracionista con el capital; o una CTV altisonante, peleadora y “de avanzada” según sea gobierno u oposición. Otro tanto pasa con CODESA, central laboral ligada a la democracia cristiana. Y no menos sucede con la Central Unitaria de Trabajadores de Venezuela (CUTV) en relación a la política del Partido Comunista de Venezuela.
En torno a las tres centrales obreras más importantes del país, se aprecia la influencia directa de las organizaciones partidistas. Muchas veces sus decisiones deben pasar por la mesa de un Comité Ejecutivo Nacional (CEN), una Dirección Política Nacional o un Comité Central partidista, antes de llegar al seno de los trabajadores. Ciertamente es una injerencia partidista hipertrofiada, criticable, muy determinante y, en alto grado, responsable en cuanto a la calidad y evolución del movimiento obrero venezolano. Exponer estos males no significa necesariamente estar de acuerdo con el “apoliticismo” o el antipartidismo nihilista que impregna a ciertos sectores en el país y en el gremio. Es perfectamente justo condenar por igual al economicismo, al quietismo, al “apoliticismo” y al antipartidismo en el seno de los trabajadores, al tiempo que se denuncia la manifiesta hipertrofia de la injerencia partidista. Uno no niego lo otro. Es decir, poco se lograría colocándose en uno de los dos extremos, sobre todo, porque pareciera que éstos de alguna manera estuviesen conectados: no hay partido que tenga mayor responsabilidad e la pérdida de la combatividad laboral, en el quietismo de nuestros sindicatos y el colaboracionismo obrero-patronal, que Acción Democrática, “el partido del pueblo”; al mismo tiempo, no hay partido que influya más en una central obrera que Acción Democrática.
El gremio de la prensa no escapa a la influencia de los partidos. El SNTP no está “incontaminado”. Sin embargo, cuando pensamos en el capítulo “SINDICATO Y POLÍTICA”, no privó la preocupación del “partidismo”, sino la que gira en torno a la política como fenómeno social de indiscutible e insuperable importancia, en tanto que determinante del acontecer general de una nación. Así vemos cómo los intereses políticos generales del pueblo venezolano, claramente coinciden con los intereses primordiales del gremio en estadios muy particulares vividos en Venezuela. Particularmente, cuando se trata de defender los derechos políticos, que en primera línea comprenden la libertad de expresión, la libertad de pensamiento, la libertad de información, la libertad de asociación, etc. Rico ha sido el aporte de los trabajadores de la prensa, y particularmente de los periodistas, a las luchas por el avance social, político y cultural. Ello se ha evidenciado en la lucha antigomecista, en el inmediato periodo de apertura democrática, en la acción antiperezjimenista y en la etapa de “lucha armada” a partir del atropello gubernamental a los derechos políticos constitucionales.
Los testimonios y referencias indican que el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa despliega normalmente su actividad en defensa de los derechos de los trabajadores desde su nacimiento hasta el derrocamiento del Presidente Rómulo Gallegos, el 24 de noviembre de 1948.
Un día antes, el gobierno en su afán de impedir el golpe militar, suspendió las garantías constitucionales y emitió un decreto de censura a la prensa, precisamente para evitar la discusión pública del clima pregolpista que se vivía en el país, algo así como querer quitarse un problema de encima simplemente cerrando los ojos.
-El Sindicato de la Prensa –cuenta Arístides Bastidas– actúa con otros sindicatos afiliados a la CTV, que estaban de acuerdo con el respaldo al régimen constitucional de Rómulo Gallegos, porque realmente se lograron algunos progresos durante esa época y era, en fin, un gobierno venido de la voluntad popular. Pero el 23 de noviembre, el mismo gobierno de Rómulo Gallegos amordazó a los periodistas, el 23 de noviembre de 1948. Ese día Eligio Anzola Anzola, que era Ministro de Relaciones Interiores, creó la censura para impedir que la prensa denunciara la conspiración que estaban desarrollando los militares contra Acción Democrática, militares que fueron los mismos que acompañaron a AD a tumbar al Presidente Medina: Pérez Jiménez, Delgado Chalbaud, Llovera Páez, etc. Esos mismos militares, que en connivencia con AD, tumbaron al Presidente Medina, tumbaron después, en connivencia con las fuerzas más reaccionarias, a Acción Democrática. Y entonces -retoma la idea Bastidas–, el 23 de noviembre, los adecos, en vez de ampliar, de estimular la libertad de prensa, crearon una censura. Y esa censura, decían los perezjeministas después del 24 de noviembre, cuando fue el golpe, a mediodía, que ellos no habían impuesto ninguna censura porque la habían encontrado establecida. Ellos (los golpistas) llegaron y nos impusieron a nosotros la censura que había impuesto el Ministro de Relaciones Interiores de Acción Democrática, Eligio Anzola Anzola.
-¿Reacciona el Sindicato de la Prensa, mancomunadamente con la AVP, ante ésta represión?
-Se hizo un movimiento –responde AB– porque los adecos, que pretendían tener una organización de masas y una organización perfecta, carecían de ello. Porque si la hubieran tenido, controlando como controlaban la Confederación de Trabajadores, hubieran llamado a la huelga y se hubiera cumplido una información que yo publiqué en Ultimas Noticias, el 23 de noviembre, diciendo que 300 mil obreros respaldaban al régimen constitucional de Gallegos. Ni una sola persona se paró y los periodistas no íbamos a iniciar el paro, cuando había mucho adeco periodista que no tenía instrucciones de su partido al respecto.

UNOS MESES EN LA MODELO

Claudio Cedeño llega a la Secretaría General del SNTP, para el período 49-51, por elecciones realizadas el 28 de abril de 1949 (12). Su suplente fue Sergio Antillano. Por primera vez llegó también a la Junta Directiva Arístides Bastidas, quien fue designado suplente de Julio Chavarri en la secretaría de Trabajo y Reclamos. Subrayamos estos tres nombres, porque identifican a las primeras tres personas que van a la cárcel por su condición de dirigentes sindicales de la prensa y a la vez luchadores políticos por las libertades populares en su medio.
Bernardo Dolande, ese líder fundador a quien todos recuerdan con cariño y admiración por su abnegado trabajo sindical, entrego la Secretaría General a Claudio Cedeño, por imperativo de la Junta Militar de Gobierno, que por resolución del Ministerio del Trabajo, del 9 de marzo de 1949, ordenó la renovación de las Juntas Directivas de todos los sindicatos del país. Una de las condiciones básicas de esa “renovación” fue la prohibición de que cualquier directivo fuese reelecto, con el deliberado propósito de quebrar el movimiento sindical controlado por partidos ilegalizados que hacían oposición a los militares gobernantes. Ya señalamos que la elección fue el 28-04-49. Veamos el cambio operado:

CARGO SALIENTE ENTRANTE
Sec. General
Suplente BERNARDO DOLANDE
LUIS EVARISTO RAMIREZ CLAUDIO CEDEÑO
SERGIO ANTILLANO
Sec. Reclamos
Suplente CARLOS GONZÁLEZ TRUJILLO
ANDRES MIRANDA JULIO CHAVARRI
ARÍSTIDES BASTIDAS
Sec. Finanzas
Suplente OSCAR ESCALONA OLIVER
CARLOS BALDA LOURDES GÓMEZ
OSCAR PULGAR
Sec. Organización
Suplente ISMAEL MATOS MERIDA
PEDRO RAFAEL GILLY FRANKLIN E. WHITE
JUAN MOLINA
Sec. Cultura
Suplente PEDRO HERNÁNDEZ CAMACHO
EDUVIGIS TENORIO CANDELARIO RIVERO
JOSE OLIVEIRA
Sec. Actas
Suplente CARLOS PEROZO DELIMA
FRANCISCO APONTE SIMON A. CONSALVI
LUCILA VELAZQUEZ

Claudio Cedeño sería reelecto para el período 51-53. Dirigió el SNTP en la etapa inicial de la dictadura, salvo los meses que van desde el golpe contra Gallegos hasta abril de 1949. A él le preguntamos qué impacto tuvo en el Sindicato ese derrocamiento:
-Bueno... ningún cambio, es decir, no se toman medidas. El Sindicato subsiste, se mantiene. La línea muestra era la de mantener al Sindicato como una institución de los trabajadores, al servicio de los trabajadores; en eso no había problema -revela CC-. La Dictadura empieza a enfrentar al Sindicato inmediatamente que asume el poder. La primera... nosotros estuvimos presos antes del año 50 y el gremio tuvo una actitud beligerante frente a la dictadura y eso se mantuvo desde el primer momento. Entonces se produjeron algunos hechos como el establecimiento de la Juntas de Censura, el Sindicato se tenía que enfrentar a eso, no podían permitir eso.
En ese momento histórico, en torno al cual el orden cronológico se altera sucesivamente en la mente de los protagonistas, cayeron presos tres trabajadores de El Nacional, por oponerse al despido de cuatro compañeros por presiones de la Seguridad Nacional, según la empresa. Los despedidos fueron Sergio Antillano, Pedro Beroes, Héctor Stredell y Luis Esteban Rey, los dos primeros del Partido Comunista y el tercero y el cuarto de Acción Democrática.
-La agresión contra el Sindicato se produjo en el año 1950 -cuenta Cedeño– porque se quería sacar de El Nacional a cuatro periodistas: Sergio Antillano, Pedro Beroes, Héctor Stredell y Luis Esteban Rey. Eran dos comunistas y dos adecos. Alejandro Otero, que era en ese tiempo el administrador de El Nacional, hermano de Miguel Otero Silva, utilizó la Seguridad Nacional para sacar a esos tipos del periódico. Es decir, él le pidió a... eso no lo reconocen ni siquiera los adecos, ni ninguno de ellos, los que vieron la comunicación, porque ellos vieron la comunicación que le pidió Alejandro Otero a la Seguridad Nacional, a su amigo Jorge Maldonado Parilli. El (A. Otero) le pidió una comunicación dándole la orden de que esos señores no podían estar más allí, en el periódico. Ahora, yo tengo informaciones precisas de que a Héctor Stredell lo querían sacar porque era un trabajador que no rendía dentro del periódico; la empresa no estaba satisfecha con su trabajo, y una personalidad de la empresa, para sobornarme, me dijo a mí, que era Secretario General, que el Sindicato no debía defender a Héctor Stredell. Con esos antecedentes, entonces se produce este despido: sacaron a los cuatros trabajadores de allá.
-¿A los trabajadores los sacó la Seguridad Nacional?
-No los sacó la Seguridad Nacional, sino que ellos le enviaron una carta al periódico diciéndole que la Seguridad Nacional veía con buenos ojos que fueran retirados estos cuatro elementos del periódico. Esa carta se la mostró la empresa, es decir Alejandro Otero, a Luis Esteban Rey; y Luis Esteban Rey dio esas declaraciones en la Inspectoría del Trabajo, cuando lo llevamos nosotros. Como evidentemente se trataba de un hecho de intromisión de la policía en las relaciones de trabajo, es una cosa que competía defenderla al Sindicato. Entonces nosotros salimos en defensa de ellos.
-¿No recuerda cuando fue eso?
-Eso tiene que haber sido entre junio y julio de 1950, porque nosotros caímos presos inmediatamente de hacer esa gestión. Yo caí preso el 16 de julio por eso. Y aprovecharon de sacarme de El Nacional, desde esa época, precisamente por eso. Porque Alejandro Otero estaba buscando la manera de sacarme a mí del periódico. Como yo trabajaba allá, aprovechó la oportunidad y me sacaron de allí.
Sobre el carcelazo en sí, Claudio Cedeño puntualizó:
-Agarraron a Sergio (Antillano), me agarraron a mi, agarraron a (Arístides) Bastidas, que éramos los que estábamos metidos al frente de la cosa, y nos llevaron a la policía, a la Cárcel Modelo (de Caracas). Pero nosotros logramos antes, hacer que Luis Esteban Rey fuera y declarara en la Inspectoría que él había visto la carta. Declaró eso. En actas de la Inspectoría del Trabajo figura eso, que él había visto la carta que le pasó la Seguridad Nacional a la empresa. El abogado (de la empresa) que era Jesús Arocha Moreno en ese momento, se desesperó todo con Luis Esteban Rey, y le dijo pero chico, como vas a decir tú eso, no te conviene!
-Entonces pasó eso... y logramos eso; pero inmediatamente la policía nos fue a buscar. Nosotros, mientras tanto, estábamos haciendo gestiones para, junto con la Federación Gráfica, producir un documento donde protestáramos, pues, por esas cosas. En eso nos agarraron presos...
-¿Bajo qué acusación?
-Bueno... eso de que... vaina! La Seguridad Nacional que no admitía ninguna de esas cosas, nos agarró presos, y ya está!. A mi me dijeron que el documento, imagínate tú, nosotros no llegamos ni siquiera a tener un borrador hecho, que ese documento estaba concebido en términos muy duros contra la Junta. Y bueno... esa fue la acusación que nos hicieron, pero según pues, por lo que se ve, hubo un sapeo ahí porque nosotros no llegamos a producir ningún documento...
-Sí. Es que yo les dije: ¿qué razón hay para que me detengan a mi? Yo no soy ninguna persona... no estoy comprometido, soy Secretario General del Sindicato. “Pero es que ese documento no lo podíamos tolerar nosotros” me dijeron... Yo no sé de qué documento están hablando ustedes, yo no tengo ningún documento... Total que a Antillano fue al primero que agarraron y nos buscaron a todos los de la Directiva del Sindicato.
-¿Cayeron todos, el mismo día?
-No. A mí me agarraron posteriormente. Ya Antillano tenía una semana preso cuando yo caí. A Bastidas sí lo localizaron rápidamente y lo llevaron preso. Allá, después, me metieron inexplicablemente en un calabozo, al poco tiempo. Resulta que yo trabajaba en El Nacional, hacía unas caricaturas, había mandado unas caricaturas desde la cárcel, que yo llevaba encima, y cuando en El Nacional se dieron cuenta que yo había enviado las caricaturas inmediatamente hablaron, habló Alejandro Otero con Maldonado Parilli y le dijo: chico, pero cómo es posible, yo lo que quiero es que este tipo deje de mandar al periódico para decir que abandonó el trabajo. Entonces procedieron de esa manera. A mí me quitaron cuanto lápiz tenía encima, papeles, todo, y me dejaron sin nada. Usted no puede escribir ni hacer nada desde aquí, me dijo el alcalde, que era Poveda. Bueno, entonces yo le dije que por qué razón, no me explico, yo no estoy haciendo ninguna cosa que perjudique...
-¿Eso era ya en la Modelo?
-Sí
-¿Y estaba junto con Arístides y Antillano?
-Sí. Total que nosotros caímos. Pasamos allí unos dos o tres meses. Yo salí primero, no se por qué razón, qué alegato hubo... O mejor, a Bastidas lo sacaron primero, después salí yo y Antillano fue el último. Antillano firmó y le dieron su plata y lo retiraron. Porque eso era lo que querían ellos, el objetivo que era sacarnos del periódico, se cumplió. Entonces, ese fue el enfrentamiento que tuvimos nosotros.
-¿A quien más detuvieron?
-A nosotros tres nada más. Antillano que era mi suplente; además de involucrado en el caso del periódico, era suplente del Secretario General. Y estuvieron buscando a Chavarri que también era miembro de la Directiva del Sindicato, pero más nada... y a Bastidas que también era miembro de la Directiva.
Arístides Bastidas confirma la exposición de Claudio, y con mucha chispa agrega elementos descriptivos de valor:
-Yo era suplente de Trabajo y Reclamos, entonces la Seguridad Nacional le ordenó a El Nacional que botara por subversivos, a Pedro Beroes, a Sergio Antillano a Luis Esteban Rey y al “negro” Stredell. Entonces, El Nacional cogió esa orden que le dio la Seguridad Nacional en el año cincuenta, y la depositó en la bóveda de un banco... y por supuesto, estos cuatro quedaron separados de sus cargos, El Nacional les pagó muy bien sus prestaciones sociales y les reconoció todo, pero fueron separados de El Nacional. Claudio Cedeño y Julio Chavarri fueron a plantear, con el respaldo mío, en la Inspectoría del Trabajo que la Seguridad Nacional estaba interviniendo en el Derecho al Trabajo pautado por la Constitución Nacional. Por supuesto que mandaron a hacer preso a Claudio, mandaron a hacer preso a Chavarri y no lo consiguieron. Pero me mandaron a buscar a mí y me consiguieron. Nos llevaron presos a Sergio Antillano, a Claudio Cedeño y a mí. Cuando yo llego, como a las cinco de la mañana que me llevaron, a la Seguridad Nacional que quedaba, creo, de Reducto a Glorieta, me encontré con que ya estaba preso Sergio, y de allí nos llevaron directo a “La Modelo”.
-¿Unos días después llegó Claudio?
-Sí, porque Claudio andaba con un sombrerito, y como él se disfrazaba muy bien con el sombrerito, porque como era calvo al ponerse un sombrero se le cambiaba la calva; y como tenía un bigotico, se quitó el bigotico... y nada...! preso e’bola!
-¿Con sombrerito y todo...?
-Con sombrerito y todo... no joda! Claudio era caricaturista de El Nacional. El Nacional tenía instrucciones... (Jorge Maldonado) Parilli, que era de la Seguridad Nacional, había hablado con El Nacional para que Arístides... (me tenía cariño porque me había metido tres veces preso, ¿no?)... y que era mejor que me sacaran de Caracas porque en Caracas yo no iba a estar tranquilo ni ellos me iban a dejar tranquilo. Entonces yo me fui para Barquisimeto. Me mandaron para Barquisimeto y fundé la corresponsalía allá y no supe más nada del Sindicato.

UN CONGRESO Y UNA HUELGA

La lucha contra la dictadura continuaría en dos frentes: el SNTP con énfasis en la defensa directa de los trabajadores, y la AVP desde el punto de vista político-gremial, ambos en estrecha relación con los objetivos políticos y estratégicos de las fuerzas antidictatoriales. En esa línea de acción, en 1952 ocurren dos hechos destacados de enfrentamiento a los dictadores: el Congreso Extraordinario de la AVP en julio, y la Huelga de Prensa de diciembre, que fracasó por falta de respaldo político al movimiento contra la farsa electoral de la constituyente del 2-12-52.
Sobre esta dualidad AVP-SNTP o SNTP-AVP, según el caso, es importante conocer la versión de Claudio Cedeño, quien para la época era responsable del Partido Comunista en el gremio de la prensa, tanto a nivel del Sindicato como de la Asociación de Periodistas. Entonces, se estableció por parte del PCV, una táctica que consistió en no involucrar al SNTP en “acciones de lucha abierta contra la dictadura”, con el propósito de preservarlo, “cuidar al Sindicato” como ente defensor de los trabajadores.
-Se pensó –relata CC– hacer a través de la AVP las acciones políticas correspondientes, que le competían lógicamente como un organismo que estaba para eso, era lo único que podía hacer y que tenía un sentido más amplio, no era simplemente una lucha gremialista. A partir de eso, la AVP se conectó con las seccionales del interior y se comenzó por hacer una reunión, una convocatoria de Juntas Directivas de la Asociación Venezolana de Periodistas en Caracas. En esa oportunidad vinieron Manuel Isidro (Molina Gavidia) por Trujillo, acompañado por Adriano González León y una muchacha Mary Hernández; Arístides Bastidas vino por Lara, en esa época era corresponsal de El Nacional en Barquisimeto... El Secretario General de la AVP era Luis Felipe Bellorín, de La Religión. Lo habíamos llevado nosotros (los comunistas) por táctica, conjuntamente con Acción Democrática, a la AVP. El estaba allí y quiso convertir el Congreso Extraordinario de la AVP en un movimiento pro Pérez Jiménez, gobiernista, pues.
-¿Ustedes lo habían elegido por Táctica?
-Sí, por táctica frente al gobierno, para que funcionara, para que siguiera funcionando la AVP; para hacer posible que funcionara la AVP. El Sindicato se mantenía en una línea de defensa de los intereses de los miembros y no podíamos meterle un riesgo de hacerlo perder esas características.
-Pero eso era públicamente... ¿internamente el Sindicato hacia funcionar su correaje dentro de los periódicos para la resistencia, enfrentando a la dictadura?
-Claro! Ahí, procedía todo el mundo... imagínate, como tenía que ser! Yo, por ejemplo, era el hombre de la fracción del partido, el responsable de la fracción, era el encargado de dirigir el trabajo tanto en el Sindicato como en la AVP. Entonces a ese Congreso vino también Fabricio Ojeda por primera vez, fue delegado, vino de Maturín. Vino (Rodolfo) Argüello (de Maracaibo) también. Gente muy distinguida, muy revolucionaria, en manos nuestras estaba todo. Nosotros logramos imprimirle un vuelco.
Eleazar Díaz Rangel refiere que “en julio de 1952 fue organizado un Congreso Extraordinario de Delegados de Seccionales de la AVP. Atravesaba la prensa venezolana una de las etapas más oscuras de su historia. No existía libertad de expresión de pensamiento. A menudo, los periodistas eran detenidos. Funcionaba un severo régimen de censura. No había prensa de oposición. En tales condiciones, la directiva de la AVP, presidida por Luis F. Bellorín, convoca al Congreso y confecciona un temario donde no aparecía por ningún lado el problema más importante de la AVP en esos años: la falta de libertad de prensa. Se discutiría una reforma de Estatutos, un proyecto de ley de Colegiación, la creación del carnet nacional, el funcionamiento de las oficinas de prensa gubernamentales, se fijaría fecha para la II Convención, etc. Había un tácito o expreso compromiso de un grupo de directivos avepistas con el gobierno a fin de no tratar cuestiones que no tuvieran relación con reivindicaciones puramente gremialistas.” (7:25).
El Congreso se inaugura el 25 de julio en el auditorio del Liceo Fermín Toro, con delegados de diez Estados. El temario original fue modificado durante las deliberaciones y entre otros, Fabricio Ojeda planteó discutir el tema de la libertad de expresión, formular exigencias al gobierno en esa materia y especialmente en cuanto a la censura de prensa. El enfrentamiento entre antidictatorialistas y los pro-gobierneros impidió el desarrollo del evento que fue abruptamente interrumpido, “corrió el rumor de que la Seguridad Nacional asaltaría el local, y el Congreso de disolvió”. (7:26)
-Bellorín trató de buscar prestigio con eso y no se le permitió -contó Claudio Cedeño-. Hubo un enfrentamiento de todo el mundo contra él, él trataba de hacerse una personalidad importante en el gremio de la prensa, ya a través de la AVP no le fue posible obtener eso. Desde ahí comenzaron las luchas contra la dictadura, con una participación tanto de los periodistas de la AVP como de los miembros del Sindicato, pero el Sindicato no aparecía porque era una institución que tenia prohibido por la ley mezclarse en política; cualquier imprudencia era el camino más seguro de que lo cerrara la dictadura.
Si bien el congreso avepista no pudo culminar con las exigencias mayoritarias de libertad de expresión y cese a la represión de los periodistas, tampoco pudo ser tribuna amañada de apoyo a la dictadura que, hasta 1958, tuvo la norma de censura de prensa y persecución a muerte de los opositores, quienes vivían en el triangulo cárcel-clandestinidad-exilio.
Nombrar algunos de los periodistas que por su oficio y actividad política estuvieron en las cárceles perezjimenistas es tarea difícil por su número. También, por lo injusto que resultaría una lista incompleta, que bien puede ser confeccionada y enriquecida con testimonios en una investigación especifica.
En el último trimestre de 1952, el país vive la frustrante experiencia de la convocatoria oficial a elecciones para una Asamblea Constituyente y el fraude que desconoció la victoria popular. El 30 de noviembre se realizan las elecciones y con la participación de planchas del gobierno, el Partido Socialcristiano COPEI y Unión Republicana Democrática (URD), este último partido obtiene la mayoría de votos, pero inmediatamente el resultado es desconocido por el régimen de Marcos Pérez Jiménez, a quien algunos periodistas llaman ahora “presidente” y no dictador. Este hecho histórico ha concentrado duras y largas polémicas políticas en la vida nacional por varias razones: de una parte, la dirigencia de Unión Republicana Democrática se atribuye (sin base, en nuestro criterio) la paternidad absoluta del triunfo popular y lo cuantifica como crecimiento acelerado de esa organización partidista; de otra, el Partido Comunista de Venezuela y Acción Democrática, las organizaciones fundamentales de la oposición a Pérez Jiménez, exponen el criterio de que la votación mayoritaria de URD se debió (y es más lógico) a una estrategia de oposición global a la dictadura a través de las tarjetas urredistas, de la cual participó la dirigencia interna de AD en oposición a los lineamientos de los jefes exilados. Una tercera cuestión es la actitud de la dirigencia urredista luego del triunfo en las urnas, la cual es criticada por falta de consecuencia y coraje para encabezar la protesta popular contra el régimen.
En torno a este fraude, típico elemento con pretensiones legalistas de las dictaduras “tropicales” y también de las sureñas en nuestra América Latina, se generó un clima popular adverso de indignación por la farsa, y los periodistas participaron de esa ola que nunca llegó a tener cresta, con una huelga de prensa abortada por la dictadura y desarticulada por los organizadores al carecer del necesario apoyo político.
Claudio Cedeño continuaba al frente del SNTP, habiendo sido reelecto en la Secretaría General para el periodo 51-53 en asamblea del 17 de julio de 1951. Ese año, se funda la Federación de Trabajadores de la Industria Gráfica (FETIG), con participación del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa. El objetivo era agrupar al mayor número de sindicatos y trabajadores en torno a una política común de enfrentamiento a la dictadura. Contando la labor de los sindicalistas en aquella época, Claudio recordó:
-Después seguimos...nosotros hicimos un trabajo que precisamente es el trabajo que va a culminar con éxito la huelga del 21 de enero (de 1958). Porque, nosotros constituimos entonces la Federación de Trabajadores de la Industria Grafica, controlada por los adecos, los gráficos, la FETIG, algunos independientes...
-¿El sindicato de la Prensa propone crear la Federación o participa?
-No. Participamos... Buscamos la unidad, que era un camino para la lucha que se nos avecinaba ¿no?, la lucha política. Nos metimos ahí, y esa es la posibilidad de que nosotros hagamos acciones conjuntas en el año 52, que declararemos una huelga y entonces cuando comienza a desarrollar la huelga de la prensa, Pérez Jiménez llamó a (José) Gil Gutiérrez (presidente de la FETIG, militante de AD) y lo convenció de que no debían oponerse a ellos...
-¿Eso fue el dos de diciembre del 52?
-Dos de diciembre del 52...
-¿Se dio efectivamente?
-La huelga se hizo. Hubo un día que se paralizaron los periódicos, pero...
-¿Eso era abiertamente político, contra el fraude?
-Claro, política, política. Estaba de acuerdo la gente, ya había decidido eso. Los que no estaban de acuerdo eran los empresarios. Y se hizo posible romper la huelga de los periódicos porque se la facilitó (a la Seguridad Nacional) por parte de las empresas, las direcciones de los tipos claves de los periódicos, de los que tenían control y podían entorpecer el trabajo y los fueron a buscar y los pusieron a trabajar bajo vigilancia de la Seguridad Nacional. Eso se hizo al día siguiente de la huelga. Fue una cosa que no ocurrió el 21 de enero (de 1958) porque en esa época como estaban coincidiendo los intereses de los empresarios con los del Sindicato, pues, entonces, ellos estimularon, no dieron nombres ni nada sino que cerraron las empresas, tuvieron una actitud completamente contraria a la que tuvieron en el 52.
Arístides Bastidas, quien regresa a fines del 52 a Caracas (1), a trabajar como corresponsal en La Guaira, de donde salió directo a la capital porque “cierto tipo me denunció y tuve que salir corriendo pa’ca, un periodista me denunció a la Seguridad Nacional y tuve que venirme para Caracas”.
-¿Cómo es la etapa del Sindicato –preguntamos a Arístides– durante la dictadura de Pérez Jiménez? Claudio Cedeño da la referencia de haber participado en la Huelga de la Prensa del 2 de diciembre de 1952. Cuando aquella famosa elección para la Constituyente, donde toda la oposición votó por la plancha URD...
-Exacto, sí. La oposición votó por URD y votó también por la de COPEI.
-Eran las dos alternativas, pero la que más capitalizó fue la de URD...
-A pesar de que los adecos del exterior habían dado instrucciones de que no se interviniera en esas elecciones. Las fuerzas que estaban aquí, sin embargo, accedieron a ir a las elecciones y el gobierno fue derrotado. En vista del desconocimiento y de la burla electoral por parte del gobierno, los sindicatos de los periódicos, tanto gráficos como linotipistas y periodistas, fueron a la huelga, y durante tres días no salieron periódicos. Claudio Cedeño era el que capitaneaba el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa.
-Pero él cuenta que José Gil Gutiérrez, que era el presidente de la Federación Gráfica, adeco, betancourista, se echó pa’tras y que entonces esa huelga no dio el resultado esperado...
-A mí me parece –expone Arístides– que la huelga no dio el resultado esperado (porque la huelga se realizó, duró tres días), no por la posición de éste (Gil Gutiérrez). Yo creo que la huelga fracasó porque el partido que tenía las riendas de la oposición, que era URD, y los líderes de URD, fueron incompetentes para manejar el triunfo y para luchar a fin de que éste fuera respetado. Esta gente, en vez de hacer un llamado a las masas, tú conoces, sin tomar en cuenta a la masa que le había dado el triunfo, fueron a negociar con Vallenilla Lanz, y Vallenilla Lanz los mandó presos de allí mismo y los mandó al exterior de una vez. Si la huelga de prensa hubiese sido secundada por los otros sectores de obreros y de empleados, institucionales, debido a que el movimiento de oposición a Pérez Jiménez hubiera tenido una cabeza visible e inteligente y consecuente con los intereses del pueblo, las cosas hubieran sido distintas. No te digo que hubiese logrado aplastar la dictadura, pero sí que hubiera habido combates de mucha significación y esa huelga no se hubiera quedado en el vacío como quedó.
-¿Cuál fue la respuesta del gobierno después de la huelga del 52?, preguntamos a Claudio Cedeño.
-No hubo... mediante la presión. Imagínate tú que a este tipo (Gil Gutiérrez), lo llaman y se va hablar con Pérez Jiménez, imagínate tú: Jefe de los Gráficos, vino hablando maravillas de Pérez Jiménez, que hombre tan interesante ese carajo, tan vivo, tan dispuesto... No se sabe a qué acuerdo llegaron. Lo cierto es que la huelga fracasó... llevaron a los trabajadores a punta de revolver a trabajar y no hubo problemas (!).
De todas formas, el esfuerzo no se perdió completamente. Este esfuerzo inicial de 1952 contribuyó a establecer los contactos con otras organizaciones sindicales y así seguir durante años estrechando amistad y esfuerzos antidictatoriales, para culminar en la alborada del 23 de enero de 1958, que tuvo importante soporte en la Huelga de Prensa del 21.
-Nuestro trabajo sirvió de enlace –reveló Claudio– para que otras fuerzas sindicales también, como eran los grupos de sindicatos que estaban en Dos Pilitas, en La Pastora, esos grupos participaran en las conversaciones para la huelga del 21 de enero.
El historiador José Salcedo Bastardo asigna crucial importancia al año 1952 y revela cómo a partir del “descalabro electoral del 30 de noviembre” el régimen militar “desemboca descaradamente –dos días después– en el gobierno unipersonal del General Marcos Pérez Jiménez que caerá el 23 de enero de 1958.” (25:35). Considera que el período más duro fue precisamente el 52-57, cuando convergen todos los rasgos negativos dictatoriales que oprimían al pueblo venezolano.
“En todo tiempo fue característica de la tiranía no tolerar críticas, ni admitir discrepancias, así fueran leves –afirma J. L. Salcedo Bastardo-. La prensa es siempre el blanco predilecto de la represión, y la censura resulta indispensable para regimentar las conciencias que se pretende subyugar. Una Junta ‘de examen’ se estableció en cada ciudad donde hubiera periódicos, y los textos a publicarse necesitaban el visto bueno de los inapelables escudriñadores que no escatimaban el uso de su ‘lápiz rojo’. Ya en las postrimerías del régimen se giraron instrucciones para que fueran seguidas al pie de la letra incluso con la especificación de determinados adjetivos que serían usados en colaboraciones forzosas por los habituales columnistas de los diarios de mayor circulación. Siempre hubo periodistas en las cárceles; a ellos debemos extraordinarios documentos sobre las torturas y vejámenes que por entonces se aplicaban. Novelas, reportajes, testimonios variados del horror desenfrenado, ilustran suficientemente sobre esta espantosa situación.”
“Sobre la radio se ejercía similar control, siempre muy rígido -afirma en otro párrafo– para escamotear a la ciudadanía el conocimiento no sólo de lo que sucedía en el país, sino también de aquello ocurrido en el extranjero que pudiera tener desfavorable repercusión contra la autocracia vernácula.
“Lo que más interesaba ocultar eran los métodos y los instrumentos utilizados por la tiranía para imponer miedo a los ciudadanos y para ultrajar a las personas hasta neutralizarlas o convertirlas en pasivas aceptantes del desgobierno.” (25:37)
Igual que para el resto del gremio, y también del país, los años siguientes del régimen dictatorial del Pérez Jiménez, Vallenilla Lanz y Pedro Estrada, fueron difíciles, cubiertos de nubarrones, salpicados de atropellos gubernamentales y también de atropellos empresariales. Efectivamente, algunos empresarios aprovecharon la precaria situación legal de la Venezuela de entonces, mientras Pérez Jiménez ordenaba sus obras cargadas de gigantismo inherente a la megalomanía, para atropellar a los trabajadores y echar atrás las contrataciones colectivas firmadas con el SNTP. Buen ejemplo de este fenómeno, nunca exclusivo de este país sino expresión común de la retrógrada dinámica de las dictaduras militares, lo constituyó la Cadena de Publicaciones Capriles, cuyo propietario Miguel Ángel Capriles nunca se distinguió por ser muy amigo de los sindicatos, y concretamente con el SNTP registra un historial adverso que data desde la fundación misma del Sindicato, relación que ha venido normalizándose y mejorando en los últimos tiempos, por la acción de los trabajadores. En boca de Claudio Cedeño, esa etapa de la dictadura la soportaron los sindicalistas y los trabajadores “aguantando mientras el palo va y viene”:
-No hubo arremetidas (por parte del gobierno contra el SNTP como tal). Claro, los patronos trataron de sacar ventajas, hubo un retroceso en la Cadena Capriles, los contratos se vinieron abajo...
-¿Los violaban?
-Las empresas ponían la tónica, ellas, aprovechándose de las circunstancias que había. Con la baja moral de los propios trabajadores de la empresa, imponían los contratos. Nosotros firmamos contratos con EL Nacional, EL Universal, etc. Y hubo un descenso, arremetidas de los patronos: Ultimas Noticias sacó a los trabajadores del contrato, creo que fue cuando Bastidas que volvió a tener contrato...
-Nosotros tuvimos durante ese período –habla Bastidas, electo Secretario General del SNTP en 1955– pugnamos mucho por meternos en la Cadena Capriles; teníamos contrato, celebrábamos nuestro contrato con EL Nacional. Nos metimos en la Cadena Capriles. (Miguel Ángel) Capriles iba personalmente a la Inspectoría del Trabajo a atender sus asuntos, y en una oportunidad Carlos Tinoco Redil, que era el Ministro del Trabajo, nos hizo saber a través de un funcionario, que estaban dispuestos a apoyarnos a nosotros en un contrato huelgario o conflictivo con Capriles. Yo recuerdo que ese día yo estuve con Miguel Ángel en la Inspectoría y bajamos hasta la parte esa subterránea que hay debajo de la Inspectoría del Trabajo, por los sótanos, y me bebí un café con Miguel Ángel Capriles y le dije ¿a que tú no sabes lo que me propusieron?... y no le dije. Se lo vine a decir después, el día que me mandaron a hacer un contacto con él, el primero de enero de 1958. En ese periodo –se refiere al lapso 55-58– se metían los contratos y se discutían, preferiblemente en el techo de las empresas, salvo con Capriles, que íbamos a la Inspectoría, porque Capriles nos destruyó varias veces el Sindicato durante la época de Pérez Jiménez: el Sindicato que había nacido en Ultimas Noticias... de repente no había Sindicato en Ultimas Noticias. El Sindicato en Ultimas Noticias se restableció por la combatividad de los fotógrafos, quienes en un momento dado se unificaron y nos permitieron a nosotros tener el mínimo de trabajadores necesario para meter un contrato y automáticamente dar estabilidad a la gente.
-Y después, bueno, eso se mantuvo así durante mucho tiempo –refirió Claudio Cedeño comentado el clima dictatorial-. En esa época ningún sindicato tenia mucha afluencia ni mucho menos; no podía haber auge, porque las libertades estaban restringidas y los patronos aprovecharon muy bien esa circunstancia para sacarle partido a la situación. De tal manera que no hay nada de esas cosas así (represión oficial contra la organización), pero terminó la arremetida de los primeros momentos, que era forzar el desplazamiento de nosotros precisamente. Yo por lo menos, recibí el peso de toda esa ofensiva en esos momentos. Pero no hubo una persecución contra el Sindicato por parte de la dictadura, no se puede decir que la hubo. Entonces nosotros aprovechamos el trabajo de la AVP para hacer lo que después hicimos, un trabajo de aglutinamiento, de conversaciones con la gente, de acuerdos para lograr sacar lo que sacamos posteriormente.
-¿La Huelga del 21 de Enero?
-La Huelga del 21 de enero...

RUMBO A LA DEMOCRACIA

1957 es el año de la agonía dictatorial que devendría en muerte en enero del año siguiente. Ese es el período del resurgimiento de la oposición a la dictadura; se crea la Junta Patriótica, integrada por su presidente Fabricio Ojeda (periodista de URD). Enrique Aristiguieta Gramcko (COPEI), Guillermo García Ponce (periodista del PCV), y Silvestre Ortiz Bucarán (AD); ocurre el movimiento estudiantil del 21 de noviembre; se concretan los contactos cívico-militares; y la dictadura presenta y ejecuta el famoso plebiscito del 15 de diciembre, con que aspiraba legalizarse el régimen prolongándose en un nuevo período de mando para el dictador Marcos Pérez Jiménez.
“... tuvo lugar el plebiscito en medio de la mayor indiferencia -escribe Luis Herrera Campíns, Presidente de la Republica 1979-1984-. La burla había sido demasiado grande e insoportable la mascarada. La dictadura confiaba excesivamente en el terror sembrado en los años anteriores. El plebiscito colmó los límites de la paciencia ciudadana. Cinco semanas más tarde se desmoronaría el castillo que tenia apariencia de pétrea solidez.” (11:101)
Los periodistas estaban en la primera línea de ofensiva contra la dictadura. Fabricio Ojeda y Guillermo García Ponce, el primero ejerciendo el reporterismo legalmente y el segundo sumergido en la clandestinidad, son muestra clara de la estrecha relación que tuvo el comando político antidictatorial con el gremio de la prensa, cuyo aporte en los últimos días del perezjimenismo gobernante es tal vez la más importante contribución de un sector profesional al rescate de los derechos populares. Desde el anonimato, decenas de periodistas y trabajadores de la prensa establecieron un formidable correaje de resistencia conectado a la Junta Patriótica, que pasó a coordinar la resistencia civil contra Pérez Jiménez y sus acólitos. Ello quedó demostrado con la Huelga de Prensa del 20-21 de enero de 1958, que fue el detonante de la Huelga General decretada por la Junta Patriótica.
La dictadura tuvo su primer golpe mortal con el alzamiento militar del 1ro de enero de 1958. Un grupo de oficiales de la Fuerza Aérea de Venezuela, desde Maracay, y de motoblindados de Caracas, insurgen contra el autocrático régimen, y aunque cuentan con algún apoyo civil son derrotados y obligados a capitular, tocando a unos la cárcel, y a otros la clandestinidad y a terceros el exilio. Sin embargo, no todo fueron pérdidas. La situación interna de las Fuerzas Armadas, quedó demostrado, era muy diferente al monolitismo pregonado por el régimen, y fue catalizada por la avanzada de destacados oficiales de carrera que ya no podían continuar haciéndose cómplices de la ignominia dictatorial.
Ese inesperado movimiento militar fue seguido por acciones que querían consolidarlo. En ese sentido, la Junta Patriótica decidió presionar para que los periódicos salieran el día dos sin censura o dejaran de circular, en acto de irreverencia ante el poder y para enterar a todo el país de los acontecimientos que herían de muerte a un régimen descomposición.
-El 1ro de enero, cuando los militares se alzaron –cuenta Arístides Bastidas-, se me ordenó a mí, la Junta Patriótica le ordenó a Fabricio Ojeda y a (Eleazar) Díaz Rangel, que visitaran a los directores de periódicos para pedir que salieran el 2 sin censura. A mí me tocó en la tarde, hacer una diligencia mucho más a fondo. Como las empresas estaban disgustadas con Pérez Jiménez, no sólo por la censura que les tenía impuesta sino porque Pérez Jiménez había utilizado millones y millones de centímetros (centímetros/columna) durante el plebiscito para su propaganda y no les había pagado, y las empresas ya estaban muy disgustadas con él, entonces los empresarios tenían ganas de paralizarse. Yo fui en representación de los trabajadores, hablé en El Nacional con Alejandro Otero Silva (Administrador) y con Humberto Rivas Mijares (Director), y de acuerdo con ellos, me fui a hablar con Miguel Capriles, y a hacer contacto con los Núñez (dueños de El Universal), porque la idea era que trabajadores y empresarios se pusieran de acuerdo para cerrar los periódicos y no aparecer el dos de enero. Estas cosas se han contado muy poco ¿no?... Miguel Angel Capriles me citó al Teatro Colinas (en Bello Monte), como a las cuatro y media de la tarde. Yo me despedí de los directivos de El Nacional que esperaban mi llamada que les confirmara que Capriles iba a parar los periódicos de él, para ellos parar el suyo. Y entonces, en el Teatro Colinas me estaba esperando un representante de Capriles; Capriles estaba ya escondido porque estaba vinculado al golpe del 1ro de enero, y me llevaron por ahí pa’arriba, con una cantidad de misterios, por esas colinas; fui a la casa de Capriles y me dijo: lo que tengo que decir es que yo estoy en contacto con los militares, estoy comprometido con este movimiento, y yo paro mis periódicos e inclusive voy a pagarle los salarios caídos a mis trabajadores, me comprometo formalmente. Entonces, llame a El Nacional para que pararan también, y llamé a El Universal para que también parara. En El Universal habían dejado para recibir mi llamada confirmatoria de que Capriles paraba, como coordinador del movimiento, a Benarroche. Yo le dije: ¿tú eres el hombre de confianza de los Núñez? Paren el periódico porque ya está confirmado que los Capriles van a parar. Este Benarroche salió del El Universal, que quedaba en la esquina de Principal, y fue a la Gobernación y delató a Capriles y me delató a mí. En la noche hicieron preso a Capriles y entonces se inició la búsqueda mía, porque consideraban que yo era el tipo que estaba dirigiendo la cosa por parte de los periodistas, y no era así.
-¿Quiénes la dirigían?
-Estaba Díaz Rangel, quien realmente tuvo, pues,... se movilizó mucho en eso. Díaz Rangel tuvo indudablemente una acción organizativa y dirigente bastante importante. De igual modo Fabricio... Y diría, yo estaba más o menos por ahí.
Los Periódicos dejaron de circular, efectivamente, el dos de enero. Reaparecen el tres, por imposición del gobierno.
-El cuatro –continua Bastidas-, Vallenilla Lanz le impuso a todos los directores de periódicos que dijeran que la situación era normal y les impuso la obligación de publicar en la primera pagina editoriales favorables al gobierno, concebidos en el estilo de cada periódico. Nosotros, por nuestra propia cuenta, decidimos que parábamos los periódicos otra vez. Recuerdo que Díaz Rangel y yo botamos todos los materiales que estaban allí adentro (en la redacción del El Nacional); entramos a la sala de cables y rompimos todos los cables, y se hicieron contactos con los demás periódicos para que no salieran al día siguiente, y nos fuimos todos a “la concha”. El cinco de enero salieron unas ediciones raquíticas de todos los periódicos, porque la Seguridad Nacional había invadido todos los periódicos, metralletas en mano, y sacaron los periódicos con los materiales que encontraron. Esa noche, la del cuatro de enero, sacaron a Capriles (que estaba preso en la SN) y lo llevaron, barbudo, sin paltó, en camisa, sin corbata, con los zapatos sin medias y con los cordones sueltos, en ese lamentable estado lo llevaron al periódico para que mandara a los trabajadores a que sacaran los periódicos, las ediciones raquíticas. Sin embargo, el gobierno no ordenó ningún tipo de represión contra los periodistas. Al único tipo que buscaban era a mí, al único... el gobierno estaba muy desorientado.
El desmoronamiento estaba en marcha. Laureano Vallenilla Lanz y Pedro Estrada, Ministro del Interior y Jefe de la Seguridad Nacional, respectivamente, abandonan el país.

EL MANIFIESTO DE LOS INTELECTUALES

En medio de la grave efervescencia política, surge la publicación del “Manifiesto de los Intelectuales”, elemento de gran importancia política pues sintetizó el plan democratizador de los opositores al régimen. Entre las exigencias más importantes que formulaba, estaban la libertad de expresión, elección popular de los gobernantes, restablecimiento de la moralidad pública, desarrollo libre de la cultura, etc. A la vez, exponía el criterio según el cual no era indispensable la existencia de un antagonismo entre fuerzas civiles y fuerzas militares, claro elemento de “puente” hacia sectores de la Fuerzas Armadas Nacionales susceptibles de contribuir a la estocada antidictatorial.
El documento tuvo dos ediciones, debido a que al conocerse la primera muchos otros quisieron unir sus firmas ampliando la base de protesta e involucrando a densos sectores políticos y culturales. La primera fue impresa por el periodista y hoy docente universitario Manuel Isidro Molina Gavidia, quien para la época tenia una imprenta en la casa 141-1 de la calle Colombia, entre la quinta y sexta avenida de Catia. La segunda, fue tirada en “Prensa Médica” de Ángel Bajares Lanza, imprenta ubicada frente a la Plaza de los Venados, en San Bernardino.

MATRIZ PEREZJEMINISTA

Sobre este particular, el profesor Molina (14) reveló una anécdota muy interesante. Resulta que el original del “Manifiesto de los Intelectuales” le fue entregado por Guillermo García Ponce para que lo reprodujera lo más rápidamente posible, de manera que pudiera ser repartido con prontitud. Hecho el montaje en “prueba final” (lo iban a imprimir en una prensa offset). Molina lo llevó adonde un amigo que tenía un taller de fotograbados cerca de Llaguno, para que hiciera el negativo para la plancha. Éste, cuyo nombre escapa a la memoria de MIM, prometió tener listo el asunto a las dos de la tarde, hora exacta en que debían pasar recogiéndolo. Cuando Molina llega a Llaguno en la tarde, pregunta por su amigo y le informan que no había regresado, pero que pronto estaría allí. Efectivamente, a los pocos minutos de nerviosa espera, llegó el hombre con un rollo debajo del brazo y se lo entrega a Molina. Sorprendido éste, le pregunta que de dónde lo traía, que dónde había sacado el negativo, todo ello tratando de no despertar sospechas. Y cual no sería su sorpresa, cuando el diligente colega le informó tranquilamente:
“De Conejo Blanco...”
-Es que el hombre tenía su taller –expresó MIMG– y además trabajaba para la imprenta de los militares en Conejo Blanco! Imagínate el susto mío: el documento de los intelectuales pasó por la imprenta de los militares!
El documento se reprodujo en la “Editorial Rotacolor” de Manuel Isidro Molina Gavidia. Personalmente y hasta la madrugada se dedicó a ello, para tenerlo listo muy temprano. Concluida la reproducción, fueron destruidos todos los restos del material, en prevención de cualquier incursión de la Seguridad Nacional, cuyos matones más de una vez habían visitado el lugar y encarcelado a Molina. A las dos de la madrugada Guillermo García Ponce, disfrazado de obrero, recogió los paquetes.
Pero a la mañana siguiente ocurre algo muy simpático con el “Gocho” Francisco Guerrero Pulido, también periodista, quien participó en la redacción del documento, y fue compañero de estudios de Molina en la Escuela de Periodismo de la Universidad Central de Venezuela. Resulta que FGP se encuentra con MIM al culminar las clases, y lo invita con gran misterio a irse con él para entregarle algo muy importante y reservado. Con extremo celo y no menos solemnidad, PGP se niega a revelar nada a su compañero antes de llegar a una casa-quinta de El Paraíso. Una vez allá, entran y es cuando Molina recibe un rollito de hojas, con la advertencia de que no se lo deje ver, que es muy importante, que mucho cuidado con la policía, pero que reparta esas veinte hojitas entre sus amigos.
-Era el manifiesto de los intelectuales del que yo había impreso la noche anterior treinta mil ejemplares, contó Manuel Isidro Molina Gavidia gratamente, recordando al “Gocho”, su amigo y camarada de militancia en el PCV, quien actualmente está en su tierra natal, Táchira, al frente del diario La Nación.

LA HUELGA DEL 20-21 DE ENERO

Ya en la segunda quincena de enero, la dictadura lucía desarticulada e insegura. Había perdido a su fiel Ministro de Relaciones Interiores y al padre de la persecución y la tortura que resumía la Seguridad Nacional. Se multiplicaban los manifiestos de apoyo al cambio democrático, a la libertad política, a la escogencia democrática del gobierno, etc. La fuerza de los trabajadores pasó otra vez a primer plano: era necesario paralizar al país en repudio al perezjimenismo opresor. La Junta Patriótica lanza la orden Huelga General para el 21 de enero de 1958. Era el golpe final a la dictadura, quedando de manifiesto la voluntad nacional de enderezar el rumbo del país hacia mejores senderos. Eran tiempos de “unidad nacional”, todos a uno condenaba al régimen de Marcos Pérez Jiménez, militares y civiles, tanto los trabajadores como los empresarios que supieron cobijarse con los beneficios de la dictadura en tiempos anteriores; adecos y comunistas, copeyanos y urredistas, ateos y cristianos, jóvenes y viejos, mujeres y hombres. La discordia y las traiciones vendrían meses después, cuando la historia se encargaría de demostrar que en un país de tantos contrastes como Venezuela, la unidad se dio sólo en torno a la necesidad común: sacar de Miraflores al dictador, quedando para la desunión el resto de las cuestiones vitales de la nación. Hubo torrentes de lucha popular, de intenciones tan puramente libertarias como transparente es el alma de los pueblos. Pero sin mucha preocupación por el futuro.
En ese torrente participaron los periodistas, movidos por la dirigencia de la Asociación Venezolana de Periodistas, del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa y las fracciones del PCV, AD y URD, con una muy particular tarea: la paralización de la prensa. Esta se produjo el 20 de enero, precisamente para que los diarios no circularan al día siguiente y sirviera esto de alarma nacional, para la Huelga General que a partir de las 12 del mediodía del 21 de enero, comenzaría en todo el territorio patrio. Esa Huelga de Prensa del 20-21, fue coordinada fundamentalmente por militantes del Partido Comunista de Venezuela y de Acción Democrática; gremialmente, participaron el SNTP, la AVP, la Federación de Trabajadores de la Industria Gráfica (FETIG), a la cual estaba afiliado el Sindicato de la Prensa, y otras organizaciones sindicales.
Los contratos con las otras ramas de trabajadores de la industria gráfica se venían realizando periódicamente. Claudio Cedeño y Rafael Hueck Condado (Secretario General del SNTP en el período 57-59) completaban los nueve miembros de la Junta Directiva de la FETIG. El trabajo sindical de los años cincuenta permitía esa estrecha relación.
-Ya habíamos constituido la Junta Patriótica – contó Cedeño – es decir, a raíz de una conversación navideña de 1956, Fabricio (Ojeda) y yo veníamos conversando de eso, y entonces el me dijo: yo creo que ya este año debemos iniciar las cosas, abiertamente con una organización en regla, háblate con el partido para que de los pasos necesarios para eso. Entonces yo hable con Guillermo García Ponce... Habíamos convenido que el alerta, pues, para que lo entendiera todo el país, para dar idea de que era un movimiento que iba en serio, había que dejar sin periódicos al país ese día. Entonces esa tarde, el 20 nosotros nos reunimos. Nos reuníamos semanalmente la Junta Directiva de la FEITG, éramos nueve miembros, yo formaba parte junto con (Rafael) Hueck Condado por el Sindicato de la Prensa. Y nos reuníamos también, con la gente de Pilita (en la Pastora), Virgilio Hernández, Galindo, el “negro” Amaya, un grupo de adecos, pues, que iban a ponerle la salsa a la cosa movilizando otras actividades sindicales. Ellos eran zapateros, de la harina, de la madera, de diferentes sindicatos, carpinteros y de otras actividades.
-En todo caso, ¿en la huelga de la prensa quien llevaba el mayor peso era el Sindicato de la Prensa?
-Bueno... la AVP y el SNTP. Nosotros llevamos el peso porque, fíjate tú que llegamos ese día (el 20) y los únicos que estábamos seguros de ir a la huelga éramos nosotros, que estábamos seguros que había que ir a la huelga.
-¿Eso era decisión de la Junta Patriótica?
-Claro, la Junta Patriótica estaba embalada con eso ya.
-¿Lo había decidido cuándo?
-Chico, había ahí toda una combinación, yo no sé cuando podría haber sido decidida, pero una serie de acciones se precipitaron en esa época para hacerla: las manifestaciones de noviembre (de 1957) de los estudiantes, te indicaban una actividad que iba in crecendo, en aumento cada día. Y cuando se da la cosa del 1º de enero, que aparecen los aviones, etcétera, entonces ya la gente perdió el miedo; la Seguridad Nacional se arrinconó completamente con esa vaina, porque se vio que eran aviadores contra la Seguridad Nacional, que no había unidad dentro del Ejercito, en las Fuerzas Armadas; se vio el desmoronamiento y, entonces, todo el mundo le cayó a eso. Se preparó aceleradamente una huelga insurreccional, general, y lo que tenía que llamar la atención, ser el alerta de todo, era dejar de funcionar los periódicos, porque todo el país se iba a enterar, ¿qué pasó?, al no llegar el periódico a ninguna parte, ¡Había que tirar la huela de prensa!
Claudio Cedeño, con la serenidad que permiten 20 años de reflexión, cuenta que no era una disposición unánime a nivel sindical, en el área de los trabajadores gráficos que participaban en la elaboración de los diarios, tampoco en sus dirigentes. En el año 52, cuando la huelga de prensa del 2 de diciembre, sucedió algo similar que no pudo ser superado. Esta vez, unas trompadas sirvieron para hacer entrar en razón al máximo dirigente de la FETING:
-Pero había esa situación que te dije antes –revela CC-: nosotros estábamos decididos, dentro de las nueve personas que estábamos en la Directiva de la Federación Gráfica, éramos dos votos que estábamos decididos a ir a la huelga...
-¿Los directivos del PC?
-Sí, los del Partido. Nosotros convencimos a los linotipistas que eran adecos y se convencieron que sí, que había que tirar la huelga. Ellos decían que había que hacer la huelga a lo que saliera. Nadie estaba seguro de lo que iba a pasar, pero ellos decían salga lo que salga yo voy. Pero había una persona, nada menos que el presidente de la Federación, que estaba en contra: Gil Gutiérrez. Vinieron los de Dos Pilitas que estaban dispuestos a echarle bolas a esa vaina, hablaron con ellos, intervinieron y después de unos carajazos que tuvieron, se decidió por unanimidad: vamos a la huelga, y todo el mundo a la huelga.
-Claudio Cedeño fue el encargado –refiere Arístides Bastidas– de organizar la reunión de los dirigentes sindicales para el paro nacional de la prensa. Para ese paro de la prensa, Fabricio Ojeda se entrevistó con el Concejo Bancario Nacional, y ellos dijeron que sí paraban los bancos, pero después que pararan los periódicos, a mediodía. Y las reuniones de Claudio Cedeño... Hubo ahí una anécdota, creo que Elisaúl Puchi le zumbó un carajazo a José Gil Gutiérrez, presidente de la FETIG, porque no quería aprobar la huelga. Yo no estuve en esa reunión. El día que íbamos a hacer el paro, yo estaba disfrazado de conductor, de chofer de autobús, que en esa época tenían que cargar obligatoriamente una cachucha y una chaqueta, entonces, yo andaba con una chaqueta, una cachucha y una esterilla. Era la huelga del 20, para no salir el 21. Miguel de los Santos (también periodista) me dijo que venia de La Religión, donde había sabido que Vallenilla Lanz había llamado al padre (Hernández) Chapellín y lo había insultado y le había dicho que iba a invadir enseguida los periódicos, porque lo que era los periódicos le salían el 21. Y entonces nosotros apresuramos la huelga; yo le di el parte a los compañeros y se apresuró la huelga, se declaró la huelga enseguida, a las cuatro y pico, cinco de la tarde, del 20 de enero. Al día siguiente, el único periódico que circuló en Caracas fue Panorama, de Maracaibo, que era del “loco” Ramírez McGregor.
-¿Hubo algún documento del Sindicato o de la AVP?, preguntamos a Claudio Cedeño.
-No nada. No era posible hacer documentos de ninguna especie, nada de esas cosas. Nadie te firmaba un carajo, nadie se quería comprometer, documento nada.
-Pero a mi me refirieron que Miguel Ángel Capriles había dado un dinero para sacar el documento de la huelga...
-Ah, ese fue el documento de los intelectuales, no documento nuestro. Nosotros no podíamos porque se iban a oponer; nadie se iba a poner a decir el Sindicato va a sacar un documento.
-¿Era una autodelación?
-Claro. Ni el Sindicato podía sacar un documento como sindicato, porque eran actividades que le estaban prohibidas, inmediatamente podían liquidar ese sindicato.
-Y meter presa a la Directiva, por lo menos...
-No, no; liquidar el sindicato era todavía mucho más grave, imagínate tú que el Sindicato se comprometa a una vaina de esas, y te eliminen al Sindicato... bueno, los contratos se van al carajo, los patronos hacen lo que les da la gana. Entonces qué pasaba: la gente iba a decir bueno, ahí está la política metida en esa vaina, lo que ha proporcionado la liquidación del sindicato. Entonces uno no podía suscribir un documento, nadie podía suscribir eso. Por eso no aparece ningún tipo de documento, porque era una actividad completamente ilegal y además perjudicial (el documento) porque, qué carajo, el que se echaba esa vaina se jodía, tu eras responsable de que el Sindicato de la Prensa lo hubiesen ilegalizado y entonces te execraban no solamente los patronos y el gobierno, sino que también las fuerzas amigas y los partidos políticos, y todos te decían irresponsable.
-Era conservar el Sindicato a como diera lugar...
-Sí, afirmó lacónicamente Claudio Cedeño.
El movimiento se dio como estaba planificado. No salieron los diarios y comenzó la Huelga General, insurreccional, para derrocar la dictadura. De esa experiencia nos cuenta Arístides Bastidas:
-Todos estuvimos por ahí. Fuimos a las manifestaciones. A mí me toco controlar a los profesionales universitarios, frente a Santa Teresa, y nos cayeron a bombazo limpio y a planazos. A mí me dieron, ¡no joda!... y después que cayó Pérez Jiménez, decían que durante los días esos se había descubierto el “cortisonato de plomo”, porque a mí se me había quitado el reumatismo. Es verdad, ¿no?, porque me dieron un planazo y cuando me fueron a buscar pa’l segundo ya yo estaba en la esquina del Hoyo. Los policías llegaron... y a planazo limpio... Por supuesto, yo me paré allí (en Santa Teresa) y como era el coordinador, imagínate tú, eran doctores, ingenieros y vaina los que estaban allí y entonces los tipos cuando vieron aquella vaina prendida se fueron pa’l carajo. Ahora, como yo estaba de espaldas a ellos, no me di cuenta que había corrido, ¿tú ves?. Entonces yo que levanto la cara y un policía que se enjarca y me da un planazo, y cuando volteo... ¡no joda!...no había nadie, chico. El policía lo que quería era espantarme, y me dio un carajazo, un planazo y yo salí corriendo por ahí pa’bajo!
Esa, la Huelga General del 21 de enero de 1958, fue una jornada histórica de Venezuela, y los trabajadores de la prensa abren esa página un día antes, garantizando el paro de los diarios capitalinos desde la tarde del 20, para impedir que circularan el 21. Ya la suerte estaba echada, la dictadura estaba feneciendo. Cuando los diarios reaparecen el 23, en tiraje retardado, es para anunciar a los venezolanos y al mundo que se había ganado la batalla, el dictador había huido, las calles eran escenario de alegría popular. Los saqueos a las mansiones de los dictadores expresaron la ira de un pueblo que salía de la bruma sangrienta y mentirosa. Desde palacio se llamaba a la calma mientras las jugarretas tras bambalinas imponían gobernantes alejados del sentir popular. La cárcel de El Obispo y el edificio de la Seguridad Nacional fueron asaltados por turbas populares que liberaban a los presos. Wolfgang Larrazabal preside la Junta de Gobierno que integraban además los coroneles Abel Romero Villate, Carlos Luis Raque, Roberto Casanova y Pedro José Quevedo. Luego se la amplía con Blas Lamberti y Eugenio Mendoza. Este venía de ser condecorado, precisamente, por Marcos Pérez Jiménez, a quien varios gobernantes imitaron más tarde en eso de las preseas.

DEMOCRACIA A LO “PUNTO FIJO”

Mientras las fuerzas populares y progresistas se “partían el brazo” en la lucha contra la dictadura dentro del país, en el Norte (ese que muchos simbolizan y sueñan en Miami), tres líderes políticos venezolanos se ponían de acuerdo para administrar el triunfo popular. En Nueva York, Rómulo Betancourt, Rafael Caldera y Jóvito Villalba preestablecieron lo que casi un año después, el 31 de octubre de 1958, sellarían en el tristemente histórico Pacto de Punto Fijo, acuerdo de corte mercantilista que rompió con el Pacto de Unidad Nacional contra la dictadura. Dirigido fundamentalmente contra el Partido Comunista de Venezuela, fuerza política que en ese tiempo se había sabido ganar el afecto popular por su dura lucha contra el perezjimenismo junto a las fuerzas radicalizadas de Acción Democrática. Ese acuerdo execrante fue la base de la nueva discordia nacional al restar méritos y tratar de relegar a una colectividad política de invalorable trascendencia en la lucha antidictatorial como fue el PCV, y también sectores influenciados por su política. De “Punto Fijo” –así se llamaba la residencia del ahora ex Presidente de la Republica Rafael Caldera, donde se firmó el pacto– emergió un reparto burocrático de la Hacienda Publica entre partidos firmantes: Acción Democrática, Unión Republicana Democrática y el Partido Social Cristiano COPEI. Al comenzar el mandato del Presidente Rómulo Betancourt –marzo de 1959– la unidad de las fuerzas procapitalistas se vio a través de las carteras ministeriales y de los cada vez más numerosos cargos políticos.
La naturaleza del pacto y la política antidemocrática del gobierno presidido por Betancourt, marco adverso al desarrollo de las luchas populares, provocaron hondas diferencias dentro de Acción Democrática y Unión Republicana Democrática, partidos que sufrieron escisiones y desmembramientos. El más significativo fue el que en 1960 daría nacimiento al Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), partido que arrastró prácticamente toda la juventud adeísta y un buen porcentaje de la dirigencia media, sobre todo la que directamente enfrentó la dictadura militar. En sus veinte años de vida, ese Movimiento ha sufrido varias divisiones que a la vez se han subdividido, hasta llegar a 1980 cuando sufre su más grave división, con dos fracciones lideradas por Moisés Moleiro y Américo Martín, lo que amenaza, incluso, con imposibilitar legalmente la utilización de su nombre por alguno de los dos sectores más importantes en pugna.
Es la época de la represión de manifestaciones populares, de la ruptura de relaciones con la Revolución Cubana (noviembre de 1961), de la división del movimiento sindical por condicionamientos político-ideológicos presentes en la lucha nacional, de atropello a los periodistas y a los periódicos independientes y partidistas, de violación de Derechos Humanos, de supresión de las libertades recién consagradas en la Constitución Nacional del 23 de Enero de 1961, de persecución y muerte, de asalto a las redacciones periodísticas, de la censura impuesta por el Ministro de Relaciones Interiores con apoyo de la Dirección General de Policía (DIGEPOL), de los alzamientos cívico-militares de Carúpano y Puerto Cabello (1962). Fue el comienzo de la etapa nacional conocida como la “Lucha Armada”, heroica y desafortunada política de las fuerzas populares que no supieron evitar caer en el terreno a que les quería llevar, y les llevó, el macartista y antidemocrático gobierno de Rómulo Betancourt.
Así como en todos los terrenos de la vida nacional, ese fenómeno socio-político de la década de los sesenta, tuvo gran (influencia en el campo de la libertad de expresión y de la libertad de ejercicio profesional de los periodistas, derechos constitucionales que se vieron seriamente deprimidos por la acción gubernamental.

EL SNTP ABANDONA LA FETIG

Una de esas consecuencias, en cuanto al SNTP, fue el retiro del Sindicato de la Federación de Trabajadores de la Industria Grafica, por acuerdo de la Junta Directiva, del 29 de diciembre de 1961 (26), que luego sería ratificado por la asamblea.
El movimiento sindical nacional ya estaba, de hecho, dividido. Los asaltos oficialistas, con apoyo policial y pandillas armadas del partido gobernante, se producían donde quiera que se expresaban posiciones adversas a la política oficial.
El retiro del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa, de la FETING, organización que había contribuido a fundar a comienzos de la década anterior, obedeció, según remitido publicado en la prensa el 30 de diciembre de 1961, al “asalto al local de la Unión de Trabajadores de la Industria Grafica, consumado por gentes armadas y dirigidas por directivos oficialistas de la Federación Grafica“, y otras varias razones en la que destaca la cuestión política; “La Federación Grafica –dice el punto 5 de la decisión del SNTP-, fundada con el aporte de trabajadores sindicalistas de diferentes parcialidades políticas que lucharon contra la dictadura, ha sido transformada en un apéndice de la llamada Vieja Guardia de AD.”
Más tarde, el SNTP ingresaría a la Confederación Unitaria de trabajadores de Venezuela (CUTV), central laboral enfrentada a la CTV, donde se agruparon las fuerzas sindicales populares y progresistas, que a consecuencia de la política nacional han visto disminuir asombrosamente su caudal militante. Actualmente, el SNTP se mantiene independiente y lleva normalmente relaciones tanto con la CTV como con la CUTV, lo que, en nuestro criterio, deberá ser resuelto para incorporar el aporte de los Trabajadores de la Prensa a la Confederación de Trabajadores de Venezuela, central mayoritaria del país, que hoy cuenta con otra conformación, aunque continúe el predominio casi absoluto de Acción Democrática.

DIFÍCIL ETAPA

El 23 de mayo de 1962, la veterana y apreciada colega Ana Luisa Llovera, entonces presidenta de la Asociación Venezolana de Periodistas, solicita a la Cámara de Diputados del Congreso de la República, una investigación de la supresión de la libertad de expresión y de información, y concretamente el establecimiento de la censura previa prohibida expresamente por nuestra Constitución Nacional (Art. 66). Un remitido con el resultado de la investigación parlamentaria fue publicado en 11 de julio del mismo año, en El Nacional. Por la Comisión Política Interior de la Cámara de Diputados, firmaron: “José Vicente Rangel, Presidente. Vidalina de Bártoli; José Ángel Ciliberto; Luis Herrera Camping; Gustavo Machado; Eloy Párraga Villamarín; Ceferino Medina Castillo; Luis E Solórzano Bruce; Alio Chacín Reyes; Argenis Gómez; Elpidio la Riva Mata; Jesús María Casal; Orlado Tovar; Luis Alfaro Ucero; Luis Miquelena; Máximo Arteaga Pérez; Ramón Tenorio Sifontes.”
Por ser un informe autorizado sobre la situación de la prensa y los periodistas frente al gobierno en la época, reproducimos las partes más demostrativas, lo que dará una idea seria sobre esa difícil etapa:
“En el mes de octubre de 1960, grupos armados se introdujeron en horas de la madrugada en las oficinas de redacción y talleres de la Compañía Anónima Editora ‘El Independiente’, donde se editaban los diarios `Tribuna Popular´; el semanario político `URD´, órgano oficial del partido Unión Republicana Democrática; las publicaciones humorísticas `Fantoches´, `Fósforo´ y `Dominguito´. Los asaltantes atacaron al vigilante de guardia, destrozaron a culatazos y cabillazos tres linotipos y al retirarse incendiaron muebles y otras instalaciones de las oficinas. El propósito evidente del grupo era el de destruir totalmente los talleres donde se imprimían esos órganos de oposición. Un mes después, el 28 de noviembre de 1960, mediante disposición ejecutiva fueron clausurados indefinidamente `Tribuna Popular´, `Izquierda´, `Dominguito´ y el `Fósforo´. Tal medida se acordó en base al Decreto de Suspensión de Garantías, dictado en noviembre de ese año, en procedimiento abiertamente reñido con disposiciones constitucionales que garantizan la libre expresión de las ideas y del pensamiento escrito, quedando sujetas a penas de conformidad con la ley, las expresiones que constituyan delito y en manos de los órganos normales de la Administración de Justicia el procedimiento de cada caso en particular, sin que pueda quedar al arbitrio de funcionarios del Ejecutivo la suerte que deben correr periódicos y publicaciones que dentro de un orden democrático cumplen la especifica función de orientar y responder a las distintas tendencias políticas e ideológicas que la propia Constitución ampara.
“En los primeros días del año 1961 se produjeron una serie de agresiones por parte de las autoridades policiales contra periodistas que cumplían con su labor profesional. Algunos de ellos fueron detenidos por el simple hecho de cubrir la información relativa a un suceso acaecido en cualquier sitio de la ciudad. Simultáneamente con estos hechos se desarrollo toda una campaña contra el gremio de la prensa, y el local de la sede de la Asociación Venezolana de Periodistas (AVP) fue objeto de asaltos y actos vandálicos que dejaron en sus paredes huellas infames de esa campaña. Tales actos, a pesar de las reiteradas denuncias, no fueron investigados por el gobierno a fin de determinar las responsabilidades correspondientes. Por el contrario, una asamblea de periodistas convocada para la fecha en el local de la AVP, situado en la avenida Andrés Bello, no pudo efectuarse (...) porque fuerzas publicas apostadas en las cercanías del sitio impidió el acceso al local de los invitados.
“El 24 de abril de 1961 el gobierno clausuró las oficinas de Prensa Latina, Agencia Internacional de noticias que opera en diversos países del Continente entre otros Brasil, México, EEUU. En el curso de ese mismo año se tomaron medidas contra algunos radio-periódicos, por lo cual unos desaparecieron definitivamente y otros debieron supeditar sus informaciones y comentarios a un riguroso control. Conviene recordar en esta materia las medidas de suspensión de que fuera objeto el programa radial Noti-Rumbos y la persecución a que fue sometido su director Aquilino José Mata.
“El mismo año es suspendido en Trujillo el periódico `Tiempo´. El 17 de noviembre de 1961 es suspendido por decisión ejecutiva el diario `Clarin´, que reaparece el 21 de ese mes para volver a ser suspendido el 28, esta vez por tiempo indefinido. Simultáneamente con esta última suspensión, su director, Dr. Leonardo Montiel Ortega, fue detenido por un periodo de 16 días sin que el caso fuese conocido por los Tribunales competentes. El 14 de diciembre de 1961, con motivo de la visita a Caracas del Presidente de los EEUU, se suspendió el vespertino `La Hora´, mientras durara la presencia del primer magistrado norteamericano en nuestro país.
“El año 1962 se inicia con iguales características en cuanto a libertad de prensa. El 16 de enero reaparece el diario `Clarín´ para ser suspendido el 22 del mismo mes, en igual fecha el vespertino `La Hora´ es objeto de nueva suspensión, así como su sustituto `La Tarde´ que es cerrado al propio 23 de enero. En esta oportunidad se clausura igualmente a `Tribuna Popular´.
“En el mes de febrero el gobierno dicta una medida clausurando indefinidamente el semanario `Izquierda´ y a `Gaceta Parlamentaria´, vocero cuyo material reproducción únicamente las intervenciones de los parlamentarios en el seno de la Cámara.
“El 5 de mayo, en horas de la tarde, las oficinas y talleres de los diarios `Clarín´ y `La Tarde´, situados en el edificio Vanguardia, esquina de Caja de Agua de esta ciudad, fueron asaltados por brigadas de la Dirección General de Policía (DIGEPOL), en acto sin precedentes que la Cámara y la opinión publica repudió y que el régimen no se atrevió a desmentir, atribuyéndolo a la insubordinación de un grupo de agentes del mencionado cuerpo. El relato de este hecho, las características que lo rodean, los daños ocasionados, configuran toda una situación que debe considerarse en función de un proceso en el que la libertad de prensa afronta situaciones cada vez más difíciles y el ejercicio profesional se torna peligroso y lleno de alternativas ante las cuales la protección legal necesaria está ausente.
“En el mismo mes le fue aplicada una disposición policial por la publicación en el diario ‘El Universal´ de un articulo de un colaborador al señor Luis Teofilo Núñez, hijo, co-director de ese diario. Se castigaba así en el directivo de un órgano periodístico la opinión emitida en una columna debidamente firmada por autor responsable.
“El 7 de mayo de 1962 es clausurado definitivamente el diario `Tribuna Popular´ y el 25 del mismo mes vuelve a ser objeto de nueva suspensión, esta vez por 15 días, el periódico `Clarín´.” (Subrayados nuestros)
Hasta aquí el recuento parlamentario de los atropellos contra los periodistas y la prensa, ya bien por la vía oficial, o a manos de matones “vestidos” de policías, que precedían o acompañaban los decretos restrictivos de la libertad de expresión emitidos por el gobierno de Rómulo Betancourt.

EL LAPIZ NEGRO

En la época de la dictadura militar, los censores gubernamentales marcaban los materiales informativos con un lápiz rojo o creyón rojo, hecho ampliamente conocido y vivido por el gremio periodístico nacional. En la época de Betancourt, a quien muchos llaman adulantemente “EL PADRE DE LA DEMOCRACIA”, los censores prefirieron el lápiz negro.
El extinto periodista José Moradell, sempiterno Jefe de Redacción de El Nacional, consultado por la referida comisión parlamentaria, dijo al respecto:
“Existe una situación de censura. El régimen de censura no excluye el material publicitario, el material de propaganda para abarcar por igual ese tipo de material y el material de redacción del editorial. Por consiguiente, ese régimen de censura causa también, perjuicios en el ejercicio financiero del periódico.”
Cuto Lamache (José Gamínez Obregón), para el momento, Sub-Director del mencionado diario, reforzó a Moradell indicando que “han sido censurados comunicados de organismos como la Federación Campesina, CTV no oficial, Federación de Centros Universitarios y últimamente la tarjeta de entierro con motivo de la muerte del ciudadano José Gregorio Rodríguez”, y que fueron “tachadas” intervenciones de parlamentarios en torno al alzamiento de Carúpano y “sólo nos dejaron la intervención del diputado Gonzalo Barrios”.
Y describieron el procedimiento que en las redacciones, aplicaban los censores de prensa del gobierno “democrático” de Rómulo Betancourt. José Moradell dijo a los diputados que le interrogaban, que “la practica más generalizada en los días en que el censor hace acto de presencia en el periódico, es una anotación a lápiz negro, sobre originales o pruebas, diciendo sí o no simplemente. En algunos casos con el mismo tipo de lápiz ha hecho mutilaciones.” (Subrayado nuestro).
El Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa estuvo en la primera fila del enfrentamiento a los atropellos gubernamentales. En diversas oportunidades denuncio la detención de colegas por el “delito” de cubrir profesionalmente sucesos de la política nacional. Conjuntamente con la AVP y el Círculo de Reporteros Gráficos (CRG) condenaba las agresiones contra periódicos y periodistas. Diversos comunicados y acuerdos sobre la materia emitió la Junta Directiva del SNTP en medio de ese clima oscuro que soportaron los periodistas venezolanos (26).

POR EL MEJORAMIENTO SOCIAL Y ECONÓMICO

La lucha del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa en el plano socio-económico, ético y político-sindical podría resumirse en los logros alcanzados a través de la contratación colectiva, que comienza a las pocas semanas de fundado el organismo. Ya vimos varios de los contratos de 1946, que fueron rudimentarios instrumentos de beneficio a los afiliados.
Hoy la situación es distinta. De los iniciales contratos de ocho cláusulas se ha pasado progresivamente a convenimientos de 54, 56 y hasta más de ochenta cláusulas, por ejemplo, en los casos de Ultimas Noticias, El Universal y El Nacional, respectivamente, que comprenden cuestiones saláriales, sindicales, socio-económicas, estabilidad, seguridad social, vacaciones, educación de los hijos de los trabajadores, utilidades, etc.
En la relación obrero-patronal no hay dádivas. Todos los avances son conquistas de los trabajadores a través de sus luchas, unos más, otros menos. Generalmente, las discusiones de contratos y la exigencia del respeto a los convenios por parte de las empresas, van acompañados de la presión laboral, que pueden ir desde la mesa de negociación hasta el paro de actividades, pasando por la denuncia publica, “operación morrocoy”, asambleas en los centros de trabajo, etc. El único conflicto fuerte que registra el SNTP en su historia, por irrespeto a la contracción colectiva, fue la huelga de Ultimas Noticias en diciembre de 1961 a enero de 1962, que duró 45 días, en reclamo del pago de los 365 días de utilidades contemplados en el contrato vigente, mientras la empresa dispuso cancelar solo 30. Este conflicto fue muestra de organización laboral, que supo ganarse la solidaridad popular, manifestada en el apoyo monetario a los huelguistas, lo que permitió garantizar el pago de medio salario mientras duró la huelga.
Los niveles de contratación varían de un centro de trabajo a otro, de acuerdo con el poder económico real de las empresas, la calidad de la dirigencia sindical y, sobre todo, la combatividad y organización de los trabajadores beneficiarios directos de la contratación. Estos son los tres factores principales siempre presentes en las mesas de negociación. De ahí, la necesidad de comprender por parte de los trabajadores que los contratos se ganan o se pierden dentro de las empresas, porque, en definitiva, de los tres factores mencionados el más importante es la voluntad y el convencimiento de los trabajadores de luchar por sus derechos. Su mística clasista. Su empuje. Su decisión de conquistar mejores y más justas relaciones laborales.
En relación a la actual contratación colectiva, en forma general podemos decir que todavía es insuficiente en la mayoría de los casos, si tomamos en cuenta el ritmo de crecimiento del país, el desarrollo de las empresas periodísticas y las pingües ganancias de los dueños de los periódicos y agencias informativas nacionales y extranjeras, con que fundamentalmente establece relaciones contractuales el SNTP.
El Sindicato tiene firmados contratos colectivos con las siguientes empresas :
a) Editora Ambos Mundos, editora del diario standard El Universal.
b) C.A. Editora El Nacional, editora del diario standard El Nacional.
c) C. A. Ultimas Noticias, editora del diario tabloide Ultimas Noticias, perteneciente a la Cadena de Publicaciones Capriles, junto a El Mundo y Editorial Elite (que publica las revistas semanales Elite, Venezuela Grafica y Páginas).
d) C. A. El Mundo, editora del vespertino standard El Mundo.
e) Editorial Elite, editora de las revistas Elite, Venezuela Grafica y Páginas.
f) Editorial Santiago de León, editora del diario standard 2001, perteneciente al Bloque de Publicaciones De Armas.
g) Meridiano C. A., editora del tabloide Meridiano, único diario deportivo que actualmente circula en el país. También del Bloque De Armas.
h) Luego vienen contratos con las agencias informativas, que en general tienen inexplicablemente, condiciones inferiores a la media existente en los diarios capitalinos.
i) Actualmente está en discusión un contrato colectivo con la empresa editora del Diario de Caracas, tabloide puesto en circulación en 1979, cuyo Director, Diego Arria, exgobernador del Distrito Federal y ex ministro de Información y Turismo durante el gobierno del Presidente Carlos Andrés Pérez, se encuentra en el exterior evadiendo su detención decretada por auto judicial librado en su contra por presunta corrupción administrativa, en la que se presume también la cooperación de Luis Teófilo Núñez Arismendi, director de El Universal.

CONTRATOS DEMASIADO LARGOS

Un alto porcentaje de los contratos vigentes, fueron firmados inexplicablemente por períodos de tres años (treinta y seis meses). Así lo contemplan las contrataciones de El Universal, Ultimas Noticias, El Mundo y Editorial Elite, que aunque tengan aumentos saláriales dentro del referido tiempo, son adversos a los intereses de los trabajadores y sus familiares, por cuanto congela las condiciones laborales por tres años, cuando el costo de la vida y las ganancias de las empresas van en aumento constante.
En este sentido, pienso que a la Junta Directiva del SNTP le convendría tomar la decisión de firmar contratos colectivos con duración máxima de 18 a 24 meses, de acuerdo a las posibilidades reales de cada empresa, las exigencias del trabajo y las condiciones en que se desarrollen las discusiones. En todo caso, un máximo deseable de duración de los contratos, no debería exceder en ningún caso los 24 meses, con aumentos saláriales adicionales cada 8 meses, como mínimo. Adoptada como una decisión rectora de la gestión sindical, con el respaldo activo de los trabajadores en todos los centros de trabajo y el apoyo institucional del Colegio Nacional de Periodistas. Una política sindical de esa naturaleza tendría fácil e inmediato respaldo de las centrales sindicales nacionales CTV, CUTV, CODESA.

SALARIO MÍNIMO

La profesión del periodista viene siendo subpagada en el mercado nacional. En esta materia, la lucha por la superación de las condiciones saláriales ha sido preocupación importante, mancomunadamente, del SNTP, la AVP y luego del Colegio Nacional de Periodistas, organismo creado por la Ley de Ejercicio del Periodismo sancionada en agosto de 1972. En la Capital, ha tocado al Sindicato el rol fundamental en el logro de esta conquista; en varios casos la relación contractual supera los mínimos establecidos por el CNP.

PREVISIÓN Y SEGURIDAD SOCIAL

En esta materia, el SNTP ha puesto gran empeño, aunque hasta el momento, la situación deja mucho qué desear. En el caso de los periodistas, están amparados por el Instituto de Previsión Social del Periodista, organismo fundado con un capital de Bs. 110.000,00 el 15 de julio de 1966, “por iniciativa del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa (SNTP) y colaboración de la Asociación Venezolana de Periodistas (AVP)”, como se indica en el Informe Acerca de la Condición y Situación Social y Legal de los Periodistas en Venezuela, presentado por el SNTP en el II Congreso Latinoamericano de Periodistas, celebrado en Caracas del 21 al 24 de julio de 1979. (Anexo 2).
El Acta Constitutiva, que reposa en los archivos del IPSP, contiene los Estatutos originales. El artículo 7 de éstos, en parte dice textualmente:
“Son miembros del Instituto de Prevención Social del Periodista los otorgantes del documento de constitución y las demás personas afiliadas a la Asociación Venezolana de Periodistas o al Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa que soliciten su inscripción y que sean aceptados como tales por el Directorio. El Directorio está facultado para aceptar como afiliados contribuyentes y beneficiarios del Instituto a periodistas y otras personas de actividades conexas con el periodismo, aunque no estén asociados a la Asociación Venezolana de Periodistas ni al Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa, previa solicitud de los interesados.” (Subrayados nuestros)
Sin embargo, a pesar de los principios y voluntad de los constituyentes y de que el IPSP fue fundado por iniciativa del SNTP bajo la Secretaría General de Arístides Bastidas, actualmente a los miembros del Sindicato que no son periodistas, no se les reconoce el derecho a afiliarse al Instituto. Es un hecho insólito, que no se compadece con la historia y menos con la solidaridad y la justicia social. Pereciera obedecer más a caprichos de una o varias personas, que a decisión razonada de la Asamblea o de un Directorio, donde participa, precisamente, el Secretario General del SNTP. Los artículos 38, 39, 40 y 41 de la Ley de Ejercicio del Periodismo, y 49, 50 y 51 de su Reglamento, nada dicen al respecto que pueda servir de base para esa inconsecuente decisión. Un legítimo reclamo en ese sentido por parte de la Junta Directiva del SNTP ante el Directorio del IPSP, podría lograr la aceptación de nuevos miembros del Sindicato en el Instituto, para que gocen del amparo social del IPSP. Esto sería recibido como un acto de justicia hacia la entidad fundadora.

PERSPECTIVAS

A modo de conclusiones, se plantean algunas cuestiones que, más que juicios firmes son reflexiones sobre la importancia histórica del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa, su estructura social, su funcionamiento, su naturaleza y el reto que tiene planteado hacia el futuro, que indudablemente debe y puede ser de superación permanente.

ESTATUTOS Y ESTRUCTURA INTERNA

Salvo algunas reformas menores, los Estatutos del SNTP de 1980, son los mismos del SNP de 1946. El cambio más importante fue el operado en su artículo cuarto, que permitió ampliar la base militante de la organización, pero en los últimos tiempos se le hipertrofió al cambiarlo para incluir hasta pregoneros y distribuidores de periódicos, lo que desnaturaliza al Sindicato y, además, si se aplicase, lo haría entrar en conflicto con otras organizaciones sindicales con tradición en las empresas periodísticas.
Pero, si bien hubo esa importante, pero desarticulada, preocupación en la dirigencia, nada se ha avanzado en la modernización de la estructura sindical, su real democratización para lograr amplia participación del colectivo, sus principios, etc. Es urgente una amplia reforma estatutaria, producto de abierta consulta y debate, que permita esa modernización del SNTP y la definición de unos perfiles más democráticos, más clasistas y de avanzada social.
Algo esencial en esta materia, sería convertir las actuales “Secretarías” de la Junta Directiva en verdaderas “Comisiones de Trabajo” con vida interna propia, las cuales estarían dirigidas por el Secretario respectivo, e integradas por el Suplente de la Secretaría y todos aquellos compañeros que deseen participar en el trabajo regular del área. Se trabajaría con base en planes sectoriales de trabajo, cuya aplicación no dependería ya de alguna individualidad, sino que sería competencia del colectivo sindical. Ello significaría un desarrollo democrático de la organización: permitiría una amplia participación natural de los afiliados en la actividad sindical; y contribuiría a ir abandonando, paulatinamente, el concepto de “gestoría sindical” o “agencia de reclamos”, que muchos manejan en torno al sindicato, conciente o inconscientemente.

CONCIENCIA EN CRISIS

La conciencia gremial y clasista evidentemente se ha venido a menos en el SNTP. El nihilismo, el individualismo, el egoísmo y la “caribería” (en formas repugnantes, a veces), la insensibilidad social y política, el nuevorriquismo y ciertos grados de corrupción están presentes en buena parte de la militancia del Sindicato, influenciada –es lógico– por los aparatos ideológicos del capitalismo dependiente venezolano, y especialmente dentro y a través de los medios de difusión masiva, donde el béisbol de las “Grandes Ligas” norteamericanas se vive y expone como si se tratase de eventos en el “Chato Candela” del 23 de Enero, y los musicales sabatinos de la televisión son un perfecto conducto de transculturización con desfile martillante de “mises”, chabacanerías y cuanta estrella televisiva levanta cabeza en Estados Unidos y nos la impone cualquier transnacional de los “enlatados”.
Una tarea básica es la recuperación del nivel político-gremial de los afiliados, que en los actuales momentos totalizan casi dos millares (27). La falta de incorporación a la vida sindical; el temor ante las sutiles y permanentes políticas de amedrentamiento de los patronos; el desinterés (desestimando las intrascendentes conversaciones-quejas-lamentos de sobremesa) ante los problemas sociales, políticos y culturales; la sujeción al paternalismo, el facilismo propio de los comodones; son algunos de los efectos de la influencia del medio capitalista en el seno del gremio, y ello debe ser atacado a través de la elevación del nivel político-gremial.

PARA LUCHAR MEJOR

Especial atención debería prestarse a la formación de cuadros dirigentes de relevo, partiendo de los Delegados Sindicales en cada empresa. Una de las mayores fallas del SNTP –y esto es un criterio muy personal– radica en la baja calidad sindical de algunos Delegados, quienes por falta de interés o desconocimiento no acometen las tareas básicas de esa instancia del correaje sindical, permitiendo la acumulación innecesaria de pequeños y grandes problemas, que muchas veces escapan a los miembros de la Directiva. En muchas oportunidades, el simple reclamo del incumplimiento empresarial de una cláusula contractual requiere de la presencia de uno o más directivos, cuando lo normal sería que se solucionara el problema internamente en el propio centro de trabajo. Esta deficiencia es parte de la crisis de conciencia.

UNIVERSIDAD Y SINDICATO

Conocido es el alto porcentaje de periodistas militantes en el SNTP. Por mandato de a Ley de Ejercicio del Periodismo, para ejercer la profesión se debe tener formación universitaria, indudable avance cualitativo en beneficio del país. En este campo se nota un divorcio bastante importante de los estudios universitarios y la conciencia gremial y sindical. Si bien en la Escuela de Comunicación Social de la Universidad Central de Venezuela, ofrecen la materia “Ética y Legislación de Prensa”, su programa no incluye ninguna materia sindical. Incorporando la historia del SNTP, la legislación laboral básica y la situación contractual de la prensa capitalina en ese programa, la Universidad aportaría una valiosa colaboración al fortalecimiento gremial y a la elevación de esa conciencia que registramos disminuida. Estrechar las relaciones Escuela-Sindicato-Estudiantes de Periodismo es un reto que involucra la voluntad de docentes, sindicalistas y dirigentes estudiantiles.

PERIODISTAS SIN PERIÓDICO

Es aquí donde más resalta la necesidad de diseñar y poner en circulación un periódico (mensual o quincenal, pero respetando la periodicidad) del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa. Es inconcebible que una organización en su inmensa mayoría conformada por periodistas, carezca de un medio propio. Sobre todo, cuando no existen problemas de orden económico, y menos en cuanto a capacidad profesional. Este órgano informativo sería tribuna para la discusión de cuestiones ideológicas, políticas, culturales y gremiales; para informar sobre la dinámica de la actividad sindical; para servir a otros gremios y sindicatos; y para canalizar trabajos periodísticos de nuevo tipo (no hablamos de “Nuevo Periodismo”), generalmente censurados en los medios de difusión masiva. En síntesis, seria un medio informativo alternativo, que, además de órgano gremial, circularía como exponente de periodismo veraz, independiente y ético.

POCA ACTIVIDAD CULTURAL

Falla importante del SNTP es la inactividad cultural. Falla notoria, pues por el medio propio en que se mueven sus militantes, y el rol del fenómeno comunicacional en la sociedad moderna es inexplicable que carezcan de planes y programas de promoción cultural. El Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa, igual que el Sindicato de Trabajadores de Radio y Televisión del Distrito Federal, es a mi juicio, la organización sindical más cercana al ámbito cultural. Sin embargo, como sindicato, el SNTP despliega muy poca actividad cultural, y en la actualidad se podría decir que ninguna. Convertir su sede en un centro cultural capitalino, estrechamente ligado a la cultura venezolana, es perfectamente factible, si la coordinación de esa área se realiza con capacidad y suficiente amplitud y frescura, como para permitir el concurso de tantos afiliados que podrían encargarse de promover diversas ramas especificas, de acuerdo a sus inquietudes espirituales y sus conocimientos particulares.

LA SIGNIFICACIÓN HISTORICA

Estos y otros problemas del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa, no disminuyen ni opacan la trascendencia de la organización al servicio de sus afiliados, de la profesión y del país durante los 35 años de actividad honesta, combativa y desinteresada de sus dirigentes y militantes. Siempre con altibajos, siempre unos trabajando más que otros, siempre cargando con la indiferencia de muchos, siempre enfrentando las pretensiones empresariales, siempre al lado de los intereses del pueblo venezolano y las causas justas de los pueblos hermanos
Si bien el balance no puede ser “optimo”, realmente está arriba y lejos de lo negativo. Suficiente y justo es asignarle un “positivo”, siempre teniendo la capacidad de analizar el presente estrechamente ligado al pasado. No para sacralizar valores anteriores, sino para valorar, respetar y apreciar la evolución de un sindicato que es en la actualidad lo que a través de siete lustros han querido sus dirigentes y militantes, quienes en definitiva, somos autores de lo bueno y lo malo que registra el SNTP, bien sea por acción o por omisión. El futuro también depende de nosotros.

REFERENCIAS

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2. BRICEÑO – IRAGORRY, Mario. Mensaje sin Destino. Monte Ávila Editores (Biblioteca Popular El Dorado). Caracas, 1972.
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9. : Caracas, 29-04-46.
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14. : Conversación. Caracas, 1980.
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