| NACIMIENTO
Y DESARROLLO
DEL SINDICATO NACIONAL DE TRABAJADORES DE LA PRENSA (SNTP)
Manuel Isidro Molina Peñaloza
manuelisidro21@gmail.com
•
El autor es licenciado en Comunicación Social de la Universidad
Central de Venezuela.
•
Especialista en Ciencia Política, con estudios de maestría
aprobados en la Universidad Simón Bolívar. Pendiente de
presentar el Trabajo de Grado para obtener el grado Magíster en
Ciencia Política.
•
Ha sido profesor de Lenguaje y Comunicación y Ética Publicitaria
en el Instituto Universitario de Mercadotecnia (ISUM), Caracas; y de Comunicación
y Desarrollo y Sociopolítica en la Universidad Católica
Santa Rosa, Caracas.
•
Ha sido ponente en diversos foros nacionales e internacionales, y expositor
invitado durante tres años, del Instituto de Altos Estudios de
la Defensa Nacional “Gran Mariscal Ayacucho Antonio José
de Sucre”, Caracas.
DESEMPEÑO
PROFESIONAL ACTUAL:
•
Editor-Director de SUMMA La Revista Universitaria de Venezuela
•
Presidente de la EDITORIAL UNIVERSITARIA LATINOCARIBEÑA, C. A.
•
Columnista del semanario LA RAZÓN, Caracas.
GREMIALMENTE
se ha desempeñado como:
•
Presidente del Colegio Nacional de Periodistas (1996-1998)
•
Coordinador del “Foro Profesional de Venezuela”, que en 1997
agrupó a todos los Colegios y Federaciones de profesionales universitarios
de Venezuela. Su designación en ese importante cargo intergremial
fue producto de la decisión democrática de todos sus colegas
presidentes y presidentas de las Federaciones y Colegios de profesionales
universitarios del país, reunidos en Caracas, en enero de 1997.
•
Secretario General de la IX Convención Nacional de Periodistas.
•
Secretario de Organización de Sindicato Nacional de Trabajadores
de la Prensa (1978-1980).
•
Presidente y Secretario General del Centro de Estudiantes del “Liceo
Luis Razetti”, Caracas. (1965-1968)
CARGOS
DE REPRESENTACIÓN POPULAR EJERCIDOS:
•
Diputado al Congreso de la República, por el Distrito Federal (1994-1999).
•
Presidente de la Comisión Permanente de Medios de Comunicación
Social de la Cámara de Diputados (1994-1996, lapso en el cual fue
aprobada la vigente Ley de Ejercicio del Periodismo –Diciembre de
1994).
•
Diputado al Congreso de la República, por el Estado Mérida
(1989-1994).
UNIVERSIDAD
CENTRAL DE VENEZUELA
FACULTAD DE HUMANIDADES Y EDUCACIÓN
ESCUELA DE COMUNICACIÓN SOCIAL
TRABAJO
DE GRADO DE:
MANUEL
ISIDRO MOLINA PEÑALOZA PARA OPTAR AL TITULO DE:
LICENCIADO
EN COMUNICACIÓN SOCIAL
(MENCION IMPRESO)
TUTOR:
Prof.
LENIN LOMBARDO MOLINA PEÑALOZA
MIEMBROS
DEL JURADO:
Prof.
GILBERTO ALCALÁ
Prof. EARLE HERRERA
Caracas, noviembre de 1980.
INTRODUCCIÓN
En
1981 cumple 35 años de existencia el Sindicato Nacional de Trabajadores
de la Prensa (SNTP), ente gremial de singular importancia, cuyos militantes
poca o ninguna atención han prestado a su significación
histórica como elemento de primera línea en la elevación
profesional, la dignidad laboral y las condiciones de trabajo y beneficios
socio-económicos.
Sólo comparando los 80 bolívares mensuales más una
puya (5 céntimos de bolívar) por centímetro/columna
publicado, que ganaban los periodistas de Ultimas Noticias en 1946, con
la realidad contractual de hoy, bastaría para apreciar el rol catalizador
que ha desempeñado el SNTP con el esfuerzo de sus dirigentes y
afiliados durante épocas benignas y también en momentos
difíciles para los trabajadores y fuerzas progresistas, y por ende
para la Patria.
Fundado cinco años después que la Asociación Venezolana
de Periodistas (AVP), el entonces Sindicato Nacional de Periodistas surge
como motor de las luchas clasistas de los trabajadores de la prensa, y
durante su desarrollo firma los primeros contratos colectivos de trabajo
con base en las ahora insuficientes y amañadas legislación
y reglamentación laborales; organiza a los trabajadores para luchar
por sus derechos frente a los patronos; acompaña al pueblo venezolano
en sus luchas por las libertades ciudadanas frente a la dictadura perezjimenista;
enfrenta los excesos antidemocráticos del gobierno del presidente
Rómulo Betancourt (quien, aunque electo democráticamente
se desempeñó en Miraflores con el mayor desprecio hacia
los principios y garantías de nuestra Constitución Nacional
de 1961); adhiere a los sentimientos progresistas y luchas por la libertad
de los pueblos, especialmente en nuestra América Latina; comparte
las justas luchas de los trabajadores venezolanos por mejores condiciones
de vida y trabajo; y milita decididamente en el campo de quienes asumen
verticalmente la defensa de la libertad de expresión y la libertad
de información, sin confundir estos términos con el sentido
insincero que le han venido dando los patronos nacionales e “interamericanos”
agrupados en el Bloque de Prensa Venezolano, Cámara Venezolana
de la Radiodifusión, Cámara Venezolana de la Industria de
la Televisión, Asociación Interamericana de Radiodifusión
(AIR) y la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), entes patronales que
más que “libertad” andan en busca de la continuidad
de sus privilegios de poder y de su rectoría en la dinámica
de los medios de difusión masiva de nuestros países, donde
“administran” a su antojo el flujo informativo.
Pero sería poco realista reflejar un balance cien por ciento positivo,
que nos llevaría a un conformismo deseado por las fuerzas dominantes
e impediría ver deficiencias al lado de las virtudes, lo que a
su vez mataría la posibilidad de revitalizar, desarrollar y ampliar
el campo de acción y el espíritu clasista que en el futuro
pueda hacer del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa una referencia
positiva para el resto de los trabajadores del país, cobijados
hoy, en su mayoría, por un sindicalismo castrado, colaboracionista
y reformista, que no permite el desarrollo eficaz de las luchas sociales,
en aras de su permanente compromiso con las fuerzas políticas pro-capitalistas,
conformándose con migajas para no romper el grotesco sistema de
privilegios y predominios que mantiene atada a Venezuela al subdesarrollo
y la dependencia, uno de cuyos componentes es la transculturización
a través de los medios de difusión masiva y otros mecanismos
culturales, que evidentemente no han dejado de contaminar a nuestro gremio,
como a toda la sociedad venezolana.
Por ello, este modesto Trabajo de Grado no se quedaría en la fría
referencia a hechos y fechas, como era el método de la historia
anecdótico-cronológica que nos forzaron a memorizar en la
escuela con los textos primarios del profesor Siso Martínez. Será
más bien, la interpretación y una serie de reflexiones en
torno a hechos ciertos de la historia inédita del SNTP, con un
elemento particular que es necesario conocer desde el principio para poder
entender al final, por qué el autor también es actor y asume
posiciones autónomas respecto a muchos tópicos:
Efectivamente, aclaro que actualmente soy Secretario de Organización
del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa, electo en 1979, cuando
me desempeñaba como Secretario de Redacción en el diario
Ultimas Noticias, momento en el que comienza a ligarse la vida del SNTP
a la acción de sus recién electos siete directivos, entre
quienes me encuentro.
Este trabajo no estará regido por concepciones “obreristas”,
que a fin de cuentas desconocen la realidad nacional y la dinámica
laboral del país, negando la potencialidad de ciertas clases intermedias,
como algunos sectores de la clase media, por ejemplo, por simple afán
sectario y purista. Tampoco estará en el otro extremo: el que niega,
prácticamente, la lucha de clases y el cambio revolucionario por
conformarse con el quietismo sindical y la paz obrero-patronal, que asigna
a los sindicatos un simple rol economicista o, por mucha audacia que se
tenga, políticamente conservador en tanto que defensor complacido
del actual sistema político y económico venezolano. Si bien
no se trata de caer en el “forismo” (24:51) argentino de principio
de siglo, desarrollado en el Cono Sur por la inmigración europea
que llegó con sus maletas repletas de textos anarquistas y los
corazones excitados por los tumultos sociales del viejo continente que
tuvieron el más alto exponente en la “Comuna de París”,
fracasado experimento socio-político proletario del siglo XIX,
que gracias a Karl Marx (1818-1883) dejó valiosas enseñanzas;
tampoco se trata de mirar y actuar con los ojos y músculos reformistas,
que apenas alcanzan para conseguir unos bolívares más cada
vez que se discute un contrato colectivo de trabajo.
Por su especificidad, el SNTP, con toda esa carga de dignidad y lucha
que durante 35 años han mantenido sus dirigentes y militantes,
está llamado a ser un importante centro de referencia sindical
venezolano que por sus vínculos directos con la política,
la historia contemporánea y la cultura, puede desempeñar
un rol de vanguardia en la sociedad venezolana, contribuyendo a la conformación
de fuerzas emergentes que apunten a la transformación de esta sociedad
que ya nadie vacila en calificar de injusta. Por ello, se analizan en
este trabajo las perspectivas inmediatas del SNTP, si su colectivo se
dispone a imprimir una nueva orientación que le permita optimizar
la utilización e incorporación de todos los recursos que
tiene a su alcance.
Esta investigación, que desde el momento mismo de presentar el
Proyecto tipificamos como documental y testimonial, tuvo dos elementos
de signos contrarios entre sí:
El primero, negativo: bibliografía no existe sobre el SNTP, apenas
unas útiles referencias en algunos trabajos sobre la AVP o el Colegio
Nacional de Periodistas (CNP), lo cual se dificulta más con la
falta de archivos metodizados y suficientes en el SNTP y en la Inspectoría
del Trabajo del Distrito Federal.
Y en segundo lugar, el positivo: mucha de la historia del Sindicato, que
no está en libros ni en archivos, permanece en las mentes de los
actores de cada época, quienes la suministran con ciertas explicables
inexactitudes, aderezadas con juicios personales totalmente válidos,
si respetamos el natural elemento subjetivo que todos llevamos por dentro.
Para las personas que fueron consultadas en diversas oportunidades para
armar este aporte a la historia del SNTP, va ya el más profundo
agradecimiento.
Huelga aclarar que con este Trabajo de Grado no se pretende agotar el
tema y, por el contrario, se ofrece como un modesto aporte al conocimiento
de treinta y cinco años de acción y pasión por un
gremio joven que todavía no ha logrado su mejor época ni
su papel protagónico en el sistema comunicacional del país,
dominado por sectores de la burguesía con nexos de asociación
y dependencia de economías transnacionales, que han “distorsionado
tan profundamente la evolución económica del país,
que incluso el excepcional ingreso petrolero que ha percibido, más
bien ha contribuido a acentuar la deformación de su desarrollo
y la del proceso y comportamiento de sus clases sociales, tanto de las
dominantes como de las explotadas e intermedias.” (20:35)
Quedarán formuladas algunas interrogantes y evidentes algunas lagunas.
También, elementos para discutir en beneficio del SNTP y sus agremiados.
Todo resultará un reto a otros para ahondar en la historia de este
organismo gremial, que junto a las de la Asociación Venezolana
de Periodistas y del Colegio Nacional de Periodistas deben ser entrelazadas
para escribir algún día la historia general del gremio en
la era postgomecista, importante etapa del periodismo y la vida nacionales,
precedida por 35 años de primitivismo político, cuando los
periodistas se confundían con los políticos y viceversa,
para dejarnos ejemplos de capacidad, lucha y dignidad.
UNA
EPOCA
Los
“chopos de piedra” ya habían sido desplazados definitivamente
por los “técnicos” (5:15). Diez años con varios
metros de tierra encima llevaba en eterno descanso el “Benemérito”
Juan Vicente Gómez, ese férreo caudillo-anticaudillista
a quien se le asigna la unificación de Venezuela y la estructuración
de las Fuerzas Armadas con principios de unidad de mando y organización
verdaderamente nacional; el haber entregado nuestra riqueza petrolera
al capital transnacional, fundamentalmente a ingleses, holandeses y estadounidenses;
y ser rector de esa rotunda política carcelaria y represiva contra
sus opositores, a quienes la historia (o ciertos historiadores) quiere
sacralizar y representar iconográficamente en la “Generación
del 28”, especie de club caudillesco, cuyos miembros no se conforman
con el reconocimiento popular del que han sido objeto sino que pretenden
continuar percibiendo los beneficios de sus “sacrificios por la
patria” e influyendo decisivamente en la vida nacional, unos por
sus siempre frustradas ansias de poder, y otros por su insolente deseo
de ejercerlo en forma vitalicia, aunque con visos de alternabilidad.
La muerte de Gómez, el 17 de Diciembre de 1935, fecha a la que
algunos asignan maniqueísmo del dictador y sus adláteres
para hacerla coincidir con el aniversario de la muerte de nuestro Libertador
Simón Bolívar, significó también el comienzo
de la agonía de un régimen que mantenía a Venezuela
alejada del desarrollo de otros pueblos, tanto en lo político como
en lo económico-social, y ni qué hablar de lo cultural.
Un sistema de organización social que estimuló las más
diversas reacciones opositoras, siempre atacadas con ansias de aniquilamiento,
pero que, por contradicciones inherentes a cualquier cuerpo social, fue
también vivero de la maduración y diferenciación
de las actuales clases sociales antagónicas, enumeradas por el
extinto economista y profesor universitario Salvador de la Plaza, de la
siguiente manera:
La clase dominante integrada por la burguesía industrial, empresarios
agropecuarios, comerciantes, importadores, etc., quienes tienen dos grandes
sectores: los nacionales y los ligados a las economías imperialistas,
siendo más poderoso el segundo.
Las clases explotadas: el campesinado y los obreros. Y advierte este autor,
“entre la clase dominante –sus dos sectores acaparadores de
los medios de producción– y las clases explotadas, productoras
de riqueza, una variedad de subclases, con sus propios antagonismos, que
va desde lo que podría ser calificada de pequeña burguesía,
por los ingresos, hábitos y costumbres de quienes la integran –profesionales,
técnicos, burocracia media, pequeños industriales, etc.-,
hasta la amplia masa de los sin-trabajo que deambulan por el territorio
o se asientan en los sórdidos suburbios de los pueblos y ciudades.”
(20:34).
Basándonos en Salvador de la Plaza, podemos determinar los antecedentes
de las clases sociales venezolanas, que vienen de una relación
de profunda explotación desde la época misma de la conquista
y luego en la sociedad colonial, donde existió una estructura esclavista
que también registra el historiador Federico Brito Figueroa en
su libro La Formación de las Clases Sociales en Venezuela, para
quien “la captura de indígenas con fines de tráfico
esclavista es una de las actividades económicas explotadas por
los conquistadores desde el instante mismo del descubrimiento de América”,
actividades en que “participa el propio Cristóbal Colón,
quien el 14 de Octubre de 1492 remite a España el primer lote de
esclavos indios” (3:24). “El 24 de febrero de 1545, Cristóbal
Colón remitió a Sevilla 500 esclavos indígenas de
ambos sexos, distribuidos en cuatro buques de carga –refiere FBF-.
Esta actividad práctica de Cristóbal Colón respondía
a la concepción que tenía sobre los fines de la conquista;
en efecto, el 15 de febrero de 1493 había escrito (...) que en
las tierras conquistadas se obtendría oro, especerías, algodón
y esclavos cuanto mandare cargar” (3:25). Esa relación de
esclavitud se vivió abiertamente en los placeres de perlas, donde
indígenas y esclavos africanos eran obligados “a trabajar
mediante la más brutal violencia física, sobre la base del
látigo y las más severas penas corporales; en las noches
dormían amarrados a un botalón o inmovilizados con el aparato
de tortura llamado cepo; se les marcaba con hierro candente para identificarlos
fácilmente en caso de fuga, casi no se les suministraba alimentos.”
(3:28 y 29). Así, negros e indígenas “forman una clase
social, la clase de los esclavos, propiedad de los amos esclavistas, dueños
de los primeros en términos de una cosa y de su capacidad de producción”
(3:36), de tal manera que el “modo de producción esclavista
(...) es el rasgo fundamental de la estructura económica que domina
cualitativamente en el territorio venezolano conquistado hasta 1550”
(3:40), donde “con el apoyo institucional e ideológico del
Estado metropolitano español, los amos de esclavos se fortalecen
como clase social explotadora” (3:43).
El profesor Brito Figueroa remata el estudio mencionado, afirmando que
“no hay la más mínima duda que la salvaje política
de discriminación racial impuesta como sistema con relación
a los negros es para afianzar igualmente el régimen económico-social
de esclavitud y el status político esclavista, que como una entidad
histórica indisoluble, constituye el instrumento de dominación
del Estado metropolitano español en territorio venezolano, en la
época de formación de las primeras clases sociales en ese
territorio violentamente conquistado.” (3:49 y 50).
Esa etapa inicial sufre las naturales transformaciones que permiten la
aparición y consolidación de las clases y castas coloniales
que van a vivir la lucha por la independencia a partir de 1811, cuando
se protocoliza la separación de la España de Fernando VII,
el 5 de julio.
“Realizada la emancipación tras cruenta y prolongada guerra
-sostiene Salvador de la Plaza– y convertida la Capitanía
General de Venezuela en Estado autónomo e independiente, la estructura
esclavista y de clases de la Colonia pervivió, lo que explica por
qué (...) quienes estaban en capacidad de dirigir la acción
emancipadora, cortar el lazo de dependencia con la Corona, incluso al
comienzo con la oposición de los rangos inferiores de la sociedad,
no podrían ser otros que los mismos grandes propietarios de tierra
y de esclavos, el sector de la clase económicamente dominante que
con la independencia se apoderaba de todo el poder político.”
(20:20).
Sin embargo, la lucha independentista, que fue tan devastadora en nuestro
territorio, imprimió cambios apreciables en el orden social, pues
“si bien es cierto que el Estado no aboliría la esclavitud
hasta 1854 (con el presidente José Gregorio Monagas) el modo de
producción esclavista ya había dejado de ser predominante,
pues la mayoría de los esclavos, aprovechando la consiguiente desarticulación
y desajustes provocados por las guerras, se había liberado por
sí misma, abandonando las haciendas, incorporándose a los
cuerpos de ejército, tanto a los realistas como a los independentistas
o internándose en las montañas y llanos para emprender sus
propios sembradíos. Los grandes propietarios de tierras, ante la
imposibilidad de recuperar sus esclavos por medio de la fuerza pública,
gestiones en las que agotaron no pocos esfuerzos, optaron por generalizar
en sus haciendas y hatos relaciones de producción que parcialmente
estaban en uso desde la Colonia. En efecto, sustituyeron, o mejor dicho,
reemplazaron, la mano de obra esclava en las plantaciones de cacao, de
café, de caña de azúcar por el ‘medianero’
y por el ‘aparcero’ en los cultivos temporeros (cereales,
tubérculos, etc.), y en unos y otros cultivos y en la cría,
por el ‘peón’ agrícola, especie de asalariado
en condiciones infrahumanas.” (20:20).
Este reacomodo social y económico tuvo su soporte en lo político,
y fue dando origen al caudillismo en Venezuela, fenómeno que mantuvo
desarticulado al país hasta la época de Gómez. La
explotación creciente de los trabajadores del campo por parte de
los terratenientes, quienes veían crecer sus acres al tiempo que
consolidaban poder regional, “determinó que éstos
se convirtieran en caciques o caudillos –especies de señores
feudales-, que en sus respectivas regiones detentaban el poder económico
y el político, y en las luchas entre ellos por conservar la hegemonía
local o conquistar el poder nacional, arrastraron tras ellos a los medianeros,
aparceros y peones agrícolas arraigados en sus tierras, glas que
fue escenario el país hasta entrado el presente siglo...”
(20:21). Era la guerra entre la “oligarquía conservadora”,
descendiente de la “nobleza criolla”, y la “oligarquía
liberal” conformada por jefes militares de la independencia.
A rasgos generales, ese es el país que encuentran Cipriano Castro
y Juan Vicente Gómez en 1899, cuando inician la larga hegemonía
andina en el poder.
En 1908, Juan Vicente Gómez desplaza del poder a Cipriano Castro,
quien desde la Presidencia enfrentó agresiones imperialistas. “La
dinámica política de la sociedad venezolana en la primera
década del siglo XX –afirma el investigador social y profesor
universitario Rodolfo Quintero – no constituye una garantía
para las inversiones de los monopolios internacionales. Los imperialistas
juzgan necesarios el derrocamiento de Cipriano Castro y hacer presidente
a Juan Vicente Gómez, quien ofrece pagar las deudas y entregar
el petróleo del subsuelo nacional a los consorcios de dicha industria
con radio de acción mundial”. Según el autor mencionado,
“los planes imperialistas se cumplen con sorprendente rapidez, Juan
Vicente Gómez, apoyado política y militarmente por Estados
Unidos, desconoce a Castro (quien se encontraba en Europa por razones
de salud) y, como jefe del Estado inicia su actuación de fiel servidor
de los intereses extranjeros. Cancela las deudas y sus intereses, persigue
brutalmente a los opositores y monta una maquinaria de terror gubernamental
que funciona hasta los últimos días de 1935” (21:43
y 44).
“En torno al Gobierno de Gómez –escribió Salvador
de la Plaza-, integrando la clase dominante, giraban los grandes propietarios
de tierras, los comerciantes, prestamistas, rentistas urbanos, alta burocracia,
como clase inferior de sustentación, un campesinado cada vez más
explotado y depauperado. Entre ambas clases, y sin que todavía
se les pudiera clasificar de clase media, los artesanos, profesionales,
empleados públicos y privados, pequeños comerciantes y los
estratos más pobres de las ciudades. A los 84 años de existir
la República, Gómez unificador y centralizador del poder
político, dictador sanguinario, fue el exponente caracterizado
de aquella estructura latifundista, del atraso económico, social
y político que engendraba, y del divorcio entre el ordenamiento
jurídico que cursaba en Constituciones y leyes y las relaciones
sociales y políticas que imperaban en la práctica diaria.”
(20:26).
El período gomecista es también la génesis de la
Venezuela moderna, tanto desde el punto de vista político como
del económico. Bajo el mandato del “benemérito”
nace, muere y reencarna la Escuela Militar de Venezuela; se consolida
la explotación petrolera en manos de las transnacionales; se instaura
la persecución, tortura y muerte de los opositores, pero al mismo
tiempo nacen y florecen con ideologías muy diversas los grupos
de luchadores sociales que luego serían los dirigentes de los partidos
políticos decanos de la vida contemporánea –(PCV,
AD, URD Y COPEI) , comienza el éxodo campesino hacia los campos
petroleros; y en la medida en que la producción y exportación
de petróleo fue aumentando hasta convertirse en la actividad económica
predominante, a través de la cual se deslizaba un poder real a
manos de los trusts petroleros. Un enriquecido sector de la clase dominante
(los burócratas y “hombres de negocios”) fue “transformándose
cada vez más en el principal agente de mediatización económica
y política del país” (20:28). A partir del desarrollo
de la industria petrolera y del éxodo humano hacia las zonas petroleras
y ciudades importantes donde florecía la burocracia, “fueron
apareciendo en la evolución de la sociedad venezolana masas asalariadas,
relativamente numerosas y concentradas que devendrían en el inmediato
futuro de la clase obrera venezolana.” (20:28)
Citando investigaciones universitarias de 1966, Rodolfo Quintero en su
obra Clase Obrera y Revolución, participa del criterio sostenido
por Salvador de la Plaza en cuanto al nacimiento de la clase obrera en
Venezuela, cuando afirma que “los primeros grupos sociales de obreros
aparecen en la sociedad venezolana durante las últimas décadas
del siglo XIX, pero la clase obrera como tal, diferenciada de otras clases
por el lugar ocupado en el proceso de producción predominante,
surge y adquiere fisonomía con la iniciación y el desarrollo
en el país de las operaciones de exploración y explotación,
programadas por los monopolios extranjeros en la industria petrolera”
. (22:45)
Desde el punto de vista estructural, Salvador de la Plaza mantuvo el criterio
de que “en el país comenzaron a coexistir dos economías
en perenne contradicción y antagonismo: la agropecuaria atrasada
y en decadencia, como hemos visto, pero nacional; y la petrolera, la que
además de altamente tecnificada es extranjera por su ensamblamiento
a las economías de los países de origen de los trusts, principalmente
a la de Estados Unidos; anormal coexistencia que (...) determinaría
que la evolución y formación de las clases sociales venezolanas
siguieran un proceso que, en muchos aspectos –el más trascendental:
la gestación y desarrollo de una clase industrial nacional-, diferiría
del observado y comprobado en los países desarrollados.”
(20:29)
En cuanto a la libertad de expresión se refiere, el período
gomecista fue de casi absoluta oscuridad, salvo el irreverente humorismo
de Leoncio Martínez, leo, quien alternativamente tuvo dos domicilios:
Fantoches y la cárcel, que le permitió conocer la asfixiante
atmósfera de La Rotunda, símbolo de la represión
ignominiosa causante de un letargo en el desenvolvimiento nacional.
“El gomecismo, indudablemente, fue el máximo negador de la
libertad de prensa (...). Era un sistema nacional de opresión”,
en criterio del colega y profesor universitario Manuel Isidro Molina Gavidia,
expresado a partir de consideraciones sobre periodismo regional en su
obra Humorismo Trujillano (13:56).
Venezuela conoce la muerte de Juan Vicente Gómez, preñada
de convulsiones, transformaciones y ansias de libertad. La mano férrea
del general Eleazar López Contreras, quien ocupa la Presidencia
de la República desde la desaparición del dictador hasta
1941, cuando sume su Ministro de guerra y Marina, general Isaías
Medina Angarita, no fue suficiente para impedir que afloraran manifestaciones
populares en procura de mejores condiciones de vida y por la democratización
del país.
Ya en junio de 1936, apenas seis meses después de sepultado el
jefe de la dictadura más longeva de Venezuela, se produjo una huelga
general contra una legislación antidemocrática que pretendía
imponer López Contreras. Ese año es el momento del gran
despertar social y político de la Venezuela contemporánea,
aunque se mantenían las estructuras gomecistas. Importantes jornadas
laborales fueron la huelga petrolera iniciada el 9 de diciembre -decretada
ilegal por el gobierno el 2 de enero de 1937– y la realización
en Caracas del Primer Congreso de Trabajadores de Venezuela, que representó
a más de 200 mil obreros y empleados de todo el país, según
refiere el entonces dirigente sindical Rodolfo Quintero.
La represión lopecista, instigada por las clases dominantes y los
trusts extranjeros, propinó duros golpes al movimiento sindical.
Sin embargo, los trabajadores, motorizados por militantes políticos,
fundamentalmente del Partido Comunista de Venezuela y del Partido Democrático
Nacional (que se convertiría en Acción Democrática,
en 1941) realizan en 1938, en Caracas, una Conferencia Sindical Nacional
que fue reprimida por la Gobernación del Distrito Federal y continuó
en la clandestinidad, siendo sus principales decisiones decretar el 1ro.
de Mayo como Día del Trabajador Venezolano, y la “elección
de un Comité Ejecutivo de la Confederación de Trabajadores
de Venezuela.” (21:145)
La presión política y social continuó con altibajos,
pero hacia adelante. Cuando asume Isaías Medina Angarita la Presidencia
de la República, se inicia un período de democratización
detestado por el gomecismo que veía escapar de sus manos definitivamente
un país que había tenido de botín y hacienda durante
casi tres décadas. Todavía los “chopos de piedra”
mantenían ciertas esferas de mando que frenaban la apertura democrática
del régimen, al cual muchos asignan un balance positivo y otros
critican no haber acelerado la marcha hacia la modernización y
democratización del país.
El 18 de octubre de 1945, sale el general Medina Angarita de Miraflores,
derrocado por un grupo de militares jóvenes formados en academias
del país y del extranjero, en combinación con el partido
Acción Democrática, ese pivote del desarrollo capitalista
dependiente de Venezuela en las últimas cuatro décadas.
Rómulo Betancourt asume la jefatura de la Junta de Gobierno y se
abre en el país una etapa de gran ebullición social y política,
que registra, por ejemplo, la fundación de centenares de sindicatos
y asociaciones gremiales en todo el territorio nacional.
En torno a esa “Revolución de Octubre”, como la llaman
en la literatura adeca, han surgido muchas consideraciones, en su mayoría
negativas, pero es indudable el respaldo que en el orden político
tuvo luego de parte de una población desorientada, ignorante, hambrienta
y ansiosa de un mejor futuro, que no vacila en lanzarse a la lucha social
aprovechando la apertura política y el desarrollo de la modernización
institucional del Estado, que si bien tiene méritos en el orden
meramente político, en el social y en el económico carece
de muchas virtudes.
Mario Briceño Iragorry, escritor trujillano de grandes méritos,
íntimo amigo de Isaías Medina Angarita y estrecho colaborador
en su gobierno, en ese ensayo desgarrador sobre la identidad nacional
Mensaje sin Destino, plasma un criterio al respecto: “La Revolución
de octubre de 1945, afanosa de componerlo corrompido anterior, habló
hasta de una segunda independencia. Lo mismo habían hecho todos
los movimientos precedentes cuando tomaron el gobierno.
“Si leemos los discursos inaugurales de los ejercitantes del Poder,
hallaremos que Venezuela ha nacido tantas veces como regímenes
personalistas ha soportado.” (2:40)
Y agrega más adelante:
“Lo mismo que proclamaron Guzmán y Betancourt, lo sintieron
o lo mintieron Gómez y Castro, Crespo y los Monagas. Cada uno se
creyó a su turno el mago de Venezuela, y preocupados los magos
y los brujos de cada momento en variar y mejorar a su modo el rostro de
la patria, hemos terminado en sufrir una fatal ausencia de perfiles determinados.
Creo que cualquiera conviene conmigo en que sea ésta la peor de
las crisis que sufre nuestro país.” (2:41).
Salvador de la Plaza le asignó al golpe del 45 un tinte extranjerizante
y dependiente. Él afirma que “los trusts norteamericanos,
apoyándose en el sector parasitario y antinacional, y valiéndose
de un grupo de oficiales del Ejército y de líderes pequeñoburgueses
demagogos, organizaron un golpe de estado, derribaron al gobierno y, el
de facto que fue instaurado derogó la Ley de Reforma Agraria y
frenó la industrialización independiente, favoreciendo y
auspiciando la instalación en el país de subsidiarias de
los grandes truts norteamericanos, clausurando así, el breve paréntesis
–1941/1945– de actuación nacionalista del Estado.”
(20:32)
En todo caso, los nexos de dependencia estaban enraizados, fundamentalmente
con Estados Unidos, potencia que emergió de la Segunda Guerra Mundial
que diezmó a Europa, como el Estado imperialista que cuenta con
el más poderoso cuerpo económico y militar del capitalismo
mundial, preeminencia que hoy registra en declive la realidad internacional
debido a la superación de los pueblos en sus luchas contra el imperialismo
y el colonialismo. Tenía sus bases firmes en el país, la
“cultura del petróleo” (21), que Rodolfo Quintero encuentra
en lo más íntimo de la sociedad venezolana contemporánea,
parte de la “crisis de pueblo” que atormentó a Mario
Briceño Iragorry (2:14). En aquel tiempo ya se advertían
las causas de la actual falta de identidad nacional, la nociva penetración
cultural a través de los medios de difusión masiva y otros
mecanismos, la desarticulación social y el desdoblamiento de clases
que mantiene en la abulia y la indeferencia a la mayoría de los
trabajadores venezolanos, imbuidos por la perspectiva del enriquecimiento
fácil, el derroche suntuario, la frivolidad y el seguimiento de
patrones de conducta y aspiraciones que se contradicen con su naturaleza
de clase.
Por aquella época, Caracas contaba apenas unos 300 mil habitantes,
lo que bien puede ser hoy la parroquia Caricuao o el “23 de enero”,
sin la alta concentración humana, por supuesto. “El norte
lo arropaban una serie de casonas ubicadas más acá de la
actual Cota Mil; por el sur el lindero era Puente Soublette o Quinta Crespo,
a cuyos lados corría el Guaire, alargando esta extremidad sus dedos
hasta la urbanización El Paraíso, La Vega, Los Rosales,
El Cementerio y el Valle. Por el oeste, Palo Grande era un punto extremo,
porque más allá estaban los aledaños; en Antímano
aún se veían vaqueras y en sus contornos los sembradíos.
El este de la ciudad finalizaba en la Calle Real de Quebrada Honda y en
la urbanización Los Caobos, pues Sabana Grande, Cacaito, Chacao
y Petare eran aldeas tranquilas y pintorescas, pueblos que no habían
comenzado a recibir los aires del remozamiento, ayunos de los estímulos
de los que será más tarde la zona metropolitana. La urbe
en puntillas se disponía no obstante a invadir sembradíos
y jardines, y a perfilar su futura silueta de gran ciudad.”, según
la descripción que hace el colega e historiador Luis Cordero Velásquez
en su libro Betancourt y la Conjura Militar del 45. (5:14)
A partir del régimen de Medina, el periodismo venezolano encuentra
condiciones favorables para su desarrollo, fundamentalmente en Caracas,
cuidad que comenzaba a sufrir la hipertrofia política, demográfica
y económica que la ha llevado a ser hoy el centro vital, corazón
y cerebro de una Venezuela excesivamente centralizada, lo que planificadores
y sociólogos han dado en llamar “megacentrismo”.
Es universal el reconocimiento al respeto que por las libertades públicas,
y especialmente la libertad de información, mantuvo siempre el
Presidente Medina. “La palabra se combatía con la palabra
–afirma Manuel Isidro Molina Gavidia-, el argumento con el argumento.
Después del 45 también existió esa libertad hasta
1948. A partir del decreto de suspensión de garantías constitucionales
del Presidente Gallegos, vuelve a caer la bota de la censura.” (3:58)
El propio Isaías Medina Angarita lo reafirma en discurso pronunciado
en el Teatro Municipal de Caracas, el 24 de octubre de 1943, al inaugurar
el Primer Congreso Venezolano de Periodistas, según cita del colega
profesor universitario Eleazar Díaz Rangel en sus Apuntes y Materiales
para la Historia de la A.V.P.:
“’Ha sido cuidado especial del Gobierno, con cuya suprema
dirección me honró la confianza de mis ciudadanos, mantener
la garantía constitucional de la libertad del pensamiento y cuidar
de que a su ejercicio cabal no se pongan trabas. Mis más íntimas
convicciones, mi respeto por la opinión ajena y el deseo vehemente
de que en el país exista un clima propicio a la libre discusión
de los asuntos que incumben a los destinos, a los verdaderos, puros permanentes
destinos de a Nación Venezolana, me impulsa a declarar nuevamente
en este ambiente de hombres de prensa, que continuará siendo esa,
una norma inalterable durante mi mandato constitucional’.”
(7:21 y 22).
Ahora, El Universal, La esfera, La religión, El Heraldo, diarios
existentes para el período de López Contreras, reciben el
impacto del periodismo popular que comienza a desplegar Ultimas Noticias
desde el 16 de septiembre de 1941; de El Nacional, que nace dos años
después con innovaciones de estilo y presentación; del serio
humor de El Morrocoy Azul; y la acción política de El País,
tribuna acciondemocratista desde donde Rómulo Betancourt, con sus
famosos artículos fue catalizando las condiciones para el derrocamiento
de Medina. De tal manera que en los diez años que siguieron a la
muerte de Juan Vicente Gómez, caracas volvió a ser un agitado
centro generador de ideas y luchas de sentido nacional.
1946 recibe el impacto del naciente gobierno cívico-militar presidido
por el fundador de AD, que personalmente no consideramos “revolucionario”
porque, si bien impulsó reformas importantes a nivel político,
en lo económico y esencialmente en la relación explotados–explotadores
no imprimió cambios reales, sino de forma, quedando inalterados
los privilegios de las clases dominantes. La evolución posterior
de la sociedad venezolana es evidencia suficiente de que continuó
el predominio capitalista, la dependencia económica (reformulada
siempre con nuevos mecanismos), la estigmatización del sentido
nacional (aparte de cualquier chauvinismo) y el beneficio de las clases
privilegiadas mientras se hablaba y habla de “pueblo”, “pobres”,
etc.
1946 fue efervescencia permanente. Las condiciones políticas permitieron
y exigieron la formación y el desarrollo de organizaciones obreras
y profesionales. Una diáspora social y política impregnó
a todos los venezolanos, a cada quien impacta en su óptica e impulsa
en sus propósitos.
FRENTE
A LA PLAZA BOLIVAR
Caracas
comenzaba a recalentar sus músculos. Varios meses llevaba en Miraflores,
Rómulo Betancourt presidiendo la Junta Revolucionaria de Gobierno,
que además integraron Raúl Leoni (AD), Edmundo Fernández
(Independiente), Luis Beltrán Prieto Figueroa (AD), y Gonzalo Barrios
(AD), por la parte civil, y el mayor Carlos Delgado Chalbaud y el capitán
Mario Ricardo Vargas, por la Unión Patriótica Militar, corriente
castrense que motorizó y ejecutó el golpe contra el presidente
Isaías Medina Angarita. Los tanques habían vuelto a los
cuarteles y el tiempo había asfixiado las detonaciones de las balas
que segaron algunas vidas de “medinistas” y también
de “revolucionarios”.
La aceleración que vivió el país no dejó de
impregnar al gremio de la prensa. A comienzos de marzo de 1946, se realizan
los primeros movimientos para fundar el Sindicato Nacional de Periodistas
(SNP), que once meses después cambiaria su denominación
por la de Sindicato Nacional de Trabajadores de Prensa (SNTP), en busca
de mayor base social dentro de las empresas y así poder enfrentar
mejor a los patronos.
Sería impropio pensar que el acontecer político nacional
no influyera como catalizador en los intentos de fundación del
SNP, sobre todo si se toma en cuenta que la “revolución”
de octubre de 1945 generó una gran ebullición social y política
en todo el territorio, una de cuyas manifestaciones fue la fundación
masiva de sindicatos, impulsada por las corrientes políticas de
la época, especialmente el Partido Comunista de Venezuela (de reciente
legalización), y, claro, con gran interés y empeño,
por parte de Acción Democrática, fuerza que se expandió
y se transformó en partido gobernante gracias a la Unión
Patriótica Militar que dirigían, entre otros, los oficiales
jóvenes Carlos Delgado Chalbaud, Mario Ricardo Vargas, Julio César
Vargas, Martín Márquez Añez, Hugo Fuentes, Edito
Ramírez, Horacio López Conde, Luis Felipe Llovera Páez,
Francisco Gutiérrez y Marcos Pérez Jiménez, cuya
mayoría luego consumaría el derrocamiento del presidente
Rómulo Gallegos, el 24 de noviembre de 1948, deshaciéndose
de AD para establecer la dictadura militar que estuvo vigente hasta enero
de 1958.
Con el propósito de exponer lo más libremente posible, los
criterios de varios de los fundadores del Sindicato, seguidamente daremos
a conocer algunas versiones en relación a esa influencia política
sobre la génesis del SNP. Servirán para discutir y analizar
una época importante del gremio de la prensa, que no sólo
periodístico, en un país donde el sindicalismo contemporáneo
a partir de la muerte de Gómez o, como todos prefieren decir, con
razón, “a partir del 36”, nace bajo la influencia ideológica
de las corrientes políticas representadas en el Partido Comunista
y en Acción Democrática, organización ésta
que tuvo su antecedente inmediato en el Partido Democrático Nacional.
El Sindicato Nacional del Periodistas no es una excepción: fundamentalmente
fue ideado y construido por militantes de AD y del PCV, como veremos más
adelante. En esa época, ya funcionaban además en Venezuela,
Unión Republicana Democrática (URD) y el Partido Social
Cristiano COPEI, que surgieron de la Cívicas Bolivarianas lopezcontreristas
y del Partido Democrático Venezolano (PDN), adscrito al medinismo,
organizándose como oposición derechista y liberal, respectivamente,
al gobierno de AD.
Al respecto, Rafael Calderón, Secretario General–fundador
del Sindicato Nacional de Periodistas, militante de AD y actualmente miembro
del Tribunal Disciplinario Nacional del Colegio Nacional de Periodistas,
sostiene que dieron los primeros pasos hacia la fundación de la
organización “en los días iniciales de marzo (del
46), aprovechando, pues, la euforia que había, el entusiasmo que
había a consecuencia de la `Revolución de Octubre´”
. (4)
No obstante, otro fundador, Arístides Bastidas, militante del PCV
y varias veces Secretario General del SNTP, afirma que “el Sindicato
no nace sólo porque haya habido ambiente de libertades. En la época
de Medina se gozaba aquí de libertad sindical; fue sumamente liberal,
entre otras cosas, porque la gente aquí estaba identificada, de
diferentes sectores, en la lucha contra el nazifascimo, que era el objetivo
principal de las luchas políticas de esa época.” (1)
En todo caso, Venezuela se venia moviendo en una progresiva ruta democratizante
y, si se quiere, de avanzada, por influencia de la situación política
del mundo que acababa de sufrir la tragedia horrible de la Segunda Guerra
Mundial, que prácticamente logró poner al resto de los países
contra el eje Italia-Alemania-Japón, que por motivaciones imperialistas
habían decidido pretender una nueva repartición del mundo.
También influyó antes, en buena medida, la Guerra Civil
Española, dominada por el franquismo, esa forma sui generis de
fascismo que sepultó a la “República Española”.
Omar Pérez, fundador como sus colegas, adeco como el primero y
dirigente del Colegio Nacional de Periodistas, concreta más esa
influencia y le asigna nombre y apellido:
-Ese criterio (de fundar el SNP) contribuyó a ampliarlo la circunstancia
de que al Ministerio del Trabajo llega Raúl Leoni, que había
sido prácticamente una especie de investigador de las organizaciones
sindicales; él hizo los estatutos de la CTV, él fue consejero,
consultor jurídico, abogado y estimulador de la Federación
de Trabajadores Petroleros, FEDEPETROL... Bueno, entonces, claro, cuando
él llega al Ministerio del Trabajo aúpa realmente la creación
de los sindicatos como fuerza fundamental de Venezuela, distinta de los
grupos que aquí habían sido siempre fuerza... (19)
Por su parte, Claudio Cedeño, también fundador y Secretario
General del Sindicato durante dos períodos, militante del PCV en
la época, coincide con Bastidas y defiende la paternidad política
del SNP para el PCV y AD, según testimonios en entrevista, una
de cuyas partes transcribimos:
-¿Qué ligazón –se le pregunta a CC– tuvo
el nacimiento del Sindicato con el florecimiento del movimiento sindical
en el plano nacional?
-Para esa época –responde él– los sindicatos
eran una entidad desarrollada. El Sindicato se funda en una época
en que eso era perfectamente posible. Quizá, no había libertades,
posiblemente, en el régimen de López Contreras. Con Medina
sí las hubo, pero en esa época, 1946, ya las organizaciones
sindicales estaban altamente desarrolladas en el país.
-¿Tuvo relación el Sindicato con el gobierno de Betancourt?
-No, no. Nada de eso. Eso fue un movimiento verdaderamente de gente del
Partido (Comunista de Venezuela) y de los adecos que también estaban
asalariados... (4)
En definitiva, en la motivación contextual para la fundación
del SNP, la de naturaleza política, es innegable. Ahora, que sea
más adeca que comunista o viceversa, es cuestión de subjetividad
irremediable por la pasión que a cada quien embarga, y más
aún a quienes fueron actores de un momento histórico, en
este caso, del gremio de la prensa. Por lo demás no se trata de
asignar, ahora, créditos políticos a nadie en particular,
sino de ubicar las colaterales del nacimiento del Sindicato, y basta con
saber que su fundación estuvo impregnada de elementos políticos
e ideológicos, que se manifestaron en pugna desde el comienzo mismo,
claro, en ambiente de camarería profesional que siempre en el gremio
periodístico ha hecho palidecer los enfrentamientos político-partidistas.
LOS
ANTECEDENTES
Desde
el punto de vista puramente gremial, el Sindicato Nacional de Periodistas
tiene como antecedentes importantes, la Asociación de Escritores
y Periodistas, fundada el 29 de diciembre de 1935, recién fallecido
Gómez, organización que en sus primeros pronunciamientos
exigió “una amplia libertad de prensa”; “un sindicato
de periodistas, de vida muy breve y actividades sin mayor trascendencia”,
fundado en 1936; y la Asociación Venezolana de Periodistas (AVP),
constituida el 20 de agosto de 1941 con el propósito de lucha por
“la defensa y mejora del Estatuto jurídico-económico,
moral y social de los periodistas venezolanos y extranjeros que efectivamente
trabajen en los periódicos de Venezuela, fuera de toda diferencia
política o religiosa”, que tuvo su “Junta Directiva
Provisional” integrada por Pascual Venegas Filardo, presidente;
Luis Esteban Rey, secretario general; Manuel B. Pocaterra, Pedro Chacín
Chacín, Ángel C. Mejías, Julio Ramos y Miguel Otero
Silva, como sus otros miembros. (7)
Para el momento, circulaban en Caracas los diarios La Religión,
La Esfera, El Universal, El Heraldo y Ahora, y los semanarios humorísticos
Fantoches y El Morrocoy Azul. A éstos se une más tarde el
tabloide Ultimas Noticias, el 16 de septiembre de 1941, fundado y dirigido
por Kotepa Delgado, Pedro Beroes, Víctor Simone D´Lima y
Vogan Salas Lozada, quienes prácticamente introdujeron las técnicas
modernas del periodismo en Venezuela y, además, con sus reporteros,
fueron protagonistas del primer periodismo realmente popular que se produce
en el país.
En 1942 se celebra por primera vez el “Día del Periodista”,
el 24 de octubre, aniversario de la aparición de la Gaceta de Caracas,
en 1808. Homenaje impropio, debido a que ese vocero colonial sirvió
de soporte a las ideas monárquicas contra la causa independentista,
y a partir del comienzo de la lucha anticolonialista frente a España
y la imposición de los patriotas por primera vez, de acuerdo a
la relación de poder, se fue colocando alternativamente como tribuna
patriota y como “Gaceta” realista. No es por otra razón
que desde El Correo del Orinoco, nuestros libertadores a partir del sábado
27 de junio de 1818, enfrentan duramente a esa publicación que
jugaba a la intriga, la desinformación y la manipulación
de informaciones para desnaturalizar las luchas liberadoras. (6)
Al año siguiente –1943– aparece el diario El Nacional,
el 3 de agosto, y el 24 de octubre se reúne en Caracas el Primer
Congreso Venezolano de Periodistas, instalado por el presidente Isaías
Medina Angarita, quien expuso claramente su política abierta a
la libertad de información. En el Teatro Municipal, esa noche los
asistentes al acto escucharon al Jefe del Estado. Sus ideas centrales
sobre el particular, fueron:
-A medida que un país va reafirmando sus principios de dignidad,
la función de la empresa adquiere mayor importancia, porque va
difundiendo en ambientes de mejor comprensión las ideas que proclama.
Elemento de cultura indiscutible es un periódico, cuando efectivamente
cumple, dentro de los cánones de la ética periodística,
su misión de enseñanza, orientación e información.
-Ha sido cuidado especial del Gobierno, con cuya suprema dirección
me honró la confianza de mis ciudadanos, mantener la garantía
constitucional de la libertad del pensamiento y cuidar de que a su ejercicio
cabal no se opongan trabas. Mis más íntimas convicciones,
mi respeto por la opinión ajena y el deseo vehemente de que en
el país exista un clima propicio a la libre discusión de
los asuntos que incumben a los destinos, a los verdaderos, puros y permanentes
destinos de la Nación Venezolana, me impulsan a declarar nuevamente
en este ambiente de hombres de prensa, que continuará siendo esa,
una norma inalterable durante mi mandato constitucional.
-Tengo la más firme convicción de que el ejercicio de nuestros
derechos constitucionales debe contribuir al mejor entendimiento y al
respeto recíproco entre los hombres que vivimos al amparo de nuestra
bandera y de nuestras leyes. Pretender unificar el pensamiento de rodos
los venezolanos en las mismas teorías políticas, sociales
o económicas, seria un absurdo, porque si ello se lograra, indicaría
la falta de vitalidad en un pueblo de noble índole pero de inquieto
espíritu, que no puede adaptarse a una uniformidad incompatible
con anhelos de renovación y perfeccionamiento: pero sí existen
postulados y objetivos de interés publico sobre los cuales la armonía
de las fuerzas sociales y el acuerdo de las inteligencias pueden hacerse
y, para bien de la Patria, cada día más se están
haciendo. (7:64).
Según refiere Eleazar Díaz Rangel en sus Apuntes, el temario
del Congreso fue bastante amplio, iba desde cuestiones éticas hasta
una casa para los periodistas, y en él estuvieron representados
colegas “de casi todos los periódicos que entonces se editaban
en el país”. Entre sus resoluciones, fijaron posición
sobre la libertad de expresión, solicitaron la derogación
de la norma constitucional de neto corte macartista que prohibía
la ideología marxista y la militancia política en organizaciones
de esa importante corriente ideológica.
Desde su fundación, la AVP sirvió como organización
político-gremial de innegables meritos, enfrentando las políticas
gubernamentales o herencias antidemocráticas, luchando por la elevación
de la calidad profesional de los periodistas y por lograr una mejor ubicación
en la estructura de la sociedad y el justo reconocimiento y valoración
de la profesión.
LA
AVP Y LA NECESIDAD DEL SINDICATO
Sin
embargo, los periodistas no estaban satisfechos con el alcance de la AVP,
dado que en poco contribuía a mejorar realmente las condiciones
de trabajo, remuneración, situación socio-económica
y relaciones dentro de las empresas. Por aquellos años, cuando
los periódicos llegaban a las manos de los lectores a una puya,
los sueldos eran realmente irrisorios, iban desde los 80 bolívares
más un centavo por centímetro/columna publicado, hasta cerca
de trescientos bolívares mensuales; horario de trabajo prácticamente
no existía; elementos actuales como pago de movilización
o suministro, por parte de las empresas, de transporte adecuado, simplemente
no se conocían. El periodismo, en cierta forma era una aventura
literaria, política o vital, según el caso de los que se
atrevían a trabajar el diarismo. Bastaba manejar suficientemente
el castellano, llevar en su espíritu la vocación y ser lo
necesariamente audaz como para llegar del interior con el bachillerato
aprobado o en plan de audacia para entrar a una redacción. Por
supuesto, muchos saltaban la verja del campo literario hacia el informativo,
y otros venían de estar ligados al periodismo de provincia de entonces,
que poco tenía que ver con el periodismo moderno que comenzó
a desarrollarse en Venezuela a partir de 1941.
En torno al nacimiento del Sindicato Nacional de Periodistas existe todavía
una polémica, relativa a si su origen fue estimulado por la Asociación
Venezolana de Periodistas o se dio en forma autónoma y contra el
criterio de los dirigentes de la AVP.
Todo indica que fue lo segundo. Los testimonios de varios fundadores del
Sindicato son terminantes, y algunos otros elementos son demostrativos
de lo que afirmamos.
El primer criterio es recogido por Eleazar Díaz Rangel en los Apuntes
que veníamos citando por la importante información que suministra.
Así, escribe:
“En la continuación de su política de crear organismos
que lucharan por especificas reivindicaciones, la AVP propicio a comienzos
de año algunos contactos con el objeto de fundar un Sindicato.
El 7 de marzo (1946) se realiza, convocada por la AVP, una reunión
donde se elige a Luis Evaristo Ramírez, Martín Ernesto González
y Rafael Calderón para que redactaran los Estatutos. Esa comisión
trabajo en breve tiempo, y el 11 del mismo mes hubo una asamblea en el
local de la Asociación de Linotipistas para aprobar los Estatutos,
como en efecto se hizo, y elegir la primera Junta Directiva.” (7:23)
Esa reunión de los pioneros del SNP , el 7 de marzo de 1946, la
registra una nota que con título a tres columnas, en cabeza de
página, publicó El Nacional, el viernes 8:
“HACIA
LA CONSTITUCIÓN
DEL SINDICATO DE PERIODISTAS”
“Con
asistencia de la mayoría de los reporteros y redactores de los
diarios de la capital – reseña la nota – se efectuó,
ayer, en el local de la Asociación de Linotipistas, la asamblea
del Sindicato de Periodistas, que desde hace tiempo venia preparándose.
“Después de las exposiciones preliminares, la discusión
previa se canalizó en dos sentidos: si el Sindicato debe agrupar
únicamente a los redactores y reporteros de textos y gráficos
de los periódicos, sin eliminar la posibilidad futura de una Federación
de Trabajadores de la Prensa, comprendiendo linotipistas y gráficos,
o si ésta aglutinación debía intentarse previamente
con el fin de cread un Sindicato Único de Trabajadores de la Prensa,
con los linotipistas y la Asociación de Artes Gráficas.
Después de varias intervenciones, triunfó la primera posición,
sostenida por mayoría.
“Posteriormente se procedió a nombrar una comisión
integrada por Martín Ernesto González, Luis Evaristo Ramírez
y Rafael Calderón, que se encargará de presentar, en próxima
reunión, un proyecto de estatutos, que al ser aprobados, se introducirán
ante las autoridades del Trabajo. Con el acta constitutiva para la legalización
definitiva del Sindicato.
“Un gran ambiente encontró la idea, que al parecer cristalizará
luego de varias tentativas frustradas, y que dará a los trabajadores
de la prensa un organismo de lucha específica por el mejoramiento
de sus condiciones económicas y materiales. La próxima reunión
se hará probablemente, el sábado en la mañana.”
(Subrayados nuestros)
Acompaña a esa información una foto a tres col., con una
leyenda que registra “parte de la concurrencia que asistió
a la reunión preparatoria del Sindicato de Periodistas.”
Como se puede observar, por ninguna parte aparece en esa reseña
del acto, la Asociación Venezolana de Periodistas. Y no es casual.
El Universal también recoge el hecho, aunque sin grafica, con muchas
más revelaciones, que evidencian la existencia de diferencias entre
los organizadores del SNP y, por lo menos, los directivos de la AVP:
“AYER
FUE CONSTITUIDO EN ESTA CIUDAD
EL SINDICATO DE PERIODISTAS ACTIVOS”
“Como
resultado de la convocatoria firmada por un grupo numeroso de periodistas
activos que presta sus servicios en diferentes diarios capitalinos –comienza
la información que sigue al titulo-, se constituyó ayer
en el local de la Asociación de Linotipistas de Venezuela, el Sindicato
Nacional de Periodistas, organismo que tiene por finalidad principal abogar
por la defensa de los intereses económicos y sociales de los profesionales
del periodismo.
“Ante una concurrencia de más de cincuenta periodistas, el
señor Rafael Calderón, expuso el móvil de la reunión,
el propósito perseguido por los trabajadores del diarismo y la
aspiración y anhelo de construir un sindicato. Dijo que muchas
tentativas se habían frustrado en ese sentido, pero dado el entusiasmo
reinante en la reunión de ayer, la oportunidad era propicia para
realizar lo que es un anhelo de todos los periodistas activos.
“A las palabras de Calderón siguió la disertación
del señor Raúl Agudo Freites, enfocando diversos puntos
en relación con la cuestión planteada, entre los cuales
subrayó la referente a las relaciones o posición del Sindicato
frente a la Asociación Venezolana de Periodistas. Este aspecto
fue puesto en claro más adelante, poniéndose de presente
que no se trataba de crear un organismo de fracción de la A.V.P.,
sino de una organización de características definidas y
atribuciones especificas para lograr mejoras económicas y sociales
de los periodistas profesionales.”
“A pedido de una mayoría, Agudo Freites concretó su
disertación en una proposición de que el Sindicato estuviera
integrado por los trabajadores de la Prensa en general, incluyendo linotipistas,
empleados de administración, etc. Puesta en discusión esta
proposición, se expresaron muchas opiniones diferentes, sustentándose
la tesis de que se trataba de periodistas, esto es, de redactores, reporteros,
fotógrafos y colaboradores regulares remunerados, pues los demás
trabajadores de la prensa ya estaban organizados. Los empleados de administración
tienen su organismo especifico: La Asociación Nacional de Empleados;
los linotipistas tienen su sindicato y también los pregoneros están
organizados.”
(Como
se ve los periodistas estaban rezagados desde el punto de vista sindical,
en relación al resto de los trabajadores de la prensa, aunque ya
la AVP tenía cinco años de vida).
“Luego
surgió la proposición de Rafael Calderón –continua
la nota de El Universal-, que concretamente expresaba: Que quede de una
vez constituido el Sindicato con periodistas activos (redactores, reporteros,
columnistas, etc.) reporteros gráficos y colaboradores regulares
remunerados.
“Puesta en votación las dos proposiciones, fue negada la
de Agudo Freites, que obtuvo catorce votos; y aprobada la de Calderón
por mayoría. Se advirtió que esto no quería decir
que el Sindicato Nacional de Periodistas no colaborará con los
demás organismos similares para el caso de que en lo sucesivo se
tratara de crear la Federación de Trabajadores de la Prensa.
“Respecto a la posición del Sindicato con relación
a la A.V.P., aspecto señalado por Agudo Freites, se acogió
una moción de César Rengifo , en la cual enfocó con
acierto la discriminación de que la Asociación Venezolana
de Periodistas actúa en el plano de lo cultural más que
todo; y las funciones del Sindicato, como se ha expresado categóricamente,
son económicas y sociales.
“Finalmente se llegó a un acuerdo, nombrándose un
Comité Responsable, que presente los estatutos a la reunión
del próximo día sábado, y haga las convocatorias
que son del caso. Dicho Comité quedó integrado por los periodistas
Rafael Calderón, Martín Ernesto González y Evarista
(SIC) Ramírez . Una vez discutidos los estatutos, se procederá
a la instalación, nombramiento de la Junta Directiva del Sindicato
y a llenar los extremos de la Ley necesarios para pedir la legalización
ante el Ministerio del Trabajo.
“En dicha reunión actuó –concluye la nota–
como Director de Debates, el señor Raúl Alfredo Arriaga,
y como Secretario Accidental, el señor Alfredo Pérez Mirabal.”
(29)
Antes
de continuar con los testimonios, debemos señalar varias cuestiones.
Empecemos por decir que es evidente, cuando se fija “posición
del Sindicato frente a la Asociación Venezolana de Periodistas”,
que la AVP no fue la promotora del SNP, y más cuando se llega a
deslindar la naturaleza de cada una de esas organizaciones afirmando que
la primera se mueve “en el plano de lo cultural más que todo”,
mientras que el futuro SNP tendría funciones “económicas
y sociales”, y que en todo caso, “no se trataba de crear un
organismo de facción de la A.V.P., sino de una organización
de características definidas y atribuciones especificas para lograr
mejoras económicas y sociales de los periodistas profesionales”.
Esas aclaratorias y posiciones, es lógico, revelan, por lo menos,
que de parte de la AVP como institución, no se aupaban los intentos
de creación del Sindicato por considerar que era un organismo paralelo,
“de facción”, sin comprender ni justificar las motivaciones
que impulsaban el nacimiento del SNP. Esa contradicción pone al
descubierto la existencia en el seno de los periodistas venezolanos de
la época, cuando menos, de tres posiciones que tienen, indudablemente,
origen ideológico: primero, quienes se conformaban y disfrutaban
con ser miembros de una élite ilustrada, culta, del campo de las
ideas que no podían descender a cuestiones demasiado terrenales
como la lucha organizada frente a los patronos, élite que formaría
un sector directivo de la AVP en la época; segundo, un grupo más
avanzado ideológicamente que entendía que además
del puro ejercicio cultural y de retórica política había
necesidad de la lucha de clases a través de los sindicatos, e intuían
la condición de asalariados de los periodistas. No obstante, no
pasaban de enfrentar una realidad muy evidente con criterios “tradeunionistas”,
se estancaban en el economicismo, conservando ciertos resabios elitescos,
que lograron imponerle al Sindicato para estar integrado solo por “periodistas
activos (redactores, reporteros, columnistas, etc), reporteros gráficos
y colaboradores regulares remunerados.”; y en tercer lugar, quienes
sostenían ideas marxistas y veían desde el comienzo la necesidad
de ampliar la base social se la nueva organización con trabajadores
y profesiones de otras áreas de la industria de la prensa, que
serían, en este caso, los catorce votantes que apoyaron la proposición
de “que el Sindicato estuviera integrado por los trabajadores de
la Prensa en general”.
También llama la atención que las reuniones de los fundadores
del SNP se realizaron en el local de la Asociación de Linotipistas
de Venezuela, en el edificio Washington que quedaba frente a la Plaza
Bolívar, en la misma acera de la Gobernación del Distrito
Federal, de Torre a Principal; y no en la sede de la AVP, como hubiese
sido lógico si las convocatorias constituyentes las hubiese realizado
o animado la Asociación.
TESTIMONIOS
Sobre
el particular, son de gran valor los testimonios de varios de los fundadores
del Sindicato Nacional de Periodistas, entre ellos Rafael Calderón,
primer Secretario General:
-Esto se origina de una idea que tuvimos nosotros en La Esfera –se
refiere a la fundación del SNP– en los primeros días
de marzo aprovechando, pues, la euforia que había, el entusiasmo
que había a consecuencia de la “Revolución de Octubre”.
Y allí varios redactores consideramos si tal vez era conveniente
fundar un sindicato, idea que pareció un poco rara porque siempre
se consideraba al intelectual, al periodista, como un trabajador fuera
de la línea típicamente obrera, concepto, desde luego, equivocado.
Yo tuve que aclararle bastante este asunto, a muchas personas, a muchos
compañeros, para decirles simplemente que éramos obreros
con las mismas prerrogativas de cualquier obrero. Y entonces hice una
lista de compañeros de otros diarios: El Heraldo, El Universal,
Ultimas Noticias, El Nacional, para que los que estuvieran de acuerdo
con la idea de fundar un sindicato de periodistas, la firmaran. Se la
di a Alfredo Pérez Mirabal, “El Faraón” le decíamos
siempre con todo cariño. Él fue a todas partes y al día
siguiente, bueno, todos aceptaron y nos reunimos en la Asociación
de Linotipistas que siempre estuvo hermanada con nosotros, cedía
sus locales. Aprovechábamos todo porque nosotros no teníamos
ni un centavo ni sabíamos, inclusive, por dónde nos iban
a entrar en material sindical, era una cuestión completamente nueva
en Venezuela la sindicalización del intelectual, del profesional
del periodismo; una cosa, repito, que casi no se concebía. En esta
reunión de quizá treinta, cuarenta, cincuenta, no recuerdo
bien -Calderón habla de la sesión del 7 de marzo de 1946–
yo les hice una exposición sobre la materia, todos opinaron favorablemente,
se discutió si se hacia un sindicato únicamente de reporteros,
redactores y fotógrafos o si se mezclaban los linotipistas y los
gráficos, pero entonces se quedó en que era únicamente
periodistas. En esa reunión se nombró una comisión
para redactar unos estatutos que serían, desde luego, provisionales;
ésta comisión quedó integrada por Martín Ernesto
González, Luis Evaristo Ramírez y Rafael Calderón,
con el encargo de presentar un informe en la reunión siguiente.
En esa reunión constitutiva, muy simpática y muy animosa
y, desde luego, muy preocupada por los problemas que íbamos a resolver,
actuó como Director de Debates Luis Alfredo Arriaga y como Secretario
Accidental el compañero Pérez Mirabal.
Esas reuniones, según las referencias, eran realmente democráticas,
abiertas, con la disposición de aclarar cualquier cuestión
y decidir siempre por mayoría, cuando el acuerdo unánime
no se conseguía. Fueron reuniones solidarias y espontánea
la participación de los periodistas, donde no faltaba quien llegara
“jumo” después de haberse tomado varias “cervecitas
de esas de a medio”, lo que también contribuía a caldear
el ambiente en ciertas discusiones.
En cuanto a las relaciones con la AVP, concretamente, RC afirma que “esos
fueron pleitos también que tuvimos con la Asociación Venezolana
de Periodistas. ¡Ah!, protestó un poco contra nosotros porque
nosotros éramos un grupo, que te dijera, de guerrilleros, pues,
de guerrilleros de la profesión: no puede ser porque eso era apartar
a la Asociación... la Asociación sigue sus asuntos culturales...”
-Y que lo consideraban hasta peyorativo porque el periodista era un intelectual
que cómo se iba a obrerizar, le comentamos a RC.
-Si, que era suficiente con la AVP.
-¿Qué criterio manejaron ustedes?
-No... Nosotros nos separamos de ellos... mantuvimos una línea
completamente separada de las ideas de la AVP, hasta que la AVP, en vista
de que la fuerza sindical éramos nosotros, los que hacíamos
los periódicos, al fin y al cabo ellos no hacían nada, ellos
eran escritores... Desde luego, muchos de nosotros, yo soy fundador de
la AVP también, y todos somos tanto fundadores de la AVP como del
Sindicato.
-¿Igual que Francisco J. Ávila?
-Sí, Francisco, como no...
-¿Francisco J. Ávila aparece como promotor del Sindicato
también?
-No. De la AVP. (4)
Al respecto, sigue la versión de Arístides Bastidas:
-No había sindicato y entonces la gente de Ultimas Noticias, sobre
todo los jóvenes, ¿no?, nos empeñamos en fundar el
Sindicato. En eso tuvieron gran participación los militantes del
Partido Comunista, especialmente Bernardo Dolande. Habían dirigentes
de la AVP, que se había fundado en 1941, que consideraban que la
fundación del Sindicato era un agravio a la profesión de
periodistas, porque literalmente aducían que una profesión
tan intelectual, tan llena de dignidad y tan significativa a los efectos
del desarrollo social, etcétera, etcétera, etcétera,
que había que jerarquizarla y que no podía confundirse,
en ningún sentido, con las profesiones artesanales como la de albañiles,
los zapateros, que en esa época ya tenían funcionando sus
sindicatos. Puedo decirte que la AVP estuvo ausente por completo, por
lo menos los Directivos de la AVP, en la fundación del Sindicato.
(1)
Omar Pérez también reconoce las divergencias con los Directivos
avepistas, cuando dice “que ha habido siempre esa tendencia por
razones históricas” de la estrecha relación entre
escritores y periodistas, “siempre ha privado ese criterio elitesco
de pensar que nosotros no teníamos derecho a asociarnos para defender
nuestros intereses de trabajadores enfrentados a un poder económico
terrible; claro, que si nosotros no nos uníamos, en algún
momento dado nos podía liquidar fácilmente, como siempre
ocurría cada vez que entraba un redactor en conflicto con la empresa,
pues el redactor salía disgustado y más nada; no había
ningún reconocimiento ni tenia indemnización; no tenia ninguna
clase de protección. Entonces, claro, esa era una de las cosas
por las cuales (Bernardo) Dolande se preocupaba, porque Dolande se convirtió
un poco en heraldo de ese pensamiento y nosotros lo fuimos acogiendo todos,
porque evidentemente nos dábamos cuenta de que teníamos
que asociarnos y unirnos para luchar contra los empresarios, contra los
intereses patronales, que eran totalmente distintos a los nuestros, era
evidente.”
Muy preciso al aclarar el asunto fue Claudio Cedeño, caricaturista,
pintor y profesor de artes plásticas, quien ocupara la Secretaria
General del SNTP durante los periodos 49-51 y 51-53. La pregunta que le
formulamos fue la siguiente:
-Hay quienes sostienen que la AVP decidió crear el Sindicato; hay
quienes dicen que el Sindicato nació ante la falta de poder de
la AVP para actuar en ciertos planos y concretamente en el de la contratación
colectiva. ¿Cómo fue eso realmente?
Y ésta su respuesta:
-Una cosa no tuvo nada qué ver con la otra. Yo participé
en las dos fundaciones, tanto en la de AVP como en la del Sindicato. La
AVP se fundó en 1941: naturalmente que era una idea que se venía
produciendo en el ánimo de muchos y su principal animador fue Francisco
J. Avila, y con un grupo de trabajadores que estaban en los periódicos
activos en esa época, se organizó la Asociación Venezolana
de Periodistas. Todavía es una agrupación un poco... para
la época de Caracas, de esa Caracas de entonces que era una aldea
y que los periódicos tenían una limitación bastante
grande. Realmente el periodismo moderno nació fue con Ultimas Noticias,
con El Nacional posteriormente, en Caracas, con el tipo de reportero buscando
noticias. Antes era (cualquier periódico) una oficina donde iban
a llevar algunas informaciones y esporádicamente salían,
así que los periódicos eran una cuestión muerta completamente.
Esa aparición (se refiere a los dos diarios prenombrados) y un
cierto auge que tuvo la prensa con la presidencia de Medina, una apertura
de las libertades democráticas, sobre todo la libertad de expresión,
eso dio el estimulo a que la gente se agrupara primero en la Asociación.
Había sucedido ya un congreso de Periodistas que se había
realizado aquí (en Caracas) en 1943. Yo estuve en ese Congreso.
Y luego, era una concepción gremialista completamente la AVP, hasta
el punto de que había Circulo de Reporteros Gráficos y de
Periodistas Deportivos; toda una serie de derivaciones que indicaban un
carácter, que no era un organismo de lucha reivindicativo ni mucho
menos, no se había constituido para eso. El Sindicato se fundó
en 1946: ya entonces, se había creado una organización totalmente
diferente. Ya existían los reporteros trabajando en la calle, trabajando
empleados, con sueldos, unos sueldos bajísimos, de 300-400 bolívares.
Con El Nacional se habían creado una serie de estamentos, que si
las paginas deportivas, reporteros de sucesos, el de información,
toda una serie de cosas que hizo evidente la explotación y la necesidad
de que los trabajadores se organizaran gremialmente desde el punto de
vista de conquistas salariales y de todas esas cosas, de aspirar a sus
reivindicaciones.
-¿Por qué la AVP nunca tuvo ese carácter?
-No, nunca tuvo ese carácter porque la AVP era un organismo que
permitía la representación de los Directores de periódicos,
podían ser miembros de la AVP todo el mundo, dueños de periódicos:
Juan de Guruciaga, por ejemplo, era miembro de la AVP; Miguel Otero Silva
y Kotepa Delgado, etc. Todos los directores de periódicos en esa
época, eran miembros de la AVP. Del Sindicato no podían
serlo, porque el Sindicato era una agrupación de explotados, de
asalariados. Así nació desde el primer momento; claro, fue
organizado por Bernardo Dolande, un camarada (del PCV), fotógrafo
que trabajaba en La Esfera. El fue el animador de este proyecto.
-¿Y Francisco J. Ávila?
-Ávila no tenía ese carácter reivindicativo, su trabajo
era esporádico.
-Pero han dicho que así como fue el principal animador de la AVP,
Francisco J. Ávila fue el principal animador del Sindicato...
-Eso es cierto –respondió CC– Dolande le dio un carácter
de clase al Sindicato y lucho como se podía luchar en es época,
con tanta decisión que la gente le otorgo su confianza inmediatamente,
porque era un hombre que no iba a tener vacilaciones con los patronos
ni nada de esas cosas. Ávila era un periodista, pero era un tipo
de otra índole; era un colaborador, no era trabajador fijo de ningún
periódico. En cambio, Dolande era un trabajador asalariado, con
un sueldo, explotado.
11
DE MARZO DE 1946
Con
esa contraposición de criterios, los fundadores del SNP continúan
su actividad y convocan una nueva reunión para el lunes 11 de marzo
de 1946, día de la fundación del Sindicato Nacional de Periodistas.
Pero dejemos que hablen sus promotores:
-El día 11, de marzo de 1946, el Sindicato celebró una gran
sesión en la sede de la Asociación de Linotipistas de Venezuela
-cuenta Rafael Calderón-. Allí se abrió el debate
y yo, como presidente de la comisión (“Comité Responsable”),
pues, expuse todos los deseos nuestros y los problemas de los periodistas,
el deseo de luchar por las reivindicaciones gremiales legitimas, todas
las posibles en aquellos tiempos de sueldos muy bajos. Inclusive, ya empezamos
a considerar esa vez unos casos de un compañero de Ultimas Noticias
y otro del El País. Estas eran cosas muy apresuradas, tú
sabes, un poco improvisadas porque, sin experiencia, pues, nos reuníamos
y discutíamos y aprobábamos todas las cosas técnicas
profesionales con los linotipistas que tenían muchas más
experiencia que nosotros. Los Estatutos se aprobaron en principio y quedaron
pendientes para una aprobación formal después. Después
se procedió a la elección de la Junta Directiva.
-Esa constitución del Sindicato –recuerda Omar Pérez–
fue singular, chico, a nosotros nos convocaron, ya estaba yo trabajando
en El País, empezaron a realizar aquellas reuniones de tipo político...
yo me acuerdo. Raúl Agudo Freites, que era un tipo increíble,
de gran calidad, pidiendo la palabra para proponer a compañeros
que trabajaran en el Sindicato, entonces, claro, todas las fuerzas políticas
procurando obtener mayoría en la Directiva, pero nombrando siempre
suplentes que pudieran en un momento dado, reemplazarlos porque en principio,
en las primeras reuniones del Sindicato la gente no pensó que aquello
iba a consolidarse.
Claudio
Cedeño, cuando habló del ambiente y de los promotores de
la constitución del SNP, reconoció que en ese momento “la
gente de Ultimas Noticias fue un factor importante en eso, porque después
que paso a manos de Capriles, se hizo sentir la explotación. La
gente de Ultimas Noticias es la que forma la vanguardia, unos muchachos
casi todos formadores de peo y alborotadores, constituyen realmente la
vanguardia dentro del Sindicato de la Prensa. Casi todos son gente comunista,
vinculados al Partido, todos tiene ese espíritu, una vanguardia
juvenil, entusiasta, alegre: `El Caballo´ Acosta (Juan Acosta Cruz),
(Pedro Rafael) Gilly, Arístides Bastidas, Carmen Clemente Travieso,
la mujer de Miguel Otero: María Teresa Castillo, un grupo de gente
que luego pasa a El Nacional, periódico que se los iba llevando
de Ultimas Noticias...”
Sin embargo, Rafael Calderón sostiene que “tan sólo
se trataba de dos o tres y Arístides mismo que estaba allí.
Dos o tres compañeros que estaban con nosotros en la onda sindicalista,
pero no era el grupo mayoritario. Siempre había problemas... Tú
observas que en la (primera) Directiva no hay ninguno de Ultimas Noticias
porque ellos siempre fueron remisos a eso. Luego fueron incorporando alguno
que otro...”
Por su parte, Arístides Bastidas considera que “la fundación
del Sindicato había sido una necesidad que se experimentaba desde
1945. En Ultimas Noticias, que fue la flecha del Sindicato, se pagaban
unos salarios insignificantes. El salario en Ultimas Noticias era de 80
bolívares mensuales y una puya cada centímetro por columna
que fuera publicado. En ese centímetro por columna le incluían
a uno la foto, si uno aparecía en la foto. El centimetraje te lo
pagaban los sábados y el sueldo lo pagaban mensual, los 80 bolívares.
Pero la situación de Ultimas Noticias era tan dificultosa, que
habitualmente le pagaban a uno el centimetraje incompleto y los sueldos
había veces que se acumulaban por meses. Y entonces, en esa época,
no se conocían pagos de guardias nocturnas, pago de guardias dominicales,
y se obligaba a la gente a ir a las dos de la mañana y, en fin
se trabajaba hasta tarde en las noches. La situación de los trabajadores
era sumamente desventajosa en esos momentos, no solamente en Ultimas Noticias
que era el lugar más crítico, sino también en La
Esfera. El Nacional se consideraba que pagaba muy buenos sueldos porque
en esa época la gente aquí (en El Nacional) ganaba 300 bolívares
mensuales, 253 bolívares mensuales.”
-El Sindicato se fundó a raíz, pues, de esas reuniones –dijo
AB– que unos cuantos tipos motorizamos, hicimos en el edificio Washington,
que quedaba al lado de la Gobernación, frente a la parte norte
de la Plaza Bolívar, entre Torre y Principal. Al este de la Gobernación
estaban los Telégrafos, y al este de los telégrafos estaba
el edificio Washington. Recuerdo que en unos muebles de paletas nos sentábamos
nosotros. Allí estaba la Asociación de Linotipistas. La
Asociación de Linotipistas que estaba antes de Monjas a Padre Sierra,
2-1 alto, era sede de varios sindicatos, se había mudado para el
edificio Washington, y entonces nosotros nos reuníamos allí.
Y allí se fundó el Sindicato... y esa es la historia inicial
del Sindicato.
LA
PRIMERA DIRECTIVA
En
esa reunión del 11 de marzo, se aprobaron los Estatutos, se eligió
la Primera Junta Directiva y se firmó el Acta Constitutiva del
Sindicato Nacional de Periodistas. Dicha Junta fue estructurada con seis
secretarios principales y dos suplentes, que ocuparían las vacantes
temporales o definitivas:
Secretario General
RAFAEL CALDERÓN (La Esfera)
Secretario de Organización y Disciplina
RAÚL ALFREDO ARRIAGA (El País)
Secretario de Cultura y Propaganda
RAÚL AGUDO FREITES (El Nacional)
Secretario de Finanzas
PEDRO HERNÁNDEZ CAMACHO (El Universal)
Secretario de Actas y Relaciones
LUIS F. BELLORÍN (La Religión)
Secretario de Trabajo y Reclamos
CESAR GIL (El País)
Primer Suplente
BERNARDO DOLANDE (La Esfera)
Segundo Suplente
CESAR RENGIFO (El Heraldo)
De ellos, tres eran militantes de AD (Calderón, Arriaga y Gil),
y tres del PCV (Agudo, Dolande y Rengifo), lo que da una idea del predominio
de esos dos partidos políticos en el gremio para esa época.
El martes 12, varios diarios recogen el acontecimiento gremial, con buen
despliegue informativo y con gráfica en el caso de El Nacional:
“QUEDO INSTALADO
EL SINDICATO NACIONAL DE PERIODISTAS
Se espera su Legalización para Dentro de Poco”
(Titulo a 3 col., ángulo superior izquierdo
de una página impar)
Foto a 3 col., con la siguiente leyenda:
“En la foto la Directiva del Sindicato Nacional de Periodistas:
de izquierda a derecha: Bernardo Dolande, Pedro Hernández Camacho,
Raúl Agudo Freites, Rafael Calderón, Raúl Domínguez,
Luis F. Bellorín y César Rengifo. (Foto León)”
Texto,
a 1 col.:
“Con
una asistencia que sobrepasó el número a la primera, se
efectuó ayer en el local de la Asociación de Linotipistas
la segunda reunión destinada a constituir al Sindicato Nacional
de Periodistas con sede en Caracas. En esta reunión debía
conocerse el resultado de los trabajos encomendados en la reunión
anterior, destinados a la elaboración de los estatutos y debía
igualmente procederse a la elección de la Mesa Directiva.
“A las 11:30, se procedió a comprobar la filiación
profesional dþtodos los presentes, mediante la presentación del
respectivo carnet o el testimonio de los compañeros de trabajo.
Luego se dispuso la discusión del proyecto de estatutos elaborados
por la comisión. Una moción de Dolande con el apoyo de varios
presentes, en el sentido de que se aprobaran colectivamente fue admitida,
con el objeto de ganar tiempo y proceder al importante punto de la elección
de la Directiva.
“En este punto, Calderón leyó la parte pertinente
de los estatutos aprobados en la cual se señalaba la forma de elección:
voto abierto, levantando la mano y por la mayoría relativa. Individualmente
fueron propuestos los respectivos cargos. Primero, Secretario General.
Fue electo Rafael Calderón, sin opositores, por unanimidad. Para
Secretario de Reclamos , se propuso a Raúl Domínguez de
Ultimas Noticias y Raúl Arriaga de El País siendo electo
el último. Para la Secretaría de Trabajos y Reclamos, se
asomó al mismo Domínguez y a César Gil, siendo electo
éste, por mayoría. Para la Secretaría de Finanzas,
resultó electo, Pedro Hernández Camacho de El Universal
sin oposición como también Luis F. Bellorín, de La
Religión para Secretario de Actas y Correspondencia. Por mayoría
fue igualmente electo el compañero Agudo Freites para la Secretaría
de Cultura y Propaganda. Sin mayores pugnas resultaron electos Bernardo
Dolande y César Rengifo, Reportero Gráfico el primero de
La Esfera y Jefe de Información de El Heraldo el segundo, como
primero y segundo suplente, respectivamente.
“En las votaciones, se puso de manifiesto el mayor espíritu
democrático, realizándose la asamblea en medio de un clima
de convivencia y de compañerismo ejemplares. Después de
esta asamblea, se procederá a introducir ante los organismos del
Trabajo los estatutos aprobados y el acta de instalación para que
el nuevo organismo sea aprobado legalmente, lo que se espera dentro de
poco.
“Así culmina una larga etapa preparatoria de este organismo,
del cual se esperan grandes beneficios para sus asociados.”
El Universal, aunque sin gráfica, lo destaca en primera página
a 2 col., con un pase a la página 19, practica corriente en el
periodismo venezolano de la época, con excepción de El Nacional
que introdujo como característica suya la eliminación de
esos cortes:
“NOMBRO
JUNTA DIRECTIVA Y DISCUTIO
LOS ESTATUTOS EL SINDICATO DE PERIODISTAS” (30)
“En
la sesión celebrada ayer por el Sindicato Nacional de Periodistas,
en el local de la Asociación de Linotipistas de Venezuela, se trataron
los puntos acordados en la reunión anterior, a saber: discusión
y aprobación de los Estatutos que regirán el organismo;
y la designación de los miembros que integraran la Junta Directiva
Provisional del Sindicato.
“Abierto el debate por el señor Rafael Calderón, de
la Comisión redactora del Proyecto de Estatutos, el Secretario
accidental Pérez Mirabal, propuso que se procediera, en conformidad
con lo acordado anteriormente, a la identificación de los periodista
presentes, a fin de comprobar si devengaban salarios en los diarios capitalinos.
Para el efecto se adoptó el procedimiento de la presentación
de carnet o la declaración de dos testigos para comprobar que eran
periodistas activos. Sólo se esclarecieron dos casos mediante testigos
y declaraciones de los propios interesados. Se trataba de dos periodistas
de Ultimas Noticias que antes estuvieron en cargos administrativos pasando
luego a la redacción de ese diario donde tienen ya más de
un año de labor. Otro caso fue aplazado para posterior consideración
del Sindicato, ya que el interesado, redactor de un semanario, no devenga
sueldo de patrón alguno. Como quiera que no tiene ni podrá
tener problema sindical, se acordó posponer el ingreso al sindicato,
debido a la circunstancia anotada.
“Por lo que a los Estatutos se refiere, se aprobaron en principio,
y se dispuso efectuar una revisión de los mismos para introducirle
las reformas pertinentes dentro de unos tres meses. Seguidamente se procedió
a la elección de la Junta Directiva, la cual quedó integrada
de la siguiente manera: Secretario General, Rafael Calderón, de
`La Esfera’; Secretario de Organización, Raúl Alfredo
Arriaga, de `El País´; Secretario de Trabajo y Reclamos,
César Gil, de `El País´; Secretario de Actas y Relaciones,
Luis F. Bellorín, de `La Religión´; Secretario de
Cultura y Propaganda, Raúl Agudo Freites, de `El Nacional´;
Primer Suplente, Bernardo Dolande, gráfico de `Elite´; y
Segundo Suplente, César Rengifo, Jefe de información de
`El Heraldo´.”
LOS
FUNDADORES
Esa
misma nota de El Universal registra a los miembros fundadores del Sindicato
Nacional de Periodistas:
“Firmaron en efecto el acta constitutiva los periodistas que a continuación
pasamos a nombrar: Rafael Calderón, Pedro Hernández Camacho,
Francisco Falcón Hurtado, Raúl Alfredo Arriaga, Raúl
Domínguez C., Carlos Navarro Giral, Casto Noguera, Genaro de Egileo,
José Moradell, Pedro Moreno Garzón, E. Tenorio A., Héctor
Stredell, J. A. Cárdenas, H Cedrés, J. Díaz, Pedro
Chacín Chacín, A. R. Bastidas, Candelario Rivero, A. González
Trujillo, Marconi Villamizar, Miguel Ángel Sánchez, R. Emilio
Alfonso, Pausolino Vargas, Maria Teresa Castillo, Ida Gramcko, Carmen
Travieso, Raúl Agudo Freytes, Sergio Antillano, G. Araujo Silva,
Luis E. Ramírez, Héctor Arismendi, Francisco Aponte M.,
J. M. Machín, Domingo Alberto Rangel, Bernardo Dolarde, Miguel
León, Francisco Edmundo Pérez, Federico Ruiz, Cesar Pagés,
Roberto González, Ciro Urdaneta B., Miguel Ángel García,
Alirio Ugarte Pelayo, Cesar Rengifo, Fraiz Grijalva, Pedro Antonio Vásquez,
Luis Alberto Paúl, Alfredo Pérez Mirabal, Francisco Villanueva,
h., Oscar Pulgar, Antonio Mora Saavedra, J. Boada Alvins, Federico Pacheco
S., Juan López, hijo, José Benavides, Jerónimo Ascanio,
José Porras.” (Subrayados nuestros)
La lista suministrada por El Universal no es idéntica a la que
reposa en el Ministerio del Trabajo (12). En la “Lista de Miembros
del Sindicato Nacional de Periodistas que firmaron el Acta Constitutiva”,
además de los 48 nombres subrayados en el párrafo anterior,
aparecen también, Luis F. Bellorín, Raúl S. Esteves,
Martín Ernesto González, Omar Pérez y Cesar Gil,
para totalizar 53.
Es permisible pensar que los fundadores sean unos cuantos más,
a menos que se exija la rigurosidad del factor documental. Por ejemplo:
Sergio Antillano, ese veterano periodista y docente universitario, aparece
en la lista de fundadores, pero sin firmar; de Domingo Alberto Rangel
no es descabellado pensar que estuviese inmerso en ese tipo de actividades
para la época, cuando era un potencial dirigente político
bajo la rectoría e influencia de Rómulo Betancourt. Pero
en sí, oficialmente, los firmantes del Acta Constitutiva fueron
53.
De esos firmantes, 49 eran “periodistas” y 4 eran “fotógrafos”:
Castro Noguera, Héctor Cedrés, Bernardo Dolande y Francisco
Edmundo Pérez (“El Gordo”), los dos últimos
ya fallecidos. Lo que significa una relación de 92.46% de “periodistas”
y 7.54% de “fotógrafos”.
Además evidencia que el SNP fue fundado única y exclusivamente
por periodistas, aunque en su seno había criterios distintos como
los señaláramos anteriormente.
LOS
ESTATUTOS
Los
Estatutos del SINDICATO NACIONAL DE PERIODISTAS (26), son muy diáfanos
al respecto, al comienzo del Capítulo II:
“Art. 3º.- Serán miembros del Sindicato Nacional de
Periodistas los redactores, fotógrafos, corresponsales y colaboradores
fijos, remunerados, que presten sus servicios en publicaciones periodísticas
o en agencias informativas nacionales o extranjeras, sin diferencias de
raza, nacionalidad, creencias religiosas o políticas, que hayan
firmado el Acta Constitutiva, o los que pidan su ingreso a el, por escrito
o personalmente y sean aceptados por la Asamblea, comprometiéndose
a cumplir y hacer cumplir los presentes Estatutos y a respetar las leyes
del país.”
Esos primeros Estatutos constan de 38 artículos, distribuidos en
8 Capítulos, además de unas “Disposiciones Finales”
relativas a la entrada en vigencia previa aprobación de la inspectoría
del Trabajo del Distrito Federal.
El
Capítulo I, del Nombre, domicilio y objeto; entre otras cuestiones,
establece, en su artículo 2º, como “objeto el estudio,
defensa y protección de los intereses económicos, sociales,
culturales y morales de sus miembros”, y expone como fines inmediatos
el aumento de salarios, valoración del trabajo profesional, celebración
de contratos colectivos de trabajo, establecimiento del día de
descanso semanal u obtener recursos para “atender a prestaciones
médicas y otras formas de ayuda y protección a sus miembros”
y “fundar una Casa del Periodista”.
Como se puede apreciar, parte de esos objetivos son coincidentes con los
de la Asociación Venezolana de Periodistas, algunos planteados
en el mismo terreno de la AVP, como la “Valorización del
trabajo profesional” y la fundación de la “Casa del
Periodista”.
El Capítulo II, de los Miembros, sus deberes y derechos; contiene
el antes señalado articulo 3º y además fija una serie
de normas para el ingreso de nuevos miembros, impone a sus militantes
la obligación de “trabajar abnegadamente en pro del engrandecimiento
y prosperidad del Sindicato”, y después de hablar de los
deberes pasa a los derechos donde incluye uno garantizando que “en
casos de enfermedad, cesantía, voluntaria o involuntaria, percibirá
semanalmente una suma que determinara la asamblea, previo informe de la
Junta Directiva”.
El Capítulo III establece todo lo concerniente a las asambleas
y sus mecanismos democráticos internos.
La Junta directiva es regulada en el Capítulo IV, asignándole
seis secretarías y dos suplentes, cargos votados “por separado,
levantando la mano los partidarios de cada uno de los candidatos e iniciándose
seguidamente el contaje reglamentario”. El artículo 20º
establece que “cualquiera de los miembros de la Junta Directiva
o su totalidad, podrán ser removidos antes de expirar el período,
por decisión de las dos terceras partes de la totalidad de los
miembros del Sindicato, y por las siguientes causales: malversación
de fondos del Sindicato; actividades de rompehuelgas; inasistencia a cuatro
sesiones consecutivas sin causa justificada; incumplimiento de los acuerdos
y resoluciones aprobados por la asamblea o comisión de actos que
comprometan la existencia del Sindicato. Estas sanciones podrán
extremarse con medidas de expulsión del Sindicato.”
El Capitulo V se concreta a estipular las atribuciones de los miembros
de la Junta Directiva; el VI, a las finanzas; el VII deja en manos de
la asamblea las sanciones a los miembros por cuestiones que indica taxativamente;
y el VIII se refiere a “Disposiciones Generales” que van desde
la posibilidad de afiliar al SNP a federaciones o confederaciones de trabajadores,
hasta el mecanismo de disolución del organismo sindical. (26)
NO
EXISTIO DECLARACIÓN DE PRINCIPIOS
Aunque
en los Estatutos y en algunas declaraciones y notas de prensa se aprecian
elementos definitorios del naciente Sindicato, sus fundadores no se preocuparon
por redactar una declaración de principios, que siempre emite este
tipo de organizaciones en el momento de su nacimiento. Como veremos más
adelante, a la Inspectoría del Trabajo del Distrito Federal sólo
fueron remitidos por la Junta Directiva, “un ejemplar de los Estatutos
del Sindicato Nacional de Periodistas, el Acta Constitutiva y la Nómina
de sus miembros”.
Al respecto, Rafael Calderón afirmó que “la hubo,
pero de boquilla”, es decir, en las deliberaciones de las asambleas,
en el espíritu de los fundadores y efectivamente en declaraciones
a la prensa:
“Se ha limitado la admisión únicamente para los periodistas,
fotógrafos, corresponsales y colaboradores fijos, remunerados,
que puedan demostrar que el trabajo periodístico es y ha sido,
durante un lapso anterior, su principal fuente de subsistencia.”,
se lee en nota aparecida en El Universal del 14 de marzo de 1946, que
recoge declaraciones del propio Calderón, bajo el título
“El Sindicato Nacional de Periodistas será un organismo netamente
Nacional”.
-Tiene como objetivos inmediatos –dijo Calderón más
adelante en las declaraciones referidas– la defensa de los intereses
económicos, sociales y morales de sus afiliados; la celebración
de contratos colectivos de trabajo, la fundación de una casa del
Periodista, la regulación de las horas de trabajo, el día
de descanso semanal y, principalmente, el establecimiento del sueldo mínimo
para los asociados, como la única forma de lograr una verdadera
selección del personal, para imponer al periodismo venezolano un
nuevo estilo, a base de exactitud informativa, moralidad, responsabilidad
y, en general del más elevado concepto de la ética profesional.
Y agrega casi al final:
-No hemos constituido un Sindicato para hacer de él un reducto
de lucha sorda y sistemática, sino más bien con un espíritu
de colaboración dirigido a la conciliación de los intereses
de los trabajadores y patronos, sin mengua, por supuesto, de la energía
necesaria para hacer valer los derechos legítimos del periodista
profesional, como trabajador y como individuo que necesariamente debe
ocupar un destacado lugar en la escala social.
A esto debemos agregar lo estipulados en los artículos 2º
y 3º de los Estatutos, comentados anteriormente.
En su momento histórico, el SNP nació como instrumento especifico
de los periodistas caraqueños que vieron la necesidad de comenzar
la lucha frente a los patronos por mejores condiciones de vida y trabajo,
sabiéndose explotados en una Venezuela que abandonaba paulatinamente
los campos de café y cacao y en general la actividad agropecuaria,
para convertirse progresivamente en un país prácticamente
monoproductor, altamente dependiente de centros capitalistas mundiales,
especialmente del norteamericano y con la mayoría de la población
concentrada en las grandes ciudades y sus alrededores.
LOS
PRIMEROS PASOS
Tres
Días después de la fundación del Sindicato Nacional
de Periodistas, el jueves 14 de marzo de 1946, la recién electa
Junta Directiva envió a la Inspectoría del Trabajo la solicitud
de legalización. Fue una escueta nota, concebida en estos términos:
“Caracas,
14 de marzo de 1946.-
“Ciudadano
Inspector del Trabajo del Distrito Federal
Su Despacho.-
“Respetuosamente nos dirigimos a Ud., en la oportunidad de consignar
en esa Inspectoría a su digno cargo, conforme lo dispone el Artículo
141 de la Ley del Trabajo vigente, un ejemplar de los Estatutos del Sindicato
Nacional de Periodistas, el Acta constitutiva y la nómina de sus
miembros, en un todo de acuerdo con los artículos 142, 143 y 144
de la misma Ley, a objeto de solicitar la legalización del Sindicato
y el correspondiente registro y aprobación de los Estatutos.
LA
JUNTA DIRECTIVA,”
(A continuación, los nombres, cargos y firmas de los directivos)
La
comunicación y los recaudos fueron recibidos por el Consultor Jurídico
de la Inspectoría del Trabajo, Héctor Humpiérrez,
según reseña aparecida en El Nacional, el viernes 15:
“SE
SOLICITA LA LEGALIZACIÓN
DEL SINDICATO DE PERIODISTAS”
(Título orlado a 3 col.)
Seguidamente
una foto a 3 col., con la siguiente leyenda:
“Una
comisión designada por la Directiva del reciente fundado Sindicato
Nacional de Periodistas, consignó ayer tarde ante el Despacho del
doctor Héctor Humpiérrez, Consultor Jurídico de la
Inspectoría del Trabajo, la petición de legalización
del Sindicato de los Trabajadores de la Prensa. Fueron entregados al Consultor
Jurídico todos los documentos indispensables para obtener la legalización
de la nueva organización sindical. Es de esperar que dentro de
pocos días, una vez que hayan sido llenados otros requisitos exigidos
por la ley, será impartida la debida legalización.”
(Subrayados nuestros)
TEXTO
A 1 Col.:
“Rafael
Calderón, Secretario General del Sindicato de Periodistas, declaró
que se ha limitado la admisión únicamente a los periodistas,
fotógrafos, corresponsales y colaboradores fijos que reciben remuneración
por su trabajo y que ella sea fuente principal de su subsistencia.”
-Además –dijo Calderón– se tomarán en
cuenta los antecedentes morales e intelectuales de los aspirantes y la
sinceridad y honradez con que se han consagrado a su profesión.
-¿Qué proyectos tiene el Sindicato?
-Defenderá a capa y espada, los intereses económicos, sociales
y morales de sus afiliados; buscara la firma de los contratos colectivos
de trabajo entre los periodistas y la empresa y luchara para obtener el
día de descanso semanal y el sueldo mínimo para sus afiliados.
-De modo...
-Queremos darle al periodismo venezolano sólidas bases de exactitud
informativa, de líneas morales inmutables, criterio y responsabilidad.
Todo ello redundará en beneficio de las empresas, los periodistas
y por extensión, del buen nombre de la cultura venezolana.
-Y redondeo sus declaraciones de la siguiente guisa:
-No hemos constituido el sindicato para hacer de él un reducto
de lucha sorda y sistemática. Propenderemos a la conciliación
de los intereses de los trabajadores y patronos, sin que implique el detrimento
de los legítimos derechos del periodista profesional en su condición
de trabajador situado en un destacado lugar de la escala social. No circunscribirá
su acción a la capital, sino que acogerá en su seno a los
colegas de la sufrida provincia, que viven nuestras mismas inquietudes
y confrontan iguales problemas.”
El proceso de legalización se prolongaría hasta el 12 de
abril del mismo año, cuando definitivamente fue legalizado e “inscrito
bajo el Nº 177 folio 59 del Libro de Registro respectivo.”,
según consta en la “BOLETA DE INSCRIPCIÓN” emitida
en esa fecha por la Inspectoría del Trabajo del Distrito Federal.
El archivo del Ministerio del Trabajo permite establecer el camino que
siguió la solicitud:
1. El 14 de marzo la Junta Directiva solicita la legalización.
2. El 8 de abril Héctor Humpiérrez, “Inspector–Adjunto
del Trabajo”, oficia al “Secretario General del proyectado
`Sindicato Nacional de Periodistas´”, que “hecho el
estudio correspondiente... no encuentra observaciones que hacerles, sin
embargo, para proceder a su debida inscripción espera la decisión
del Ministerio del Trabajo sobre la consulta legal hecha al respecto”.
3. El mismo 8 de abril, la Inspectoría del Trabajo del D. F. Comunica
al “Encargado del Ministerio del Trabajo”, que para el momento
era Antonio Leidenz, Director del Despacho, que no han encontrado “observaciones
que hacerle, y solo espera su debida inscripción”.
4. El 11, Antonio Leidenz responde a la Inspectoría y ordena “que
proceda a hacer la inscripción legal correspondiente”.
5. El 12 ce abril de 1946, la Inspectoría emite la “Boleta
de Inscripción”, y comunica al Sindicato Nacional de Periodistas
la decisión.
6. Ese mismo día, la Inspectoría informa de la legalización
y de la nómina de la Junta Directiva del SNP al Despacho del Ministro,
al Director del Instituto Central de los Seguros Sociales, y al Gobernador
del Distrito Federal.
LA
DIRECTIVA VISITA MIRAFLORES
Antes
de la legalización, el 21 de marzo, una comisión de cuatro
miembros de la Junta Directiva del SNP va a Miraflores y se entrevista
con el Presidente de la Junta Revolucionaria de Gobierno, Rómulo
Betancourt, a quien plantean las inquietudes gremiales, fundamentalmente
la Ley de Ejercicio del Periodismo, el salario mínimo y la creación
de la Escuela de Periodismo, a nivel universitario.
La “Escuela Nacional de Periodismo” fue creada por Decreto
Nº 241 de la Junta Revolucionaria de Gobierno, del 24 de octubre
de 1946, y entró en funcionamiento en la Universidad Central de
Venezuela en 1947, bajo la dirección de Miguel Acosta Saignes (14ª:24).
La Ley y el salario mínimo fueron postergados por más de
dos décadas.
Veamos cómo los periodistas de El Nacional (18) reflejan la entrevista
con el deseo de que “se promulgue pronto” la Ley de Ejercicio
del Periodismo:
“LEY
DE EJERCICIO PERIODÍSTICO ACASO SE PROMULGUE PRONTO
LA CASA DEL PERIODISTA SERA DONADA LA SEMANA PROXIMA”
(TÍTULO A 3 COL.)
Le sigue una foto, también a tres col., con esta leyenda:
“Raúl
Alfredo Arriaga, B. Dolande, Rafael Calderón y H. Hernández
Camacho, de la Directiva del Sindicato de Periodistas con el Presidente
de la Junta Revolucionaria”.
Texto
a 1 col.:
“Miembros
de la Directiva del Sindicato Nacional de Periodistas, organismo gremial
recientemente constituido, se entrevistaron con el señor Rómulo
Betancourt, Presidente de la Junta Revolucionaria, para exponer puntos
de interés e importancia para los trabajadores de la Prensa. Rafael
Calderón, Secretario General del Sindicato, manifestó al
Presidente de la Junta la urgente necesidad y la conveniencia de crear
una Ley de Ejercicio del Periodismo que resguarde los intereses de los
profesionales, evitando el asalto de los improvisados a diario. Se habló
de la utilidad de emplear la colegiación en el gremio, establecimiento
de salarios mínimos, e instalación de una Escuela de Periodismo.
“A la entrevista asistieron Rafael Calderón, Raúl
Alfredo Arriaga, Bernardo Dolarde y Pedro Hernández Camacho. Se
trató acerca de la Casa del Periodista, los miembros del Sindicato
se refirieron a la casa ofrecida por el Gobierno Revolucionario a la Asociación
Venezolana de Periodistas. El señor Rómulo Betancourt hizo
constar que la casa está destinada a los periodistas, avepistas
y organizados, y manifestó que el gobierno procurará que
el local a donarse la semana próxima, estará situada en
el centro de la ciudad, y posiblemente será de dos pisos. La resolución
relativa a la donación del inmueble, será dictada en breve.
El Presidente de la Junta expuso el deseo de que los representantes del
Sindicato le hicieran entrega de un memorando y la documentación
necesaria, basada en experiencias de otros países, para proceder
al estudio de la Ley de ejercicio del Periodismo, con cuya promulgación
se mostró de acuerdo. La directiva del Sindicato prometió
que dentro de unos días enviara a Miraflores los datos pedidos
por el gobierno.”
Estos elementos evidencian cómo ha sido larga y zigzagueante la
lucha de los periodistas venezolanos por elevar sus condiciones profesionales
y socio-económicas, unas veces desde la AVP y otras desde el Sindicato,
y más recientemente en conjunto, solidariamente como entes complementarios,
aunque independientes como lo son hoy el SNTP y el Colegio Nacional de
Periodistas.
DOMINGO
28
La
Junta Directiva se posesiona el 28 de abril en la sede de la Asociación
de Escritores de Venezuela, entre las esquinas de Palma y Municipal, ante
una asamblea extraordinaria (8 y 9) que tuvo como orden del día:
1.-
Instalación del Sindicato:
a) Lectura del Acta Constitutiva.
b) Juramentación de la Junta Directiva.
2.- Palabras del Secretario General, Rafael Calderón.
3. – “Lectura de un mensaje enviado por el Sindicato de Periodistas
de Nueva York, por el cual invita a un delegado fraternal para que asista
al Congreso de Periodistas Norteamericanos, que se efectuará el
próximo mes de junio, en Pensylvania.” (Este incluye el primer
nexo o contacto internacional del SNP, y fue posible gracias a la mediación
del colega Francisco J. Ávila, quien trajo la invitación
desde Estados Unidos).
4.- Puntos Varios.
5.- “Un cordial obsequio”, lo que para la época significaba
un brindis.
La
nota aparecida en La Esfera el mismo domingo 28, refiere además
que “el Sindicato ha invitado a las organizaciones Sindicales de
Caracas, para que envíen representantes a este acto”, lo
que da una idea del tipo de relaciones intersindicales que deseaban mantener
los fundadores del SNP.
Al día siguiente, el lunes 29, apareció en el mismo diario
(10) la noticia:
“ AYER QUEDO INSTALADO
EL SINDICATO NACIONAL DE PERIODISTAS”
(Título a 3 col.)
Con estos subtítulos:
“La
Junta Directiva ya entró en funciones – El Sindicato enviará
un delegado al Congreso de Periodistas Norteamericanos que se reunirá
en Pensylvania – Importantes puntos fueron tratados en la asamblea”.
Texto
a 1 col.:
“El
Sindicato Nacional de Periodistas celebró ayer a mediodía
una asamblea extraordinaria, en el local de la asociación de Escritores
Venezolanos, convocada con el objeto de proceder oficialmente a la instalación
de la organización, mediante la toma de posesión de sus
cargos, de los integrantes de la Junta Directiva que habrá de actuar
durante el periodo 1946-1948, y tratar otros puntos de importancia.
“Numerosos asociados estuvieron presentes en el acto, así
como representantes de diversas organizaciones gremiales y culturales
a las cuales se les invitó especialmente, dándose comienzo
a la asamblea con la juramentación de la directiva, después
de lo cual se procedió, de acuerdo con el orden del día,
a la lectura del Acta Constitutiva. Posteriormente hizo uso de la palabra
el Secretario General del Sindicato, señor Rafael Calderón,
quien en breve improvisación señaló los propósitos
fundamentales que normarán las actividades del gremio y esbozó
planes de trabajo y de coordinación para alcanzar objetivos esenciales
dentro de una común aspiración profesional. Con certero
criterio definió la conducta que corresponde al periodista, expuso
el papel orientador que desempeña dentro de la sociedad, e hizo
un llamado a la unidad, sin la cual –recalcó enfáticamente–
fracasaría todo intento de superación. Finalizó Calderón
sus palabras expresando un saludo cordial a todos los trabajadores del
país que laboran afanosamente por estructurar un movimiento sindical
de sólidos basamentos, en defensa de sus intereses específicos.
Al terminar fue cálidamente aplaudido.
“Luego el periodista Francisco J. Avila quien acababa de llegar
de Estados Unidos de América, después de unas breves palabras
en las cuales puso de relieve la trascendencia que involucra la constitución
del Sindicato de Periodistas y de exaltar la función de las entidades
gremiales, leyó un expresivo mensaje enviado por los colegas sindicalizados
de Nueva York, en el que hacen una formal invitación para que sea
enviado un delegado fraternal a las deliberaciones del próximo
Congreso de Periodistas que se reunirá entre el 17 y el 21 de junio
venidero en la ciudad de Pensylvania. Puesto en consideración el
contenido de la nota, la asamblea resolvió aceptar la invitación,
posponiéndose la designación del delegado para una próxima
reunión. Finalmente Raúl Arriaga propuso, con aprobación
de los presentes practicar las gestiones necesarias para que sean pagados
a los periodistas por las respectivas empresas, la remuneración
especial correspondiente a los días de Semana Santa; e igualmente
celebrar una reunión conjunta con delegados de los Sindicatos de
Linotipistas, de Artes Gráficas y de Pregoneros para tratar lo
relativo a la celebración del primero de Mayo.
“Antes de clausurar la sesión fue leída una correspondencia
enviada por el Sindicato Profesional de Trabajadores de Laboratorios,
Droguerías y Farmacias del Distrito Federal y Estado Miranda, participando
su apoyo a la reportera Lucila Velásquez, ante el injusto despido
de que fuera objeto de la empresa donde prestaba sus servicios. Concluyó
el acto con un exquisito obsequio servido a la concurrencia.”
Lo que había por delante era trabajo, lucha, esfuerzo de todos
para alterar una situación donde lo positivo estaba por conquistarse.
El Sindicato no era más que una Directiva y muchos sueños
de futuro.
EL
1º DE MAYO
Los
trabajadores de la prensa venezolanos que todavía en 1946 no tenían
como suyo el “1º de Mayo”, Día Internacional de
los Trabajadores, en conmemoración de la sangrienta lucha obrera
de Chicago en 1884, por la implantación de la jornada de 8 horas
diarias de trabajo, movimiento laboral que recorría con gran fuerza
los países industrializados de la época.
Acá en Venezuela, fue proclamado Día del Trabajador en 1938
por la “Conferencia Sindical Nacional” reunida en Caracas,
como referimos en la parte inicial de este trabajo (21:145). Sin embargo,
la represión política del “lopezcontrerismo”,
afanado en impedir el desarrollo normal de las organizaciones sindicales
de orientación izquierdista, apoyándose en el inciso 6º,
norma constitucional antimarxista que proscribía esa ideología,
y recurriendo a un sedicente bolivarianismo asaz patriotero, impuso el
24 de julio, natalicio del Libertador, como “Día del Obrero
Venezolano”, celebración que no resistió la fuerza
del desarrollo histórico-social y la solidaridad internacional
de los trabajadores.
El 29 de abril de 1946, las Directivas del SINDICATO NACIONAL DE PERIODISTAS,
de la ASOCIACIÓN DE LINOTIPISTAS DE VENEZUELA, del SINDICATO DE
TRABAJADORES DE ARTES GRAFICAS y del SINDICATO DE EXPENDEDORES DE DIARIOS
Y REVISTAS, por iniciativa del primero, se reunieron y acordaron “no
trabajar” el “1º de Mayo”, para adherirse a la
celebración mundial de la fecha laboral. Fue una decisión
unánime de estos sectores laborales, que luego comunicaron a los
patronos, con la decisión firme de considerar el Primero de Mayo
como día feriado para sus afiliados.
El acuerdo del SNP al respecto, publicado en La Esfera del 30 de abril
(10), fue el siguiente:
“La
Directiva del Sindicato Nacional de Periodistas se reunió en el
día de hoy (29-04-46) con las Directivas de los Sindicatos de Artes
Gráficas, Asociación de Linotipistas y Sindicato de Expendedores
y Repartidores de Revistas y Periódicos con el objeto de tratar
conjuntamente sobre la no concurrencia al trabajo y celebración
del 1º de Mayo, reconocido nacional e internacionalmente como Día
de los Trabajadores.
“En esta reunión, después de cruzar ideas durante
dos horas, la Directiva acordó no trabajar el día primero
de mayo y participar como organización en los diferentes actos
programados para la celebración del Primero de Mayo. Iguales acuerdos
tomaron las Directivas de Artes Graficas y Pregoneros, manifestándose
los linotipistas solidarios con ellos. También acordó la
Directiva del Sindicato Nacional de Periodistas hacer un llamado a los
compañeros que aun no han podido sindicalizarse, en el sentido
de solidarizarse con este acuerdo. Abril 29 de 1946.- Rafael Calderón,
Secretario General, Raúl Agudo Freytes, Secretario de Prensa y
Propaganda.”
Refiriéndose a esos primeros días, Rafael Calderón
cuenta el asunto en este dialogo:
-El Sindicato siguió así, promoviendo cosas, ya incorporamos
el 1º de Mayo como día no laborable, después vino la
Ley, pero en el momento lo hicimos nosotros un poco arbitrariamente, sindicalmente:
“no trabajamos el Primero de Mayo”. Sí trabajábamos,
pero ahora no se trabajó.
-¿Eso fue inmediatamente de la fundación, en el 46?
-En el mismo...
-¿Sin que existieran contratos ni nada?
-No, no, no. Todavía no teníamos contratos. Eso eran decisiones
nuestras y luego se lo participamos a los patronos.
-¿Y cómo hicieron?
-Bueno...no trabajamos, se hacían guardias como ahora.
-¿Pero ustedes lo impusieron...?
-Sí, feriado...
LOS
PRIMEROS CONTRATOS
La
tarea concreta más inmediata era la discusión y firma de
los contratos colectivos de trabajo, para empezar a superar una situación
de indefensión frente a las empresas, en la cual los trabajadores
carecían de horarios de trabajo, sus remuneraciones eran realmente
infamantes, no estaban establecidos los días feriados y, en general,
las condiciones de trabajo y beneficios a los trabajadores eran sumamente
pobres.
El primer contrato que firma el SNP fue con El Heraldo, suscrito por Rafael
Calderón y Bernardo Dolande por la parte sindical, y por Virgilio
Corao en representación de la empresa. Lo protocolizan en la Inspectoría
del Trabajo del Distrito Federal, el 16 de julio de 1946, cuatro meses
después de la fundación del SNP, y a menos de tres meses
de haberse instalado la Junta Directiva. Así era el ímpetu
inicial del Sindicato, en beneficio de sus afiliados, etapa en la cual
destaca la actividad de Bernardo Dolande, a quien todos reconocen sus
dotes de luchador social y de negociador frente a las empresas.
Por supuesto, eran contratos algo simples, si se les compara con los actuales,
pero justificados plenamente por las condiciones del momento y los antecedentes
que los condicionaban.
El de EL Heraldo tuvo apenas 11 cláusulas y duración de
12 meses (28). Otros contratos duraban sólo seis meses, lo cual
llama sobremanera la atención si se les compara con los contratos
actuales, que tienen vigencia de 27 meses en adelante, en detrimento económico-social
de los trabajadores, que quedan en desventaja ante el incremento sostenido
del costo de la vida y la real devaluación del poder adquisitivo
de los sueldos y salarios. Evidencia, además, un retroceso del
factor trabajo frente al capital, fenómeno generalizado en el deficiente
sindicalismo venezolano, que muy bien analiza el profesor Rodolfo Quintero
en varios de sus trabajos referidos a la clase obrera (22:52 y siguientes).
En 1980, por lo menos, dos contratos de los vigentes fueron firmados por
36 meses (TRES AÑOS), con un incremento salarial a los 18 meses,
lo cual congela por un año y medio el ingreso de los trabajadores
de la prensa, mientras la elevación real del costo de la vida reduce
drásticamente el poder adquisitivo para sus hogares.
Otra característica importante del SNP, es que aunque en el momento
de su nacimiento la mayoría se opuso a recibir en su seno trabajadores
de la prensa que no fueran periodistas, ya al discutir su primer contrato
colectivo incluían Correctores de Pruebas.
Lamentablemente, la copia del contrato de El Heraldo no especifica los
cargos y la profesión de los trabajadores amparados. Sin embargo,
se aprecia que el sueldo más alto lo tuvo César Rengifo,
quien se desempeñaba como Jefe de Información, con 840 bolívares
mensuales; es decir, estaba por encima del cuerpo de reporteros, quienes
devengaban 500 y 600 bolívares. Pero es lógico pensar que
además de periodistas y correctores de pruebas, fueron amparados
por ese primer contrato trabajadores de otras profesiones, como se puede
apreciar en la escala de sueldos:
César
Rengifo.........................840
Francisco Villanueva................600
D. A. Vásquez...........................50
Zamora (Juan José).................600
Simón Rodríguez (Mr. Ply)........500
Carlos González Trujillo.............540
Francisco Garrido......................220
José Sardá................................540
José Boada Alvins......................500
Luis R. Hernández.....................500
Miguel A. Ibarra........................420
Santiago Gersi...........................180
Juan E. Fort.............................300
Pilar Pimentel...........................300
Antes
de continuar el análisis, queremos hacer notar lo simpático
e interesante que resulta ver incluido en un contrato colectivo de trabajo
un “Mr Fly”, seudónimo del homónimo del gran
maestro venezolano del siglo XIX, en este caso. Es un elemento que expresa
en cierta forma dos modos opuestos de influencia cultural: 1) influencia
angloamericana colada a través del béisbol, y 2) la familiaridad
con que todavía se comportaba la gente en la Caracas de entonces.
Este elemento resulta una constante en diversos documentos, listas de
miembros, etc., de la época, que durante la investigación
estuvimos revisando. En la actualidad no se permiten esos gestos espontáneos,
sencillos y hasta ingenuos de identificación de los compañeros
de trabajo; lo que cuenta es el nombre de pila y el número de cédula
de identidad.
Si partimos de los sueldos anteriores, como los 300 bolívares que
ganaba un periodista en El Nacional, es evidente la importancia de los
contratos en materia salarial desde el comienzo del mismo.
Pero más importante aún es la perseverancia y la decisión
tanto de los directivos como de los afiliados al Sindicato, para lograr
la firma de sus contratos colectivos. En los meses siguientes, se firmaron
contratos con El País, El Universal, El Nacional, y a la vuelta
de un año ya estaban firmados con todas las empresas periodísticas
caraqueñas y las agencias noticiosas con corresponsalías
en Caracas: las famosas transnacionales estadounidenses UPI y AP. Así
lo deja ver Rafael Calderón, quien se ausentaba de Caracas a menudo
por razones personales que le obligaban viajar a Apure, en la carta de
renuncia a la Secretaria General del “Sindicato Nacional de Trabajadores
de Prensa” en septiembre de 1947, cuando definitivamente asume el
cargo Bernardo Dolande.
-Uno de los tipos que trabajó mucho –refirió RC–
fue Bernardo Dolande, gran amigo, por cierto; Arístides (Bastidas)
“El Enano”, que fue Secretario General varias veces... yo
a él lo quiero mucho, nosotros tenemos muy buena amistad, porque
trabajábamos un grupito de tres o cuatro que andábamos pa’rriba
y pa’bajo, pa’rriba y pa’bajo, nos vemos aquí,
nos vemos en la esquina, vámonos pa’llá, vamos a comer...Pero
claro, yo tenía que viajar a San Fernando, yo era solo. Los reales...sin
plata y sin trabajo. Yo iba a Apure, mi pueblo, estaba unos meses, me
venía pa’ca, iba pa’llá y así estaba...
-¿Se desincorporaba y asumía Dolande?
-Si, exacto.
-¿Usted renunció a la Directiva del Sindicato en septiembre
del 47?
-Sí, en el 47...
-Yo leí su carta de renuncia (26) –le comentamos a RC-. Me
parece interesante que allí usted dice que en un año ya
estaban firmados los contratos con todos los periódicos...
-Bueno, sí, cómo no...
-¿Son todos?
-No había sino cuatro o cinco... El Nacional, Universal, Esfera
y Heraldo...
-Y Ultima Noticias...
-Y Ultimas Noticias que firmaba, qué te diré yo, muy defectuosamente...
-Se caía el contrato...
-Y se volvía a levantar, y no lo cumplían y botaban a dos,
entonces le aumentaban diez bolívares a uno, pero botaban a tres...
En Ultimas Noticias siempre hubo problemas... la gente no colaboraba,
los de adentro...
-Y contrato desde afuera no se logra...
-En cambio nosotros no; nosotros estábamos en La Esfera y entonces,
¿qué pasa?. Vamos a discutir el contrato, hay que hacer
una representación de trabajadores, trae acá, de primerito,
ponme ahí, Rafael Calderón, pero desde luego ya la delegación
va, tiene un apoyo institucional. Eso nunca se pudo conseguir en Ultimas
Noticias. Siempre teníamos algún compañero...
-Pero, Arístides refiere que hubo un grupito de Ultimas Noticias
que se empeño mucho por el Sindicato...
-Por eso te digo –expresó RC-, dos o tres y Arístides
mismo que estaba allí. Dos o tres compañeros que estaban
con nosotros en la onda sindicalista, pero no era el grupo mayoritario.
Siempre había problemas... Tú observas que en la Directiva
no hay ninguno de Ultimas Noticias, porque ellos siempre fueron remisos
a eso.
Otra muestra del tipo de contratos de la época, es el primero firmado
con El Nacional, el 26 de septiembre de 1946 (28), que apenas tuvo dos
folios, 8 cláusulas y duración de seis meses, con la siguiente
tabla de sueldos por cargos:
Jefe
de Información...................1200
Secretario de Redacción.............1200
Primer Redactor........................1000
Redactor Página Económica.......1000
Redactor Página de Provincia......350
Redactor Página Sociales............900
Jefe Página Deportiva.................750
Redactor Deportivo.....................500
Jefe Sección de Cables................100
Reporteros.................................600
Archivero...................................800
Fotógrafo Jefe...........................800
Fotógrafo Primer Ayudante.........450
Fotógrafo Segundo Ayudante......250
Esas
asignaciones estaban estipuladas como “sueldos mínimos”
en la cláusula primera.
La segunda establecía una remuneración de Bs. 30 por guardia
en sustitución del Jefe de Cables, lo que ciertamente estaba por
debajo de los 33,33 bolívares que promediaba el día en base
al sueldo mensual de un mil bolívares. Seguramente, lo que venía
pagando era muy inferior.
La cláusula tercera fijaba diez bolívares adicionales por
trabajar los domingos y días feriados.
La cuarta, muy importante, establecía la continuidad del sueldo
mínimo para los cargos en casos de cambio de personal.
La quinta estipulaba que la empresa, preferiblemente, solicitaría
del SNP, “los redactores, reporteros, fotógrafos y correctores
de pruebas que necesite”.
La sexta legalizaba el Comité de Empresa como organismo representativo
de los trabajadores y del Sindicato.
La séptima pauta un aumento de Bs. 0,15 por hora a los correctores
de prueba.
La octava establece la duración del contrato por seis meses y su
prórroga por seis meses más, en caso de que no haya deseo
de modificación en los 30 días antes del vencimiento.
Eso eran los contratos de la época. Posiblemente la realidad no
permitía más, tanto por las condiciones sociales y económicas
como por la inexperiencia y el desconocimiento de quienes recién
se graduaban de sindicalistas:
“Bandazos aquí, bandazos allá, lo cierto fue que la
idea no se perdió, la semilla germinó bien, el árbol
creció, se desarrolló y ahí lo tenemos vivito y coleando”,
afirmó Rafael Calderón al recordar los primeros pasos.
SINDICATO
NACIONAL
DE TRABAJADORES DE LA PRENSA
En
su génesis el Sindicato Nacional de Periodistas tuvo contradicciones
ideológicas sobre su naturaleza.
En un primer momento contó con la oposición de algunos dirigentes
de la Asociación Venezolana de Periodistas, organización
gremial de tipo profesional con radio de acción en la esfera político-gremial,
ética y cultural, sin diferencia de clases ni enfrentamiento a
los patronos, ya que su lucha en pro de la libertad de expresión
y de información era en realidad un objetivo común y estaba
dirigida fundamentalmente contra el gobierno y algunos instrumentos legales
del Estado. Además, trataba de dar forma, espíritu y entidad
a un oficio que apenas comenzaba a vivir una vertiginosa etapa de desarrollo
nacional.
Desestimada esa oposición y puesta en marcha la fundación
del SNP, en sus asambleas se enfrentaron los criterios de constituir un
sindicato profesional, o por el contrario, uno de mayor base laboral con
militantes de distintas profesiones y oficios en áreas desde la
corrección de pruebas hasta la administración de las empresas
periodísticas. Como se ha referido, se impuso la primera tesis.
La mayoría de los fundadores, en la sede de la Asociación
de Linotipistas de Venezuela, decidieron constituir un “Sindicato
Nacional de Periodistas”, en cuyo seno sólo se aceptarían
redactores, reporteros, colaboradores fijos remunerados y fotógrafos.
Pero la realidad conspiró contra esa orientación inicial,
dando posteriormente la razón al colega y profesor Raúl
Agudo Freytes, quien sostuvo desde el comienzo la tesis de estructurar
un “Sindicato Único de Trabajadores de la Prensa”.
Los primeros contratos colectivos, firmados en 1946, ya incluían
a trabajadores que no eran periodistas, como correctores de pruebas y
gente de administración.
Esto impuso el cambio de nombre del Sindicato Nacional de Periodistas
por el de “SINDICATO NACIONAL DE TRABAJADORES DE PRENSA”,
que con el tiempo y por exigencias puramente expresivas cambió
a “SINDICATO NACIONAL DE TRABAJADORES DE LA PRENSA”.
Según referencias de Rafael Calderón, la decisión
la tomó la Junta Directiva en su sesión del 6 de febrero
de 1947, once meses después de la fundación. La participación
se le formula al Director del Trabajo, Aníbal Dao, y se introduce
en la Inspectoría del Distrito Federal el 20 de febrero.
-Nosotros lo cambiamos –afirmó RC- ...yo no quise, si te
soy sincero a estas alturas, pues yo en aquel momento... eso lo propuso
Raúl Agudo (Freytes) y los compañeros de El Nacional. Ellos
hablaron de que era bueno que el Sindicato tuviera una proyección
más amplia, incorporando a un personal del periódico...
Entonces yo les decía que no, que nos quedáramos con el
Sindicato más profesionalizado, un instrumento de los periodistas
para poder plantear problemas específicos del gremio periodístico.
Entonces hubo debates: que no, que los de la administración también
tienen problemas. Yo les decía, pero chico, es que son distintos,
ellos están afiliados a la Asociación Nacional de Empleados
y vamos a formar una amalgama. No, pero es que así debe ser...
Bueno, como no teníamos... era conciliatorio todo; como tampoco
era malo, entonces yo les dije bueno chico, vamos a hacerlo. Yo recuerdo
que mandé a hacer otro dibujo (del logotipo del Sindicato) que
decía “SNP”, con un dibujante, para los clisecitos
para los periódicos, los membretes, etc. Entonces se llamó
Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa.
Ese cambio de nombre, como es lógico, fue expresión de una
concepción más amplia y clasista sobre el Sindicato y la
labor sindical en general, y esa evolución debió ser recogida
en los Estatutos, registrándose la primera reforma de éstos
también en febrero de 1947.
No obstante, todavía en la década de los ochenta, hay gente
que quisiera volver a la concepción elitista y aislacionista que
significó la pretensión de no aceptar sino “periodistas”
y “fotógrafos”.
SINDICALISMO
Y POLÍTICA
Muy
particularmente, el gremio de la prensa ha estado estrechamente ligado
a la suerte política nacional. Aunque a muchos no les gusta “meterse
en política”, la política sí “se mete”
con ellos. Ciertamente es ya una perogrullada, pero no es inconveniente
repetirlo en este trabajo.
Muchos compañeros aspiran sinceramente a que el Sindicato sea una
“agencia de reclamos” o especie de “seguro laboral”
al que se “paga” una cuota del 12 % del sueldo básico
mensual (los que regularmente cotizan); para ser defendido ante los patronos
en caso de conflictos personales o generales. Esa visión economicista
del sindicato está determinada por la concepción socialdemócrata
del sindicalismo; cuya mayor expresión vernácula es la Confederación
de Trabajadores de Venezuela, con el agravante de que la fuerza mayoritaria
de esa central laboral la coloca al servicio de los intereses del partido
Acción Democrática, bien siendo gobierno, bien siendo oposición.
Históricamente es fácil apreciar una CTV quietista, gobiernera,
colaboracionista con el capital; o una CTV altisonante, peleadora y “de
avanzada” según sea gobierno u oposición. Otro tanto
pasa con CODESA, central laboral ligada a la democracia cristiana. Y no
menos sucede con la Central Unitaria de Trabajadores de Venezuela (CUTV)
en relación a la política del Partido Comunista de Venezuela.
En torno a las tres centrales obreras más importantes del país,
se aprecia la influencia directa de las organizaciones partidistas. Muchas
veces sus decisiones deben pasar por la mesa de un Comité Ejecutivo
Nacional (CEN), una Dirección Política Nacional o un Comité
Central partidista, antes de llegar al seno de los trabajadores. Ciertamente
es una injerencia partidista hipertrofiada, criticable, muy determinante
y, en alto grado, responsable en cuanto a la calidad y evolución
del movimiento obrero venezolano. Exponer estos males no significa necesariamente
estar de acuerdo con el “apoliticismo” o el antipartidismo
nihilista que impregna a ciertos sectores en el país y en el gremio.
Es perfectamente justo condenar por igual al economicismo, al quietismo,
al “apoliticismo” y al antipartidismo en el seno de los trabajadores,
al tiempo que se denuncia la manifiesta hipertrofia de la injerencia partidista.
Uno no niego lo otro. Es decir, poco se lograría colocándose
en uno de los dos extremos, sobre todo, porque pareciera que éstos
de alguna manera estuviesen conectados: no hay partido que tenga mayor
responsabilidad e la pérdida de la combatividad laboral, en el
quietismo de nuestros sindicatos y el colaboracionismo obrero-patronal,
que Acción Democrática, “el partido del pueblo”;
al mismo tiempo, no hay partido que influya más en una central
obrera que Acción Democrática.
El gremio de la prensa no escapa a la influencia de los partidos. El SNTP
no está “incontaminado”. Sin embargo, cuando pensamos
en el capítulo “SINDICATO Y POLÍTICA”, no privó
la preocupación del “partidismo”, sino la que gira
en torno a la política como fenómeno social de indiscutible
e insuperable importancia, en tanto que determinante del acontecer general
de una nación. Así vemos cómo los intereses políticos
generales del pueblo venezolano, claramente coinciden con los intereses
primordiales del gremio en estadios muy particulares vividos en Venezuela.
Particularmente, cuando se trata de defender los derechos políticos,
que en primera línea comprenden la libertad de expresión,
la libertad de pensamiento, la libertad de información, la libertad
de asociación, etc. Rico ha sido el aporte de los trabajadores
de la prensa, y particularmente de los periodistas, a las luchas por el
avance social, político y cultural. Ello se ha evidenciado en la
lucha antigomecista, en el inmediato periodo de apertura democrática,
en la acción antiperezjimenista y en la etapa de “lucha armada”
a partir del atropello gubernamental a los derechos políticos constitucionales.
Los testimonios y referencias indican que el Sindicato Nacional de Trabajadores
de la Prensa despliega normalmente su actividad en defensa de los derechos
de los trabajadores desde su nacimiento hasta el derrocamiento del Presidente
Rómulo Gallegos, el 24 de noviembre de 1948.
Un día antes, el gobierno en su afán de impedir el golpe
militar, suspendió las garantías constitucionales y emitió
un decreto de censura a la prensa, precisamente para evitar la discusión
pública del clima pregolpista que se vivía en el país,
algo así como querer quitarse un problema de encima simplemente
cerrando los ojos.
-El Sindicato de la Prensa –cuenta Arístides Bastidas–
actúa con otros sindicatos afiliados a la CTV, que estaban de acuerdo
con el respaldo al régimen constitucional de Rómulo Gallegos,
porque realmente se lograron algunos progresos durante esa época
y era, en fin, un gobierno venido de la voluntad popular. Pero el 23 de
noviembre, el mismo gobierno de Rómulo Gallegos amordazó
a los periodistas, el 23 de noviembre de 1948. Ese día Eligio Anzola
Anzola, que era Ministro de Relaciones Interiores, creó la censura
para impedir que la prensa denunciara la conspiración que estaban
desarrollando los militares contra Acción Democrática, militares
que fueron los mismos que acompañaron a AD a tumbar al Presidente
Medina: Pérez Jiménez, Delgado Chalbaud, Llovera Páez,
etc. Esos mismos militares, que en connivencia con AD, tumbaron al Presidente
Medina, tumbaron después, en connivencia con las fuerzas más
reaccionarias, a Acción Democrática. Y entonces -retoma
la idea Bastidas–, el 23 de noviembre, los adecos, en vez de ampliar,
de estimular la libertad de prensa, crearon una censura. Y esa censura,
decían los perezjeministas después del 24 de noviembre,
cuando fue el golpe, a mediodía, que ellos no habían impuesto
ninguna censura porque la habían encontrado establecida. Ellos
(los golpistas) llegaron y nos impusieron a nosotros la censura que había
impuesto el Ministro de Relaciones Interiores de Acción Democrática,
Eligio Anzola Anzola.
-¿Reacciona el Sindicato de la Prensa, mancomunadamente con la
AVP, ante ésta represión?
-Se hizo un movimiento –responde AB– porque los adecos, que
pretendían tener una organización de masas y una organización
perfecta, carecían de ello. Porque si la hubieran tenido, controlando
como controlaban la Confederación de Trabajadores, hubieran llamado
a la huelga y se hubiera cumplido una información que yo publiqué
en Ultimas Noticias, el 23 de noviembre, diciendo que 300 mil obreros
respaldaban al régimen constitucional de Gallegos. Ni una sola
persona se paró y los periodistas no íbamos a iniciar el
paro, cuando había mucho adeco periodista que no tenía instrucciones
de su partido al respecto.
UNOS
MESES EN LA MODELO
Claudio
Cedeño llega a la Secretaría General del SNTP, para el período
49-51, por elecciones realizadas el 28 de abril de 1949 (12). Su suplente
fue Sergio Antillano. Por primera vez llegó también a la
Junta Directiva Arístides Bastidas, quien fue designado suplente
de Julio Chavarri en la secretaría de Trabajo y Reclamos. Subrayamos
estos tres nombres, porque identifican a las primeras tres personas que
van a la cárcel por su condición de dirigentes sindicales
de la prensa y a la vez luchadores políticos por las libertades
populares en su medio.
Bernardo Dolande, ese líder fundador a quien todos recuerdan con
cariño y admiración por su abnegado trabajo sindical, entrego
la Secretaría General a Claudio Cedeño, por imperativo de
la Junta Militar de Gobierno, que por resolución del Ministerio
del Trabajo, del 9 de marzo de 1949, ordenó la renovación
de las Juntas Directivas de todos los sindicatos del país. Una
de las condiciones básicas de esa “renovación”
fue la prohibición de que cualquier directivo fuese reelecto, con
el deliberado propósito de quebrar el movimiento sindical controlado
por partidos ilegalizados que hacían oposición a los militares
gobernantes. Ya señalamos que la elección fue el 28-04-49.
Veamos el cambio operado:
CARGO
SALIENTE ENTRANTE
Sec. General
Suplente BERNARDO DOLANDE
LUIS EVARISTO RAMIREZ CLAUDIO CEDEÑO
SERGIO ANTILLANO
Sec. Reclamos
Suplente CARLOS GONZÁLEZ TRUJILLO
ANDRES MIRANDA JULIO CHAVARRI
ARÍSTIDES BASTIDAS
Sec. Finanzas
Suplente OSCAR ESCALONA OLIVER
CARLOS BALDA LOURDES GÓMEZ
OSCAR PULGAR
Sec. Organización
Suplente ISMAEL MATOS MERIDA
PEDRO RAFAEL GILLY FRANKLIN E. WHITE
JUAN MOLINA
Sec. Cultura
Suplente PEDRO HERNÁNDEZ CAMACHO
EDUVIGIS TENORIO CANDELARIO RIVERO
JOSE OLIVEIRA
Sec. Actas
Suplente CARLOS PEROZO DELIMA
FRANCISCO APONTE SIMON A. CONSALVI
LUCILA VELAZQUEZ
Claudio
Cedeño sería reelecto para el período 51-53. Dirigió
el SNTP en la etapa inicial de la dictadura, salvo los meses que van desde
el golpe contra Gallegos hasta abril de 1949. A él le preguntamos
qué impacto tuvo en el Sindicato ese derrocamiento:
-Bueno... ningún cambio, es decir, no se toman medidas. El Sindicato
subsiste, se mantiene. La línea muestra era la de mantener al Sindicato
como una institución de los trabajadores, al servicio de los trabajadores;
en eso no había problema -revela CC-. La Dictadura empieza a enfrentar
al Sindicato inmediatamente que asume el poder. La primera... nosotros
estuvimos presos antes del año 50 y el gremio tuvo una actitud
beligerante frente a la dictadura y eso se mantuvo desde el primer momento.
Entonces se produjeron algunos hechos como el establecimiento de la Juntas
de Censura, el Sindicato se tenía que enfrentar a eso, no podían
permitir eso.
En ese momento histórico, en torno al cual el orden cronológico
se altera sucesivamente en la mente de los protagonistas, cayeron presos
tres trabajadores de El Nacional, por oponerse al despido de cuatro compañeros
por presiones de la Seguridad Nacional, según la empresa. Los despedidos
fueron Sergio Antillano, Pedro Beroes, Héctor Stredell y Luis Esteban
Rey, los dos primeros del Partido Comunista y el tercero y el cuarto de
Acción Democrática.
-La agresión contra el Sindicato se produjo en el año 1950
-cuenta Cedeño– porque se quería sacar de El Nacional
a cuatro periodistas: Sergio Antillano, Pedro Beroes, Héctor Stredell
y Luis Esteban Rey. Eran dos comunistas y dos adecos. Alejandro Otero,
que era en ese tiempo el administrador de El Nacional, hermano de Miguel
Otero Silva, utilizó la Seguridad Nacional para sacar a esos tipos
del periódico. Es decir, él le pidió a... eso no
lo reconocen ni siquiera los adecos, ni ninguno de ellos, los que vieron
la comunicación, porque ellos vieron la comunicación que
le pidió Alejandro Otero a la Seguridad Nacional, a su amigo Jorge
Maldonado Parilli. El (A. Otero) le pidió una comunicación
dándole la orden de que esos señores no podían estar
más allí, en el periódico. Ahora, yo tengo informaciones
precisas de que a Héctor Stredell lo querían sacar porque
era un trabajador que no rendía dentro del periódico; la
empresa no estaba satisfecha con su trabajo, y una personalidad de la
empresa, para sobornarme, me dijo a mí, que era Secretario General,
que el Sindicato no debía defender a Héctor Stredell. Con
esos antecedentes, entonces se produce este despido: sacaron a los cuatros
trabajadores de allá.
-¿A los trabajadores los sacó la Seguridad Nacional?
-No los sacó la Seguridad Nacional, sino que ellos le enviaron
una carta al periódico diciéndole que la Seguridad Nacional
veía con buenos ojos que fueran retirados estos cuatro elementos
del periódico. Esa carta se la mostró la empresa, es decir
Alejandro Otero, a Luis Esteban Rey; y Luis Esteban Rey dio esas declaraciones
en la Inspectoría del Trabajo, cuando lo llevamos nosotros. Como
evidentemente se trataba de un hecho de intromisión de la policía
en las relaciones de trabajo, es una cosa que competía defenderla
al Sindicato. Entonces nosotros salimos en defensa de ellos.
-¿No recuerda cuando fue eso?
-Eso tiene que haber sido entre junio y julio de 1950, porque nosotros
caímos presos inmediatamente de hacer esa gestión. Yo caí
preso el 16 de julio por eso. Y aprovecharon de sacarme de El Nacional,
desde esa época, precisamente por eso. Porque Alejandro Otero estaba
buscando la manera de sacarme a mí del periódico. Como yo
trabajaba allá, aprovechó la oportunidad y me sacaron de
allí.
Sobre el carcelazo en sí, Claudio Cedeño puntualizó:
-Agarraron a Sergio (Antillano), me agarraron a mi, agarraron a (Arístides)
Bastidas, que éramos los que estábamos metidos al frente
de la cosa, y nos llevaron a la policía, a la Cárcel Modelo
(de Caracas). Pero nosotros logramos antes, hacer que Luis Esteban Rey
fuera y declarara en la Inspectoría que él había
visto la carta. Declaró eso. En actas de la Inspectoría
del Trabajo figura eso, que él había visto la carta que
le pasó la Seguridad Nacional a la empresa. El abogado (de la empresa)
que era Jesús Arocha Moreno en ese momento, se desesperó
todo con Luis Esteban Rey, y le dijo pero chico, como vas a decir tú
eso, no te conviene!
-Entonces pasó eso... y logramos eso; pero inmediatamente la policía
nos fue a buscar. Nosotros, mientras tanto, estábamos haciendo
gestiones para, junto con la Federación Gráfica, producir
un documento donde protestáramos, pues, por esas cosas. En eso
nos agarraron presos...
-¿Bajo qué acusación?
-Bueno... eso de que... vaina! La Seguridad Nacional que no admitía
ninguna de esas cosas, nos agarró presos, y ya está!. A
mi me dijeron que el documento, imagínate tú, nosotros no
llegamos ni siquiera a tener un borrador hecho, que ese documento estaba
concebido en términos muy duros contra la Junta. Y bueno... esa
fue la acusación que nos hicieron, pero según pues, por
lo que se ve, hubo un sapeo ahí porque nosotros no llegamos a producir
ningún documento...
-Sí. Es que yo les dije: ¿qué razón hay para
que me detengan a mi? Yo no soy ninguna persona... no estoy comprometido,
soy Secretario General del Sindicato. “Pero es que ese documento
no lo podíamos tolerar nosotros” me dijeron... Yo no sé
de qué documento están hablando ustedes, yo no tengo ningún
documento... Total que a Antillano fue al primero que agarraron y nos
buscaron a todos los de la Directiva del Sindicato.
-¿Cayeron todos, el mismo día?
-No. A mí me agarraron posteriormente. Ya Antillano tenía
una semana preso cuando yo caí. A Bastidas sí lo localizaron
rápidamente y lo llevaron preso. Allá, después, me
metieron inexplicablemente en un calabozo, al poco tiempo. Resulta que
yo trabajaba en El Nacional, hacía unas caricaturas, había
mandado unas caricaturas desde la cárcel, que yo llevaba encima,
y cuando en El Nacional se dieron cuenta que yo había enviado las
caricaturas inmediatamente hablaron, habló Alejandro Otero con
Maldonado Parilli y le dijo: chico, pero cómo es posible, yo lo
que quiero es que este tipo deje de mandar al periódico para decir
que abandonó el trabajo. Entonces procedieron de esa manera. A
mí me quitaron cuanto lápiz tenía encima, papeles,
todo, y me dejaron sin nada. Usted no puede escribir ni hacer nada desde
aquí, me dijo el alcalde, que era Poveda. Bueno, entonces yo le
dije que por qué razón, no me explico, yo no estoy haciendo
ninguna cosa que perjudique...
-¿Eso era ya en la Modelo?
-Sí
-¿Y estaba junto con Arístides y Antillano?
-Sí. Total que nosotros caímos. Pasamos allí unos
dos o tres meses. Yo salí primero, no se por qué razón,
qué alegato hubo... O mejor, a Bastidas lo sacaron primero, después
salí yo y Antillano fue el último. Antillano firmó
y le dieron su plata y lo retiraron. Porque eso era lo que querían
ellos, el objetivo que era sacarnos del periódico, se cumplió.
Entonces, ese fue el enfrentamiento que tuvimos nosotros.
-¿A quien más detuvieron?
-A nosotros tres nada más. Antillano que era mi suplente; además
de involucrado en el caso del periódico, era suplente del Secretario
General. Y estuvieron buscando a Chavarri que también era miembro
de la Directiva del Sindicato, pero más nada... y a Bastidas que
también era miembro de la Directiva.
Arístides Bastidas confirma la exposición de Claudio, y
con mucha chispa agrega elementos descriptivos de valor:
-Yo era suplente de Trabajo y Reclamos, entonces la Seguridad Nacional
le ordenó a El Nacional que botara por subversivos, a Pedro Beroes,
a Sergio Antillano a Luis Esteban Rey y al “negro” Stredell.
Entonces, El Nacional cogió esa orden que le dio la Seguridad Nacional
en el año cincuenta, y la depositó en la bóveda de
un banco... y por supuesto, estos cuatro quedaron separados de sus cargos,
El Nacional les pagó muy bien sus prestaciones sociales y les reconoció
todo, pero fueron separados de El Nacional. Claudio Cedeño y Julio
Chavarri fueron a plantear, con el respaldo mío, en la Inspectoría
del Trabajo que la Seguridad Nacional estaba interviniendo en el Derecho
al Trabajo pautado por la Constitución Nacional. Por supuesto que
mandaron a hacer preso a Claudio, mandaron a hacer preso a Chavarri y
no lo consiguieron. Pero me mandaron a buscar a mí y me consiguieron.
Nos llevaron presos a Sergio Antillano, a Claudio Cedeño y a mí.
Cuando yo llego, como a las cinco de la mañana que me llevaron,
a la Seguridad Nacional que quedaba, creo, de Reducto a Glorieta, me encontré
con que ya estaba preso Sergio, y de allí nos llevaron directo
a “La Modelo”.
-¿Unos días después llegó Claudio?
-Sí, porque Claudio andaba con un sombrerito, y como él
se disfrazaba muy bien con el sombrerito, porque como era calvo al ponerse
un sombrero se le cambiaba la calva; y como tenía un bigotico,
se quitó el bigotico... y nada...! preso e’bola!
-¿Con sombrerito y todo...?
-Con sombrerito y todo... no joda! Claudio era caricaturista de El Nacional.
El Nacional tenía instrucciones... (Jorge Maldonado) Parilli, que
era de la Seguridad Nacional, había hablado con El Nacional para
que Arístides... (me tenía cariño porque me había
metido tres veces preso, ¿no?)... y que era mejor que me sacaran
de Caracas porque en Caracas yo no iba a estar tranquilo ni ellos me iban
a dejar tranquilo. Entonces yo me fui para Barquisimeto. Me mandaron para
Barquisimeto y fundé la corresponsalía allá y no
supe más nada del Sindicato.
UN
CONGRESO Y UNA HUELGA
La
lucha contra la dictadura continuaría en dos frentes: el SNTP con
énfasis en la defensa directa de los trabajadores, y la AVP desde
el punto de vista político-gremial, ambos en estrecha relación
con los objetivos políticos y estratégicos de las fuerzas
antidictatoriales. En esa línea de acción, en 1952 ocurren
dos hechos destacados de enfrentamiento a los dictadores: el Congreso
Extraordinario de la AVP en julio, y la Huelga de Prensa de diciembre,
que fracasó por falta de respaldo político al movimiento
contra la farsa electoral de la constituyente del 2-12-52.
Sobre esta dualidad AVP-SNTP o SNTP-AVP, según el caso, es importante
conocer la versión de Claudio Cedeño, quien para la época
era responsable del Partido Comunista en el gremio de la prensa, tanto
a nivel del Sindicato como de la Asociación de Periodistas. Entonces,
se estableció por parte del PCV, una táctica que consistió
en no involucrar al SNTP en “acciones de lucha abierta contra la
dictadura”, con el propósito de preservarlo, “cuidar
al Sindicato” como ente defensor de los trabajadores.
-Se pensó –relata CC– hacer a través de la AVP
las acciones políticas correspondientes, que le competían
lógicamente como un organismo que estaba para eso, era lo único
que podía hacer y que tenía un sentido más amplio,
no era simplemente una lucha gremialista. A partir de eso, la AVP se conectó
con las seccionales del interior y se comenzó por hacer una reunión,
una convocatoria de Juntas Directivas de la Asociación Venezolana
de Periodistas en Caracas. En esa oportunidad vinieron Manuel Isidro (Molina
Gavidia) por Trujillo, acompañado por Adriano González León
y una muchacha Mary Hernández; Arístides Bastidas vino por
Lara, en esa época era corresponsal de El Nacional en Barquisimeto...
El Secretario General de la AVP era Luis Felipe Bellorín, de La
Religión. Lo habíamos llevado nosotros (los comunistas)
por táctica, conjuntamente con Acción Democrática,
a la AVP. El estaba allí y quiso convertir el Congreso Extraordinario
de la AVP en un movimiento pro Pérez Jiménez, gobiernista,
pues.
-¿Ustedes lo habían elegido por Táctica?
-Sí, por táctica frente al gobierno, para que funcionara,
para que siguiera funcionando la AVP; para hacer posible que funcionara
la AVP. El Sindicato se mantenía en una línea de defensa
de los intereses de los miembros y no podíamos meterle un riesgo
de hacerlo perder esas características.
-Pero eso era públicamente... ¿internamente el Sindicato
hacia funcionar su correaje dentro de los periódicos para la resistencia,
enfrentando a la dictadura?
-Claro! Ahí, procedía todo el mundo... imagínate,
como tenía que ser! Yo, por ejemplo, era el hombre de la fracción
del partido, el responsable de la fracción, era el encargado de
dirigir el trabajo tanto en el Sindicato como en la AVP. Entonces a ese
Congreso vino también Fabricio Ojeda por primera vez, fue delegado,
vino de Maturín. Vino (Rodolfo) Argüello (de Maracaibo) también.
Gente muy distinguida, muy revolucionaria, en manos nuestras estaba todo.
Nosotros logramos imprimirle un vuelco.
Eleazar Díaz Rangel refiere que “en julio de 1952 fue organizado
un Congreso Extraordinario de Delegados de Seccionales de la AVP. Atravesaba
la prensa venezolana una de las etapas más oscuras de su historia.
No existía libertad de expresión de pensamiento. A menudo,
los periodistas eran detenidos. Funcionaba un severo régimen de
censura. No había prensa de oposición. En tales condiciones,
la directiva de la AVP, presidida por Luis F. Bellorín, convoca
al Congreso y confecciona un temario donde no aparecía por ningún
lado el problema más importante de la AVP en esos años:
la falta de libertad de prensa. Se discutiría una reforma de Estatutos,
un proyecto de ley de Colegiación, la creación del carnet
nacional, el funcionamiento de las oficinas de prensa gubernamentales,
se fijaría fecha para la II Convención, etc. Había
un tácito o expreso compromiso de un grupo de directivos avepistas
con el gobierno a fin de no tratar cuestiones que no tuvieran relación
con reivindicaciones puramente gremialistas.” (7:25).
El Congreso se inaugura el 25 de julio en el auditorio del Liceo Fermín
Toro, con delegados de diez Estados. El temario original fue modificado
durante las deliberaciones y entre otros, Fabricio Ojeda planteó
discutir el tema de la libertad de expresión, formular exigencias
al gobierno en esa materia y especialmente en cuanto a la censura de prensa.
El enfrentamiento entre antidictatorialistas y los pro-gobierneros impidió
el desarrollo del evento que fue abruptamente interrumpido, “corrió
el rumor de que la Seguridad Nacional asaltaría el local, y el
Congreso de disolvió”. (7:26)
-Bellorín trató de buscar prestigio con eso y no se le permitió
-contó Claudio Cedeño-. Hubo un enfrentamiento de todo el
mundo contra él, él trataba de hacerse una personalidad
importante en el gremio de la prensa, ya a través de la AVP no
le fue posible obtener eso. Desde ahí comenzaron las luchas contra
la dictadura, con una participación tanto de los periodistas de
la AVP como de los miembros del Sindicato, pero el Sindicato no aparecía
porque era una institución que tenia prohibido por la ley mezclarse
en política; cualquier imprudencia era el camino más seguro
de que lo cerrara la dictadura.
Si bien el congreso avepista no pudo culminar con las exigencias mayoritarias
de libertad de expresión y cese a la represión de los periodistas,
tampoco pudo ser tribuna amañada de apoyo a la dictadura que, hasta
1958, tuvo la norma de censura de prensa y persecución a muerte
de los opositores, quienes vivían en el triangulo cárcel-clandestinidad-exilio.
Nombrar algunos de los periodistas que por su oficio y actividad política
estuvieron en las cárceles perezjimenistas es tarea difícil
por su número. También, por lo injusto que resultaría
una lista incompleta, que bien puede ser confeccionada y enriquecida con
testimonios en una investigación especifica.
En el último trimestre de 1952, el país vive la frustrante
experiencia de la convocatoria oficial a elecciones para una Asamblea
Constituyente y el fraude que desconoció la victoria popular. El
30 de noviembre se realizan las elecciones y con la participación
de planchas del gobierno, el Partido Socialcristiano COPEI y Unión
Republicana Democrática (URD), este último partido obtiene
la mayoría de votos, pero inmediatamente el resultado es desconocido
por el régimen de Marcos Pérez Jiménez, a quien algunos
periodistas llaman ahora “presidente” y no dictador. Este
hecho histórico ha concentrado duras y largas polémicas
políticas en la vida nacional por varias razones: de una parte,
la dirigencia de Unión Republicana Democrática se atribuye
(sin base, en nuestro criterio) la paternidad absoluta del triunfo popular
y lo cuantifica como crecimiento acelerado de esa organización
partidista; de otra, el Partido Comunista de Venezuela y Acción
Democrática, las organizaciones fundamentales de la oposición
a Pérez Jiménez, exponen el criterio de que la votación
mayoritaria de URD se debió (y es más lógico) a una
estrategia de oposición global a la dictadura a través de
las tarjetas urredistas, de la cual participó la dirigencia interna
de AD en oposición a los lineamientos de los jefes exilados. Una
tercera cuestión es la actitud de la dirigencia urredista luego
del triunfo en las urnas, la cual es criticada por falta de consecuencia
y coraje para encabezar la protesta popular contra el régimen.
En torno a este fraude, típico elemento con pretensiones legalistas
de las dictaduras “tropicales” y también de las sureñas
en nuestra América Latina, se generó un clima popular adverso
de indignación por la farsa, y los periodistas participaron de
esa ola que nunca llegó a tener cresta, con una huelga de prensa
abortada por la dictadura y desarticulada por los organizadores al carecer
del necesario apoyo político.
Claudio Cedeño continuaba al frente del SNTP, habiendo sido reelecto
en la Secretaría General para el periodo 51-53 en asamblea del
17 de julio de 1951. Ese año, se funda la Federación de
Trabajadores de la Industria Gráfica (FETIG), con participación
del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa. El objetivo era agrupar
al mayor número de sindicatos y trabajadores en torno a una política
común de enfrentamiento a la dictadura. Contando la labor de los
sindicalistas en aquella época, Claudio recordó:
-Después seguimos...nosotros hicimos un trabajo que precisamente
es el trabajo que va a culminar con éxito la huelga del 21 de enero
(de 1958). Porque, nosotros constituimos entonces la Federación
de Trabajadores de la Industria Grafica, controlada por los adecos, los
gráficos, la FETIG, algunos independientes...
-¿El sindicato de la Prensa propone crear la Federación
o participa?
-No. Participamos... Buscamos la unidad, que era un camino para la lucha
que se nos avecinaba ¿no?, la lucha política. Nos metimos
ahí, y esa es la posibilidad de que nosotros hagamos acciones conjuntas
en el año 52, que declararemos una huelga y entonces cuando comienza
a desarrollar la huelga de la prensa, Pérez Jiménez llamó
a (José) Gil Gutiérrez (presidente de la FETIG, militante
de AD) y lo convenció de que no debían oponerse a ellos...
-¿Eso fue el dos de diciembre del 52?
-Dos de diciembre del 52...
-¿Se dio efectivamente?
-La huelga se hizo. Hubo un día que se paralizaron los periódicos,
pero...
-¿Eso era abiertamente político, contra el fraude?
-Claro, política, política. Estaba de acuerdo la gente,
ya había decidido eso. Los que no estaban de acuerdo eran los empresarios.
Y se hizo posible romper la huelga de los periódicos porque se
la facilitó (a la Seguridad Nacional) por parte de las empresas,
las direcciones de los tipos claves de los periódicos, de los que
tenían control y podían entorpecer el trabajo y los fueron
a buscar y los pusieron a trabajar bajo vigilancia de la Seguridad Nacional.
Eso se hizo al día siguiente de la huelga. Fue una cosa que no
ocurrió el 21 de enero (de 1958) porque en esa época como
estaban coincidiendo los intereses de los empresarios con los del Sindicato,
pues, entonces, ellos estimularon, no dieron nombres ni nada sino que
cerraron las empresas, tuvieron una actitud completamente contraria a
la que tuvieron en el 52.
Arístides Bastidas, quien regresa a fines del 52 a Caracas (1),
a trabajar como corresponsal en La Guaira, de donde salió directo
a la capital porque “cierto tipo me denunció y tuve que salir
corriendo pa’ca, un periodista me denunció a la Seguridad
Nacional y tuve que venirme para Caracas”.
-¿Cómo es la etapa del Sindicato –preguntamos a Arístides–
durante la dictadura de Pérez Jiménez? Claudio Cedeño
da la referencia de haber participado en la Huelga de la Prensa del 2
de diciembre de 1952. Cuando aquella famosa elección para la Constituyente,
donde toda la oposición votó por la plancha URD...
-Exacto, sí. La oposición votó por URD y votó
también por la de COPEI.
-Eran las dos alternativas, pero la que más capitalizó fue
la de URD...
-A pesar de que los adecos del exterior habían dado instrucciones
de que no se interviniera en esas elecciones. Las fuerzas que estaban
aquí, sin embargo, accedieron a ir a las elecciones y el gobierno
fue derrotado. En vista del desconocimiento y de la burla electoral por
parte del gobierno, los sindicatos de los periódicos, tanto gráficos
como linotipistas y periodistas, fueron a la huelga, y durante tres días
no salieron periódicos. Claudio Cedeño era el que capitaneaba
el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa.
-Pero él cuenta que José Gil Gutiérrez, que era el
presidente de la Federación Gráfica, adeco, betancourista,
se echó pa’tras y que entonces esa huelga no dio el resultado
esperado...
-A mí me parece –expone Arístides– que la huelga
no dio el resultado esperado (porque la huelga se realizó, duró
tres días), no por la posición de éste (Gil Gutiérrez).
Yo creo que la huelga fracasó porque el partido que tenía
las riendas de la oposición, que era URD, y los líderes
de URD, fueron incompetentes para manejar el triunfo y para luchar a fin
de que éste fuera respetado. Esta gente, en vez de hacer un llamado
a las masas, tú conoces, sin tomar en cuenta a la masa que le había
dado el triunfo, fueron a negociar con Vallenilla Lanz, y Vallenilla Lanz
los mandó presos de allí mismo y los mandó al exterior
de una vez. Si la huelga de prensa hubiese sido secundada por los otros
sectores de obreros y de empleados, institucionales, debido a que el movimiento
de oposición a Pérez Jiménez hubiera tenido una cabeza
visible e inteligente y consecuente con los intereses del pueblo, las
cosas hubieran sido distintas. No te digo que hubiese logrado aplastar
la dictadura, pero sí que hubiera habido combates de mucha significación
y esa huelga no se hubiera quedado en el vacío como quedó.
-¿Cuál fue la respuesta del gobierno después de la
huelga del 52?, preguntamos a Claudio Cedeño.
-No hubo... mediante la presión. Imagínate tú que
a este tipo (Gil Gutiérrez), lo llaman y se va hablar con Pérez
Jiménez, imagínate tú: Jefe de los Gráficos,
vino hablando maravillas de Pérez Jiménez, que hombre tan
interesante ese carajo, tan vivo, tan dispuesto... No se sabe a qué
acuerdo llegaron. Lo cierto es que la huelga fracasó... llevaron
a los trabajadores a punta de revolver a trabajar y no hubo problemas
(!).
De todas formas, el esfuerzo no se perdió completamente. Este esfuerzo
inicial de 1952 contribuyó a establecer los contactos con otras
organizaciones sindicales y así seguir durante años estrechando
amistad y esfuerzos antidictatoriales, para culminar en la alborada del
23 de enero de 1958, que tuvo importante soporte en la Huelga de Prensa
del 21.
-Nuestro trabajo sirvió de enlace –reveló Claudio–
para que otras fuerzas sindicales también, como eran los grupos
de sindicatos que estaban en Dos Pilitas, en La Pastora, esos grupos participaran
en las conversaciones para la huelga del 21 de enero.
El historiador José Salcedo Bastardo asigna crucial importancia
al año 1952 y revela cómo a partir del “descalabro
electoral del 30 de noviembre” el régimen militar “desemboca
descaradamente –dos días después– en el gobierno
unipersonal del General Marcos Pérez Jiménez que caerá
el 23 de enero de 1958.” (25:35). Considera que el período
más duro fue precisamente el 52-57, cuando convergen todos los
rasgos negativos dictatoriales que oprimían al pueblo venezolano.
“En todo tiempo fue característica de la tiranía no
tolerar críticas, ni admitir discrepancias, así fueran leves
–afirma J. L. Salcedo Bastardo-. La prensa es siempre el blanco
predilecto de la represión, y la censura resulta indispensable
para regimentar las conciencias que se pretende subyugar. Una Junta ‘de
examen’ se estableció en cada ciudad donde hubiera periódicos,
y los textos a publicarse necesitaban el visto bueno de los inapelables
escudriñadores que no escatimaban el uso de su ‘lápiz
rojo’. Ya en las postrimerías del régimen se giraron
instrucciones para que fueran seguidas al pie de la letra incluso con
la especificación de determinados adjetivos que serían usados
en colaboraciones forzosas por los habituales columnistas de los diarios
de mayor circulación. Siempre hubo periodistas en las cárceles;
a ellos debemos extraordinarios documentos sobre las torturas y vejámenes
que por entonces se aplicaban. Novelas, reportajes, testimonios variados
del horror desenfrenado, ilustran suficientemente sobre esta espantosa
situación.”
“Sobre la radio se ejercía similar control, siempre muy rígido
-afirma en otro párrafo– para escamotear a la ciudadanía
el conocimiento no sólo de lo que sucedía en el país,
sino también de aquello ocurrido en el extranjero que pudiera tener
desfavorable repercusión contra la autocracia vernácula.
“Lo que más interesaba ocultar eran los métodos y
los instrumentos utilizados por la tiranía para imponer miedo a
los ciudadanos y para ultrajar a las personas hasta neutralizarlas o convertirlas
en pasivas aceptantes del desgobierno.” (25:37)
Igual que para el resto del gremio, y también del país,
los años siguientes del régimen dictatorial del Pérez
Jiménez, Vallenilla Lanz y Pedro Estrada, fueron difíciles,
cubiertos de nubarrones, salpicados de atropellos gubernamentales y también
de atropellos empresariales. Efectivamente, algunos empresarios aprovecharon
la precaria situación legal de la Venezuela de entonces, mientras
Pérez Jiménez ordenaba sus obras cargadas de gigantismo
inherente a la megalomanía, para atropellar a los trabajadores
y echar atrás las contrataciones colectivas firmadas con el SNTP.
Buen ejemplo de este fenómeno, nunca exclusivo de este país
sino expresión común de la retrógrada dinámica
de las dictaduras militares, lo constituyó la Cadena de Publicaciones
Capriles, cuyo propietario Miguel Ángel Capriles nunca se distinguió
por ser muy amigo de los sindicatos, y concretamente con el SNTP registra
un historial adverso que data desde la fundación misma del Sindicato,
relación que ha venido normalizándose y mejorando en los
últimos tiempos, por la acción de los trabajadores. En boca
de Claudio Cedeño, esa etapa de la dictadura la soportaron los
sindicalistas y los trabajadores “aguantando mientras el palo va
y viene”:
-No hubo arremetidas (por parte del gobierno contra el SNTP como tal).
Claro, los patronos trataron de sacar ventajas, hubo un retroceso en la
Cadena Capriles, los contratos se vinieron abajo...
-¿Los violaban?
-Las empresas ponían la tónica, ellas, aprovechándose
de las circunstancias que había. Con la baja moral de los propios
trabajadores de la empresa, imponían los contratos. Nosotros firmamos
contratos con EL Nacional, EL Universal, etc. Y hubo un descenso, arremetidas
de los patronos: Ultimas Noticias sacó a los trabajadores del contrato,
creo que fue cuando Bastidas que volvió a tener contrato...
-Nosotros tuvimos durante ese período –habla Bastidas, electo
Secretario General del SNTP en 1955– pugnamos mucho por meternos
en la Cadena Capriles; teníamos contrato, celebrábamos nuestro
contrato con EL Nacional. Nos metimos en la Cadena Capriles. (Miguel Ángel)
Capriles iba personalmente a la Inspectoría del Trabajo a atender
sus asuntos, y en una oportunidad Carlos Tinoco Redil, que era el Ministro
del Trabajo, nos hizo saber a través de un funcionario, que estaban
dispuestos a apoyarnos a nosotros en un contrato huelgario o conflictivo
con Capriles. Yo recuerdo que ese día yo estuve con Miguel Ángel
en la Inspectoría y bajamos hasta la parte esa subterránea
que hay debajo de la Inspectoría del Trabajo, por los sótanos,
y me bebí un café con Miguel Ángel Capriles y le
dije ¿a que tú no sabes lo que me propusieron?... y no le
dije. Se lo vine a decir después, el día que me mandaron
a hacer un contacto con él, el primero de enero de 1958. En ese
periodo –se refiere al lapso 55-58– se metían los contratos
y se discutían, preferiblemente en el techo de las empresas, salvo
con Capriles, que íbamos a la Inspectoría, porque Capriles
nos destruyó varias veces el Sindicato durante la época
de Pérez Jiménez: el Sindicato que había nacido en
Ultimas Noticias... de repente no había Sindicato en Ultimas Noticias.
El Sindicato en Ultimas Noticias se restableció por la combatividad
de los fotógrafos, quienes en un momento dado se unificaron y nos
permitieron a nosotros tener el mínimo de trabajadores necesario
para meter un contrato y automáticamente dar estabilidad a la gente.
-Y después, bueno, eso se mantuvo así durante mucho tiempo
–refirió Claudio Cedeño comentado el clima dictatorial-.
En esa época ningún sindicato tenia mucha afluencia ni mucho
menos; no podía haber auge, porque las libertades estaban restringidas
y los patronos aprovecharon muy bien esa circunstancia para sacarle partido
a la situación. De tal manera que no hay nada de esas cosas así
(represión oficial contra la organización), pero terminó
la arremetida de los primeros momentos, que era forzar el desplazamiento
de nosotros precisamente. Yo por lo menos, recibí el peso de toda
esa ofensiva en esos momentos. Pero no hubo una persecución contra
el Sindicato por parte de la dictadura, no se puede decir que la hubo.
Entonces nosotros aprovechamos el trabajo de la AVP para hacer lo que
después hicimos, un trabajo de aglutinamiento, de conversaciones
con la gente, de acuerdos para lograr sacar lo que sacamos posteriormente.
-¿La Huelga del 21 de Enero?
-La Huelga del 21 de enero...
RUMBO
A LA DEMOCRACIA
1957
es el año de la agonía dictatorial que devendría
en muerte en enero del año siguiente. Ese es el período
del resurgimiento de la oposición a la dictadura; se crea la Junta
Patriótica, integrada por su presidente Fabricio Ojeda (periodista
de URD). Enrique Aristiguieta Gramcko (COPEI), Guillermo García
Ponce (periodista del PCV), y Silvestre Ortiz Bucarán (AD); ocurre
el movimiento estudiantil del 21 de noviembre; se concretan los contactos
cívico-militares; y la dictadura presenta y ejecuta el famoso plebiscito
del 15 de diciembre, con que aspiraba legalizarse el régimen prolongándose
en un nuevo período de mando para el dictador Marcos Pérez
Jiménez.
“... tuvo lugar el plebiscito en medio de la mayor indiferencia
-escribe Luis Herrera Campíns, Presidente de la Republica 1979-1984-.
La burla había sido demasiado grande e insoportable la mascarada.
La dictadura confiaba excesivamente en el terror sembrado en los años
anteriores. El plebiscito colmó los límites de la paciencia
ciudadana. Cinco semanas más tarde se desmoronaría el castillo
que tenia apariencia de pétrea solidez.” (11:101)
Los periodistas estaban en la primera línea de ofensiva contra
la dictadura. Fabricio Ojeda y Guillermo García Ponce, el primero
ejerciendo el reporterismo legalmente y el segundo sumergido en la clandestinidad,
son muestra clara de la estrecha relación que tuvo el comando político
antidictatorial con el gremio de la prensa, cuyo aporte en los últimos
días del perezjimenismo gobernante es tal vez la más importante
contribución de un sector profesional al rescate de los derechos
populares. Desde el anonimato, decenas de periodistas y trabajadores de
la prensa establecieron un formidable correaje de resistencia conectado
a la Junta Patriótica, que pasó a coordinar la resistencia
civil contra Pérez Jiménez y sus acólitos. Ello quedó
demostrado con la Huelga de Prensa del 20-21 de enero de 1958, que fue
el detonante de la Huelga General decretada por la Junta Patriótica.
La dictadura tuvo su primer golpe mortal con el alzamiento militar del
1ro de enero de 1958. Un grupo de oficiales de la Fuerza Aérea
de Venezuela, desde Maracay, y de motoblindados de Caracas, insurgen contra
el autocrático régimen, y aunque cuentan con algún
apoyo civil son derrotados y obligados a capitular, tocando a unos la
cárcel, y a otros la clandestinidad y a terceros el exilio. Sin
embargo, no todo fueron pérdidas. La situación interna de
las Fuerzas Armadas, quedó demostrado, era muy diferente al monolitismo
pregonado por el régimen, y fue catalizada por la avanzada de destacados
oficiales de carrera que ya no podían continuar haciéndose
cómplices de la ignominia dictatorial.
Ese inesperado movimiento militar fue seguido por acciones que querían
consolidarlo. En ese sentido, la Junta Patriótica decidió
presionar para que los periódicos salieran el día dos sin
censura o dejaran de circular, en acto de irreverencia ante el poder y
para enterar a todo el país de los acontecimientos que herían
de muerte a un régimen descomposición.
-El 1ro de enero, cuando los militares se alzaron –cuenta Arístides
Bastidas-, se me ordenó a mí, la Junta Patriótica
le ordenó a Fabricio Ojeda y a (Eleazar) Díaz Rangel, que
visitaran a los directores de periódicos para pedir que salieran
el 2 sin censura. A mí me tocó en la tarde, hacer una diligencia
mucho más a fondo. Como las empresas estaban disgustadas con Pérez
Jiménez, no sólo por la censura que les tenía impuesta
sino porque Pérez Jiménez había utilizado millones
y millones de centímetros (centímetros/columna) durante
el plebiscito para su propaganda y no les había pagado, y las empresas
ya estaban muy disgustadas con él, entonces los empresarios tenían
ganas de paralizarse. Yo fui en representación de los trabajadores,
hablé en El Nacional con Alejandro Otero Silva (Administrador)
y con Humberto Rivas Mijares (Director), y de acuerdo con ellos, me fui
a hablar con Miguel Capriles, y a hacer contacto con los Núñez
(dueños de El Universal), porque la idea era que trabajadores y
empresarios se pusieran de acuerdo para cerrar los periódicos y
no aparecer el dos de enero. Estas cosas se han contado muy poco ¿no?...
Miguel Angel Capriles me citó al Teatro Colinas (en Bello Monte),
como a las cuatro y media de la tarde. Yo me despedí de los directivos
de El Nacional que esperaban mi llamada que les confirmara que Capriles
iba a parar los periódicos de él, para ellos parar el suyo.
Y entonces, en el Teatro Colinas me estaba esperando un representante
de Capriles; Capriles estaba ya escondido porque estaba vinculado al golpe
del 1ro de enero, y me llevaron por ahí pa’arriba, con una
cantidad de misterios, por esas colinas; fui a la casa de Capriles y me
dijo: lo que tengo que decir es que yo estoy en contacto con los militares,
estoy comprometido con este movimiento, y yo paro mis periódicos
e inclusive voy a pagarle los salarios caídos a mis trabajadores,
me comprometo formalmente. Entonces, llame a El Nacional para que pararan
también, y llamé a El Universal para que también
parara. En El Universal habían dejado para recibir mi llamada confirmatoria
de que Capriles paraba, como coordinador del movimiento, a Benarroche.
Yo le dije: ¿tú eres el hombre de confianza de los Núñez?
Paren el periódico porque ya está confirmado que los Capriles
van a parar. Este Benarroche salió del El Universal, que quedaba
en la esquina de Principal, y fue a la Gobernación y delató
a Capriles y me delató a mí. En la noche hicieron preso
a Capriles y entonces se inició la búsqueda mía,
porque consideraban que yo era el tipo que estaba dirigiendo la cosa por
parte de los periodistas, y no era así.
-¿Quiénes la dirigían?
-Estaba Díaz Rangel, quien realmente tuvo, pues,... se movilizó
mucho en eso. Díaz Rangel tuvo indudablemente una acción
organizativa y dirigente bastante importante. De igual modo Fabricio...
Y diría, yo estaba más o menos por ahí.
Los Periódicos dejaron de circular, efectivamente, el dos de enero.
Reaparecen el tres, por imposición del gobierno.
-El cuatro –continua Bastidas-, Vallenilla Lanz le impuso a todos
los directores de periódicos que dijeran que la situación
era normal y les impuso la obligación de publicar en la primera
pagina editoriales favorables al gobierno, concebidos en el estilo de
cada periódico. Nosotros, por nuestra propia cuenta, decidimos
que parábamos los periódicos otra vez. Recuerdo que Díaz
Rangel y yo botamos todos los materiales que estaban allí adentro
(en la redacción del El Nacional); entramos a la sala de cables
y rompimos todos los cables, y se hicieron contactos con los demás
periódicos para que no salieran al día siguiente, y nos
fuimos todos a “la concha”. El cinco de enero salieron unas
ediciones raquíticas de todos los periódicos, porque la
Seguridad Nacional había invadido todos los periódicos,
metralletas en mano, y sacaron los periódicos con los materiales
que encontraron. Esa noche, la del cuatro de enero, sacaron a Capriles
(que estaba preso en la SN) y lo llevaron, barbudo, sin paltó,
en camisa, sin corbata, con los zapatos sin medias y con los cordones
sueltos, en ese lamentable estado lo llevaron al periódico para
que mandara a los trabajadores a que sacaran los periódicos, las
ediciones raquíticas. Sin embargo, el gobierno no ordenó
ningún tipo de represión contra los periodistas. Al único
tipo que buscaban era a mí, al único... el gobierno estaba
muy desorientado.
El desmoronamiento estaba en marcha. Laureano Vallenilla Lanz y Pedro
Estrada, Ministro del Interior y Jefe de la Seguridad Nacional, respectivamente,
abandonan el país.
EL
MANIFIESTO DE LOS INTELECTUALES
En
medio de la grave efervescencia política, surge la publicación
del “Manifiesto de los Intelectuales”, elemento de gran importancia
política pues sintetizó el plan democratizador de los opositores
al régimen. Entre las exigencias más importantes que formulaba,
estaban la libertad de expresión, elección popular de los
gobernantes, restablecimiento de la moralidad pública, desarrollo
libre de la cultura, etc. A la vez, exponía el criterio según
el cual no era indispensable la existencia de un antagonismo entre fuerzas
civiles y fuerzas militares, claro elemento de “puente” hacia
sectores de la Fuerzas Armadas Nacionales susceptibles de contribuir a
la estocada antidictatorial.
El documento tuvo dos ediciones, debido a que al conocerse la primera
muchos otros quisieron unir sus firmas ampliando la base de protesta e
involucrando a densos sectores políticos y culturales. La primera
fue impresa por el periodista y hoy docente universitario Manuel Isidro
Molina Gavidia, quien para la época tenia una imprenta en la casa
141-1 de la calle Colombia, entre la quinta y sexta avenida de Catia.
La segunda, fue tirada en “Prensa Médica” de Ángel
Bajares Lanza, imprenta ubicada frente a la Plaza de los Venados, en San
Bernardino.
MATRIZ
PEREZJEMINISTA
Sobre
este particular, el profesor Molina (14) reveló una anécdota
muy interesante. Resulta que el original del “Manifiesto de los
Intelectuales” le fue entregado por Guillermo García Ponce
para que lo reprodujera lo más rápidamente posible, de manera
que pudiera ser repartido con prontitud. Hecho el montaje en “prueba
final” (lo iban a imprimir en una prensa offset). Molina lo llevó
adonde un amigo que tenía un taller de fotograbados cerca de Llaguno,
para que hiciera el negativo para la plancha. Éste, cuyo nombre
escapa a la memoria de MIM, prometió tener listo el asunto a las
dos de la tarde, hora exacta en que debían pasar recogiéndolo.
Cuando Molina llega a Llaguno en la tarde, pregunta por su amigo y le
informan que no había regresado, pero que pronto estaría
allí. Efectivamente, a los pocos minutos de nerviosa espera, llegó
el hombre con un rollo debajo del brazo y se lo entrega a Molina. Sorprendido
éste, le pregunta que de dónde lo traía, que dónde
había sacado el negativo, todo ello tratando de no despertar sospechas.
Y cual no sería su sorpresa, cuando el diligente colega le informó
tranquilamente:
“De Conejo Blanco...”
-Es que el hombre tenía su taller –expresó MIMG–
y además trabajaba para la imprenta de los militares en Conejo
Blanco! Imagínate el susto mío: el documento de los intelectuales
pasó por la imprenta de los militares!
El documento se reprodujo en la “Editorial Rotacolor” de Manuel
Isidro Molina Gavidia. Personalmente y hasta la madrugada se dedicó
a ello, para tenerlo listo muy temprano. Concluida la reproducción,
fueron destruidos todos los restos del material, en prevención
de cualquier incursión de la Seguridad Nacional, cuyos matones
más de una vez habían visitado el lugar y encarcelado a
Molina. A las dos de la madrugada Guillermo García Ponce, disfrazado
de obrero, recogió los paquetes.
Pero a la mañana siguiente ocurre algo muy simpático con
el “Gocho” Francisco Guerrero Pulido, también periodista,
quien participó en la redacción del documento, y fue compañero
de estudios de Molina en la Escuela de Periodismo de la Universidad Central
de Venezuela. Resulta que FGP se encuentra con MIM al culminar las clases,
y lo invita con gran misterio a irse con él para entregarle algo
muy importante y reservado. Con extremo celo y no menos solemnidad, PGP
se niega a revelar nada a su compañero antes de llegar a una casa-quinta
de El Paraíso. Una vez allá, entran y es cuando Molina recibe
un rollito de hojas, con la advertencia de que no se lo deje ver, que
es muy importante, que mucho cuidado con la policía, pero que reparta
esas veinte hojitas entre sus amigos.
-Era el manifiesto de los intelectuales del que yo había impreso
la noche anterior treinta mil ejemplares, contó Manuel Isidro Molina
Gavidia gratamente, recordando al “Gocho”, su amigo y camarada
de militancia en el PCV, quien actualmente está en su tierra natal,
Táchira, al frente del diario La Nación.
LA
HUELGA DEL 20-21 DE ENERO
Ya
en la segunda quincena de enero, la dictadura lucía desarticulada
e insegura. Había perdido a su fiel Ministro de Relaciones Interiores
y al padre de la persecución y la tortura que resumía la
Seguridad Nacional. Se multiplicaban los manifiestos de apoyo al cambio
democrático, a la libertad política, a la escogencia democrática
del gobierno, etc. La fuerza de los trabajadores pasó otra vez
a primer plano: era necesario paralizar al país en repudio al perezjimenismo
opresor. La Junta Patriótica lanza la orden Huelga General para
el 21 de enero de 1958. Era el golpe final a la dictadura, quedando de
manifiesto la voluntad nacional de enderezar el rumbo del país
hacia mejores senderos. Eran tiempos de “unidad nacional”,
todos a uno condenaba al régimen de Marcos Pérez Jiménez,
militares y civiles, tanto los trabajadores como los empresarios que supieron
cobijarse con los beneficios de la dictadura en tiempos anteriores; adecos
y comunistas, copeyanos y urredistas, ateos y cristianos, jóvenes
y viejos, mujeres y hombres. La discordia y las traiciones vendrían
meses después, cuando la historia se encargaría de demostrar
que en un país de tantos contrastes como Venezuela, la unidad se
dio sólo en torno a la necesidad común: sacar de Miraflores
al dictador, quedando para la desunión el resto de las cuestiones
vitales de la nación. Hubo torrentes de lucha popular, de intenciones
tan puramente libertarias como transparente es el alma de los pueblos.
Pero sin mucha preocupación por el futuro.
En ese torrente participaron los periodistas, movidos por la dirigencia
de la Asociación Venezolana de Periodistas, del Sindicato Nacional
de Trabajadores de la Prensa y las fracciones del PCV, AD y URD, con una
muy particular tarea: la paralización de la prensa. Esta se produjo
el 20 de enero, precisamente para que los diarios no circularan al día
siguiente y sirviera esto de alarma nacional, para la Huelga General que
a partir de las 12 del mediodía del 21 de enero, comenzaría
en todo el territorio patrio. Esa Huelga de Prensa del 20-21, fue coordinada
fundamentalmente por militantes del Partido Comunista de Venezuela y de
Acción Democrática; gremialmente, participaron el SNTP,
la AVP, la Federación de Trabajadores de la Industria Gráfica
(FETIG), a la cual estaba afiliado el Sindicato de la Prensa, y otras
organizaciones sindicales.
Los contratos con las otras ramas de trabajadores de la industria gráfica
se venían realizando periódicamente. Claudio Cedeño
y Rafael Hueck Condado (Secretario General del SNTP en el período
57-59) completaban los nueve miembros de la Junta Directiva de la FETIG.
El trabajo sindical de los años cincuenta permitía esa estrecha
relación.
-Ya habíamos constituido la Junta Patriótica – contó
Cedeño – es decir, a raíz de una conversación
navideña de 1956, Fabricio (Ojeda) y yo veníamos conversando
de eso, y entonces el me dijo: yo creo que ya este año debemos
iniciar las cosas, abiertamente con una organización en regla,
háblate con el partido para que de los pasos necesarios para eso.
Entonces yo hable con Guillermo García Ponce... Habíamos
convenido que el alerta, pues, para que lo entendiera todo el país,
para dar idea de que era un movimiento que iba en serio, había
que dejar sin periódicos al país ese día. Entonces
esa tarde, el 20 nosotros nos reunimos. Nos reuníamos semanalmente
la Junta Directiva de la FEITG, éramos nueve miembros, yo formaba
parte junto con (Rafael) Hueck Condado por el Sindicato de la Prensa.
Y nos reuníamos también, con la gente de Pilita (en la Pastora),
Virgilio Hernández, Galindo, el “negro” Amaya, un grupo
de adecos, pues, que iban a ponerle la salsa a la cosa movilizando otras
actividades sindicales. Ellos eran zapateros, de la harina, de la madera,
de diferentes sindicatos, carpinteros y de otras actividades.
-En todo caso, ¿en la huelga de la prensa quien llevaba el mayor
peso era el Sindicato de la Prensa?
-Bueno... la AVP y el SNTP. Nosotros llevamos el peso porque, fíjate
tú que llegamos ese día (el 20) y los únicos que
estábamos seguros de ir a la huelga éramos nosotros, que
estábamos seguros que había que ir a la huelga.
-¿Eso era decisión de la Junta Patriótica?
-Claro, la Junta Patriótica estaba embalada con eso ya.
-¿Lo había decidido cuándo?
-Chico, había ahí toda una combinación, yo no sé
cuando podría haber sido decidida, pero una serie de acciones se
precipitaron en esa época para hacerla: las manifestaciones de
noviembre (de 1957) de los estudiantes, te indicaban una actividad que
iba in crecendo, en aumento cada día. Y cuando se da la cosa del
1º de enero, que aparecen los aviones, etcétera, entonces
ya la gente perdió el miedo; la Seguridad Nacional se arrinconó
completamente con esa vaina, porque se vio que eran aviadores contra la
Seguridad Nacional, que no había unidad dentro del Ejercito, en
las Fuerzas Armadas; se vio el desmoronamiento y, entonces, todo el mundo
le cayó a eso. Se preparó aceleradamente una huelga insurreccional,
general, y lo que tenía que llamar la atención, ser el alerta
de todo, era dejar de funcionar los periódicos, porque todo el
país se iba a enterar, ¿qué pasó?, al no llegar
el periódico a ninguna parte, ¡Había que tirar la
huela de prensa!
Claudio Cedeño, con la serenidad que permiten 20 años de
reflexión, cuenta que no era una disposición unánime
a nivel sindical, en el área de los trabajadores gráficos
que participaban en la elaboración de los diarios, tampoco en sus
dirigentes. En el año 52, cuando la huelga de prensa del 2 de diciembre,
sucedió algo similar que no pudo ser superado. Esta vez, unas trompadas
sirvieron para hacer entrar en razón al máximo dirigente
de la FETING:
-Pero había esa situación que te dije antes –revela
CC-: nosotros estábamos decididos, dentro de las nueve personas
que estábamos en la Directiva de la Federación Gráfica,
éramos dos votos que estábamos decididos a ir a la huelga...
-¿Los directivos del PC?
-Sí, los del Partido. Nosotros convencimos a los linotipistas que
eran adecos y se convencieron que sí, que había que tirar
la huelga. Ellos decían que había que hacer la huelga a
lo que saliera. Nadie estaba seguro de lo que iba a pasar, pero ellos
decían salga lo que salga yo voy. Pero había una persona,
nada menos que el presidente de la Federación, que estaba en contra:
Gil Gutiérrez. Vinieron los de Dos Pilitas que estaban dispuestos
a echarle bolas a esa vaina, hablaron con ellos, intervinieron y después
de unos carajazos que tuvieron, se decidió por unanimidad: vamos
a la huelga, y todo el mundo a la huelga.
-Claudio Cedeño fue el encargado –refiere Arístides
Bastidas– de organizar la reunión de los dirigentes sindicales
para el paro nacional de la prensa. Para ese paro de la prensa, Fabricio
Ojeda se entrevistó con el Concejo Bancario Nacional, y ellos dijeron
que sí paraban los bancos, pero después que pararan los
periódicos, a mediodía. Y las reuniones de Claudio Cedeño...
Hubo ahí una anécdota, creo que Elisaúl Puchi le
zumbó un carajazo a José Gil Gutiérrez, presidente
de la FETIG, porque no quería aprobar la huelga. Yo no estuve en
esa reunión. El día que íbamos a hacer el paro, yo
estaba disfrazado de conductor, de chofer de autobús, que en esa
época tenían que cargar obligatoriamente una cachucha y
una chaqueta, entonces, yo andaba con una chaqueta, una cachucha y una
esterilla. Era la huelga del 20, para no salir el 21. Miguel de los Santos
(también periodista) me dijo que venia de La Religión, donde
había sabido que Vallenilla Lanz había llamado al padre
(Hernández) Chapellín y lo había insultado y le había
dicho que iba a invadir enseguida los periódicos, porque lo que
era los periódicos le salían el 21. Y entonces nosotros
apresuramos la huelga; yo le di el parte a los compañeros y se
apresuró la huelga, se declaró la huelga enseguida, a las
cuatro y pico, cinco de la tarde, del 20 de enero. Al día siguiente,
el único periódico que circuló en Caracas fue Panorama,
de Maracaibo, que era del “loco” Ramírez McGregor.
-¿Hubo algún documento del Sindicato o de la AVP?, preguntamos
a Claudio Cedeño.
-No nada. No era posible hacer documentos de ninguna especie, nada de
esas cosas. Nadie te firmaba un carajo, nadie se quería comprometer,
documento nada.
-Pero a mi me refirieron que Miguel Ángel Capriles había
dado un dinero para sacar el documento de la huelga...
-Ah, ese fue el documento de los intelectuales, no documento nuestro.
Nosotros no podíamos porque se iban a oponer; nadie se iba a poner
a decir el Sindicato va a sacar un documento.
-¿Era una autodelación?
-Claro. Ni el Sindicato podía sacar un documento como sindicato,
porque eran actividades que le estaban prohibidas, inmediatamente podían
liquidar ese sindicato.
-Y meter presa a la Directiva, por lo menos...
-No, no; liquidar el sindicato era todavía mucho más grave,
imagínate tú que el Sindicato se comprometa a una vaina
de esas, y te eliminen al Sindicato... bueno, los contratos se van al
carajo, los patronos hacen lo que les da la gana. Entonces qué
pasaba: la gente iba a decir bueno, ahí está la política
metida en esa vaina, lo que ha proporcionado la liquidación del
sindicato. Entonces uno no podía suscribir un documento, nadie
podía suscribir eso. Por eso no aparece ningún tipo de documento,
porque era una actividad completamente ilegal y además perjudicial
(el documento) porque, qué carajo, el que se echaba esa vaina se
jodía, tu eras responsable de que el Sindicato de la Prensa lo
hubiesen ilegalizado y entonces te execraban no solamente los patronos
y el gobierno, sino que también las fuerzas amigas y los partidos
políticos, y todos te decían irresponsable.
-Era conservar el Sindicato a como diera lugar...
-Sí, afirmó lacónicamente Claudio Cedeño.
El movimiento se dio como estaba planificado. No salieron los diarios
y comenzó la Huelga General, insurreccional, para derrocar la dictadura.
De esa experiencia nos cuenta Arístides Bastidas:
-Todos estuvimos por ahí. Fuimos a las manifestaciones. A mí
me toco controlar a los profesionales universitarios, frente a Santa Teresa,
y nos cayeron a bombazo limpio y a planazos. A mí me dieron, ¡no
joda!... y después que cayó Pérez Jiménez,
decían que durante los días esos se había descubierto
el “cortisonato de plomo”, porque a mí se me había
quitado el reumatismo. Es verdad, ¿no?, porque me dieron un planazo
y cuando me fueron a buscar pa’l segundo ya yo estaba en la esquina
del Hoyo. Los policías llegaron... y a planazo limpio... Por supuesto,
yo me paré allí (en Santa Teresa) y como era el coordinador,
imagínate tú, eran doctores, ingenieros y vaina los que
estaban allí y entonces los tipos cuando vieron aquella vaina prendida
se fueron pa’l carajo. Ahora, como yo estaba de espaldas a ellos,
no me di cuenta que había corrido, ¿tú ves?. Entonces
yo que levanto la cara y un policía que se enjarca y me da un planazo,
y cuando volteo... ¡no joda!...no había nadie, chico. El
policía lo que quería era espantarme, y me dio un carajazo,
un planazo y yo salí corriendo por ahí pa’bajo!
Esa, la Huelga General del 21 de enero de 1958, fue una jornada histórica
de Venezuela, y los trabajadores de la prensa abren esa página
un día antes, garantizando el paro de los diarios capitalinos desde
la tarde del 20, para impedir que circularan el 21. Ya la suerte estaba
echada, la dictadura estaba feneciendo. Cuando los diarios reaparecen
el 23, en tiraje retardado, es para anunciar a los venezolanos y al mundo
que se había ganado la batalla, el dictador había huido,
las calles eran escenario de alegría popular. Los saqueos a las
mansiones de los dictadores expresaron la ira de un pueblo que salía
de la bruma sangrienta y mentirosa. Desde palacio se llamaba a la calma
mientras las jugarretas tras bambalinas imponían gobernantes alejados
del sentir popular. La cárcel de El Obispo y el edificio de la
Seguridad Nacional fueron asaltados por turbas populares que liberaban
a los presos. Wolfgang Larrazabal preside la Junta de Gobierno que integraban
además los coroneles Abel Romero Villate, Carlos Luis Raque, Roberto
Casanova y Pedro José Quevedo. Luego se la amplía con Blas
Lamberti y Eugenio Mendoza. Este venía de ser condecorado, precisamente,
por Marcos Pérez Jiménez, a quien varios gobernantes imitaron
más tarde en eso de las preseas.
DEMOCRACIA
A LO “PUNTO FIJO”
Mientras
las fuerzas populares y progresistas se “partían el brazo”
en la lucha contra la dictadura dentro del país, en el Norte (ese
que muchos simbolizan y sueñan en Miami), tres líderes políticos
venezolanos se ponían de acuerdo para administrar el triunfo popular.
En Nueva York, Rómulo Betancourt, Rafael Caldera y Jóvito
Villalba preestablecieron lo que casi un año después, el
31 de octubre de 1958, sellarían en el tristemente histórico
Pacto de Punto Fijo, acuerdo de corte mercantilista que rompió
con el Pacto de Unidad Nacional contra la dictadura. Dirigido fundamentalmente
contra el Partido Comunista de Venezuela, fuerza política que en
ese tiempo se había sabido ganar el afecto popular por su dura
lucha contra el perezjimenismo junto a las fuerzas radicalizadas de Acción
Democrática. Ese acuerdo execrante fue la base de la nueva discordia
nacional al restar méritos y tratar de relegar a una colectividad
política de invalorable trascendencia en la lucha antidictatorial
como fue el PCV, y también sectores influenciados por su política.
De “Punto Fijo” –así se llamaba la residencia
del ahora ex Presidente de la Republica Rafael Caldera, donde se firmó
el pacto– emergió un reparto burocrático de la Hacienda
Publica entre partidos firmantes: Acción Democrática, Unión
Republicana Democrática y el Partido Social Cristiano COPEI. Al
comenzar el mandato del Presidente Rómulo Betancourt –marzo
de 1959– la unidad de las fuerzas procapitalistas se vio a través
de las carteras ministeriales y de los cada vez más numerosos cargos
políticos.
La naturaleza del pacto y la política antidemocrática del
gobierno presidido por Betancourt, marco adverso al desarrollo de las
luchas populares, provocaron hondas diferencias dentro de Acción
Democrática y Unión Republicana Democrática, partidos
que sufrieron escisiones y desmembramientos. El más significativo
fue el que en 1960 daría nacimiento al Movimiento de Izquierda
Revolucionaria (MIR), partido que arrastró prácticamente
toda la juventud adeísta y un buen porcentaje de la dirigencia
media, sobre todo la que directamente enfrentó la dictadura militar.
En sus veinte años de vida, ese Movimiento ha sufrido varias divisiones
que a la vez se han subdividido, hasta llegar a 1980 cuando sufre su más
grave división, con dos fracciones lideradas por Moisés
Moleiro y Américo Martín, lo que amenaza, incluso, con imposibilitar
legalmente la utilización de su nombre por alguno de los dos sectores
más importantes en pugna.
Es la época de la represión de manifestaciones populares,
de la ruptura de relaciones con la Revolución Cubana (noviembre
de 1961), de la división del movimiento sindical por condicionamientos
político-ideológicos presentes en la lucha nacional, de
atropello a los periodistas y a los periódicos independientes y
partidistas, de violación de Derechos Humanos, de supresión
de las libertades recién consagradas en la Constitución
Nacional del 23 de Enero de 1961, de persecución y muerte, de asalto
a las redacciones periodísticas, de la censura impuesta por el
Ministro de Relaciones Interiores con apoyo de la Dirección General
de Policía (DIGEPOL), de los alzamientos cívico-militares
de Carúpano y Puerto Cabello (1962). Fue el comienzo de la etapa
nacional conocida como la “Lucha Armada”, heroica y desafortunada
política de las fuerzas populares que no supieron evitar caer en
el terreno a que les quería llevar, y les llevó, el macartista
y antidemocrático gobierno de Rómulo Betancourt.
Así como en todos los terrenos de la vida nacional, ese fenómeno
socio-político de la década de los sesenta, tuvo gran (influencia
en el campo de la libertad de expresión y de la libertad de ejercicio
profesional de los periodistas, derechos constitucionales que se vieron
seriamente deprimidos por la acción gubernamental.
EL
SNTP ABANDONA LA FETIG
Una
de esas consecuencias, en cuanto al SNTP, fue el retiro del Sindicato
de la Federación de Trabajadores de la Industria Grafica, por acuerdo
de la Junta Directiva, del 29 de diciembre de 1961 (26), que luego sería
ratificado por la asamblea.
El movimiento sindical nacional ya estaba, de hecho, dividido. Los asaltos
oficialistas, con apoyo policial y pandillas armadas del partido gobernante,
se producían donde quiera que se expresaban posiciones adversas
a la política oficial.
El retiro del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa, de la FETING,
organización que había contribuido a fundar a comienzos
de la década anterior, obedeció, según remitido publicado
en la prensa el 30 de diciembre de 1961, al “asalto al local de
la Unión de Trabajadores de la Industria Grafica, consumado por
gentes armadas y dirigidas por directivos oficialistas de la Federación
Grafica“, y otras varias razones en la que destaca la cuestión
política; “La Federación Grafica –dice el punto
5 de la decisión del SNTP-, fundada con el aporte de trabajadores
sindicalistas de diferentes parcialidades políticas que lucharon
contra la dictadura, ha sido transformada en un apéndice de la
llamada Vieja Guardia de AD.”
Más tarde, el SNTP ingresaría a la Confederación
Unitaria de trabajadores de Venezuela (CUTV), central laboral enfrentada
a la CTV, donde se agruparon las fuerzas sindicales populares y progresistas,
que a consecuencia de la política nacional han visto disminuir
asombrosamente su caudal militante. Actualmente, el SNTP se mantiene independiente
y lleva normalmente relaciones tanto con la CTV como con la CUTV, lo que,
en nuestro criterio, deberá ser resuelto para incorporar el aporte
de los Trabajadores de la Prensa a la Confederación de Trabajadores
de Venezuela, central mayoritaria del país, que hoy cuenta con
otra conformación, aunque continúe el predominio casi absoluto
de Acción Democrática.
DIFÍCIL
ETAPA
El
23 de mayo de 1962, la veterana y apreciada colega Ana Luisa Llovera,
entonces presidenta de la Asociación Venezolana de Periodistas,
solicita a la Cámara de Diputados del Congreso de la República,
una investigación de la supresión de la libertad de expresión
y de información, y concretamente el establecimiento de la censura
previa prohibida expresamente por nuestra Constitución Nacional
(Art. 66). Un remitido con el resultado de la investigación parlamentaria
fue publicado en 11 de julio del mismo año, en El Nacional. Por
la Comisión Política Interior de la Cámara de Diputados,
firmaron: “José Vicente Rangel, Presidente. Vidalina de Bártoli;
José Ángel Ciliberto; Luis Herrera Camping; Gustavo Machado;
Eloy Párraga Villamarín; Ceferino Medina Castillo; Luis
E Solórzano Bruce; Alio Chacín Reyes; Argenis Gómez;
Elpidio la Riva Mata; Jesús María Casal; Orlado Tovar; Luis
Alfaro Ucero; Luis Miquelena; Máximo Arteaga Pérez; Ramón
Tenorio Sifontes.”
Por ser un informe autorizado sobre la situación de la prensa y
los periodistas frente al gobierno en la época, reproducimos las
partes más demostrativas, lo que dará una idea seria sobre
esa difícil etapa:
“En el mes de octubre de 1960, grupos armados se introdujeron en
horas de la madrugada en las oficinas de redacción y talleres de
la Compañía Anónima Editora ‘El Independiente’,
donde se editaban los diarios `Tribuna Popular´; el semanario político
`URD´, órgano oficial del partido Unión Republicana
Democrática; las publicaciones humorísticas `Fantoches´,
`Fósforo´ y `Dominguito´. Los asaltantes atacaron al
vigilante de guardia, destrozaron a culatazos y cabillazos tres linotipos
y al retirarse incendiaron muebles y otras instalaciones de las oficinas.
El propósito evidente del grupo era el de destruir totalmente los
talleres donde se imprimían esos órganos de oposición.
Un mes después, el 28 de noviembre de 1960, mediante disposición
ejecutiva fueron clausurados indefinidamente `Tribuna Popular´,
`Izquierda´, `Dominguito´ y el `Fósforo´. Tal
medida se acordó en base al Decreto de Suspensión de Garantías,
dictado en noviembre de ese año, en procedimiento abiertamente
reñido con disposiciones constitucionales que garantizan la libre
expresión de las ideas y del pensamiento escrito, quedando sujetas
a penas de conformidad con la ley, las expresiones que constituyan delito
y en manos de los órganos normales de la Administración
de Justicia el procedimiento de cada caso en particular, sin que pueda
quedar al arbitrio de funcionarios del Ejecutivo la suerte que deben correr
periódicos y publicaciones que dentro de un orden democrático
cumplen la especifica función de orientar y responder a las distintas
tendencias políticas e ideológicas que la propia Constitución
ampara.
“En los primeros días del año 1961 se produjeron una
serie de agresiones por parte de las autoridades policiales contra periodistas
que cumplían con su labor profesional. Algunos de ellos fueron
detenidos por el simple hecho de cubrir la información relativa
a un suceso acaecido en cualquier sitio de la ciudad. Simultáneamente
con estos hechos se desarrollo toda una campaña contra el gremio
de la prensa, y el local de la sede de la Asociación Venezolana
de Periodistas (AVP) fue objeto de asaltos y actos vandálicos que
dejaron en sus paredes huellas infames de esa campaña. Tales actos,
a pesar de las reiteradas denuncias, no fueron investigados por el gobierno
a fin de determinar las responsabilidades correspondientes. Por el contrario,
una asamblea de periodistas convocada para la fecha en el local de la
AVP, situado en la avenida Andrés Bello, no pudo efectuarse (...)
porque fuerzas publicas apostadas en las cercanías del sitio impidió
el acceso al local de los invitados.
“El 24 de abril de 1961 el gobierno clausuró las oficinas
de Prensa Latina, Agencia Internacional de noticias que opera en diversos
países del Continente entre otros Brasil, México, EEUU.
En el curso de ese mismo año se tomaron medidas contra algunos
radio-periódicos, por lo cual unos desaparecieron definitivamente
y otros debieron supeditar sus informaciones y comentarios a un riguroso
control. Conviene recordar en esta materia las medidas de suspensión
de que fuera objeto el programa radial Noti-Rumbos y la persecución
a que fue sometido su director Aquilino José Mata.
“El mismo año es suspendido en Trujillo el periódico
`Tiempo´. El 17 de noviembre de 1961 es suspendido por decisión
ejecutiva el diario `Clarin´, que reaparece el 21 de ese mes para
volver a ser suspendido el 28, esta vez por tiempo indefinido. Simultáneamente
con esta última suspensión, su director, Dr. Leonardo Montiel
Ortega, fue detenido por un periodo de 16 días sin que el caso
fuese conocido por los Tribunales competentes. El 14 de diciembre de 1961,
con motivo de la visita a Caracas del Presidente de los EEUU, se suspendió
el vespertino `La Hora´, mientras durara la presencia del primer
magistrado norteamericano en nuestro país.
“El año 1962 se inicia con iguales características
en cuanto a libertad de prensa. El 16 de enero reaparece el diario `Clarín´
para ser suspendido el 22 del mismo mes, en igual fecha el vespertino
`La Hora´ es objeto de nueva suspensión, así como
su sustituto `La Tarde´ que es cerrado al propio 23 de enero. En
esta oportunidad se clausura igualmente a `Tribuna Popular´.
“En el mes de febrero el gobierno dicta una medida clausurando indefinidamente
el semanario `Izquierda´ y a `Gaceta Parlamentaria´, vocero
cuyo material reproducción únicamente las intervenciones
de los parlamentarios en el seno de la Cámara.
“El 5 de mayo, en horas de la tarde, las oficinas y talleres de
los diarios `Clarín´ y `La Tarde´, situados en el edificio
Vanguardia, esquina de Caja de Agua de esta ciudad, fueron asaltados por
brigadas de la Dirección General de Policía (DIGEPOL), en
acto sin precedentes que la Cámara y la opinión publica
repudió y que el régimen no se atrevió a desmentir,
atribuyéndolo a la insubordinación de un grupo de agentes
del mencionado cuerpo. El relato de este hecho, las características
que lo rodean, los daños ocasionados, configuran toda una situación
que debe considerarse en función de un proceso en el que la libertad
de prensa afronta situaciones cada vez más difíciles y el
ejercicio profesional se torna peligroso y lleno de alternativas ante
las cuales la protección legal necesaria está ausente.
“En el mismo mes le fue aplicada una disposición policial
por la publicación en el diario ‘El Universal´ de un
articulo de un colaborador al señor Luis Teofilo Núñez,
hijo, co-director de ese diario. Se castigaba así en el directivo
de un órgano periodístico la opinión emitida en una
columna debidamente firmada por autor responsable.
“El 7 de mayo de 1962 es clausurado definitivamente el diario `Tribuna
Popular´ y el 25 del mismo mes vuelve a ser objeto de nueva suspensión,
esta vez por 15 días, el periódico `Clarín´.”
(Subrayados nuestros)
Hasta aquí el recuento parlamentario de los atropellos contra los
periodistas y la prensa, ya bien por la vía oficial, o a manos
de matones “vestidos” de policías, que precedían
o acompañaban los decretos restrictivos de la libertad de expresión
emitidos por el gobierno de Rómulo Betancourt.
EL
LAPIZ NEGRO
En
la época de la dictadura militar, los censores gubernamentales
marcaban los materiales informativos con un lápiz rojo o creyón
rojo, hecho ampliamente conocido y vivido por el gremio periodístico
nacional. En la época de Betancourt, a quien muchos llaman adulantemente
“EL PADRE DE LA DEMOCRACIA”, los censores prefirieron el lápiz
negro.
El extinto periodista José Moradell, sempiterno Jefe de Redacción
de El Nacional, consultado por la referida comisión parlamentaria,
dijo al respecto:
“Existe una situación de censura. El régimen de censura
no excluye el material publicitario, el material de propaganda para abarcar
por igual ese tipo de material y el material de redacción del editorial.
Por consiguiente, ese régimen de censura causa también,
perjuicios en el ejercicio financiero del periódico.”
Cuto Lamache (José Gamínez Obregón), para el momento,
Sub-Director del mencionado diario, reforzó a Moradell indicando
que “han sido censurados comunicados de organismos como la Federación
Campesina, CTV no oficial, Federación de Centros Universitarios
y últimamente la tarjeta de entierro con motivo de la muerte del
ciudadano José Gregorio Rodríguez”, y que fueron “tachadas”
intervenciones de parlamentarios en torno al alzamiento de Carúpano
y “sólo nos dejaron la intervención del diputado Gonzalo
Barrios”.
Y describieron el procedimiento que en las redacciones, aplicaban los
censores de prensa del gobierno “democrático” de Rómulo
Betancourt. José Moradell dijo a los diputados que le interrogaban,
que “la practica más generalizada en los días en que
el censor hace acto de presencia en el periódico, es una anotación
a lápiz negro, sobre originales o pruebas, diciendo sí o
no simplemente. En algunos casos con el mismo tipo de lápiz ha
hecho mutilaciones.” (Subrayado nuestro).
El Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa estuvo en la primera
fila del enfrentamiento a los atropellos gubernamentales. En diversas
oportunidades denuncio la detención de colegas por el “delito”
de cubrir profesionalmente sucesos de la política nacional. Conjuntamente
con la AVP y el Círculo de Reporteros Gráficos (CRG) condenaba
las agresiones contra periódicos y periodistas. Diversos comunicados
y acuerdos sobre la materia emitió la Junta Directiva del SNTP
en medio de ese clima oscuro que soportaron los periodistas venezolanos
(26).
POR
EL MEJORAMIENTO SOCIAL Y ECONÓMICO
La
lucha del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa en el plano
socio-económico, ético y político-sindical podría
resumirse en los logros alcanzados a través de la contratación
colectiva, que comienza a las pocas semanas de fundado el organismo. Ya
vimos varios de los contratos de 1946, que fueron rudimentarios instrumentos
de beneficio a los afiliados.
Hoy la situación es distinta. De los iniciales contratos de ocho
cláusulas se ha pasado progresivamente a convenimientos de 54,
56 y hasta más de ochenta cláusulas, por ejemplo, en los
casos de Ultimas Noticias, El Universal y El Nacional, respectivamente,
que comprenden cuestiones saláriales, sindicales, socio-económicas,
estabilidad, seguridad social, vacaciones, educación de los hijos
de los trabajadores, utilidades, etc.
En la relación obrero-patronal no hay dádivas. Todos los
avances son conquistas de los trabajadores a través de sus luchas,
unos más, otros menos. Generalmente, las discusiones de contratos
y la exigencia del respeto a los convenios por parte de las empresas,
van acompañados de la presión laboral, que pueden ir desde
la mesa de negociación hasta el paro de actividades, pasando por
la denuncia publica, “operación morrocoy”, asambleas
en los centros de trabajo, etc. El único conflicto fuerte que registra
el SNTP en su historia, por irrespeto a la contracción colectiva,
fue la huelga de Ultimas Noticias en diciembre de 1961 a enero de 1962,
que duró 45 días, en reclamo del pago de los 365 días
de utilidades contemplados en el contrato vigente, mientras la empresa
dispuso cancelar solo 30. Este conflicto fue muestra de organización
laboral, que supo ganarse la solidaridad popular, manifestada en el apoyo
monetario a los huelguistas, lo que permitió garantizar el pago
de medio salario mientras duró la huelga.
Los niveles de contratación varían de un centro de trabajo
a otro, de acuerdo con el poder económico real de las empresas,
la calidad de la dirigencia sindical y, sobre todo, la combatividad y
organización de los trabajadores beneficiarios directos de la contratación.
Estos son los tres factores principales siempre presentes en las mesas
de negociación. De ahí, la necesidad de comprender por parte
de los trabajadores que los contratos se ganan o se pierden dentro de
las empresas, porque, en definitiva, de los tres factores mencionados
el más importante es la voluntad y el convencimiento de los trabajadores
de luchar por sus derechos. Su mística clasista. Su empuje. Su
decisión de conquistar mejores y más justas relaciones laborales.
En relación a la actual contratación colectiva, en forma
general podemos decir que todavía es insuficiente en la mayoría
de los casos, si tomamos en cuenta el ritmo de crecimiento del país,
el desarrollo de las empresas periodísticas y las pingües
ganancias de los dueños de los periódicos y agencias informativas
nacionales y extranjeras, con que fundamentalmente establece relaciones
contractuales el SNTP.
El Sindicato tiene firmados contratos colectivos con las siguientes empresas
:
a) Editora Ambos Mundos, editora del diario standard El Universal.
b) C.A. Editora El Nacional, editora del diario standard El Nacional.
c) C. A. Ultimas Noticias, editora del diario tabloide Ultimas Noticias,
perteneciente a la Cadena de Publicaciones Capriles, junto a El Mundo
y Editorial Elite (que publica las revistas semanales Elite, Venezuela
Grafica y Páginas).
d) C. A. El Mundo, editora del vespertino standard El Mundo.
e) Editorial Elite, editora de las revistas Elite, Venezuela Grafica y
Páginas.
f) Editorial Santiago de León, editora del diario standard 2001,
perteneciente al Bloque de Publicaciones De Armas.
g) Meridiano C. A., editora del tabloide Meridiano, único diario
deportivo que actualmente circula en el país. También del
Bloque De Armas.
h) Luego vienen contratos con las agencias informativas, que en general
tienen inexplicablemente, condiciones inferiores a la media existente
en los diarios capitalinos.
i) Actualmente está en discusión un contrato colectivo con
la empresa editora del Diario de Caracas, tabloide puesto en circulación
en 1979, cuyo Director, Diego Arria, exgobernador del Distrito Federal
y ex ministro de Información y Turismo durante el gobierno del
Presidente Carlos Andrés Pérez, se encuentra en el exterior
evadiendo su detención decretada por auto judicial librado en su
contra por presunta corrupción administrativa, en la que se presume
también la cooperación de Luis Teófilo Núñez
Arismendi, director de El Universal.
CONTRATOS
DEMASIADO LARGOS
Un
alto porcentaje de los contratos vigentes, fueron firmados inexplicablemente
por períodos de tres años (treinta y seis meses). Así
lo contemplan las contrataciones de El Universal, Ultimas Noticias, El
Mundo y Editorial Elite, que aunque tengan aumentos saláriales
dentro del referido tiempo, son adversos a los intereses de los trabajadores
y sus familiares, por cuanto congela las condiciones laborales por tres
años, cuando el costo de la vida y las ganancias de las empresas
van en aumento constante.
En este sentido, pienso que a la Junta Directiva del SNTP le convendría
tomar la decisión de firmar contratos colectivos con duración
máxima de 18 a 24 meses, de acuerdo a las posibilidades reales
de cada empresa, las exigencias del trabajo y las condiciones en que se
desarrollen las discusiones. En todo caso, un máximo deseable de
duración de los contratos, no debería exceder en ningún
caso los 24 meses, con aumentos saláriales adicionales cada 8 meses,
como mínimo. Adoptada como una decisión rectora de la gestión
sindical, con el respaldo activo de los trabajadores en todos los centros
de trabajo y el apoyo institucional del Colegio Nacional de Periodistas.
Una política sindical de esa naturaleza tendría fácil
e inmediato respaldo de las centrales sindicales nacionales CTV, CUTV,
CODESA.
SALARIO
MÍNIMO
La
profesión del periodista viene siendo subpagada en el mercado nacional.
En esta materia, la lucha por la superación de las condiciones
saláriales ha sido preocupación importante, mancomunadamente,
del SNTP, la AVP y luego del Colegio Nacional de Periodistas, organismo
creado por la Ley de Ejercicio del Periodismo sancionada en agosto de
1972. En la Capital, ha tocado al Sindicato el rol fundamental en el logro
de esta conquista; en varios casos la relación contractual supera
los mínimos establecidos por el CNP.
PREVISIÓN
Y SEGURIDAD SOCIAL
En
esta materia, el SNTP ha puesto gran empeño, aunque hasta el momento,
la situación deja mucho qué desear. En el caso de los periodistas,
están amparados por el Instituto de Previsión Social del
Periodista, organismo fundado con un capital de Bs. 110.000,00 el 15 de
julio de 1966, “por iniciativa del Sindicato Nacional de Trabajadores
de la Prensa (SNTP) y colaboración de la Asociación Venezolana
de Periodistas (AVP)”, como se indica en el Informe Acerca de la
Condición y Situación Social y Legal de los Periodistas
en Venezuela, presentado por el SNTP en el II Congreso Latinoamericano
de Periodistas, celebrado en Caracas del 21 al 24 de julio de 1979. (Anexo
2).
El Acta Constitutiva, que reposa en los archivos del IPSP, contiene los
Estatutos originales. El artículo 7 de éstos, en parte dice
textualmente:
“Son miembros del Instituto de Prevención Social del Periodista
los otorgantes del documento de constitución y las demás
personas afiliadas a la Asociación Venezolana de Periodistas o
al Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa que soliciten su inscripción
y que sean aceptados como tales por el Directorio. El Directorio está
facultado para aceptar como afiliados contribuyentes y beneficiarios del
Instituto a periodistas y otras personas de actividades conexas con el
periodismo, aunque no estén asociados a la Asociación Venezolana
de Periodistas ni al Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa,
previa solicitud de los interesados.” (Subrayados nuestros)
Sin embargo, a pesar de los principios y voluntad de los constituyentes
y de que el IPSP fue fundado por iniciativa del SNTP bajo la Secretaría
General de Arístides Bastidas, actualmente a los miembros del Sindicato
que no son periodistas, no se les reconoce el derecho a afiliarse al Instituto.
Es un hecho insólito, que no se compadece con la historia y menos
con la solidaridad y la justicia social. Pereciera obedecer más
a caprichos de una o varias personas, que a decisión razonada de
la Asamblea o de un Directorio, donde participa, precisamente, el Secretario
General del SNTP. Los artículos 38, 39, 40 y 41 de la Ley de Ejercicio
del Periodismo, y 49, 50 y 51 de su Reglamento, nada dicen al respecto
que pueda servir de base para esa inconsecuente decisión. Un legítimo
reclamo en ese sentido por parte de la Junta Directiva del SNTP ante el
Directorio del IPSP, podría lograr la aceptación de nuevos
miembros del Sindicato en el Instituto, para que gocen del amparo social
del IPSP. Esto sería recibido como un acto de justicia hacia la
entidad fundadora.
PERSPECTIVAS
A
modo de conclusiones, se plantean algunas cuestiones que, más que
juicios firmes son reflexiones sobre la importancia histórica del
Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa, su estructura social,
su funcionamiento, su naturaleza y el reto que tiene planteado hacia el
futuro, que indudablemente debe y puede ser de superación permanente.
ESTATUTOS
Y ESTRUCTURA INTERNA
Salvo
algunas reformas menores, los Estatutos del SNTP de 1980, son los mismos
del SNP de 1946. El cambio más importante fue el operado en su
artículo cuarto, que permitió ampliar la base militante
de la organización, pero en los últimos tiempos se le hipertrofió
al cambiarlo para incluir hasta pregoneros y distribuidores de periódicos,
lo que desnaturaliza al Sindicato y, además, si se aplicase, lo
haría entrar en conflicto con otras organizaciones sindicales con
tradición en las empresas periodísticas.
Pero, si bien hubo esa importante, pero desarticulada, preocupación
en la dirigencia, nada se ha avanzado en la modernización de la
estructura sindical, su real democratización para lograr amplia
participación del colectivo, sus principios, etc. Es urgente una
amplia reforma estatutaria, producto de abierta consulta y debate, que
permita esa modernización del SNTP y la definición de unos
perfiles más democráticos, más clasistas y de avanzada
social.
Algo esencial en esta materia, sería convertir las actuales “Secretarías”
de la Junta Directiva en verdaderas “Comisiones de Trabajo”
con vida interna propia, las cuales estarían dirigidas por el Secretario
respectivo, e integradas por el Suplente de la Secretaría y todos
aquellos compañeros que deseen participar en el trabajo regular
del área. Se trabajaría con base en planes sectoriales de
trabajo, cuya aplicación no dependería ya de alguna individualidad,
sino que sería competencia del colectivo sindical. Ello significaría
un desarrollo democrático de la organización: permitiría
una amplia participación natural de los afiliados en la actividad
sindical; y contribuiría a ir abandonando, paulatinamente, el concepto
de “gestoría sindical” o “agencia de reclamos”,
que muchos manejan en torno al sindicato, conciente o inconscientemente.
CONCIENCIA
EN CRISIS
La
conciencia gremial y clasista evidentemente se ha venido a menos en el
SNTP. El nihilismo, el individualismo, el egoísmo y la “caribería”
(en formas repugnantes, a veces), la insensibilidad social y política,
el nuevorriquismo y ciertos grados de corrupción están presentes
en buena parte de la militancia del Sindicato, influenciada –es
lógico– por los aparatos ideológicos del capitalismo
dependiente venezolano, y especialmente dentro y a través de los
medios de difusión masiva, donde el béisbol de las “Grandes
Ligas” norteamericanas se vive y expone como si se tratase de eventos
en el “Chato Candela” del 23 de Enero, y los musicales sabatinos
de la televisión son un perfecto conducto de transculturización
con desfile martillante de “mises”, chabacanerías y
cuanta estrella televisiva levanta cabeza en Estados Unidos y nos la impone
cualquier transnacional de los “enlatados”.
Una tarea básica es la recuperación del nivel político-gremial
de los afiliados, que en los actuales momentos totalizan casi dos millares
(27). La falta de incorporación a la vida sindical; el temor ante
las sutiles y permanentes políticas de amedrentamiento de los patronos;
el desinterés (desestimando las intrascendentes conversaciones-quejas-lamentos
de sobremesa) ante los problemas sociales, políticos y culturales;
la sujeción al paternalismo, el facilismo propio de los comodones;
son algunos de los efectos de la influencia del medio capitalista en el
seno del gremio, y ello debe ser atacado a través de la elevación
del nivel político-gremial.
PARA
LUCHAR MEJOR
Especial
atención debería prestarse a la formación de cuadros
dirigentes de relevo, partiendo de los Delegados Sindicales en cada empresa.
Una de las mayores fallas del SNTP –y esto es un criterio muy personal–
radica en la baja calidad sindical de algunos Delegados, quienes por falta
de interés o desconocimiento no acometen las tareas básicas
de esa instancia del correaje sindical, permitiendo la acumulación
innecesaria de pequeños y grandes problemas, que muchas veces escapan
a los miembros de la Directiva. En muchas oportunidades, el simple reclamo
del incumplimiento empresarial de una cláusula contractual requiere
de la presencia de uno o más directivos, cuando lo normal sería
que se solucionara el problema internamente en el propio centro de trabajo.
Esta deficiencia es parte de la crisis de conciencia.
UNIVERSIDAD
Y SINDICATO
Conocido
es el alto porcentaje de periodistas militantes en el SNTP. Por mandato
de a Ley de Ejercicio del Periodismo, para ejercer la profesión
se debe tener formación universitaria, indudable avance cualitativo
en beneficio del país. En este campo se nota un divorcio bastante
importante de los estudios universitarios y la conciencia gremial y sindical.
Si bien en la Escuela de Comunicación Social de la Universidad
Central de Venezuela, ofrecen la materia “Ética y Legislación
de Prensa”, su programa no incluye ninguna materia sindical. Incorporando
la historia del SNTP, la legislación laboral básica y la
situación contractual de la prensa capitalina en ese programa,
la Universidad aportaría una valiosa colaboración al fortalecimiento
gremial y a la elevación de esa conciencia que registramos disminuida.
Estrechar las relaciones Escuela-Sindicato-Estudiantes de Periodismo es
un reto que involucra la voluntad de docentes, sindicalistas y dirigentes
estudiantiles.
PERIODISTAS
SIN PERIÓDICO
Es
aquí donde más resalta la necesidad de diseñar y
poner en circulación un periódico (mensual o quincenal,
pero respetando la periodicidad) del Sindicato Nacional de Trabajadores
de la Prensa. Es inconcebible que una organización en su inmensa
mayoría conformada por periodistas, carezca de un medio propio.
Sobre todo, cuando no existen problemas de orden económico, y menos
en cuanto a capacidad profesional. Este órgano informativo sería
tribuna para la discusión de cuestiones ideológicas, políticas,
culturales y gremiales; para informar sobre la dinámica de la actividad
sindical; para servir a otros gremios y sindicatos; y para canalizar trabajos
periodísticos de nuevo tipo (no hablamos de “Nuevo Periodismo”),
generalmente censurados en los medios de difusión masiva. En síntesis,
seria un medio informativo alternativo, que, además de órgano
gremial, circularía como exponente de periodismo veraz, independiente
y ético.
POCA
ACTIVIDAD CULTURAL
Falla
importante del SNTP es la inactividad cultural. Falla notoria, pues por
el medio propio en que se mueven sus militantes, y el rol del fenómeno
comunicacional en la sociedad moderna es inexplicable que carezcan de
planes y programas de promoción cultural. El Sindicato Nacional
de Trabajadores de la Prensa, igual que el Sindicato de Trabajadores de
Radio y Televisión del Distrito Federal, es a mi juicio, la organización
sindical más cercana al ámbito cultural. Sin embargo, como
sindicato, el SNTP despliega muy poca actividad cultural, y en la actualidad
se podría decir que ninguna. Convertir su sede en un centro cultural
capitalino, estrechamente ligado a la cultura venezolana, es perfectamente
factible, si la coordinación de esa área se realiza con
capacidad y suficiente amplitud y frescura, como para permitir el concurso
de tantos afiliados que podrían encargarse de promover diversas
ramas especificas, de acuerdo a sus inquietudes espirituales y sus conocimientos
particulares.
LA
SIGNIFICACIÓN HISTORICA
Estos
y otros problemas del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa,
no disminuyen ni opacan la trascendencia de la organización al
servicio de sus afiliados, de la profesión y del país durante
los 35 años de actividad honesta, combativa y desinteresada de
sus dirigentes y militantes. Siempre con altibajos, siempre unos trabajando
más que otros, siempre cargando con la indiferencia de muchos,
siempre enfrentando las pretensiones empresariales, siempre al lado de
los intereses del pueblo venezolano y las causas justas de los pueblos
hermanos
Si bien el balance no puede ser “optimo”, realmente está
arriba y lejos de lo negativo. Suficiente y justo es asignarle un “positivo”,
siempre teniendo la capacidad de analizar el presente estrechamente ligado
al pasado. No para sacralizar valores anteriores, sino para valorar, respetar
y apreciar la evolución de un sindicato que es en la actualidad
lo que a través de siete lustros han querido sus dirigentes y militantes,
quienes en definitiva, somos autores de lo bueno y lo malo que registra
el SNTP, bien sea por acción o por omisión. El futuro también
depende de nosotros.
REFERENCIAS
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Ávila Editores (Biblioteca Popular El Dorado). Caracas, 1972.
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1949 – 1974. Departamento de Publicaciones de la Facultad de Humanidades
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