| NACIMIENTO
Y DESARROLLO
DEL SINDICATO NACIONAL DE TRABAJADORES DE LA PRENSA (SNTP)
Manuel Isidro Molina Peñaloza
manuelisidro21@gmail.com
•
El autor es licenciado en Comunicación Social de la Universidad
Central de Venezuela.
•
Especialista en Ciencia Política, con estudios de maestría
aprobados en la Universidad Simón Bolívar. Pendiente de
presentar el Trabajo de Grado para obtener el grado Magíster en
Ciencia Política.
•
Ha sido profesor de Lenguaje y Comunicación y Ética Publicitaria
en el Instituto Universitario de Mercadotecnia (ISUM), Caracas; y de Comunicación
y Desarrollo y Sociopolítica en la Universidad Católica
Santa Rosa, Caracas.
•
Ha sido ponente en diversos foros nacionales e internacionales, y expositor
invitado durante tres años, del Instituto de Altos Estudios de
la Defensa Nacional “Gran Mariscal Ayacucho Antonio José
de Sucre”, Caracas.
DESEMPEÑO
PROFESIONAL ACTUAL:
•
Editor-Director de SUMMA La Revista Universitaria de Venezuela
•
Presidente de la EDITORIAL UNIVERSITARIA LATINOCARIBEÑA, C. A.
•
Columnista del semanario LA RAZÓN, Caracas.
GREMIALMENTE
se ha desempeñado como:
•
Presidente del Colegio Nacional de Periodistas (1996-1998)
•
Coordinador del “Foro Profesional de Venezuela”, que en 1997
agrupó a todos los Colegios y Federaciones de profesionales universitarios
de Venezuela. Su designación en ese importante cargo intergremial
fue producto de la decisión democrática de todos sus colegas
presidentes y presidentas de las Federaciones y Colegios de profesionales
universitarios del país, reunidos en Caracas, en enero de 1997.
•
Secretario General de la IX Convención Nacional de Periodistas.
•
Secretario de Organización de Sindicato Nacional de Trabajadores
de la Prensa (1978-1980).
•
Presidente y Secretario General del Centro de Estudiantes del “Liceo
Luis Razetti”, Caracas. (1965-1968)
CARGOS
DE REPRESENTACIÓN POPULAR EJERCIDOS:
•
Diputado al Congreso de la República, por el Distrito Federal (1994-1999).
•
Presidente de la Comisión Permanente de Medios de Comunicación
Social de la Cámara de Diputados (1994-1996, lapso en el cual fue
aprobada la vigente Ley de Ejercicio del Periodismo –Diciembre de
1994).
•
Diputado al Congreso de la República, por el Estado Mérida
(1989-1994).
UNIVERSIDAD
CENTRAL DE VENEZUELA
FACULTAD DE HUMANIDADES Y EDUCACIÓN
ESCUELA DE COMUNICACIÓN SOCIAL
TRABAJO
DE GRADO DE:
MANUEL
ISIDRO MOLINA PEÑALOZA PARA OPTAR AL TITULO DE:
LICENCIADO
EN COMUNICACIÓN SOCIAL
(MENCION IMPRESO)
TUTOR:
Prof.
LENIN LOMBARDO MOLINA PEÑALOZA
MIEMBROS
DEL JURADO:
Prof.
GILBERTO ALCALÁ
Prof. EARLE HERRERA
Caracas, noviembre de 1980.
INTRODUCCIÓN
En
1981 cumple 35 años de existencia el Sindicato Nacional de Trabajadores
de la Prensa (SNTP), ente gremial de singular importancia, cuyos militantes
poca o ninguna atención han prestado a su significación
histórica como elemento de primera línea en la elevación
profesional, la dignidad laboral y las condiciones de trabajo y beneficios
socio-económicos.
Sólo comparando los 80 bolívares mensuales más una
puya (5 céntimos de bolívar) por centímetro/columna
publicado, que ganaban los periodistas de Ultimas Noticias en 1946, con
la realidad contractual de hoy, bastaría para apreciar el rol catalizador
que ha desempeñado el SNTP con el esfuerzo de sus dirigentes y
afiliados durante épocas benignas y también en momentos
difíciles para los trabajadores y fuerzas progresistas, y por ende
para la Patria.
Fundado cinco años después que la Asociación Venezolana
de Periodistas (AVP), el entonces Sindicato Nacional de Periodistas surge
como motor de las luchas clasistas de los trabajadores de la prensa, y
durante su desarrollo firma los primeros contratos colectivos de trabajo
con base en las ahora insuficientes y amañadas legislación
y reglamentación laborales; organiza a los trabajadores para luchar
por sus derechos frente a los patronos; acompaña al pueblo venezolano
en sus luchas por las libertades ciudadanas frente a la dictadura perezjimenista;
enfrenta los excesos antidemocráticos del gobierno del presidente
Rómulo Betancourt (quien, aunque electo democráticamente
se desempeñó en Miraflores con el mayor desprecio hacia
los principios y garantías de nuestra Constitución Nacional
de 1961); adhiere a los sentimientos progresistas y luchas por la libertad
de los pueblos, especialmente en nuestra América Latina; comparte
las justas luchas de los trabajadores venezolanos por mejores condiciones
de vida y trabajo; y milita decididamente en el campo de quienes asumen
verticalmente la defensa de la libertad de expresión y la libertad
de información, sin confundir estos términos con el sentido
insincero que le han venido dando los patronos nacionales e “interamericanos”
agrupados en el Bloque de Prensa Venezolano, Cámara Venezolana
de la Radiodifusión, Cámara Venezolana de la Industria de
la Televisión, Asociación Interamericana de Radiodifusión
(AIR) y la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), entes patronales que
más que “libertad” andan en busca de la continuidad
de sus privilegios de poder y de su rectoría en la dinámica
de los medios de difusión masiva de nuestros países, donde
“administran” a su antojo el flujo informativo.
Pero sería poco realista reflejar un balance cien por ciento positivo,
que nos llevaría a un conformismo deseado por las fuerzas dominantes
e impediría ver deficiencias al lado de las virtudes, lo que a
su vez mataría la posibilidad de revitalizar, desarrollar y ampliar
el campo de acción y el espíritu clasista que en el futuro
pueda hacer del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa una referencia
positiva para el resto de los trabajadores del país, cobijados
hoy, en su mayoría, por un sindicalismo castrado, colaboracionista
y reformista, que no permite el desarrollo eficaz de las luchas sociales,
en aras de su permanente compromiso con las fuerzas políticas pro-capitalistas,
conformándose con migajas para no romper el grotesco sistema de
privilegios y predominios que mantiene atada a Venezuela al subdesarrollo
y la dependencia, uno de cuyos componentes es la transculturización
a través de los medios de difusión masiva y otros mecanismos
culturales, que evidentemente no han dejado de contaminar a nuestro gremio,
como a toda la sociedad venezolana.
Por ello, este modesto Trabajo de Grado no se quedaría en la fría
referencia a hechos y fechas, como era el método de la historia
anecdótico-cronológica que nos forzaron a memorizar en la
escuela con los textos primarios del profesor Siso Martínez. Será
más bien, la interpretación y una serie de reflexiones en
torno a hechos ciertos de la historia inédita del SNTP, con un
elemento particular que es necesario conocer desde el principio para poder
entender al final, por qué el autor también es actor y asume
posiciones autónomas respecto a muchos tópicos:
Efectivamente, aclaro que actualmente soy Secretario de Organización
del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa, electo en 1979, cuando
me desempeñaba como Secretario de Redacción en el diario
Ultimas Noticias, momento en el que comienza a ligarse la vida del SNTP
a la acción de sus recién electos siete directivos, entre
quienes me encuentro.
Este trabajo no estará regido por concepciones “obreristas”,
que a fin de cuentas desconocen la realidad nacional y la dinámica
laboral del país, negando la potencialidad de ciertas clases intermedias,
como algunos sectores de la clase media, por ejemplo, por simple afán
sectario y purista. Tampoco estará en el otro extremo: el que niega,
prácticamente, la lucha de clases y el cambio revolucionario por
conformarse con el quietismo sindical y la paz obrero-patronal, que asigna
a los sindicatos un simple rol economicista o, por mucha audacia que se
tenga, políticamente conservador en tanto que defensor complacido
del actual sistema político y económico venezolano. Si bien
no se trata de caer en el “forismo” (24:51) argentino de principio
de siglo, desarrollado en el Cono Sur por la inmigración europea
que llegó con sus maletas repletas de textos anarquistas y los
corazones excitados por los tumultos sociales del viejo continente que
tuvieron el más alto exponente en la “Comuna de París”,
fracasado experimento socio-político proletario del siglo XIX,
que gracias a Karl Marx (1818-1883) dejó valiosas enseñanzas;
tampoco se trata de mirar y actuar con los ojos y músculos reformistas,
que apenas alcanzan para conseguir unos bolívares más cada
vez que se discute un contrato colectivo de trabajo.
Por su especificidad, el SNTP, con toda esa carga de dignidad y lucha
que durante 35 años han mantenido sus dirigentes y militantes,
está llamado a ser un importante centro de referencia sindical
venezolano que por sus vínculos directos con la política,
la historia contemporánea y la cultura, puede desempeñar
un rol de vanguardia en la sociedad venezolana, contribuyendo a la conformación
de fuerzas emergentes que apunten a la transformación de esta sociedad
que ya nadie vacila en calificar de injusta. Por ello, se analizan en
este trabajo las perspectivas inmediatas del SNTP, si su colectivo se
dispone a imprimir una nueva orientación que le permita optimizar
la utilización e incorporación de todos los recursos que
tiene a su alcance.
Esta investigación, que desde el momento mismo de presentar el
Proyecto tipificamos como documental y testimonial, tuvo dos elementos
de signos contrarios entre sí:
El primero, negativo: bibliografía no existe sobre el SNTP, apenas
unas útiles referencias en algunos trabajos sobre la AVP o el Colegio
Nacional de Periodistas (CNP), lo cual se dificulta más con la
falta de archivos metodizados y suficientes en el SNTP y en la Inspectoría
del Trabajo del Distrito Federal.
Y en segundo lugar, el positivo: mucha de la historia del Sindicato, que
no está en libros ni en archivos, permanece en las mentes de los
actores de cada época, quienes la suministran con ciertas explicables
inexactitudes, aderezadas con juicios personales totalmente válidos,
si respetamos el natural elemento subjetivo que todos llevamos por dentro.
Para las personas que fueron consultadas en diversas oportunidades para
armar este aporte a la historia del SNTP, va ya el más profundo
agradecimiento.
Huelga aclarar que con este Trabajo de Grado no se pretende agotar el
tema y, por el contrario, se ofrece como un modesto aporte al conocimiento
de treinta y cinco años de acción y pasión por un
gremio joven que todavía no ha logrado su mejor época ni
su papel protagónico en el sistema comunicacional del país,
dominado por sectores de la burguesía con nexos de asociación
y dependencia de economías transnacionales, que han “distorsionado
tan profundamente la evolución económica del país,
que incluso el excepcional ingreso petrolero que ha percibido, más
bien ha contribuido a acentuar la deformación de su desarrollo
y la del proceso y comportamiento de sus clases sociales, tanto de las
dominantes como de las explotadas e intermedias.” (20:35)
Quedarán formuladas algunas interrogantes y evidentes algunas lagunas.
También, elementos para discutir en beneficio del SNTP y sus agremiados.
Todo resultará un reto a otros para ahondar en la historia de este
organismo gremial, que junto a las de la Asociación Venezolana
de Periodistas y del Colegio Nacional de Periodistas deben ser entrelazadas
para escribir algún día la historia general del gremio en
la era postgomecista, importante etapa del periodismo y la vida nacionales,
precedida por 35 años de primitivismo político, cuando los
periodistas se confundían con los políticos y viceversa,
para dejarnos ejemplos de capacidad, lucha y dignidad.
UNA
EPOCA
Los
“chopos de piedra” ya habían sido desplazados definitivamente
por los “técnicos” (5:15). Diez años con varios
metros de tierra encima llevaba en eterno descanso el “Benemérito”
Juan Vicente Gómez, ese férreo caudillo-anticaudillista
a quien se le asigna la unificación de Venezuela y la estructuración
de las Fuerzas Armadas con principios de unidad de mando y organización
verdaderamente nacional; el haber entregado nuestra riqueza petrolera
al capital transnacional, fundamentalmente a ingleses, holandeses y estadounidenses;
y ser rector de esa rotunda política carcelaria y represiva contra
sus opositores, a quienes la historia (o ciertos historiadores) quiere
sacralizar y representar iconográficamente en la “Generación
del 28”, especie de club caudillesco, cuyos miembros no se conforman
con el reconocimiento popular del que han sido objeto sino que pretenden
continuar percibiendo los beneficios de sus “sacrificios por la
patria” e influyendo decisivamente en la vida nacional, unos por
sus siempre frustradas ansias de poder, y otros por su insolente deseo
de ejercerlo en forma vitalicia, aunque con visos de alternabilidad.
La muerte de Gómez, el 17 de Diciembre de 1935, fecha a la que
algunos asignan maniqueísmo del dictador y sus adláteres
para hacerla coincidir con el aniversario de la muerte de nuestro Libertador
Simón Bolívar, significó también el comienzo
de la agonía de un régimen que mantenía a Venezuela
alejada del desarrollo de otros pueblos, tanto en lo político como
en lo económico-social, y ni qué hablar de lo cultural.
Un sistema de organización social que estimuló las más
diversas reacciones opositoras, siempre atacadas con ansias de aniquilamiento,
pero que, por contradicciones inherentes a cualquier cuerpo social, fue
también vivero de la maduración y diferenciación
de las actuales clases sociales antagónicas, enumeradas por el
extinto economista y profesor universitario Salvador de la Plaza, de la
siguiente manera:
La clase dominante integrada por la burguesía industrial, empresarios
agropecuarios, comerciantes, importadores, etc., quienes tienen dos grandes
sectores: los nacionales y los ligados a las economías imperialistas,
siendo más poderoso el segundo.
Las clases explotadas: el campesinado y los obreros. Y advierte este autor,
“entre la clase dominante –sus dos sectores acaparadores de
los medios de producción– y las clases explotadas, productoras
de riqueza, una variedad de subclases, con sus propios antagonismos, que
va desde lo que podría ser calificada de pequeña burguesía,
por los ingresos, hábitos y costumbres de quienes la integran –profesionales,
técnicos, burocracia media, pequeños industriales, etc.-,
hasta la amplia masa de los sin-trabajo que deambulan por el territorio
o se asientan en los sórdidos suburbios de los pueblos y ciudades.”
(20:34).
Basándonos en Salvador de la Plaza, podemos determinar los antecedentes
de las clases sociales venezolanas, que vienen de una relación
de profunda explotación desde la época misma de la conquista
y luego en la sociedad colonial, donde existió una estructura esclavista
que también registra el historiador Federico Brito Figueroa en
su libro La Formación de las Clases Sociales en Venezuela, para
quien “la captura de indígenas con fines de tráfico
esclavista es una de las actividades económicas explotadas por
los conquistadores desde el instante mismo del descubrimiento de América”,
actividades en que “participa el propio Cristóbal Colón,
quien el 14 de Octubre de 1492 remite a España el primer lote de
esclavos indios” (3:24). “El 24 de febrero de 1545, Cristóbal
Colón remitió a Sevilla 500 esclavos indígenas de
ambos sexos, distribuidos en cuatro buques de carga –refiere FBF-.
Esta actividad práctica de Cristóbal Colón respondía
a la concepción que tenía sobre los fines de la conquista;
en efecto, el 15 de febrero de 1493 había escrito (...) que en
las tierras conquistadas se obtendría oro, especerías, algodón
y esclavos cuanto mandare cargar” (3:25). Esa relación de
esclavitud se vivió abiertamente en los placeres de perlas, donde
indígenas y esclavos africanos eran obligados “a trabajar
mediante la más brutal violencia física, sobre la base del
látigo y las más severas penas corporales; en las noches
dormían amarrados a un botalón o inmovilizados con el aparato
de tortura llamado cepo; se les marcaba con hierro candente para identificarlos
fácilmente en caso de fuga, casi no se les suministraba alimentos.”
(3:28 y 29). Así, negros e indígenas “forman una clase
social, la clase de los esclavos, propiedad de los amos esclavistas, dueños
de los primeros en términos de una cosa y de su capacidad de producción”
(3:36), de tal manera que el “modo de producción esclavista
(...) es el rasgo fundamental de la estructura económica que domina
cualitativamente en el territorio venezolano conquistado hasta 1550”
(3:40), donde “con el apoyo institucional e ideológico del
Estado metropolitano español, los amos de esclavos se fortalecen
como clase social explotadora” (3:43).
El profesor Brito Figueroa remata el estudio mencionado, afirmando que
“no hay la más mínima duda que la salvaje política
de discriminación racial impuesta como sistema con relación
a los negros es para afianzar igualmente el régimen económico-social
de esclavitud y el status político esclavista, que como una entidad
histórica indisoluble, constituye el instrumento de dominación
del Estado metropolitano español en territorio venezolano, en la
época de formación de las primeras clases sociales en ese
territorio violentamente conquistado.” (3:49 y 50).
Esa etapa inicial sufre las naturales transformaciones que permiten la
aparición y consolidación de las clases y castas coloniales
que van a vivir la lucha por la independencia a partir de 1811, cuando
se protocoliza la separación de la España de Fernando VII,
el 5 de julio.
“Realizada la emancipación tras cruenta y prolongada guerra
-sostiene Salvador de la Plaza– y convertida la Capitanía
General de Venezuela en Estado autónomo e independiente, la estructura
esclavista y de clases de la Colonia pervivió, lo que explica por
qué (...) quienes estaban en capacidad de dirigir la acción
emancipadora, cortar el lazo de dependencia con la Corona, incluso al
comienzo con la oposición de los rangos inferiores de la sociedad,
no podrían ser otros que los mismos grandes propietarios de tierra
y de esclavos, el sector de la clase económicamente dominante que
con la independencia se apoderaba de todo el poder político.”
(20:20).
Sin embargo, la lucha independentista, que fue tan devastadora en nuestro
territorio, imprimió cambios apreciables en el orden social, pues
“si bien es cierto que el Estado no aboliría la esclavitud
hasta 1854 (con el presidente José Gregorio Monagas) el modo de
producción esclavista ya había dejado de ser predominante,
pues la mayoría de los esclavos, aprovechando la consiguiente desarticulación
y desajustes provocados por las guerras, se había liberado por
sí misma, abandonando las haciendas, incorporándose a los
cuerpos de ejército, tanto a los realistas como a los independentistas
o internándose en las montañas y llanos para emprender sus
propios sembradíos. Los grandes propietarios de tierras, ante la
imposibilidad de recuperar sus esclavos por medio de la fuerza pública,
gestiones en las que agotaron no pocos esfuerzos, optaron por generalizar
en sus haciendas y hatos relaciones de producción que parcialmente
estaban en uso desde la Colonia. En efecto, sustituyeron, o mejor dicho,
reemplazaron, la mano de obra esclava en las plantaciones de cacao, de
café, de caña de azúcar por el ‘medianero’
y por el ‘aparcero’ en los cultivos temporeros (cereales,
tubérculos, etc.), y en unos y otros cultivos y en la cría,
por el ‘peón’ agrícola, especie de asalariado
en condiciones infrahumanas.” (20:20).
Este reacomodo social y económico tuvo su soporte en lo político,
y fue dando origen al caudillismo en Venezuela, fenómeno que mantuvo
desarticulado al país hasta la época de Gómez. La
explotación creciente de los trabajadores del campo por parte de
los terratenientes, quienes veían crecer sus acres al tiempo que
consolidaban poder regional, “determinó que éstos
se convirtieran en caciques o caudillos –especies de señores
feudales-, que en sus respectivas regiones detentaban el poder económico
y el político, y en las luchas entre ellos por conservar la hegemonía
local o conquistar el poder nacional, arrastraron tras ellos a los medianeros,
aparceros y peones agrícolas arraigados en sus tierras, glas que
fue escenario el país hasta entrado el presente siglo...”
(20:21). Era la guerra entre la “oligarquía conservadora”,
descendiente de la “nobleza criolla”, y la “oligarquía
liberal” conformada por jefes militares de la independencia.
A rasgos generales, ese es el país que encuentran Cipriano Castro
y Juan Vicente Gómez en 1899, cuando inician la larga hegemonía
andina en el poder.
En 1908, Juan Vicente Gómez desplaza del poder a Cipriano Castro,
quien desde la Presidencia enfrentó agresiones imperialistas. “La
dinámica política de la sociedad venezolana en la primera
década del siglo XX –afirma el investigador social y profesor
universitario Rodolfo Quintero – no constituye una garantía
para las inversiones de los monopolios internacionales. Los imperialistas
juzgan necesarios el derrocamiento de Cipriano Castro y hacer presidente
a Juan Vicente Gómez, quien ofrece pagar las deudas y entregar
el petróleo del subsuelo nacional a los consorcios de dicha industria
con radio de acción mundial”. Según el autor mencionado,
“los planes imperialistas se cumplen con sorprendente rapidez, Juan
Vicente Gómez, apoyado política y militarmente por Estados
Unidos, desconoce a Castro (quien se encontraba en Europa por razones
de salud) y, como jefe del Estado inicia su actuación de fiel servidor
de los intereses extranjeros. Cancela las deudas y sus intereses, persigue
brutalmente a los opositores y monta una maquinaria de terror gubernamental
que funciona hasta los últimos días de 1935” (21:43
y 44).
“En torno al Gobierno de Gómez –escribió Salvador
de la Plaza-, integrando la clase dominante, giraban los grandes propietarios
de tierras, los comerciantes, prestamistas, rentistas urbanos, alta burocracia,
como clase inferior de sustentación, un campesinado cada vez más
explotado y depauperado. Entre ambas clases, y sin que todavía
se les pudiera clasificar de clase media, los artesanos, profesionales,
empleados públicos y privados, pequeños comerciantes y los
estratos más pobres de las ciudades. A los 84 años de existir
la República, Gómez unificador y centralizador del poder
político, dictador sanguinario, fue el exponente caracterizado
de aquella estructura latifundista, del atraso económico, social
y político que engendraba, y del divorcio entre el ordenamiento
jurídico que cursaba en Constituciones y leyes y las relaciones
sociales y políticas que imperaban en la práctica diaria.”
(20:26).
El período gomecista es también la génesis de la
Venezuela moderna, tanto desde el punto de vista político como
del económico. Bajo el mandato del “benemérito”
nace, muere y reencarna la Escuela Militar de Venezuela; se consolida
la explotación petrolera en manos de las transnacionales; se instaura
la persecución, tortura y muerte de los opositores, pero al mismo
tiempo nacen y florecen con ideologías muy diversas los grupos
de luchadores sociales que luego serían los dirigentes de los partidos
políticos decanos de la vida contemporánea –(PCV,
AD, URD Y COPEI) , comienza el éxodo campesino hacia los campos
petroleros; y en la medida en que la producción y exportación
de petróleo fue aumentando hasta convertirse en la actividad económica
predominante, a través de la cual se deslizaba un poder real a
manos de los trusts petroleros. Un enriquecido sector de la clase dominante
(los burócratas y “hombres de negocios”) fue “transformándose
cada vez más en el principal agente de mediatización económica
y política del país” (20:28). A partir del desarrollo
de la industria petrolera y del éxodo humano hacia las zonas petroleras
y ciudades importantes donde florecía la burocracia, “fueron
apareciendo en la evolución de la sociedad venezolana masas asalariadas,
relativamente numerosas y concentradas que devendrían en el inmediato
futuro de la clase obrera venezolana.” (20:28)
Citando investigaciones universitarias de 1966, Rodolfo Quintero en su
obra Clase Obrera y Revolución, participa del criterio sostenido
por Salvador de la Plaza en cuanto al nacimiento de la clase obrera en
Venezuela, cuando afirma que “los primeros grupos sociales de obreros
aparecen en la sociedad venezolana durante las últimas décadas
del siglo XIX, pero la clase obrera como tal, diferenciada de otras clases
por el lugar ocupado en el proceso de producción predominante,
surge y adquiere fisonomía con la iniciación y el desarrollo
en el país de las operaciones de exploración y explotación,
programadas por los monopolios extranjeros en la industria petrolera”
. (22:45)
Desde el punto de vista estructural, Salvador de la Plaza mantuvo el criterio
de que “en el país comenzaron a coexistir dos economías
en perenne contradicción y antagonismo: la agropecuaria atrasada
y en decadencia, como hemos visto, pero nacional; y la petrolera, la que
además de altamente tecnificada es extranjera por su ensamblamiento
a las economías de los países de origen de los trusts, principalmente
a la de Estados Unidos; anormal coexistencia que (...) determinaría
que la evolución y formación de las clases sociales venezolanas
siguieran un proceso que, en muchos aspectos –el más trascendental:
la gestación y desarrollo de una clase industrial nacional-, diferiría
del observado y comprobado en los países desarrollados.”
(20:29)
En cuanto a la libertad de expresión se refiere, el período
gomecista fue de casi absoluta oscuridad, salvo el irreverente humorismo
de Leoncio Martínez, leo, quien alternativamente tuvo dos domicilios:
Fantoches y la cárcel, que le permitió conocer la asfixiante
atmósfera de La Rotunda, símbolo de la represión
ignominiosa causante de un letargo en el desenvolvimiento nacional.
“El gomecismo, indudablemente, fue el máximo negador de la
libertad de prensa (...). Era un sistema nacional de opresión”,
en criterio del colega y profesor universitario Manuel Isidro Molina Gavidia,
expresado a partir de consideraciones sobre periodismo regional en su
obra Humorismo Trujillano (13:56).
Venezuela conoce la muerte de Juan Vicente Gómez, preñada
de convulsiones, transformaciones y ansias de libertad. La mano férrea
del general Eleazar López Contreras, quien ocupa la Presidencia
de la República desde la desaparición del dictador hasta
1941, cuando sume su Ministro de guerra y Marina, general Isaías
Medina Angarita, no fue suficiente para impedir que afloraran manifestaciones
populares en procura de mejores condiciones de vida y por la democratización
del país.
Ya en junio de 1936, apenas seis meses después de sepultado el
jefe de la dictadura más longeva de Venezuela, se produjo una huelga
general contra una legislación antidemocrática que pretendía
imponer López Contreras. Ese año es el momento del gran
despertar social y político de la Venezuela contemporánea,
aunque se mantenían las estructuras gomecistas. Importantes jornadas
laborales fueron la huelga petrolera iniciada el 9 de diciembre -decretada
ilegal por el gobierno el 2 de enero de 1937– y la realización
en Caracas del Primer Congreso de Trabajadores de Venezuela, que representó
a más de 200 mil obreros y empleados de todo el país, según
refiere el entonces dirigente sindical Rodolfo Quintero.
La represión lopecista, instigada por las clases dominantes y los
trusts extranjeros, propinó duros golpes al movimiento sindical.
Sin embargo, los trabajadores, motorizados por militantes políticos,
fundamentalmente del Partido Comunista de Venezuela y del Partido Democrático
Nacional (que se convertiría en Acción Democrática,
en 1941) realizan en 1938, en Caracas, una Conferencia Sindical Nacional
que fue reprimida por la Gobernación del Distrito Federal y continuó
en la clandestinidad, siendo sus principales decisiones decretar el 1ro.
de Mayo como Día del Trabajador Venezolano, y la “elección
de un Comité Ejecutivo de la Confederación de Trabajadores
de Venezuela.” (21:145)
La presión política y social continuó con altibajos,
pero hacia adelante. Cuando asume Isaías Medina Angarita la Presidencia
de la República, se inicia un período de democratización
detestado por el gomecismo que veía escapar de sus manos definitivamente
un país que había tenido de botín y hacienda durante
casi tres décadas. Todavía los “chopos de piedra”
mantenían ciertas esferas de mando que frenaban la apertura democrática
del régimen, al cual muchos asignan un balance positivo y otros
critican no haber acelerado la marcha hacia la modernización y
democratización del país.
El 18 de octubre de 1945, sale el general Medina Angarita de Miraflores,
derrocado por un grupo de militares jóvenes formados en academias
del país y del extranjero, en combinación con el partido
Acción Democrática, ese pivote del desarrollo capitalista
dependiente de Venezuela en las últimas cuatro décadas.
Rómulo Betancourt asume la jefatura de la Junta de Gobierno y se
abre en el país una etapa de gran ebullición social y política,
que registra, por ejemplo, la fundación de centenares de sindicatos
y asociaciones gremiales en todo el territorio nacional.
En torno a esa “Revolución de Octubre”, como la llaman
en la literatura adeca, han surgido muchas consideraciones, en su mayoría
negativas, pero es indudable el respaldo que en el orden político
tuvo luego de parte de una población desorientada, ignorante, hambrienta
y ansiosa de un mejor futuro, que no vacila en lanzarse a la lucha social
aprovechando la apertura política y el desarrollo de la modernización
institucional del Estado, que si bien tiene méritos en el orden
meramente político, en el social y en el económico carece
de muchas virtudes.
Mario Briceño Iragorry, escritor trujillano de grandes méritos,
íntimo amigo de Isaías Medina Angarita y estrecho colaborador
en su gobierno, en ese ensayo desgarrador sobre la identidad nacional
Mensaje sin Destino, plasma un criterio al respecto: “La Revolución
de octubre de 1945, afanosa de componerlo corrompido anterior, habló
hasta de una segunda independencia. Lo mismo habían hecho todos
los movimientos precedentes cuando tomaron el gobierno.
“Si leemos los discursos inaugurales de los ejercitantes del Poder,
hallaremos que Venezuela ha nacido tantas veces como regímenes
personalistas ha soportado.” (2:40)
Y agrega más adelante:
“Lo mismo que proclamaron Guzmán y Betancourt, lo sintieron
o lo mintieron Gómez y Castro, Crespo y los Monagas. Cada uno se
creyó a su turno el mago de Venezuela, y preocupados los magos
y los brujos de cada momento en variar y mejorar a su modo el rostro de
la patria, hemos terminado en sufrir una fatal ausencia de perfiles determinados.
Creo que cualquiera conviene conmigo en que sea ésta la peor de
las crisis que sufre nuestro país.” (2:41).
Salvador de la Plaza le asignó al golpe del 45 un tinte extranjerizante
y dependiente. Él afirma que “los trusts norteamericanos,
apoyándose en el sector parasitario y antinacional, y valiéndose
de un grupo de oficiales del Ejército y de líderes pequeñoburgueses
demagogos, organizaron un golpe de estado, derribaron al gobierno y, el
de facto que fue instaurado derogó la Ley de Reforma Agraria y
frenó la industrialización independiente, favoreciendo y
auspiciando la instalación en el país de subsidiarias de
los grandes truts norteamericanos, clausurando así, el breve paréntesis
–1941/1945– de actuación nacionalista del Estado.”
(20:32)
En todo caso, los nexos de dependencia estaban enraizados, fundamentalmente
con Estados Unidos, potencia que emergió de la Segunda Guerra Mundial
que diezmó a Europa, como el Estado imperialista que cuenta con
el más poderoso cuerpo económico y militar del capitalismo
mundial, preeminencia que hoy registra en declive la realidad internacional
debido a la superación de los pueblos en sus luchas contra el imperialismo
y el colonialismo. Tenía sus bases firmes en el país, la
“cultura del petróleo” (21), que Rodolfo Quintero encuentra
en lo más íntimo de la sociedad venezolana contemporánea,
parte de la “crisis de pueblo” que atormentó a Mario
Briceño Iragorry (2:14). En aquel tiempo ya se advertían
las causas de la actual falta de identidad nacional, la nociva penetración
cultural a través de los medios de difusión masiva y otros
mecanismos, la desarticulación social y el desdoblamiento de clases
que mantiene en la abulia y la indeferencia a la mayoría de los
trabajadores venezolanos, imbuidos por la perspectiva del enriquecimiento
fácil, el derroche suntuario, la frivolidad y el seguimiento de
patrones de conducta y aspiraciones que se contradicen con su naturaleza
de clase.
Por aquella época, Caracas contaba apenas unos 300 mil habitantes,
lo que bien puede ser hoy la parroquia Caricuao o el “23 de enero”,
sin la alta concentración humana, por supuesto. “El norte
lo arropaban una serie de casonas ubicadas más acá de la
actual Cota Mil; por el sur el lindero era Puente Soublette o Quinta Crespo,
a cuyos lados corría el Guaire, alargando esta extremidad sus dedos
hasta la urbanización El Paraíso, La Vega, Los Rosales,
El Cementerio y el Valle. Por el oeste, Palo Grande era un punto extremo,
porque más allá estaban los aledaños; en Antímano
aún se veían vaqueras y en sus contornos los sembradíos.
El este de la ciudad finalizaba en la Calle Real de Quebrada Honda y en
la urbanización Los Caobos, pues Sabana Grande, Cacaito, Chacao
y Petare eran aldeas tranquilas y pintorescas, pueblos que no habían
comenzado a recibir los aires del remozamiento, ayunos de los estímulos
de los que será más tarde la zona metropolitana. La urbe
en puntillas se disponía no obstante a invadir sembradíos
y jardines, y a perfilar su futura silueta de gran ciudad.”, según
la descripción que hace el colega e historiador Luis Cordero Velásquez
en su libro Betancourt y la Conjura Militar del 45. (5:14)
A partir del régimen de Medina, el periodismo venezolano encuentra
condiciones favorables para su desarrollo, fundamentalmente en Caracas,
cuidad que comenzaba a sufrir la hipertrofia política, demográfica
y económica que la ha llevado a ser hoy el centro vital, corazón
y cerebro de una Venezuela excesivamente centralizada, lo que planificadores
y sociólogos han dado en llamar “megacentrismo”.
Es universal el reconocimiento al respeto que por las libertades públicas,
y especialmente la libertad de información, mantuvo siempre el
Presidente Medina. “La palabra se combatía con la palabra
–afirma Manuel Isidro Molina Gavidia-, el argumento con el argumento.
Después del 45 también existió esa libertad hasta
1948. A partir del decreto de suspensión de garantías constitucionales
del Presidente Gallegos, vuelve a caer la bota de la censura.” (3:58)
El propio Isaías Medina Angarita lo reafirma en discurso pronunciado
en el Teatro Municipal de Caracas, el 24 de octubre de 1943, al inaugurar
el Primer Congreso Venezolano de Periodistas, según cita del colega
profesor universitario Eleazar Díaz Rangel en sus Apuntes y Materiales
para la Historia de la A.V.P.:
“’Ha sido cuidado especial del Gobierno, con cuya suprema
dirección me honró la confianza de mis ciudadanos, mantener
la garantía constitucional de la libertad del pensamiento y cuidar
de que a su ejercicio cabal no se pongan trabas. Mis más íntimas
convicciones, mi respeto por la opinión ajena y el deseo vehemente
de que en el país exista un clima propicio a la libre discusión
de los asuntos que incumben a los destinos, a los verdaderos, puros permanentes
destinos de a Nación Venezolana, me impulsa a declarar nuevamente
en este ambiente de hombres de prensa, que continuará siendo esa,
una norma inalterable durante mi mandato constitucional’.”
(7:21 y 22).
Ahora, El Universal, La esfera, La religión, El Heraldo, diarios
existentes para el período de López Contreras, reciben el
impacto del periodismo popular que comienza a desplegar Ultimas Noticias
desde el 16 de septiembre de 1941; de El Nacional, que nace dos años
después con innovaciones de estilo y presentación; del serio
humor de El Morrocoy Azul; y la acción política de El País,
tribuna acciondemocratista desde donde Rómulo Betancourt, con sus
famosos artículos fue catalizando las condiciones para el derrocamiento
de Medina. De tal manera que en los diez años que siguieron a la
muerte de Juan Vicente Gómez, caracas volvió a ser un agitado
centro generador de ideas y luchas de sentido nacional.
1946 recibe el impacto del naciente gobierno cívico-militar presidido
por el fundador de AD, que personalmente no consideramos “revolucionario”
porque, si bien impulsó reformas importantes a nivel político,
en lo económico y esencialmente en la relación explotados–explotadores
no imprimió cambios reales, sino de forma, quedando inalterados
los privilegios de las clases dominantes. La evolución posterior
de la sociedad venezolana es evidencia suficiente de que continuó
el predominio capitalista, la dependencia económica (reformulada
siempre con nuevos mecanismos), la estigmatización del sentido
nacional (aparte de cualquier chauvinismo) y el beneficio de las clases
privilegiadas mientras se hablaba y habla de “pueblo”, “pobres”,
etc.
1946 fue efervescencia permanente. Las condiciones políticas permitieron
y exigieron la formación y el desarrollo de organizaciones obreras
y profesionales. Una diáspora social y política impregnó
a todos los venezolanos, a cada quien impacta en su óptica e impulsa
en sus propósitos.
FRENTE
A LA PLAZA BOLIVAR
Caracas
comenzaba a recalentar sus músculos. Varios meses llevaba en Miraflores,
Rómulo Betancourt presidiendo la Junta Revolucionaria de Gobierno,
que además integraron Raúl Leoni (AD), Edmundo Fernández
(Independiente), Luis Beltrán Prieto Figueroa (AD), y Gonzalo Barrios
(AD), por la parte civil, y el mayor Carlos Delgado Chalbaud y el capitán
Mario Ricardo Vargas, por la Unión Patriótica Militar, corriente
castrense que motorizó y ejecutó el golpe contra el presidente
Isaías Medina Angarita. Los tanques habían vuelto a los
cuarteles y el tiempo había asfixiado las detonaciones de las balas
que segaron algunas vidas de “medinistas” y también
de “revolucionarios”.
La aceleración que vivió el país no dejó de
impregnar al gremio de la prensa. A comienzos de marzo de 1946, se realizan
los primeros movimientos para fundar el Sindicato Nacional de Periodistas
(SNP), que once meses después cambiaria su denominación
por la de Sindicato Nacional de Trabajadores de Prensa (SNTP), en busca
de mayor base social dentro de las empresas y así poder enfrentar
mejor a los patronos.
Sería impropio pensar que el acontecer político nacional
no influyera como catalizador en los intentos de fundación del
SNP, sobre todo si se toma en cuenta que la “revolución”
de octubre de 1945 generó una gran ebullición social y política
en todo el territorio, una de cuyas manifestaciones fue la fundación
masiva de sindicatos, impulsada por las corrientes políticas de
la época, especialmente el Partido Comunista de Venezuela (de reciente
legalización), y, claro, con gran interés y empeño,
por parte de Acción Democrática, fuerza que se expandió
y se transformó en partido gobernante gracias a la Unión
Patriótica Militar que dirigían, entre otros, los oficiales
jóvenes Carlos Delgado Chalbaud, Mario Ricardo Vargas, Julio César
Vargas, Martín Márquez Añez, Hugo Fuentes, Edito
Ramírez, Horacio López Conde, Luis Felipe Llovera Páez,
Francisco Gutiérrez y Marcos Pérez Jiménez, cuya
mayoría luego consumaría el derrocamiento del presidente
Rómulo Gallegos, el 24 de noviembre de 1948, deshaciéndose
de AD para establecer la dictadura militar que estuvo vigente hasta enero
de 1958.
Con el propósito de exponer lo más libremente posible, los
criterios de varios de los fundadores del Sindicato, seguidamente daremos
a conocer algunas versiones en relación a esa influencia política
sobre la génesis del SNP. Servirán para discutir y analizar
una época importante del gremio de la prensa, que no sólo
periodístico, en un país donde el sindicalismo contemporáneo
a partir de la muerte de Gómez o, como todos prefieren decir, con
razón, “a partir del 36”, nace bajo la influencia ideológica
de las corrientes políticas representadas en el Partido Comunista
y en Acción Democrática, organización ésta
que tuvo su antecedente inmediato en el Partido Democrático Nacional.
El Sindicato Nacional del Periodistas no es una excepción: fundamentalmente
fue ideado y construido por militantes de AD y del PCV, como veremos más
adelante. En esa época, ya funcionaban además en Venezuela,
Unión Republicana Democrática (URD) y el Partido Social
Cristiano COPEI, que surgieron de la Cívicas Bolivarianas lopezcontreristas
y del Partido Democrático Venezolano (PDN), adscrito al medinismo,
organizándose como oposición derechista y liberal, respectivamente,
al gobierno de AD.
Al respecto, Rafael Calderón, Secretario General–fundador
del Sindicato Nacional de Periodistas, militante de AD y actualmente miembro
del Tribunal Disciplinario Nacional del Colegio Nacional de Periodistas,
sostiene que dieron los primeros pasos hacia la fundación de la
organización “en los días iniciales de marzo (del
46), aprovechando, pues, la euforia que había, el entusiasmo que
había a consecuencia de la `Revolución de Octubre´”
. (4)
No obstante, otro fundador, Arístides Bastidas, militante del PCV
y varias veces Secretario General del SNTP, afirma que “el Sindicato
no nace sólo porque haya habido ambiente de libertades. En la época
de Medina se gozaba aquí de libertad sindical; fue sumamente liberal,
entre otras cosas, porque la gente aquí estaba identificada, de
diferentes sectores, en la lucha contra el nazifascimo, que era el objetivo
principal de las luchas políticas de esa época.” (1)
En todo caso, Venezuela se venia moviendo en una progresiva ruta democratizante
y, si se quiere, de avanzada, por influencia de la situación política
del mundo que acababa de sufrir la tragedia horrible de la Segunda Guerra
Mundial, que prácticamente logró poner al resto de los países
contra el eje Italia-Alemania-Japón, que por motivaciones imperialistas
habían decidido pretender una nueva repartición del mundo.
También influyó antes, en buena medida, la Guerra Civil
Española, dominada por el franquismo, esa forma sui generis de
fascismo que sepultó a la “República Española”.
Omar Pérez, fundador como sus colegas, adeco como el primero y
dirigente del Colegio Nacional de Periodistas, concreta más esa
influencia y le asigna nombre y apellido:
-Ese criterio (de fundar el SNP) contribuyó a ampliarlo la circunstancia
de que al Ministerio del Trabajo llega Raúl Leoni, que había
sido prácticamente una especie de investigador de las organizaciones
sindicales; él hizo los estatutos de la CTV, él fue consejero,
consultor jurídico, abogado y estimulador de la Federación
de Trabajadores Petroleros, FEDEPETROL... Bueno, entonces, claro, cuando
él llega al Ministerio del Trabajo aúpa realmente la creación
de los sindicatos como fuerza fundamental de Venezuela, distinta de los
grupos que aquí habían sido siempre fuerza... (19)
Por su parte, Claudio Cedeño, también fundador y Secretario
General del Sindicato durante dos períodos, militante del PCV en
la época, coincide con Bastidas y defiende la paternidad política
del SNP para el PCV y AD, según testimonios en entrevista, una
de cuyas partes transcribimos:
-¿Qué ligazón –se le pregunta a CC– tuvo
el nacimiento del Sindicato con el florecimiento del movimiento sindical
en el plano nacional?
-Para esa época –responde él– los sindicatos
eran una entidad desarrollada. El Sindicato se funda en una época
en que eso era perfectamente posible. Quizá, no había libertades,
posiblemente, en el régimen de López Contreras. Con Medina
sí las hubo, pero en esa época, 1946, ya las organizaciones
sindicales estaban altamente desarrolladas en el país.
-¿Tuvo relación el Sindicato con el gobierno de Betancourt?
-No, no. Nada de eso. Eso fue un movimiento verdaderamente de gente del
Partido (Comunista de Venezuela) y de los adecos que también estaban
asalariados... (4)
En definitiva, en la motivación contextual para la fundación
del SNP, la de naturaleza política, es innegable. Ahora, que sea
más adeca que comunista o viceversa, es cuestión de subjetividad
irremediable por la pasión que a cada quien embarga, y más
aún a quienes fueron actores de un momento histórico, en
este caso, del gremio de la prensa. Por lo demás no se trata de
asignar, ahora, créditos políticos a nadie en particular,
sino de ubicar las colaterales del nacimiento del Sindicato, y basta con
saber que su fundación estuvo impregnada de elementos políticos
e ideológicos, que se manifestaron en pugna desde el comienzo mismo,
claro, en ambiente de camarería profesional que siempre en el gremio
periodístico ha hecho palidecer los enfrentamientos político-partidistas.
LOS
ANTECEDENTES
Desde
el punto de vista puramente gremial, el Sindicato Nacional de Periodistas
tiene como antecedentes importantes, la Asociación de Escritores
y Periodistas, fundada el 29 de diciembre de 1935, recién fallecido
Gómez, organización que en sus primeros pronunciamientos
exigió “una amplia libertad de prensa”; “un sindicato
de periodistas, de vida muy breve y actividades sin mayor trascendencia”,
fundado en 1936; y la Asociación Venezolana de Periodistas (AVP),
constituida el 20 de agosto de 1941 con el propósito de lucha por
“la defensa y mejora del Estatuto jurídico-económico,
moral y social de los periodistas venezolanos y extranjeros que efectivamente
trabajen en los periódicos de Venezuela, fuera de toda diferencia
política o religiosa”, que tuvo su “Junta Directiva
Provisional” integrada por Pascual Venegas Filardo, presidente;
Luis Esteban Rey, secretario general; Manuel B. Pocaterra, Pedro Chacín
Chacín, Ángel C. Mejías, Julio Ramos y Miguel Otero
Silva, como sus otros miembros. (7)
Para el momento, circulaban en Caracas los diarios La Religión,
La Esfera, El Universal, El Heraldo y Ahora, y los semanarios humorísticos
Fantoches y El Morrocoy Azul. A éstos se une más tarde el
tabloide Ultimas Noticias, el 16 de septiembre de 1941, fundado y dirigido
por Kotepa Delgado, Pedro Beroes, Víctor Simone D´Lima y
Vogan Salas Lozada, quienes prácticamente introdujeron las técnicas
modernas del periodismo en Venezuela y, además, con sus reporteros,
fueron protagonistas del primer periodismo realmente popular que se produce
en el país.
En 1942 se celebra por primera vez el “Día del Periodista”,
el 24 de octubre, aniversario de la aparición de la Gaceta de Caracas,
en 1808. Homenaje impropio, debido a que ese vocero colonial sirvió
de soporte a las ideas monárquicas contra la causa independentista,
y a partir del comienzo de la lucha anticolonialista frente a España
y la imposición de los patriotas por primera vez, de acuerdo a
la relación de poder, se fue colocando alternativamente como tribuna
patriota y como “Gaceta” realista. No es por otra razón
que desde El Correo del Orinoco, nuestros libertadores a partir del sábado
27 de junio de 1818, enfrentan duramente a esa publicación que
jugaba a la intriga, la desinformación y la manipulación
de informaciones para desnaturalizar las luchas liberadoras. (6)
Al año siguiente –1943– aparece el diario El Nacional,
el 3 de agosto, y el 24 de octubre se reúne en Caracas el Primer
Congreso Venezolano de Periodistas, instalado por el presidente Isaías
Medina Angarita, quien expuso claramente su política abierta a
la libertad de información. En el Teatro Municipal, esa noche los
asistentes al acto escucharon al Jefe del Estado. Sus ideas centrales
sobre el particular, fueron:
-A medida que un país va reafirmando sus principios de dignidad,
la función de la empresa adquiere mayor importancia, porque va
difundiendo en ambientes de mejor comprensión las ideas que proclama.
Elemento de cultura indiscutible es un periódico, cuando efectivamente
cumple, dentro de los cánones de la ética periodística,
su misión de enseñanza, orientación e información.
-Ha sido cuidado especial del Gobierno, con cuya suprema dirección
me honró la confianza de mis ciudadanos, mantener la garantía
constitucional de la libertad del pensamiento y cuidar de que a su ejercicio
cabal no se opongan trabas. Mis más íntimas convicciones,
mi respeto por la opinión ajena y el deseo vehemente de que en
el país exista un clima propicio a la libre discusión de
los asuntos que incumben a los destinos, a los verdaderos, puros y permanentes
destinos de la Nación Venezolana, me impulsan a declarar nuevamente
en este ambiente de hombres de prensa, que continuará siendo esa,
una norma inalterable durante mi mandato constitucional.
-Tengo la más firme convicción de que el ejercicio de nuestros
derechos constitucionales debe contribuir al mejor entendimiento y al
respeto recíproco entre los hombres que vivimos al amparo de nuestra
bandera y de nuestras leyes. Pretender unificar el pensamiento de rodos
los venezolanos en las mismas teorías políticas, sociales
o económicas, seria un absurdo, porque si ello se lograra, indicaría
la falta de vitalidad en un pueblo de noble índole pero de inquieto
espíritu, que no puede adaptarse a una uniformidad incompatible
con anhelos de renovación y perfeccionamiento: pero sí existen
postulados y objetivos de interés publico sobre los cuales la armonía
de las fuerzas sociales y el acuerdo de las inteligencias pueden hacerse
y, para bien de la Patria, cada día más se están
haciendo. (7:64).
Según refiere Eleazar Díaz Rangel en sus Apuntes, el temario
del Congreso fue bastante amplio, iba desde cuestiones éticas hasta
una casa para los periodistas, y en él estuvieron representados
colegas “de casi todos los periódicos que entonces se editaban
en el país”. Entre sus resoluciones, fijaron posición
sobre la libertad de expresión, solicitaron la derogación
de la norma constitucional de neto corte macartista que prohibía
la ideología marxista y la militancia política en organizaciones
de esa importante corriente ideológica.
Desde su fundación, la AVP sirvió como organización
político-gremial de innegables meritos, enfrentando las políticas
gubernamentales o herencias antidemocráticas, luchando por la elevación
de la calidad profesional de los periodistas y por lograr una mejor ubicación
en la estructura de la sociedad y el justo reconocimiento y valoración
de la profesión.
LA
AVP Y LA NECESIDAD DEL SINDICATO
Sin
embargo, los periodistas no estaban satisfechos con el alcance de la AVP,
dado que en poco contribuía a mejorar realmente las condiciones
de trabajo, remuneración, situación socio-económica
y relaciones dentro de las empresas. Por aquellos años, cuando
los periódicos llegaban a las manos de los lectores a una puya,
los sueldos eran realmente irrisorios, iban desde los 80 bolívares
más un centavo por centímetro/columna publicado, hasta cerca
de trescientos bolívares mensuales; horario de trabajo prácticamente
no existía; elementos actuales como pago de movilización
o suministro, por parte de las empresas, de transporte adecuado, simplemente
no se conocían. El periodismo, en cierta forma era una aventura
literaria, política o vital, según el caso de los que se
atrevían a trabajar el diarismo. Bastaba manejar suficientemente
el castellano, llevar en su espíritu la vocación y ser lo
necesariamente audaz como para llegar del interior con el bachillerato
aprobado o en plan de audacia para entrar a una redacción. Por
supuesto, muchos saltaban la verja del campo literario hacia el informativo,
y otros venían de estar ligados al periodismo de provincia de entonces,
que poco tenía que ver con el periodismo moderno que comenzó
a desarrollarse en Venezuela a partir de 1941.
En torno al nacimiento del Sindicato Nacional de Periodistas existe todavía
una polémica, relativa a si su origen fue estimulado por la Asociación
Venezolana de Periodistas o se dio en forma autónoma y contra el
criterio de los dirigentes de la AVP.
Todo indica que fue lo segundo. Los testimonios de varios fundadores del
Sindicato son terminantes, y algunos otros elementos son demostrativos
de lo que afirmamos.
El primer criterio es recogido por Eleazar Díaz Rangel en los Apuntes
que veníamos citando por la importante información que suministra.
Así, escribe:
“En la continuación de su política de crear organismos
que lucharan por especificas reivindicaciones, la AVP propicio a comienzos
de año algunos contactos con el objeto de fundar un Sindicato.
El 7 de marzo (1946) se realiza, convocada por la AVP, una reunión
donde se elige a Luis Evaristo Ramírez, Martín Ernesto González
y Rafael Calderón para que redactaran los Estatutos. Esa comisión
trabajo en breve tiempo, y el 11 del mismo mes hubo una asamblea en el
local de la Asociación de Linotipistas para aprobar los Estatutos,
como en efecto se hizo, y elegir la primera Junta Directiva.” (7:23)
Esa reunión de los pioneros del SNP , el 7 de marzo de 1946, la
registra una nota que con título a tres columnas, en cabeza de
página, publicó El Nacional, el viernes 8:
“HACIA
LA CONSTITUCIÓN
DEL SINDICATO DE PERIODISTAS”
“Con
asistencia de la mayoría de los reporteros y redactores de los
diarios de la capital – reseña la nota – se efectuó,
ayer, en el local de la Asociación de Linotipistas, la asamblea
del Sindicato de Periodistas, que desde hace tiempo venia preparándose.
“Después de las exposiciones preliminares, la discusión
previa se canalizó en dos sentidos: si el Sindicato debe agrupar
únicamente a los redactores y reporteros de textos y gráficos
de los periódicos, sin eliminar la posibilidad futura de una Federación
de Trabajadores de la Prensa, comprendiendo linotipistas y gráficos,
o si ésta aglutinación debía intentarse previamente
con el fin de cread un Sindicato Único de Trabajadores de la Prensa,
con los linotipistas y la Asociación de Artes Gráficas.
Después de varias intervenciones, triunfó la primera posición,
sostenida por mayoría.
“Posteriormente se procedió a nombrar una comisión
integrada por Martín Ernesto González, Luis Evaristo Ramírez
y Rafael Calderón, que se encargará de presentar, en próxima
reunión, un proyecto de estatutos, que al ser aprobados, se introducirán
ante las autoridades del Trabajo. Con el acta constitutiva para la legalización
definitiva del Sindicato.
“Un gran ambiente encontró la idea, que al parecer cristalizará
luego de varias tentativas frustradas, y que dará a los trabajadores
de la prensa un organismo de lucha específica por el mejoramiento
de sus condiciones económicas y materiales. La próxima reunión
se hará probablemente, el sábado en la mañana.”
(Subrayados nuestros)
Acompaña a esa información una foto a tres col., con una
leyenda que registra “parte de la concurrencia que asistió
a la reunión preparatoria del Sindicato de Periodistas.”
Como se puede observar, por ninguna parte aparece en esa reseña
del acto, la Asociación Venezolana de Periodistas. Y no es casual.
El Universal también recoge el hecho, aunque sin grafica, con muchas
más revelaciones, que evidencian la existencia de diferencias entre
los organizadores del SNP y, por lo menos, los directivos de la AVP:
“AYER
FUE CONSTITUIDO EN ESTA CIUDAD
EL SINDICATO DE PERIODISTAS ACTIVOS”
“Como
resultado de la convocatoria firmada por un grupo numeroso de periodistas
activos que presta sus servicios en diferentes diarios capitalinos –comienza
la información que sigue al titulo-, se constituyó ayer
en el local de la Asociación de Linotipistas de Venezuela, el Sindicato
Nacional de Periodistas, organismo que tiene por finalidad principal abogar
por la defensa de los intereses económicos y sociales de los profesionales
del periodismo.
“Ante una concurrencia de más de cincuenta periodistas, el
señor Rafael Calderón, expuso el móvil de la reunión,
el propósito perseguido por los trabajadores del diarismo y la
aspiración y anhelo de construir un sindicato. Dijo que muchas
tentativas se habían frustrado en ese sentido, pero dado el entusiasmo
reinante en la reunión de ayer, la oportunidad era propicia para
realizar lo que es un anhelo de todos los periodistas activos.
“A las palabras de Calderón siguió la disertación
del señor Raúl Agudo Freites, enfocando diversos puntos
en relación con la cuestión planteada, entre los cuales
subrayó la referente a las relaciones o posición del Sindicato
frente a la Asociación Venezolana de Periodistas. Este aspecto
fue puesto en claro más adelante, poniéndose de presente
que no se trataba de crear un organismo de fracción de la A.V.P.,
sino de una organización de características definidas y
atribuciones especificas para lograr mejoras económicas y sociales
de los periodistas profesionales.”
“A pedido de una mayoría, Agudo Freites concretó su
disertación en una proposición de que el Sindicato estuviera
integrado por los trabajadores de la Prensa en general, incluyendo linotipistas,
empleados de administración, etc. Puesta en discusión esta
proposición, se expresaron muchas opiniones diferentes, sustentándose
la tesis de que se trataba de periodistas, esto es, de redactores, reporteros,
fotógrafos y colaboradores regulares remunerados, pues los demás
trabajadores de la prensa ya estaban organizados. Los empleados de administración
tienen su organismo especifico: La Asociación Nacional de Empleados;
los linotipistas tienen su sindicato y también los pregoneros están
organizados.”
(Como
se ve los periodistas estaban rezagados desde el punto de vista sindical,
en relación al resto de los trabajadores de la prensa, aunque ya
la AVP tenía cinco años de vida).
“Luego
surgió la proposición de Rafael Calderón –continua
la nota de El Universal-, que concretamente expresaba: Que quede de una
vez constituido el Sindicato con periodistas activos (redactores, reporteros,
columnistas, etc.) reporteros gráficos y colaboradores regulares
remunerados.
“Puesta en votación las dos proposiciones, fue negada la
de Agudo Freites, que obtuvo catorce votos; y aprobada la de Calderón
por mayoría. Se advirtió que esto no quería decir
que el Sindicato Nacional de Periodistas no colaborará con los
demás organismos similares para el caso de que en lo sucesivo se
tratara de crear la Federación de Trabajadores de la Prensa.
“Respecto a la posición del Sindicato con relación
a la A.V.P., aspecto señalado por Agudo Freites, se acogió
una moción de César Rengifo , en la cual enfocó con
acierto la discriminación de que la Asociación Venezolana
de Periodistas actúa en el plano de lo cultural más que
todo; y las funciones del Sindicato, como se ha expresado categóricamente,
son económicas y sociales.
“Finalmente se llegó a un acuerdo, nombrándose un
Comité Responsable, que presente los estatutos a la reunión
del próximo día sábado, y haga las convocatorias
que son del caso. Dicho Comité quedó integrado por los periodistas
Rafael Calderón, Martín Ernesto González y Evarista
(SIC) Ramírez . Una vez discutidos los estatutos, se procederá
a la instalación, nombramiento de la Junta Directiva del Sindicato
y a llenar los extremos de la Ley necesarios para pedir la legalización
ante el Ministerio del Trabajo.
“En dicha reunión actuó –concluye la nota–
como Director de Debates, el señor Raúl Alfredo Arriaga,
y como Secretario Accidental, el señor Alfredo Pérez Mirabal.”
(29)
Antes
de continuar con los testimonios, debemos señalar varias cuestiones.
Empecemos por decir que es evidente, cuando se fija “posición
del Sindicato frente a la Asociación Venezolana de Periodistas”,
que la AVP no fue la promotora del SNP, y más cuando se llega a
deslindar la naturaleza de cada una de esas organizaciones afirmando que
la primera se mueve “en el plano de lo cultural más que todo”,
mientras que el futuro SNP tendría funciones “económicas
y sociales”, y que en todo caso, “no se trataba de crear un
organismo de facción de la A.V.P., sino de una organización
de características definidas y atribuciones especificas para lograr
mejoras económicas y sociales de los periodistas profesionales”.
Esas aclaratorias y posiciones, es lógico, revelan, por lo menos,
que de parte de la AVP como institución, no se aupaban los intentos
de creación del Sindicato por considerar que era un organismo paralelo,
“de facción”, sin comprender ni justificar las motivaciones
que impulsaban el nacimiento del SNP. Esa contradicción pone al
descubierto la existencia en el seno de los periodistas venezolanos de
la época, cuando menos, de tres posiciones que tienen, indudablemente,
origen ideológico: primero, quienes se conformaban y disfrutaban
con ser miembros de una élite ilustrada, culta, del campo de las
ideas que no podían descender a cuestiones demasiado terrenales
como la lucha organizada frente a los patronos, élite que formaría
un sector directivo de la AVP en la época; segundo, un grupo más
avanzado ideológicamente que entendía que además
del puro ejercicio cultural y de retórica política había
necesidad de la lucha de clases a través de los sindicatos, e intuían
la condición de asalariados de los periodistas. No obstante, no
pasaban de enfrentar una realidad muy evidente con criterios “tradeunionistas”,
se estancaban en el economicismo, conservando ciertos resabios elitescos,
que lograron imponerle al Sindicato para estar integrado solo por “periodistas
activos (redactores, reporteros, columnistas, etc), reporteros gráficos
y colaboradores regulares remunerados.”; y en tercer lugar, quienes
sostenían ideas marxistas y veían desde el comienzo la necesidad
de ampliar la base social se la nueva organización con trabajadores
y profesiones de otras áreas de la industria de la prensa, que
serían, en este caso, los catorce votantes que apoyaron la proposición
de “que el Sindicato estuviera integrado por los trabajadores de
la Prensa en general”.
También llama la atención que las reuniones de los fundadores
del SNP se realizaron en el local de la Asociación de Linotipistas
de Venezuela, en el edificio Washington que quedaba frente a la Plaza
Bolívar, en la misma acera de la Gobernación del Distrito
Federal, de Torre a Principal; y no en la sede de la AVP, como hubiese
sido lógico si las convocatorias constituyentes las hubiese realizado
o animado la Asociación.
TESTIMONIOS
Sobre
el particular, son de gran valor los testimonios de varios de los fundadores
del Sindicato Nacional de Periodistas, entre ellos Rafael Calderón,
primer Secretario General:
-Esto se origina de una idea que tuvimos nosotros en La Esfera –se
refiere a la fundación del SNP– en los primeros días
de marzo aprovechando, pues, la euforia que había, el entusiasmo
que había a consecuencia de la “Revolución de Octubre”.
Y allí varios redactores consideramos si tal vez era conveniente
fundar un sindicato, idea que pareció un poco rara porque siempre
se consideraba al intelectual, al periodista, como un trabajador fuera
de la línea típicamente obrera, concepto, desde luego, equivocado.
Yo tuve que aclararle bastante este asunto, a muchas personas, a muchos
compañeros, para decirles simplemente que éramos obreros
con las mismas prerrogativas de cualquier obrero. Y entonces hice una
lista de compañeros de otros diarios: El Heraldo, El Universal,
Ultimas Noticias, El Nacional, para que los que estuvieran de acuerdo
con la idea de fundar un sindicato de periodistas, la firmaran. Se la
di a Alfredo Pérez Mirabal, “El Faraón” le decíamos
siempre con todo cariño. Él fue a todas partes y al día
siguiente, bueno, todos aceptaron y nos reunimos en la Asociación
de Linotipistas que siempre estuvo hermanada con nosotros, cedía
sus locales. Aprovechábamos todo porque nosotros no teníamos
ni un centavo ni sabíamos, inclusive, por dónde nos iban
a entrar en material sindical, era una cuestión completamente nueva
en Venezuela la sindicalización del intelectual, del profesional
del periodismo; una cosa, repito, que casi no se concebía. En esta
reunión de quizá treinta, cuarenta, cincuenta, no recuerdo
bien -Calderón habla de la sesión del 7 de marzo de 1946–
yo les hice una exposición sobre la materia, todos opinaron favorablemente,
se discutió si se hacia un sindicato únicamente de reporteros,
redactores y fotógrafos o si se mezclaban los linotipistas y los
gráficos, pero entonces se quedó en que era únicamente
periodistas. En esa reunión se nombró una comisión
para redactar unos estatutos que serían, desde luego, provisionales;
ésta comisión quedó integrada por Martín Ernesto
González, Luis Evaristo Ramírez y Rafael Calderón,
con el encargo de presentar un informe en la reunión siguiente.
En esa reunión constitutiva, muy simpática y muy animosa
y, desde luego, muy preocupada por los problemas que íbamos a resolver,
actuó como Director de Debates Luis Alfredo Arriaga y como Secretario
Accidental el compañero Pérez Mirabal.
Esas reuniones, según las referencias, eran realmente democráticas,
abiertas, con la disposición de aclarar cualquier cuestión
y decidir siempre por mayoría, cuando el acuerdo unánime
no se conseguía. Fueron reuniones solidarias y espontánea
la participación de los periodistas, donde no faltaba quien llegara
“jumo” después de haberse tomado varias “cervecitas
de esas de a medio”, lo que también contribuía a caldear
el ambiente en ciertas discusiones.
En cuanto a las relaciones con la AVP, concretamente, RC afirma que “esos
fueron pleitos también que tuvimos con la Asociación Venezolana
de Periodistas. ¡Ah!, protestó un poco contra nosotros porque
nosotros éramos un grupo, que te dijera, de guerrilleros, pues,
de guerrilleros de la profesión: no puede ser porque eso era apartar
a la Asociación... la Asociación sigue sus asuntos culturales...”
-Y que lo consideraban hasta peyorativo porque el periodista era un intelectual
que cómo se iba a obrerizar, le comentamos a RC.
-Si, que era suficiente con la AVP.
-¿Qué criterio manejaron ustedes?
-No... Nosotros nos separamos de ellos... mantuvimos una línea
completamente separada de las ideas de la AVP, hasta que la AVP, en vista
de que la fuerza sindical éramos nosotros, los que hacíamos
los periódicos, al fin y al cabo ellos no hacían nada, ellos
eran escritores... Desde luego, muchos de nosotros, yo soy fundador de
la AVP también, y todos somos tanto fundadores de la AVP como del
Sindicato.
-¿Igual que Francisco J. Ávila?
-Sí, Francisco, como no...
-¿Francisco J. Ávila aparece como promotor del Sindicato
también?
-No. De la AVP. (4)
Al respecto, sigue la versión de Arístides Bastidas:
-No había sindicato y entonces la gente de Ultimas Noticias, sobre
todo los jóvenes, ¿no?, nos empeñamos en fundar el
Sindicato. En eso tuvieron gran participación los militantes del
Partido Comunista, especialmente Bernardo Dolande. Habían dirigentes
de la AVP, que se había fundado en 1941, que consideraban que la
fundación del Sindicato era un agravio a la profesión de
periodistas, porque literalmente aducían que una profesión
tan intelectual, tan llena de dignidad y tan significativa a los efectos
del desarrollo social, etcétera, etcétera, etcétera,
que había que jerarquizarla y que no podía confundirse,
en ningún sentido, con las profesiones artesanales como la de albañiles,
los zapateros, que en esa época ya tenían funcionando sus
sindicatos. Puedo decirte que la AVP estuvo ausente por completo, por
lo menos los Directivos de la AVP, en la fundación del Sindicato.
(1)
Omar Pérez también reconoce las divergencias con los Directivos
avepistas, cuando dice “que ha habido siempre esa tendencia por
razones históricas” de la estrecha relación entre
escritores y periodistas, “siempre ha privado ese criterio elitesco
de pensar que nosotros no teníamos derecho a asociarnos para defender
nuestros intereses de trabajadores enfrentados a un poder económico
terrible; claro, que si nosotros no nos uníamos, en algún
momento dado nos podía liquidar fácilmente, como siempre
ocurría cada vez que entraba un redactor en conflicto con la empresa,
pues el redactor salía disgustado y más nada; no había
ningún reconocimiento ni tenia indemnización; no tenia ninguna
clase de protección. Entonces, claro, esa era una de las cosas
por las cuales (Bernardo) Dolande se preocupaba, porque Dolande se convirtió
un poco en heraldo de ese pensamiento y nosotros lo fuimos acogiendo todos,
porque evidentemente nos dábamos cuenta de que teníamos
que asociarnos y unirnos para luchar contra los empresarios, contra los
intereses patronales, que eran totalmente distintos a los nuestros, era
evidente.”
Muy preciso al aclarar el asunto fue Claudio Cedeño, caricaturista,
pintor y profesor de artes plásticas, quien ocupara la Secretaria
General del SNTP durante los periodos 49-51 y 51-53. La pregunta que le
formulamos fue la siguiente:
-Hay quienes sostienen que la AVP decidió crear el Sindicato; hay
quienes dicen que el Sindicato nació ante la falta de poder de
la AVP para actuar en ciertos planos y concretamente en el de la contratación
colectiva. ¿Cómo fue eso realmente?
Y ésta su respuesta:
-Una cosa no tuvo nada qué ver con la otra. Yo participé
en las dos fundaciones, tanto en la de AVP como en la del Sindicato. La
AVP se fundó en 1941: naturalmente que era una idea que se venía
produciendo en el ánimo de muchos y su principal animador fue Francisco
J. Avila, y con un grupo de trabajadores que estaban en los periódicos
activos en esa época, se organizó la Asociación Venezolana
de Periodistas. Todavía es una agrupación un poco... para
la época de Caracas, de esa Caracas de entonces que era una aldea
y que los periódicos tenían una limitación bastante
grande. Realmente el periodismo moderno nació fue con Ultimas Noticias,
con El Nacional posteriormente, en Caracas, con el tipo de reportero buscando
noticias. Antes era (cualquier periódico) una oficina donde iban
a llevar algunas informaciones y esporádicamente salían,
así que los periódicos eran una cuestión muerta completamente.
Esa aparición (se refiere a los dos diarios prenombrados) y un
cierto auge que tuvo la prensa con la presidencia de Medina, una apertura
de las libertades democráticas, sobre todo la libertad de expresión,
eso dio el estimulo a que la gente se agrupara primero en la Asociación.
Había sucedido ya un congreso de Periodistas que se había
realizado aquí (en Caracas) en 1943. Yo estuve en ese Congreso.
Y luego, era una concepción gremialista completamente la AVP, hasta
el punto de que había Circulo de Reporteros Gráficos y de
Periodistas Deportivos; toda una serie de derivaciones que indicaban un
carácter, que no era un organismo de lucha reivindicativo ni mucho
menos, no se había constituido para eso. El Sindicato se fundó
en 1946: ya entonces, se había creado una organización totalmente
diferente. Ya existían los reporteros trabajando en la calle, trabajando
empleados, con sueldos, unos sueldos bajísimos, de 300-400 bolívares.
Con El Nacional se habían creado una serie de estamentos, que si
las paginas deportivas, reporteros de sucesos, el de información,
toda una serie de cosas que hizo evidente la explotación y la necesidad
de que los trabajadores se organizaran gremialmente desde el punto de
vista de conquistas salariales y de todas esas cosas, de aspirar a sus
reivindicaciones.
-¿Por qué la AVP nunca tuvo ese carácter?
-No, nunca tuvo ese carácter porque la AVP era un organismo que
permitía la representación de los Directores de periódicos,
podían ser miembros de la AVP todo el mundo, dueños de periódicos:
Juan de Guruciaga, por ejemplo, era miembro de la AVP; Miguel Otero Silva
y Kotepa Delgado, etc. Todos los directores de periódicos en esa
época, eran miembros de la AVP. Del Sindicato no podían
serlo, porque el Sindicato era una agrupación de explotados, de
asalariados. Así nació desde el primer momento; claro, fue
organizado por Bernardo Dolande, un camarada (del PCV), fotógrafo
que trabajaba en La Esfera. El fue el animador de este proyecto.
-¿Y Francisco J. Ávila?
-Ávila no tenía ese carácter reivindicativo, su trabajo
era esporádico.
-Pero han dicho que así como fue el principal animador de la AVP,
Francisco J. Ávila fue el principal animador del Sindicato...
-Eso es cierto –respondió CC– Dolande le dio un carácter
de clase al Sindicato y lucho como se podía luchar en es época,
con tanta decisión que la gente le otorgo su confianza inmediatamente,
porque era un hombre que no iba a tener vacilaciones con los patronos
ni nada de esas cosas. Ávila era un periodista, pero era un tipo
de otra índole; era un colaborador, no era trabajador fijo de ningún
periódico. En cambio, Dolande era un trabajador asalariado, con
un sueldo, explotado.
11
DE MARZO DE 1946
Con
esa contraposición de criterios, los fundadores del SNP continúan
su actividad y convocan una nueva reunión para el lunes 11 de marzo
de 1946, día de la fundación del Sindicato Nacional de Periodistas.
Pero dejemos que hablen sus promotores:
-El día 11, de marzo de 1946, el Sindicato celebró una gran
sesión en la sede de la Asociación de Linotipistas de Venezuela
-cuenta Rafael Calderón-. Allí se abrió el debate
y yo, como presidente de la comisión (“Comité Responsable”),
pues, expuse todos los deseos nuestros y los problemas de los periodistas,
el deseo de luchar por las reivindicaciones gremiales legitimas, todas
las posibles en aquellos tiempos de sueldos muy bajos. Inclusive, ya empezamos
a considerar esa vez unos casos de un compañero de Ultimas Noticias
y otro del El País. Estas eran cosas muy apresuradas, tú
sabes, un poco improvisadas porque, sin experiencia, pues, nos reuníamos
y discutíamos y aprobábamos todas las cosas técnicas
profesionales con los linotipistas que tenían muchas más
experiencia que nosotros. Los Estatutos se aprobaron en principio y quedaron
pendientes para una aprobación formal después. Después
se procedió a la elección de la Junta Directiva.
-Esa constitución del Sindicato –recuerda Omar Pérez–
fue singular, chico, a nosotros nos convocaron, ya estaba yo trabajando
en El País, empezaron a realizar aquellas reuniones de tipo político...
yo me acuerdo. Raúl Agudo Freites, que era un tipo increíble,
de gran calidad, pidiendo la palabra para proponer a compañeros
que trabajaran en el Sindicato, entonces, claro, todas las fuerzas políticas
procurando obtener mayoría en la Directiva, pero nombrando siempre
suplentes que pudieran en un momento dado, reemplazarlos porque en principio,
en las primeras reuniones del Sindicato la gente no pensó que aquello
iba a consolidarse.
Claudio
Cedeño, cuando habló del ambiente y de los promotores de
la constitución del SNP, reconoció que en ese momento “la
gente de Ultimas Noticias fue un factor importante en eso, porque después
que paso a manos de Capriles, se hizo sentir la explotación. La
gente de Ultimas Noticias es la que forma la vanguardia, unos muchachos
casi todos formadores de peo y alborotadores, constituyen realmente la
vanguardia dentro del Sindicato de la Prensa. Casi todos son gente comunista,
vinculados al Partido, todos tiene ese espíritu, una vanguardia
juvenil, entusiasta, alegre: `El Caballo´ Acosta (Juan Acosta Cruz),
(Pedro Rafael) Gilly, Arístides Bastidas, Carmen Clemente Travieso,
la mujer de Miguel Otero: María Teresa Castillo, un grupo de gente
que luego pasa a El Nacional, periódico que se los iba llevando
de Ultimas Noticias...”
Sin embargo, Rafael Calderón sostiene que “tan sólo
se trataba de dos o tres y Arístides mismo que estaba allí.
Dos o tres compañeros que estaban con nosotros en la onda sindicalista,
pero no era el grupo mayoritario. Siempre había problemas... Tú
observas que en la (primera) Directiva no hay ninguno de Ultimas Noticias
porque ellos siempre fueron remisos a eso. Luego fueron incorporando alguno
que otro...”
Por su parte, Arístides Bastidas considera que “la fundación
del Sindicato había sido una necesidad que se experimentaba desde
1945. En Ultimas Noticias, que fue la flecha del Sindicato, se pagaban
unos salarios insignificantes. El salario en Ultimas Noticias era de 80
bolívares mensuales y una puya cada centímetro por columna
que fuera publicado. En ese centímetro por columna le incluían
a uno la foto, si uno aparecía en la foto. El centimetraje te lo
pagaban los sábados y el sueldo lo pagaban mensual, los 80 bolívares.
Pero la situación de Ultimas Noticias era tan dificultosa, que
habitualmente le pagaban a uno el centimetraje incompleto y los sueldos
había veces que se acumulaban por meses. Y entonces, en esa época,
no se conocían pagos de guardias nocturnas, pago de guardias dominicales,
y se obligaba a la gente a ir a las dos de la mañana y, en fin
se trabajaba hasta tarde en las noches. La situación de los trabajadores
era sumamente desventajosa en esos momentos, no solamente en Ultimas Noticias
que era el lugar más crítico, sino también en La
Esfera. El Nacional se consideraba que pagaba muy buenos sueldos porque
en esa época la gente aquí (en El Nacional) ganaba 300 bolívares
mensuales, 253 bolívares mensuales.”
-El Sindicato se fundó a raíz, pues, de esas reuniones –dijo
AB– que unos cuantos tipos motorizamos, hicimos en el edificio Washington,
que quedaba al lado de la Gobernación, frente a la parte norte
de la Plaza Bolívar, entre Torre y Principal. Al este de la Gobernación
estaban los Telégrafos, y al este de los telégrafos estaba
el edificio Washington. Recuerdo que en unos muebles de paletas nos sentábamos
nosotros. Allí estaba la Asociación de Linotipistas. La
Asociación de Linotipistas que estaba antes de Monjas a Padre Sierra,
2-1 alto, era sede de varios sindicatos, se había mudado para el
edificio Washington, y entonces nosotros nos reuníamos allí.
Y allí se fundó el Sindicato... y esa es la historia inicial
del Sindicato.
LA
PRIMERA DIRECTIVA
En
esa reunión del 11 de marzo, se aprobaron los Estatutos, se eligió
la Primera Junta Directiva y se firmó el Acta Constitutiva del
Sindicato Nacional de Periodistas. Dicha Junta fue estructurada con seis
secretarios principales y dos suplentes, que ocuparían las vacantes
temporales o definitivas:
Secretario General
RAFAEL CALDERÓN (La Esfera)
Secretario de Organización y Disciplina
RAÚL ALFREDO ARRIAGA (El País)
Secretario de Cultura y Propaganda
RAÚL AGUDO FREITES (El Nacional)
Secretario de Finanzas
PEDRO HERNÁNDEZ CAMACHO (El Universal)
Secretario de Actas y Relaciones
LUIS F. BELLORÍN (La Religión)
Secretario de Trabajo y Reclamos
CESAR GIL (El País)
Primer Suplente
BERNARDO DOLANDE (La Esfera)
Segundo Suplente
CESAR RENGIFO (El Heraldo)
De ellos, tres eran militantes de AD (Calderón, Arriaga y Gil),
y tres del PCV (Agudo, Dolande y Rengifo), lo que da una idea del predominio
de esos dos partidos políticos en el gremio para esa época.
El martes 12, varios diarios recogen el acontecimiento gremial, con buen
despliegue informativo y con gráfica en el caso de El Nacional:
“QUEDO INSTALADO
EL SINDICATO NACIONAL DE PERIODISTAS
Se espera su Legalización para Dentro de Poco”
(Titulo a 3 col., ángulo superior izquierdo
de una página impar)
Foto a 3 col., con la siguiente leyenda:
“En la foto la Directiva del Sindicato Nacional de Periodistas:
de izquierda a derecha: Bernardo Dolande, Pedro Hernández Camacho,
Raúl Agudo Freites, Rafael Calderón, Raúl Domínguez,
Luis F. Bellorín y César Rengifo. (Foto León)”
Texto,
a 1 col.:
“Con
una asistencia que sobrepasó el número a la primera, se
efectuó ayer en el local de la Asociación de Linotipistas
la segunda reunión destinada a constituir al Sindicato Nacional
de Periodistas con sede en Caracas. En esta reunión debía
conocerse el resultado de los trabajos encomendados en la reunión
anterior, destinados a la elaboración de los estatutos y debía
igualmente procederse a la elección de la Mesa Directiva.
“A las 11:30, se procedió a comprobar la filiación
profesional džtodos los presentes, mediante la presentación del
respectivo carnet o el testimonio de los compañeros de trabajo.
Luego se dispuso la discusión del proyecto de estatutos elaborados
por la comisión. Una moción de Dolande con el apoyo de varios
presentes, en el sentido de que se aprobaran colectivamente fue admitida,
con el objeto de ganar tiempo y proceder al importante punto de la elección
de la Directiva.
“En este punto, Calderón leyó la parte pertinente
de los estatutos aprobados en la cual se señalaba la forma de elección:
voto abierto, levantando la mano y por la mayoría relativa. Individualmente
fueron propuestos los respectivos cargos. Primero, Secretario General.
Fue electo Rafael Calderón, sin opositores, por unanimidad. Para
Secretario de Reclamos , se propuso a Raúl Domínguez de
Ultimas Noticias y Raúl Arriaga de El País siendo electo
el último. Para la Secretaría de Trabajos y Reclamos, se
asomó al mismo Domínguez y a César Gil, siendo electo
éste, por mayoría. Para la Secretaría de Finanzas,
resultó electo, Pedro Hernández Camacho de El Universal
sin oposición como también Luis F. Bellorín, de La
Religión para Secretario de Actas y Correspondencia. Por mayoría
fue igualmente electo el compañero Agudo Freites para la Secretaría
de Cultura y Propaganda. Sin mayores pugnas resultaron electos Bernardo
Dolande y César Rengifo, Reportero Gráfico el primero de
La Esfera y Jefe de Información de El Heraldo el segundo, como
primero y segundo suplente, respectivamente.
“En las votaciones, se puso de manifiesto el mayor espíritu
democrático, realizándose la asamblea en medio de un clima
de convivencia y de compañerismo ejemplares. Después de
esta asamblea, se procederá a introducir ante los organismos del
Trabajo los estatutos aprobados y el acta de instalación para que
el nuevo organismo sea aprobado legalmente, lo que se espera dentro de
poco.
“Así culmina una larga etapa preparatoria de este organismo,
del cual se esperan grandes beneficios para sus asociados.”
El Universal, aunque sin gráfica, lo destaca en primera página
a 2 col., con un pase a la página 19, practica corriente en el
periodismo venezolano de la época, con excepción de El Nacional
que introdujo como característica suya la eliminación de
esos cortes:
“NOMBRO
JUNTA DIRECTIVA Y DISCUTIO
LOS ESTATUTOS EL SINDICATO DE PERIODISTAS” (30)
“En
la sesión celebrada ayer por el Sindicato Nacional de Periodistas,
en el local de la Asociación de Linotipistas de Venezuela, se trataron
los puntos acordados en la reunión anterior, a saber: discusión
y aprobación de los Estatutos que regirán el organismo;
y la designación de los miembros que integraran la Junta Directiva
Provisional del Sindicato.
“Abierto el debate por el señor Rafael Calderón, de
la Comisión redactora del Proyecto de Estatutos, el Secretario
accidental Pérez Mirabal, propuso que se procediera, en conformidad
con lo acordado anteriormente, a la identificación de los periodista
presentes, a fin de comprobar si devengaban salarios en los diarios capitalinos.
Para el efecto se adoptó el procedimiento de la presentación
de carnet o la declaración de dos testigos para comprobar que eran
periodistas activos. Sólo se esclarecieron dos casos mediante testigos
y declaraciones de los propios interesados. Se trataba de dos periodistas
de Ultimas Noticias que antes estuvieron en cargos administrativos pasando
luego a la redacción de ese diario donde tienen ya más de
un año de labor. Otro caso fue aplazado para posterior consideración
del Sindicato, ya que el interesado, redactor de un semanario, no devenga
sueldo de patrón alguno. Como quiera que no tiene ni podrá
tener problema sindical, se acordó posponer el ingreso al sindicato,
debido a la circunstancia anotada.
“Por lo que a los Estatutos se refiere, se aprobaron en principio,
y se dispuso efectuar una revisión de los mismos para introducirle
las reformas pertinentes dentro de unos tres meses. Seguidamente se procedió
a la elección de la Junta Directiva, la cual quedó integrada
de la siguiente manera: Secretario General, Rafael Calderón, de
`La Esfera’; Secretario de Organización, Raúl Alfredo
Arriaga, de `El País´; Secretario de Trabajo y Reclamos,
César Gil, de `El País´; Secretario de Actas y Relaciones,
Luis F. Bellorín, de `La Religión´; Secretario de
Cultura y Propaganda, Raúl Agudo Freites, de `El Nacional´;
Primer Suplente, Bernardo Dolande, gráfico de `Elite´; y
Segundo Suplente, César Rengifo, Jefe de información de
`El Heraldo´.”
LOS
FUNDADORES
Esa
misma nota de El Universal registra a los miembros fundadores del Sindicato
Nacional de Periodistas:
“Firmaron en efecto el acta constitutiva los periodistas que a continuación
pasamos a nombrar: Rafael Calderón, Pedro Hernández Camacho,
Francisco Falcón Hurtado, Raúl Alfredo Arriaga, Raúl
Domínguez C., Carlos Navarro Giral, Casto Noguera, Genaro de Egileo,
José Moradell, Pedro Moreno Garzón, E. Tenorio A., Héctor
Stredell, J. A. Cárdenas, H Cedrés, J. Díaz, Pedro
Chacín Chacín, A. R. Bastidas, Candelario Rivero, A. González
Trujillo, Marconi Villamizar, Miguel Ángel Sánchez, R. Emilio
Alfonso, Pausolino Vargas, Maria Teresa Castillo, Ida Gramcko, Carmen
Travieso, Raúl Agudo Freytes, Sergio Antillano, G. Araujo Silva,
Luis E. Ramírez, Héctor Arismendi, Francisco Aponte M.,
J. M. Machín, Domingo Alberto Rangel, Bernardo Dolarde, Miguel
León, Francisco Edmundo Pérez, Federico Ruiz, Cesar Pagés,
Roberto González, Ciro Urdaneta B., Miguel Ángel García,
Alirio Ugarte Pelayo, Cesar Rengifo, Fraiz Grijalva, Pedro Antonio Vásquez,
Luis Alberto Paúl, Alfredo Pérez Mirabal, Francisco Villanueva,
h., Oscar Pulgar, Antonio Mora Saavedra, J. Boada Alvins, Federico Pacheco
S., Juan López, hijo, José Benavides, Jerónimo Ascanio,
José Porras.” (Subrayados nuestros)
La lista suministrada por El Universal no es idéntica a la que
reposa en el Ministerio del Trabajo (12). En la “Lista de Miembros
del Sindicato Nacional de Periodistas que firmaron el Acta Constitutiva”,
además de los 48 nombres subrayados en el párrafo anterior,
aparecen también, Luis F. Bellorín, Raúl S. Esteves,
Martín Ernesto González, Omar Pérez y Cesar Gil,
para totalizar 53.
Es permisible pensar que los fundadores sean unos cuantos más,
a menos que se exija la rigurosidad del factor documental. Por ejemplo:
Sergio Antillano, ese veterano periodista y docente universitario, aparece
en la lista de fundadores, pero sin firmar; de Domingo Alberto Rangel
no es descabellado pensar que estuviese inmerso en ese tipo de actividades
para la época, cuando era un potencial dirigente político
bajo la rectoría e influencia de Rómulo Betancourt. Pero
en sí, oficialmente, los firmantes del Acta Constitutiva fueron
53.
De esos firmantes, 49 eran “periodistas” y 4 eran “fotógrafos”:
Castro Noguera, Héctor Cedrés, Bernardo Dolande y Francisco
Edmundo Pérez (“El Gordo”), los dos últimos
ya fallecidos. Lo que significa una relación de 92.46% de “periodistas”
y 7.54% de “fotógrafos”.
Además evidencia que el SNP fue fundado única y exclusivamente
por periodistas, aunque en su seno había criterios distintos como
los señaláramos anteriormente.
LOS
ESTATUTOS
Los
Estatutos del SINDICATO NACIONAL DE PERIODISTAS (26), son muy diáfanos
al respecto, al comienzo del Capítulo II:
“Art. 3º.- Serán miembros del Sindicato Nacional de
Periodistas los redactores, fotógrafos, corresponsales y colaboradores
fijos, remunerados, que presten sus servicios en publicaciones periodísticas
o en agencias informativas nacionales o extranjeras, sin diferencias de
raza, nacionalidad, creencias religiosas o políticas, que hayan
firmado el Acta Constitutiva, o los que pidan su ingreso a el, por escrito
o personalmente y sean aceptados por la Asamblea, comprometiéndose
a cumplir y hacer cumplir los presentes Estatutos y a respetar las leyes
del país.”
Esos primeros Estatutos constan de 38 artículos, distribuidos en
8 Capítulos, además de unas “Disposiciones Finales”
relativas a la entrada en vigencia previa aprobación de la inspectoría
del Trabajo del Distrito Federal.
El
Capítulo I, del Nombre, domicilio y objeto; entre otras cuestiones,
establece, en su artículo 2º, como “objeto el estudio,
defensa y protección de los intereses económicos, sociales,
culturales y morales de sus miembros”, y expone como fines inmediatos
el aumento de salarios, valoración del trabajo profesional, celebración
de contratos colectivos de trabajo, establecimiento del día de
descanso semanal u obtener recursos para “atender a prestaciones
médicas y otras formas de ayuda y protección a sus miembros”
y “fundar una Casa del Periodista”.
Como se puede apreciar, parte de esos objetivos son coincidentes con los
de la Asociación Venezolana de Periodistas, algunos planteados
en el mismo terreno de la AVP, como la “Valorización del
trabajo profesional” y la fundación de la “Casa del
Periodista”.
El Capítulo II, de los Miembros, sus deberes y derechos; contiene
el antes señalado articulo 3º y además fija una serie
de normas para el ingreso de nuevos miembros, impone a sus militantes
la obligación de “trabajar abnegadamente en pro del engrandecimiento
y prosperidad del Sindicato”, y después de hablar de los
deberes pasa a los derechos donde incluye uno garantizando que “en
casos de enfermedad, cesantía, voluntaria o involuntaria, percibirá
semanalmente una suma que determinara la asamblea, previo informe de la
Junta Directiva”.
El Capítulo III establece todo lo concerniente a las asambleas
y sus mecanismos democráticos internos.
La Junta directiva es regulada en el Capítulo IV, asignándole
seis secretarías y dos suplentes, cargos votados “por separado,
levantando la mano los partidarios de cada uno de los candidatos e iniciándose
seguidamente el contaje reglamentario”. El artículo 20º
establece que “cualquiera de los miembros de la Junta Directiva
o su totalidad, podrán ser removidos antes de expirar el período,
por decisión de las dos terceras partes de la totalidad de los
miembros del Sindicato, y por las siguientes causales: malversación
de fondos del Sindicato; actividades de rompehuelgas; inasistencia a cuatro
sesiones consecutivas sin causa justificada; incumplimiento de los acuerdos
y resoluciones aprobados por la asamblea o comisión de actos que
comprometan la existencia del Sindicato. Estas sanciones podrán
extremarse con medidas de expulsión del Sindicato.”
El Capitulo V se concreta a estipular las atribuciones de los miembros
de la Junta Directiva; el VI, a las finanzas; el VII deja en manos de
la asamblea las sanciones a los miembros por cuestiones que indica taxativamente;
y el VIII se refiere a “Disposiciones Generales” que van desde
la posibilidad de afiliar al SNP a federaciones o confederaciones de trabajadores,
hasta el mecanismo de disolución del organismo sindical. (26)
NO
EXISTIO DECLARACIÓN DE PRINCIPIOS
Aunque
en los Estatutos y en algunas declaraciones y notas de prensa se aprecian
elementos definitorios del naciente Sindicato, sus fundadores no se preocuparon
por redactar una declaración de principios, que siempre emite este
tipo de organizaciones en el momento de su nacimiento. Como veremos más
adelante, a la Inspectoría del Trabajo del Distrito Federal sólo
fueron remitidos por la Junta Directiva, “un ejemplar de los Estatutos
del Sindicato Nacional de Periodistas, el Acta Constitutiva y la Nómina
de sus miembros”.
Al respecto, Rafael Calderón afirmó que “la hubo,
pero de boquilla”, es decir, en las deliberacion |