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Las
amenazas arrancaron a finales de abril. Un cobarde amparado en el
anonimato llamó para decir, en medio de horribles imprecaciones,
que mataría a mi hija de 6 años, a mi esposa y a mí.
Desde ese día ha vuelto a comunicarse para entregar datos
del sitio donde vivíamos, de los horarios y la existencia
normal de mi familia.
Unas semanas después, sumaron otro ingrediente macabro. A
la sede del noticiero llegaron dos coronas mortuorias: La primera
a nombre de mi esposa y de mi hija, la otra para mí.
El
mismo día, otros dos periodistas recibieron ramos fúnebres.
Los investigadores descubrieron que habían salido de una
floristería de Paloquemao, y ésta informó que
fueron despachados por otra de Pereira. Allá, aseguran que
pagaron esas flores en efectivo y nadie recuerda quién las
ordenó.
La
tortura sicológica aumentó la semana pasada. A las
amenazas se agregaron atentados contra mi honra. Por Internet empezó
a circular un anónimo enviado al director de la revista Cambio,
Mauricio Vargas.
El
extenso pasquín sindica de diversos delitos y faltas a los
ex presidentes César Gaviria y Andrés Pastrana, a
los senadores Rafael Pardo, Juan Fernando Cristo, Piedad Córdoba,
Rodrigo Rivera, Antonio Navarro, al ex ministro Horacio Serpa, al
ex fiscal Alfonso Gómez Méndez y a un solo periodista:
Daniel Coronell. Curiosamente, todas las personas mencionadas tienen
en común una posición crítica frente a la reelección
y al gobierno.
Fue entonces
cuando pedí la ayuda de un ingeniero de sistemas para ubicar
el origen de este correo electrónico. Con programas como
e-mail tracker y network scan, encontramos que el anónimo
había salido de una dirección IP asignada a un afiliado
de la ETB. Correspondía a un café Internet del barrio
Rionegro, cerca de la avenida Suba en Bogotá.
Mientras investigábamos
la primera pista, empezó otra serie de anónimos electrónicos.
El destinatario era el abogado y columnista Ramiro Bejarano.
Ramiro es apoderado
de la empresa para la que trabajo en un tribunal de arbitramento.
En el anónimo, lo imprecan por defendernos. Me llaman "pícaro",
"bandido", "ladrón", "marica"
y advierten: "Coronell, ya veréis lo que le pasará
esta semana, o la que viene".
El
anónimo amenazante está firmado con el falso nombre
de Zarovich, título del príncipe heredero en la Rusia
Imperial. El correo electrónico del remitente era ojrana2000@yahoo.com
. La Ojrana fue la Policía política zarista que funcionó
hasta la revolución bolchevique. El zarovich había
preparado su computador para enviar anónimos. Un sistema
Cisco le permite -hasta cierto punto- encubrir la procedencia de
sus infamias e intimidaciones.
Pero
no hay crimen perfecto. Confiado en su anonimato, volvió
a escribirle a Ramiro. La tarde del domingo 19 de junio, justo en
el momento en que rastreábamos su dirección IP, Zarovich
se asomó a Internet. Por unos escasos segundos se quitó
la capucha informática, sin quererlo dio pistas sobre sus
socios y, sobre todo, permitió ubicar la procedencia del
anónimo.
La
señal venía de una mansión en la zona de Suba,
al noroccidente de Bogotá. En esa casa habita el ex congresista
Carlos Nader Simmonds, titular de la suscripción de Cablenet
usada para enviar el anónimo intimidatorio. Similar a otros
tres que ya entregué a la Fiscalía. No puedo asegurar
que él esté detrás de todas las amenazas pero,
por lo menos, éstas salieron de su propia casa.
Carlos
Náder Simmonds, poderoso hacendado de Montelíbano,
Córdoba, y dueño de varias propiedades en Bogotá
y España, es tan aficionado a la historia rusa, que su hijo
se llama Dimitri.
El
señor Náder, a quien jamás he visto, estuvo
preso en Estados Unidos por narcotráfico y conspiración.
Era amigo e interlocutor habitual de Pablo Escobar y existen varias
grabaciones que lo comprueban. Entre ellas, una en la que celebra
con el capo el asesinato de Luis Carlos Galán. ("Más
buen muerto que un hijueputa", sentencia Náder).
Por
sus antecedentes, no creo que los anónimos se puedan tomar
a la ligera. Lo denuncio públicamente, con el mismo derecho
que asiste al acribillado para escribir con letras de sangre el
nombre de su asesino.
http://semana2.terra.com.co/opencms/opencms/Semana/articulo.html?id=88175
03-07-05
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