Una
pita espectacular estremeció el Comerica Park, de Detroit,
apenas apareció en diamante el lanzador Kenny Rogers,
quien se disponía a participar en el 76º Juego de
Estrellas, evento reservado exclusivamente para las grandes
luminarias del beisbol. ¿A qué se debió
la repulsa espontánea del público hacia un jugador
que se suponía estaba en el terreno de juego justamente
por sus méritos deportivos?. Aunque para algunos resulte
increíble, la reacción del público estuvo
destinada a sancionar la conducta del serpentinero de los Rangers
de Texas, quien una semana atrás había dado de
empellones a dos camarógrafos de televisión.
Paradójicamente, cinco días antes había
tenido lugar, en los mismos Estados Unidos, la orden de encarcelamiento
contra la periodista Judith Miller, del New York Times, por
negarse a revelar sus fuentes informativas, en una de las más
regresivas decisiones que contra el ejercicio del periodismo
haya dictado, en cualquier época, un tribunal norteamericano,
no solamente por lo perjudicial del precedente contra la profesión
sino por haberse producido en un país que otrora se ufanaba
de su liderazgo democrático en el mundo.
Esta segunda decisión no produjo una pita, pero, más
que eso, está levantando una reacción nacional
e internacional que ojalá pueda conducir hacia nuevas
y más sólidas garantías para la protección
de la profesión. The Newspaper Guild (TNG), el sindicato
norteamericano-canadiense, con decenas de miles de afiliados
en los dos países, ha iniciado la recolección
de firmas para lograr que el derecho al secreto de las fuentes
informativas esté consagrado constitucionalmente, y no
solamente en las legislaciones de algunos estados norteamericanos
como ocurre actualmente.
Si desde el 11-S el mundo es más inseguro para todos,
mucho más lo es para los periodistas, que el año
pasado tuvimos un saldo trágico de 129 colegas asesinados,
20 de los cuales correspondieron a América Latina, según
cifras de la Federación Internacional de Periodistas
(FIP). Solamente, en Irak durante el 2004 fueron asesinados
29 periodistas y 18 trabajadores de los medios. Estamos en presencia
de un pico histórico, pero obviamente no de una novedad.
En la última década, más de mil periodistas
y empleados de los medios de comunicación perdieron la
vida en el ejercicio de su profesión.
Para las organizaciones de periodistas, para grupos de defensa
de la libertad de expresión y de los derechos humanos
y también para los propios medios de comunicación,
ya sean nacionales o globales, la protección a los periodistas
se ha convertido en un tema de primerísimo orden. Justamente
los cuatro sectores mencionados unieron esfuerzos para fundar
en 2003 el Instituto Internacional de la Prensa (INSI), partiendo
de una iniciativa de la FIP y del Instituto Internacional de
Prensa (IPI).
Desde entonces, ese organismo ha venido trabajando para crear
una red mundial de grupos por las libertades de prensa y expresión
y promoviendo normas de seguridad destinadas a que el periodismo
cumpla su misión en condiciones lo menos riesgosas posible.
Dirigido y administrado por profesionales de los medios de comunicación,
el INSI proporciona un servicio de información que abarca
todos los aspectos sobre la seguridad de medios y periodistas
y viene desarrollando en distintas regiones, incluida Venezuela,
un programa de formación y conscientización sobre
riesgos, destinado al personal de los medios de comunicación.
Su página web (www.newssafety.com) registra unas 900
mil entradas al mes y su Manual de Protección para Periodistas
ya ha sido traducido a doce idiomas. Este mes ha comenzado a
circular en Venezuela, donde también se realizó
un entrenamiento de seguridad para reporteros gráficos.
Guerra, terrorismo, delincuencia de diverso signo, violencia
política conforman un entorno hostil para los periodistas
en diversas regiones del globo. Y eso ya no es posible enfrentarlo
con acciones individuales, aisladas o dispersas. Esa es la razón
fundamental por la cual, frente a esta dramática realidad,
medios globales o internacionales, incluso dentro de la feroz
competencia mundial por el mercado de noticias, son capaces
de unir esfuerzos, al lado de sindicatos de periodistas y de
grupos de derechos humanos, en una sola organización
en defensa de la vida de sus trabajadores y de la información
libre. Es así como en el INSI convergen desde CNN hasta
Al-Jazeera, desde la BBC hasta Reuters y AFP, desde la CBS hasta
las organizaciones de periodistas arabes, africanos, suizos,
alemanes, peruanos o ingleses.
Si las garantías para el ejercicio del periodismo son
inherentes a la vigencia de la democracia, es la sociedad toda
la que tiene que velar por su defensa y mantenimiento. Y en
primer lugar los periodistas, debemos internalizar la necesidad
de estar adiestrados para evaluar los riesgos a fin de poder
actuar adecuadamente frente a ellos y para mantener una praxis
que no nos convierta en objetivo de la violencia. Pero también
para denunciar los atropellos y demandar de los gobiernos, que
muchas veces son responsables de ataques directos contra los
periodistas, acciones sinceras y enérgicas contra la
impunidad.
Por último, la comprensión del común de
la gente sobre la importancia de lo que está en juego
y sobre todo del rol de los comunicadores. De seguro, Kenny
Rogers no olvidará por el resto de sus días el
reclamo del público de Detroit por su injustificada agresión
contra los trabajadores de la prensa, ni los camarógrafos
el enorme espaldarazo de la muchedumbre para con ellos, simples
y desconocidos mortales en medio de una constelación
de estrellas, sin duda las más fulgurantes del béisbol
de nuestros días.
Gregorio Salazar
17-07-05