La dislocada conducta empresarial y editorial de los dueños
de “El Globo” ha roto los límites de lo insólito.
Sólo una soberbia y una irresponsabilidad descomunales
pueden llevar a alguien a paralizar la circulación de
un diario, mientras la empresa se mantiene en funcionamiento.
Eso es lo que ocurre en “El Globo”. Reporteros,
ejecutivos, secretarias, choferes, montadores, diagramadores,
archivistas, etc. , siguen en sus puestos de trabajo. Los periodistas
son pautados, efectúan su labor, pero el producto nunca
sale a la luz pública. Dicen que todo queda recogido
en un CD, que luego le es presentado, como una cabeza degollada,
al gran factotum.
Son centenares de millones lo que están costando esta
tozudez al editor, por no firmar una convención colectiva
sobre la cual ya no había ninguna diferencia. Claro,
la única salida para poder deshacerse de los trabajadores
es ofrecerle una indemnización que los lleve a romper
la relación laboral. Y eso costará otro saco de
dinero.
Se necesita una gran convicción acerca de la impunidad
con la que se puede actuar en el país para perpetrar
un desafuero como el que estamos presenciando Mientras este
tipo de situaciones sigan ocurriendo en el país seremos
una caricatura de democracia, en la cual la misma persona que
se permite este abuso pretende presentar un rostro democráticamente
acicalado manifestando, en comunicación enviada a los
periodistas de los diarios capitalinos, sus “muy sentidas
palabras de reconocimiento y aliento, para que siga ejerciendo
exitosamente la delicada tarea cotidiana de informar y crear
conciencia pública, fortalecer la pluralidad y de esta
manera, continuar garantizando nuestro derecho al libre pensamiento”.
Señor Nelson Mezerhane, si es ese es su convencimiento
sobre la delicada responsabilidad de la profesión periodística,
¿por qué no comienza por respetar a los comunicadores
sociales que han tenido la desdicha de trabajar para usted?.