HOMENAJE A GUSTAVO ACEVEDO

Una profunda tristeza nos embarga a todos quienes tuvimos la suerte de conocer a Gustavo Acevedo. Su final inmerecido, la crueldad de sus victimarios, el vía crucis de sus familiares en busca de su paradero, el desconcierto de sus compañeros de trabajo y de lucha, los sueños truncados de su esposa y sus hijos nos ha lacerado vivamente durante este mes que ya ha transcurrido de su muerte. Mantendremos presente su recuerdo de hombre sencillo, amigo fraterno y solidario, profesional fuera de serie y amante de su oficio y nos desfalleceremos en nuestro reclamo de justicia. Desde el SNTP agradecemos expresivamente a nuestros colegas Moraima Guanipa, Milagros Socorro, Jesús Eduardo Brando y Angel Suárez Molero, quienes conocieron y compartieron con Gustavo vivencias y afanes reporteriles, que nos hayan permitido honrar su memoria con los textos que hoy les presentamos y que reflejan a cabalidad quien fue nuestro inolvidable colega como ser humano y como profesional del reporterismo gráfico. Presentamos también algunas de las fotografías que Gustavo realizó en años recientes.

31-07-05

¿Cuánto tiempo más necesita el Cicpc?

A un mes y medio de la desaparición física de Gustavo Acevedo, quien fuera reportero gráfico del diario El Globo, aún siguen en libertad los responsables de su muerte. Para los familiares de Acevedo, el Cuerpo de Investigaciones Científicas Penales y Criminalísticas no ha actuado con la suficiente celeridad para la captura de los presuntos homicidas, uno de los cuales ha sido identificado como Pedro Briceño, quien andaba acompañado de Humberto Dos Santos, testigo clave que al comienzo de las investigaciones ofreció una serie de informaciones contradictorias. Desde el SNTP nos unimos al reclamo de la familia de Gustavo Acevedo para que se actúe con la mayor diligencia en la detención de los asesinos de nuestro compañero y amigo.

14-08-05


Gustavo Acevedo: la fidelidad con el blanco y negro

Por: Moraima Guanipa

*** Con estas líneas recordamos a Gustavo Acevedo, fotógrafo que laboraba en El Globo y quien falleció recientemente en circunstancias todavía no aclaradas.

La culpa la tuvo Lewis Carroll. El autor de Alicia en el país de las maravillas deslumbró con sus prerrafaelistas fotografías a un joven que por sus veinte años andaba a medio camino entre el teatro y la imagen.

Las “Niñas” de Carroll impactaron la imaginación de Gustavo Acevedo, quien hizo del fotoperiodismo un trabajo constante ejercido por casi tres décadas, en las cuales dejó huella en la fotografía para suplementos dominicales, como el recordado Feriado de El Nacional y Letra G de El Globo, diario para el cual trabajaba hasta su muerte, ocurrida recientemente en circunstancias trágicas que esperan por una investigación.

Gustavo hizo de la fotografía para los suplementos dominicales una rara -por lo difícil- combinación de noticia y estética. A esta labor se sumaría una larga convivencia con la noticia y sus consecuencias. De esa experiencia amasó un portafolio de imágenes que en 1993 le valieron el Premio de Fotografía Luis Felipe Toro del Conac, por una serie fotográfica titulada “Olvidados del confín”, sobre la etnia Bari en la región zuliana de la Sierra de Perijá, en sus márgenes fronterizos con Colombia.

En sus fotografías dejó el registro de la cotidianidad. La calidad de sus imágenes, la búsqueda incesante de nuevos ángulos para la imagen, fueron señas de identidad en su ejercicio profesional. Conocía también de ese precario equilibrio entre la estética y la realidad, pero tenía clara consciencia de lo decisivo que resulta el instante atrapado por un click fotográfico.

“Como decía (Henry) Cartier Bresson, es apretar el botón de la cámara en el momento decisivo. De un rollo uno toma generalmente dos o tres fotos y en esa convergencia es donde atrapas ese instante que sorprende al espectador. Puede ser un gesto, puede ser un movimiento”, comentó en una entrevista que le hicimos hace una década en ocasión de haber ganado el que por entonces era el más prestigioso premio otorgado a la fotografía en el país.

En esa conversación decía no tener “recetas” para las imágenes: “A veces le pides a la gente que participe, a veces la misma persona te da lo que tú andas buscando sin pedírselo. Y a veces te asomas ahí y descubres la imagen”.

Del teatro a la foto

Los inicios de Gustavo Acevedo en la fotografía fueron un aprendizaje de ensayo y error en una desaparecida Casa Municipal de la Juventud en San Bernardino. Llegó a la fotografía por la vía del teatro. De adolescente trabajó en varios montajes de teatro infantil, para pasar luego a participar en puestas en escena con Cosme Cortázar y Temistocles López, actividades que dejó una vez que llegara a la fotografía por las imágenes de un libro de Lewis Carroll.

Con una cámara Zenith de 300 bolívares comenzó en 1979 su ruta por la fotografía: “Cuando estábamos montando Alicia en el país de las maravillas me enteré de la vida de su autor, Lewis Carroll, que era fotógrafo. Empecé a encontrarme con otros libros, dejé el teatro y me metí en la Casa Municipal de la Juventud a aprender fotografía. La enseñanza era que allá estaba el laboratorio y tú tenías que ir con los crespos hechos. Aprendí a preparar los químicos, empecé desde el principio. Entonces yo estaba montao, me creía mi vaina de ser fotógrafo”.

Vino su primer trabajo como fotógrafo para el Conicit, después sería el salto para trabajar por siete años en la industria petrolera, experiencia que lo introdujo en los mecanismos de la fotografía industrial.

La foto es la noticia

La experiencia con la empresa petrolera sirvió, según comentaba, para consolidarse en el oficio con el cual pisó la tierra del periodismo, a la cual llegó para quedarse. “Soy fundador de Feriado, cuando Feriado era grande”, decía entre risas y recuerdos. Y fue este trabajo el que lo consolidó como fotógrafo de suplementos dominicales, trabajo que consideraba más comprometido con la estética, que obliga a ir más allá de las noticias: “se requiere una forma de ver más que noticiosa, impactante. Es más la foto que la noticia”.

Se resistía a intervenir sus imágenes y prefirió la honestidad del blanco y negro para captar los instantes de la realidad. Desconfiaba de los recursos para alterar las fotografías, pues lo consideraba una salida que oculta carencias: “Lo que no puedes resolver de una manera, la intervienes porque se quiere impresionar de esa manera. Es mi opinión particular y habrá otros que digan lo contrario, pero es que en una fotografía en blanco y negro puede estar todo lo que puede impactar al espectador. No pintarla, ni virarla. Me parece que el reto es precisamente eso. De ahí la gracia”.

- El blanco y negro –decía- es mucho más plástico, es diferente de la realidad. La realidad no es en blanco y negro y eso te permite hacer una versión distinta. No tengo nada contra el color tampoco, pero me agrada expresarme en blanco y negro.

En blanco y negro recorrió el país atrapando imágenes, rostros, gestos, con los cuales forjó su solvencia como profesional del reporterismo gráfico y también como un artista de la imagen, a quien recordaremos siempre desde su humor y su vitalidad. Paz a sus restos.

31-07-05


Gustavo Acevedo y sus dos pasiones: familia y fotografía

Por Jesús Eduardo Brando

Al recordar al amigo y compañero Gustavo Acevedo Paredes, dos aspectos llenan de inmediato nuestra memoria. Sus dos pasiones, su familia y la fotografía.

Más que constante, permanente, la comunicación personal y telefónica con su esposa Giovanna. Inmensa, como sólo puede ser la de un padre amoroso, la pregunta una y otra vez ¿Dónde están Eva y Gustavito? ¿Los buscas tú o los busco, yo a la salida del colegio? ¿Tú comiste…y los muchachos? Similares preocupaciones por su hijita mayor Eliana.

Es que Gustavo era así. Optimista siempre ante la adversidad. Confiado siempre en que el mañana sería mejor.

En su temprana juventud incursionó en el dibujo técnico; y aunque es oficio vinculado al arte. En definitiva no logró atraparlo, como sí sucedió con la fotografía.

El periodismo gráfico dio cauce a su vocación de expresión artística. Pero tampoco fue suficiente. Por eso últimamente experimentaba en lo que llamó “intervención de la fotografía”. Es decir, recomposición de la imagen, sus trazos, color y definiciones. Ese fue Gustavo el artista.

Todos sus compañeros y amigos lo recordamos, horas y horas, ante el computador. Silente, compenetrado en su búsqueda expresiva a través de la imagen.

Era tanta su pasión y entrega que necesidades, como el comer, pasaban a segundo plano. Ya habrá tiempo. Sólo el llamado de su esposa y sus hijos lograban sacarlo de su ensimismamiento profesional.

Jamás le oímos denostar de la vida y sus adversidades. Creyente en Dios en profunda intimidad. En ocasiones conversábamos sobre lo frágil y efímero de la vida. Los recuerdos duros volvían a su mente. Pero sin rencores ni resentimientos ¡Hermano, mañana será mejor!

31-07-05


Un reportero gráfico monumental

Por: Milagros Socorro

La madre de Gustavo Acevedo sostiene con una mano una estampita de santo y con la otra un vaso de jugo de naranja.

Ambos, la estampita y el vaso plástico, están estrujados. Esta mujer tiene muchos días en una angustia que finalmente se ha deshecho en eso, en un temblor de manos y un estarse sentada frente a un féretro. Sandra Bracho y yo llegamos y nos presentamos.

Ella nos pregunta si somos compañeras de Gustavo. Lo somos. Yo, de El Globo, hace más de diez años. Y Sandra, “de calle”, como dicen los fotógrafos, que no suelen decir el trabajo, la fuente o la vida sino “de calle, en calle”.

¿De dónde conocías a Gustavo, habías trabajado con él? le pregunté mientras íbamos a la funeraria. “En calle”, dice Sandra. Y con eso lo dice todo. Se refiere a que se hicieron amigos en esos enjambres de fotógrafos que se ven siempre donde hay noticias. Calle es una rueda de prensa, un lugar de los hechos, un ministro que sale a dar declaraciones, una marcha, una manifestación, un espectáculo, un deslave, unos cuerpos exánimes. Calle es lo contrario de la oficina, de estar al resguardo de unas paredes y un aire acondicionado; lo contrario de que otro te diga qué paso y cómo pasó... calle es llevar los propios ojos y comprometerlos con los hechos, con la gente. Calle es tener el reporterismo en la sangre.

Ahora estamos allí, con la mamá de Gustavo. No nos acercamos a su esposa porque se ve que prefiere estar sola, estrujándose las manos sobre la caja cerrada donde alguien ha puesto una reproducción de una foto de carnet de Gustavo. La mujer tiene los labios recogidos en un puchero de dolor. Está exhausta. Han sido once días de buscarlo por las calles, de clamar por el testimonio de alguien que lo haya visto, de rogarle a la policía científica que dé con su paradero.
-La PTJ no hizo nada ­dice la mamá de Gustavo-. Absolutamente nada.

Tiene que ser cierto. De otra manera no se explica que el cuerpo de nuestro amigo estuviera once días en la morgue mientras la familia lo buscaba desesperada y la cara de Gustavo apareciera en las páginas de los diarios.

-¿Tú sabes que él era asmático? ­pregunta la mamá de Gustavo-. Parece que andaba sin la bombita, que le dio una crisis muy fuerte, que se cayó y se quebró la cabeza.
Los periodistas sabemos que no fue eso lo que ocurrió. Nosotros sabemos que Gustavo Acevedo, que era un reportero gráfico monumental, un gran fotoperiodista, un artista de ese oficio, murió por politraumatismo, es decir, por muchos golpes en la cabeza que le propinó un asesino.

La mamá de Gustavo sorbe el jugo de naranja. Me dice: “Su jefe estuvo anoche aquí, parece que le iban a dar un ascenso”. Gustavo Acevedo es uno de los mejores fotógrafos “de calle” en la historia del periodismo venezolano.

En la excelencia no hay categorías, de manera que no podía ser ascendido en cuanto a la maestría de su mirada, a la singularidad de su estilo.

Alguien viene a darle el pésame a la mamá de Gustavo. Sandra y yo salimos de la sala. Y en ese momento vienen entrando los hijos de Gustavo.

Una niña y un niño, que deben andar por 11 y 9 años, respectivamente. Muy bellos los muchachitos, con el mismo colorido del padre, cabellos castaño claro, ojos aguarapados, piel dorada, el cuerpo muy estilizado. Nada más entrar, rompen en llanto. Un llanto infantil, como si les hubieran negado un helado pero muy sonoro (el llanto de quien está saliendo de la infancia en ese mismo momento). Gustavo hubiera hecho una fotografía de ellos en la que hubiera quedado revelada toda la tragedia, la injusticia, el patetismo de la situación y, a la vez, toda la belleza de los carajitos, la luz destellando en sus lágrimas, las pequeñas manos queriendo estrujar el féretro. Afuera hay muchos fotógrafos. Ninguno sabe qué decir (ellos son así). Deduzco que quieren justicia, que quieren ver preso al asesino de Gustavo y degradado al policía que debió identificarlo en la morgue y no lo hizo.

Deduzco que tiemblan por el destino de los niños que acaban de entrar en la funeraria. Deduzco que están pensando vagamente en una exposición de fotografía, con su consecuente publicación, que les muestre a esos muchachitos la clase de creador que fue su padre, la magnitud del artista que la violencia acaba de devorar con la naturalidad de un click.

El Nacional - Jueves 07 de Julio de 2005 A/4


Amigo a tiempo completo

Por Ángel Suárez Molero

Con ilimitada capacidad para crear, Gustavo Acevedo siempre se granjeó el respeto de sus pares de la fotografía y de sus otros colegas de la redacción.

Casado con Giovanna Nicolazzo, con ella tuvo dos hijos, Evita y Gustavo, de 10 y 9 años de edad respectivamente. De su primer matrimonio nació Eleana, de 14 años.

Hijo de Alfredo Acevedo y Doris Paredes, Gustavo nació en Caracas hace 47 años.

Acevedo se inició en El Globo, cuando apenas el cotidiano de Maripérez apenas comenzaba, es decir hace 15 años. Antes compartió responsabilidades en la desaparecida revista Feriado, de El Nacional, donde, igual que en El Globo, demostró la calidad de sus trabajos. Trabajó igualmente en Corpoven y Pdvsa.

Ganador del premio de fotografía Luis Felipe Toro (Torito), también ganó en varias ocasiones el premio interno de El Globo.

Amigo del arte, siempre quiso imprimir en sus trabajos del día, parte de sus conocimiento en esa disciplina Acevedo. En sus mocedades quiso ser actor. Le gustaba conversar sobre la actuación, al punto que en las tablas interpretó El Principito.

Miembro del Círculo de Reporteros Gráficos y del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa. Bohemio, excelente compañero de trabajo, amigo a tiempo completo.

No una, sino un millar de veces, nos tocó “patear la calle” con Gustavo. Podría ser en la fuente de sucesos como en la fuente política, en las cuales siempre quién escribe ha incursionado más en su extensa trayectoria profesional. En una como en la otra, Acevedo siempre destacó por la pasión que le imprimía a su trabajo.

A decir verdad, será harto difícil reemplazar el espacio ocupado por Gustavo. Periodista al fin, era un jodedor y humorista como ninguno. No era de mi generación, pero sí me recuerda a muchos que ya se han ido y otros que aún están jodiendo. ¡Que bueno verdad! La lista es larga, pero bien vale la pena recordar a José Luis Blasco, a Rondón (el único Pulitzer de Venezuela) a los hermanos Roberto y Cesar Trujillo, al chino Castillo, a los Supermán, a Fernando Mora Saavedra, al gordo Villa, a Pedrito Flores, estos últimos en el caso del primer grupo, porque entre los del segundo, no puede uno olvidarse del Chino Jesús Briceño, de Joe Díaz, Ángel Nava, Simón Clemente, Luis Noguera viejo y su clan, es decir Luisito y Leonardo Noguera, Domingo Chirinos, Ángel Navas, Giorgio y Cesar Lombardi, Ivan Aponte, Fernando Sánchez, “paso e tigre” o sea el gordo Marquez, Ángel Echeverría y en fin, muchos más de la vieja y nueva generación. Que me perdonen los demás, pero culpen, de todas formas, a mi memoria. Son 69 añitos, hermano.

Lo cierto es que Acevedo, como ellos, todos cumplieron, han cumplido y siguen cumpliendo con el sagrado deber de informar, orientar y entretener a los demás, porque a fin de cuentas uno vive de eso o ¿sí?.

Pudiéramos, por supuesto, referirnos igualmente a las anécdotas en las cuales Gustavo, uno y todos los que en este peligroso oficio, una que otra vez protagonizamos. Okey, está bien; pero para eso mejor búsquense a Heberto Castro Pimentel, que es quién las conoce todas…

Su trágica desaparición ha conmocionado al gremio. Sus familiares, sus amigos, sus colegas, solo pedimos a las autoridades correspondientes una exhaustiva investigación del crimen perpetrado en su contra. Dios os pagará.

31-07-05


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