Los
patrones vencieron. El gobierno del Presidente Luis Ignacio
Lula da Silva capituló una vez más ante los intereses
de las grandes empresas de comunicación del país
al vetar integralmente el proyecto de ley que actualizaba las
funciones de la profesión de periodista. Orientado por
su equipo, el presidente cedió a los argumentos falaces
de los dueños de los medios que, utilizando indebidamente
el poder de difusión que tienen, usaron sus vehículos
sólo para defender sus intereses.
La actualización
de la reglamentación profesional de los periodistas es
una reivindicación legítima del gremio, organizada
en sus Sindicatos y en la FENAJ. El proyecto de ley nº
079/2004 fue discutido y democráticamente aprobado por
la Cámara de los Diputados y por el Senado Federal. Al
vetarlo integralmente, el presidente niega, una vez más,
su origen sindical, su lucha por la organización de los
trabajadores y, principalmente, el respeto a los principios
democráticos que rigen en Brasil.
El gobierno
simplemente no resistió la presión desigual de
los dueños de los medios. Capituló a los intereses
empresariales, como ocurrió en relación a la creación
del Consejo Federal de Periodistas e al proceso de implantación
de la TV y de la radio digital en el País.
La FENAJ
no puede aceptar que, en esta capitulación, el gobierno
asuma los argumentos de la libertad de prensa y de expresión
indebidamente utilizado por los dueños de medios. En
la campaña que desencadenaron por el veto al PL 079,
grandes diarios y emisoras de TV pasaron por encima de la libertad
de expresión y de prensa que falsamente dicen defender.
La verdadera
amenaza a la libertad de expresión y de prensa no es
la reglamentación de la profesión de los periodistas.
Es, esto sí, el alto grado de concentración de
la propiedad privada de los medios, en connivencia con las élites
políticas en los Estados y en el Congreso Nacional y
la hegemonía, en el mercado de comunicación, de
un único grupo, la Red Globo.
Una vez
más, el movimiento sindical de los periodistas fue víctima
de una sórdida y orquestada campaña sustentada
por las empresas, que difundieron, en escala de masas, desinformación
e histeria. Se transformó una justa reivindicación
profesional en un problema de Estado. Contaron, como siempre,
con los servicios de cómplices y de nuevos e inesperados
aliados, inclusive en el campo de los trabajadores. Es condenable
la postura de la Federación de los Radialistas (Fittert)
que defendió el veto total, al lado de las empresas de
radio y TV, y, en el momento final de negociación, propuso
la retirada de la función del reportero cinematográfico,
previsto como actividad de periodista desde 1969.
Como "salida
honrosa", el Gobierno propuso la formación de un
grupo de trabajo para discutir cambios en la reglamentación
profesional. La propuesta nace comprometida por la postura autoritaria
de las empresas de comunicación de sus entidades representativas:
ANJ, Abert e Aner que, es sabido, no quieren cualquier reglamentación.
La FENAJ
no se apartará del debate democrático y participará
del grupo de trabajo propuesto por el Ministerio del Trabajo,
pero no cederá más los derechos conquistados con
una lucha de generaciones de periodistas brasileros. Es preciso
aclarar a la sociedad que a los periodistas interesa mantener
y perfeccionar la reglamentación de la profesión,
y a los patrones interesa el fin del diploma, la ausencia de
un consejo profesional, la desmoralización de las entidades
sindicales y la no observancia de los principios éticos
que rigen la profesión.
Por su compromiso
con ese pasado de luchas y por creer en un país más
justo con su pueblo, la FENAJ, los Sindicatos de Jornalistas
y toda el gremio va a continuar defendiendo la reglamentación
profesional, la exigencia de la formación de nivel superior
en periodismo para el ejercicio de la profesión y la
auto-reglamentación, con la creación de un Consejo
Profesional. Porque todo esto es condición para la práctica
de un periodismo verdadero, ético e socialmente responsable.
Brasília,
27 de julio de 2006