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Algún
poeta nostálgico hilvanó en letra memorable la
sentencia que pronto adquirió ciudadanía universal
y fue dicha, y se dice, en todas las lenguas conocidas:
Todo tiempo pasado fue mejor…
Exageración de poeta. Exageración lírica
que, en todo caso, si le atribuye al pasado connotación
perenne que no necesariamente es su característica, ni
autoriza, ni justifica la falacia conciente, interesada y redituaria.
Esa, antípoda de la exageración del poeta, que
pretende demonizar el pasado para que el postulante de la demonización
se erija en supuesto génesis de la historia y de la vida.
Ahora se enfrentan en Venezuela esos dos extremos. Se desgañitan
los propagandistas que, sin siquiera darse el trabajo de intentar
respaldar sus falacias con argumentos válidos e incontestables,
quieren borrar el pasado de la memoria de los venezolanos que
hoy y de los venezolanos que vendrán mañana, pasado
mañana, después… La probada ineptitud en
las gestiones de dirección nacional que les han correspondido,
para mala suerte de la República; su orfandad de vocación
de servicio público y sus evidentes complejos, resentimientos
y odios, los conducen al intento de nivelar por debajo, de promover
a los incapaces, de instaurar la mentira oficial como instrumento
sistemático de engaño a la opinión pública
y de siembra del pensamiento único, de culto a la personalidad
del hegemón.
No. Venezuela sí tiene pasado. Pasado hermoso, positivo,
creador, fundamento indestructible del permanente proceso de
construcción del país. El pensador italiano Gian
Battista Vico interpreta la historia como proceso de avances
y retrocesos, de corsi e ricorsi. Según su tesis, la
humanidad avanza y retrocede. Pero ningún retroceso es
más prolongado que el avance. Y no sólo eso. Cada
retroceso se constituye en palanca que dispara con ímpetu,
la siguiente etapa de avance. Venezuela sufre ahora un momento
de ricorsi, de regreso al caudillismo y los odios sociales del
siglo XIX. Pero la propia tragedia de la vivencia actual anuncia
auroras esplendentes, de rencuentro con las más fecundas
raíces de la nacionalidad y el ser venezolanos.
Viene a cuento las anteriores reflexiones porque, según
los heraldos de la falacia que pretenden negar y demonizar el
pasado, nuestro sindicato, el Sindicato Nacional de Trabajadores
de la Prensa, como expresión y hechura de ese pasado
igualmente sería merecedor de todas las negaciones y
de todos los aborrecimientos. Pero los sesenta años de
existencia y de vigencia de nuestra organización no son
solamente noble testimonio de la vitalidad y de la legitimidad
del pasado, sino que bastan para desnudar la execrable falacia
en venta actualmente en el mercado de la desvergüenza nacional.
El Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa nace de la
confluencia de las divergencias actuantes en la Venezuela de
los años cuarenta. Hago énfasis en el señalamiento.
Confluencia de divergencias, porque aquella Venezuela que sepultaba
definitivamente la gomecismo y se asomaba a los ejercicios de
la plenitud democrática, las divergencias, las diferencias,
no obstruían, sino que impulsaban los encuentros creadores
de los contrarios, de los adversarios. Los contrarios, los adversarios
podían enfrentarse y lo hacían ardorosamente,
para sellar la disputa en el abrazo cordial, fraterno y en la
concepción, la suscripción y la ejecución
de proyectos de bien social.
Así nació este sindicato. De la mano de los socialdemócratas,
de los comunistas, de los socialcristianos, de los independientes
políticos, de los agnósticos y de los creyentes.
De la mano de los Claudio Cedeño, de los Rafael Calderón,
de los Arístides Bastidas, los Pedro Rafael Gilly, los
Martín Ernesto González y Eduvigis Tenorio, junto
con las compañeras pioneras entonces del periodismo de
calle, Ana Luisa Llovera, Carmen Clemente Travieso, Francia
Natera, Lucila Velásquez…
Comenzaba la expansión de la industria de la comunicación
social. Nuevos diarios en Caracas y en la provincia. Se incorporaban
las estaciones de radio con programas de información
y de opinión, como el del recordado luchador social Alberto
Ravell. Y se imponía organizar a los trabajadores del
sector para garantía de sus legítimas reivindicaciones.
Pero no se limitó el Sindicato Nacional de Trabajadores
de la Prensa a la exclusiva labro reivindicativa profesional.
Asumió también, como responsabilidad inexcusable,
el combate, junto con la Asociación Venezolana de Periodistas,
por la vigencia de los derechos ciudadanos, entre ellos específicamente,
el de libertad de expresión, el de libertad de información
y el de libertad de opinión. Y cuando desgraciadamente,
se interrumpió el proceso de democrático con el
golpe al presidente Gallegos, y se instauró en el país
la penúltima autocracia militarista, el Sindicato Nacional
de Trabajadores de la Prensa no eludió responsabilidades,
sino que también salió a jugárselas al
lado de los partidos de la resistencia y de las organizaciones
y las individualidades de todo tipo de naturaleza que desafiaron
los peligros y las amenazas, hasta las de la tortura, el exilio
y la muerte, para restablecer la institucionalidad democrática.
Así el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa,
en alianza con la Asociación de Linotipistas y el sindicato
de Trabajadores de Artes Gráficas, fue factor fundamental
en la edición y la distribución de los periódicos
clandestinos. Y en enero de 1958 se constituyó en instrumento
principalísimo, junto con los editores de medios, la
AVP y los partidos, de la huelga de prensa que selló
la suerte de la penúltima autocracia militarista sufrida
por Venezuela.
Ahora, en consecuencia irreductible con su historia singular,
el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa combate resuelta
y frontalmente contra las amenazas a los periodistas y la libertad
de expresión formuladas por la Fiscalía General
de la República, que de garante de la vigencia del estado
de derecho ha devenido en otro instrumento represor de las libertades
y las garantías ciudadanas. Y es voz permanente de rechazos,
denuncias y condena de las agresiones del régimen a los
periodistas y a los medios de comunicación social. Fiel
a sus raíces, a su origen diverso, múltiple, y
la vez institucionalista y propulsor de la más vigorosa
construcción nacional.
Cuando la siembra de odios y resentimientos pretende escindir
a Venezuela en dos mitades enemigas, irreconciliables, fratricidas,
el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa reivindica
el pasado en su indestructible imagen de fraternidad y de confluencia
por encima de las divergencias y las diferencias, en afirmación
y proyección de la Venezuela que debe ser, de la Venezuela
que será, por encima de los ilusos y de los falsos mesías
que enfermos de odio y de resentimiento pretenden encerrar con
ellos al país de siempre.
Sin pasado no hay presente, ni futuro. Así no sea totalmente
cierta la poética afirmación de que “todo
tiempo pasado fue mejor”.
Héctor Strédel
Caracas, 11 de marzo de 2006.