Héctor Strédel, miembro del grupo fundador del SNTP
¡Salud, compañeros!

Algún poeta nostálgico hilvanó en letra memorable la sentencia que pronto adquirió ciudadanía universal y fue dicha, y se dice, en todas las lenguas conocidas:
Todo tiempo pasado fue mejor…

Exageración de poeta. Exageración lírica que, en todo caso, si le atribuye al pasado connotación perenne que no necesariamente es su característica, ni autoriza, ni justifica la falacia conciente, interesada y redituaria. Esa, antípoda de la exageración del poeta, que pretende demonizar el pasado para que el postulante de la demonización se erija en supuesto génesis de la historia y de la vida.

Ahora se enfrentan en Venezuela esos dos extremos. Se desgañitan los propagandistas que, sin siquiera darse el trabajo de intentar respaldar sus falacias con argumentos válidos e incontestables, quieren borrar el pasado de la memoria de los venezolanos que hoy y de los venezolanos que vendrán mañana, pasado mañana, después… La probada ineptitud en las gestiones de dirección nacional que les han correspondido, para mala suerte de la República; su orfandad de vocación de servicio público y sus evidentes complejos, resentimientos y odios, los conducen al intento de nivelar por debajo, de promover a los incapaces, de instaurar la mentira oficial como instrumento sistemático de engaño a la opinión pública y de siembra del pensamiento único, de culto a la personalidad del hegemón.

No. Venezuela sí tiene pasado. Pasado hermoso, positivo, creador, fundamento indestructible del permanente proceso de construcción del país. El pensador italiano Gian Battista Vico interpreta la historia como proceso de avances y retrocesos, de corsi e ricorsi. Según su tesis, la humanidad avanza y retrocede. Pero ningún retroceso es más prolongado que el avance. Y no sólo eso. Cada retroceso se constituye en palanca que dispara con ímpetu, la siguiente etapa de avance. Venezuela sufre ahora un momento de ricorsi, de regreso al caudillismo y los odios sociales del siglo XIX. Pero la propia tragedia de la vivencia actual anuncia auroras esplendentes, de rencuentro con las más fecundas raíces de la nacionalidad y el ser venezolanos.

Viene a cuento las anteriores reflexiones porque, según los heraldos de la falacia que pretenden negar y demonizar el pasado, nuestro sindicato, el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa, como expresión y hechura de ese pasado igualmente sería merecedor de todas las negaciones y de todos los aborrecimientos. Pero los sesenta años de existencia y de vigencia de nuestra organización no son solamente noble testimonio de la vitalidad y de la legitimidad del pasado, sino que bastan para desnudar la execrable falacia en venta actualmente en el mercado de la desvergüenza nacional.

El Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa nace de la confluencia de las divergencias actuantes en la Venezuela de los años cuarenta. Hago énfasis en el señalamiento. Confluencia de divergencias, porque aquella Venezuela que sepultaba definitivamente la gomecismo y se asomaba a los ejercicios de la plenitud democrática, las divergencias, las diferencias, no obstruían, sino que impulsaban los encuentros creadores de los contrarios, de los adversarios. Los contrarios, los adversarios podían enfrentarse y lo hacían ardorosamente, para sellar la disputa en el abrazo cordial, fraterno y en la concepción, la suscripción y la ejecución de proyectos de bien social.

Así nació este sindicato. De la mano de los socialdemócratas, de los comunistas, de los socialcristianos, de los independientes políticos, de los agnósticos y de los creyentes. De la mano de los Claudio Cedeño, de los Rafael Calderón, de los Arístides Bastidas, los Pedro Rafael Gilly, los Martín Ernesto González y Eduvigis Tenorio, junto con las compañeras pioneras entonces del periodismo de calle, Ana Luisa Llovera, Carmen Clemente Travieso, Francia Natera, Lucila Velásquez…

Comenzaba la expansión de la industria de la comunicación social. Nuevos diarios en Caracas y en la provincia. Se incorporaban las estaciones de radio con programas de información y de opinión, como el del recordado luchador social Alberto Ravell. Y se imponía organizar a los trabajadores del sector para garantía de sus legítimas reivindicaciones. Pero no se limitó el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa a la exclusiva labro reivindicativa profesional. Asumió también, como responsabilidad inexcusable, el combate, junto con la Asociación Venezolana de Periodistas, por la vigencia de los derechos ciudadanos, entre ellos específicamente, el de libertad de expresión, el de libertad de información y el de libertad de opinión. Y cuando desgraciadamente, se interrumpió el proceso de democrático con el golpe al presidente Gallegos, y se instauró en el país la penúltima autocracia militarista, el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa no eludió responsabilidades, sino que también salió a jugárselas al lado de los partidos de la resistencia y de las organizaciones y las individualidades de todo tipo de naturaleza que desafiaron los peligros y las amenazas, hasta las de la tortura, el exilio y la muerte, para restablecer la institucionalidad democrática. Así el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa, en alianza con la Asociación de Linotipistas y el sindicato de Trabajadores de Artes Gráficas, fue factor fundamental en la edición y la distribución de los periódicos clandestinos. Y en enero de 1958 se constituyó en instrumento principalísimo, junto con los editores de medios, la AVP y los partidos, de la huelga de prensa que selló la suerte de la penúltima autocracia militarista sufrida por Venezuela.

Ahora, en consecuencia irreductible con su historia singular, el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa combate resuelta y frontalmente contra las amenazas a los periodistas y la libertad de expresión formuladas por la Fiscalía General de la República, que de garante de la vigencia del estado de derecho ha devenido en otro instrumento represor de las libertades y las garantías ciudadanas. Y es voz permanente de rechazos, denuncias y condena de las agresiones del régimen a los periodistas y a los medios de comunicación social. Fiel a sus raíces, a su origen diverso, múltiple, y la vez institucionalista y propulsor de la más vigorosa construcción nacional.

Cuando la siembra de odios y resentimientos pretende escindir a Venezuela en dos mitades enemigas, irreconciliables, fratricidas, el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa reivindica el pasado en su indestructible imagen de fraternidad y de confluencia por encima de las divergencias y las diferencias, en afirmación y proyección de la Venezuela que debe ser, de la Venezuela que será, por encima de los ilusos y de los falsos mesías que enfermos de odio y de resentimiento pretenden encerrar con ellos al país de siempre.

Sin pasado no hay presente, ni futuro. Así no sea totalmente cierta la poética afirmación de que “todo tiempo pasado fue mejor”.

Héctor Strédel
Caracas, 11 de marzo de 2006.

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