Según el informe de Espacio Público sobre la libertad de expresión en Venezuela, más del 76 % de las agresiones provinieron de actores estatales, que además gozan de absoluta impunidad. Ese mismo Estado, en cuyas narices se han cometido más de 900 agresiones contra periodistas y medios durante los últimos ochos años, se desdobla cada 27 de junio para otorgar los premios anuales de periodismo y repartir condecoraciones.. ¿Con qué autoridad moral?, cabe preguntarse.
Nada tiene que ver esta posición con nuestra consideración hacia los compañeros que han aceptado integrar el jurado, viejos colegas y amigos con quienes, a excepción de las dos damas, hemos compartido momentos de lucha y cordialidad desde hace muchos años.
Lo que sí creo es que la labor que les toca es dificilísima porque en Venezuela están claramente definidos dos conceptos sobre el rol y la forma de hacer periodismo. El que vienen ejerciendo la mayoría de los medios privados y que no se diferencia mucho del concepto que se acepta en otras latitudes y que, por supuesto, puede recibir las necesarias críticas sobre su calidad, su ética y otros considerandos para los cuales existen unos stándares compartidos internacionalmente. El otro concepto lo maneja el ejecutivo nacional, y es aquel mediante el cual se asume que todo reflejo de la realidad o de la gestión gubernamental que afecte su imagen constituye una campaña propagandística, desestabilizadora y por lo tanto golpista. ¿Cómo se concilia eso?.
Invariablemente, a cada mala noticia (llámese inseguridad, desabastecimiento, corrupción, abuso de poder..) el señalamiento sobre los presuntos responsables se revierte y termina recayendo sobre los propios medios que la difunden, no importa que quien la ponga de relieve sea la propia ciudadanía. Campaña mediática, le dicen, y con eso se resuelve el caso..
En Venezolana de Televisión y otras plantas oficiales el problema está resuelto sin muchos quebraderos de cabeza y allí ni se inventa ni se yerra, con apretar los párpados tienen. Por ejemplo, aunque para el 90 % de los venezolanos el problema más angustiante es el de la avasallante inseguridad personal, de acuerdo con los noticieros del Estado en Venezuela no se derrama una gota de sangre por acción del hampa, no se produce ni el arrebatón de la cartera a una ancianita en la avenida Baralt.
Desde ya podemos imaginar, de paso, cómo estará de bien informado el noticiero del nuevo canal de servicio público (“Sí, Luis..”, diría La Bicha) que sustituirá a RCTV.
Y en cuanto al Colegio Nacional de Periodistas y específicamente a su presidente, colega Levy Benshimol, ¿es posible que no se percate de esa realidad?. ¿Es posible que no entienda que su presencia convalidando el premio constituya una tremenda contradicción con la misión institucional que le toca desempeñar por ley y por el Código de Etica?.
Por lo demás, probablemente en estos momentos no hay mejor premio que se le pueda otorgar a los periodistas venezolanos que el respeto a su labor cotidiana, el respaldo a sus esfuerzos por informar más y mejor a la ciudadanía, la protección a su integridad física y a sus equipos de trabajo; que se abran las fuentes de información, que cesen los insultos y que el presidente no se ponga bravo cuando quien le haga una pregunta difícil sea un entrevistador distinto a José Vicente Rangel.
Gregorio Salazar
12-05-2007 |