Estimados
compañeros: estoy plenamente consciente de que el ambiente
de fraternidad y camaradería gremial que reina en este
XX Secretariado Nacional del Círculo de Reporteros Gráficos
de Venezuela me permitiría intervenir de manera improvisada
ante ustedes para compartir algunas de la ideas sobre temas
que me parecen son de necesario debate no solamente para el
CRGV, sino también para todo el gremio periodístico
venezolano.
Sin embargo,
hoy prefiero consignar por escrito estas reflexiones porque
quisiera que mis palabras no se las lleve el viento o, mejor
dicho, el tiempo. Por el contrario, desearía que perduraran
como testimonio de esta hora menguada, de los momentos terriblemente
difíciles y dolorosos que vive el gremio periodístico
venezolano desde hace más de seis largos años.
Es una realidad
documentada y constatable que una avalancha de insultos, de
agravios, de agresiones físicas, de amenazas legales
y procesos judiciales ha caído sobre los periodistas
venezolanos, sin distingos, es decir sobre quienes escriben
y sobre quienes, como ustedes, recogen la realidad de manera
gráfica o audiovisual. Somos un sector de la sociedad
bajo acoso permanente y sistemático. Y, lo que es más
grave, se nos quiere presentar como indolentes, como faltos
de ética y como colocados de espaldas a los más
sagrados intereses de nuestra patria y de nuestro pueblo. Nada
de eso, por supuesto, es cierto y lo rechazamos de la manera
más enérgica y contundente.
Alto ha
sido el costo que hemos tenido que pagar los periodistas venezolanos
en estos años. Pero ninguno comparado con la dolorosa
cuota de sangre que se le ha cobrado, digo cobrado, arrebatado
al valeroso gremio que tengo ante mi reunido, y que no son otros
que ustedes, ojos del país y de nuestra historia, quienes
dejan en registro indeleble, eslabonado instante tras instante,
la memoria gráfica de los venezolanos. Me refiero al
dignísimo Círculo de Reporteros Gráficos
de Venezuela (CRGV).
Dos de los
nuestros, de nuestro gremio, pero salidos del seno de ustedes,
son hoy mártires del periodismo venezolano. Unamos nuestras
voces para decir: ¡Honor y Gloria a nuestros compañeros
Jorge Tortoza y Jorge Aguirre, recuerdo eterno a sus memorias!.
Que su sacrificio no sea en vano, que sirva para inspirarnos
y para nunca desmayar en defensa de nuestros derechos y de ellos
el primero: el derecho a la vida.
Necesario
es recordar que las agresiones han sido generalizadas: en el
2002 se produjeron 167. Se elevaron a 186 en el 2003 y en el
año 2004 alcanzaron la increíble cifra de 305,
para un total de 659 agresiones en apenas tres años,
según los datos recabados por Espacio Público,
IPYS y la Fundación Konrad Adenauer.
Tenemos
derecho a trabajar con seguridad, sin temor por nuestra integridad
física. Tenemos derecho a trabajar sin ser molestados,
sin que se nos despoje del material periodístico que
recogemos durante nuestra labor profesional, ni tampoco de nuestros
instrumentos de trabajo. Tenemos derecho a que se nos respete
y se nos tenga la debida consideración como personas
y como profesionales que cumplimos un rol fundamental en toda
sociedad democrática. Tenemos derecho a exigir que se
nos facilite nuestro trabajo y a que se respalde decididamente
nuestra labor de informar.
El pueblo
venezolano, ese mismo pueblo de cuyos sectores más humildes
venimos -sin excepción- quienes estamos aquí,
sabe que siempre hemos sido sus aliados, que hemos potenciado
sus reclamos y denunciado sus necesidades, que con él
hemos hecho causa común en los momentos de mayores dificultades
que ha atravesado nuestra patria; que vivimos de cerca el dolor
de nuestra gente en momentos de accidentes, de calamidades o
de tragedias naturales. Por ello repudiamos el discurso manipulador
que al mismo tiempo que nos estigmatiza como trabajadores y
por extensión a nuestros instrumentos de trabajo, nos
convierte deliberadamente en blanco de la violencia de los fanáticos,
de los sectarios, de los inconscientes.
Bien sabemos
que el periodismo es una profesión de alto riesgo, una
de las labores más peligrosas del mundo. No en balde
129 periodistas perdieron la vida trágicamente en el
2004 y más de 80 en el 2005. En ambos períodos
se produjeron casi 30 muertes trágicas en América
Latina. Y en lo que va de 2006 ya son ocho los asesinados, hay
uno desaparecido en Paraguay y un reportero acaba de perder
la vida en Colombia cuando cubría un desastre natural.
En total son diez los colegas afectados trágicamente
durante su labor en América Latina.
Cuando se
busca la razón de esas muertes en el mundo en años
recientes, encontramos que muchas se han producido en campos
de batalla, como la guerra de Irak, pero en otras se asoma la
mano siniestra de las mafias del narcotráfico, como ocurre
frecuentemente en México e inclusive en Venezuela, donde
cayó asesinado Mauro Marcano, cuyo crimen sigue impune,
de la corrupción o la violencia política, como
está ocurriendo actualmente en Nepal, donde hay más
de veinte periodistas detenidos.
En aquellas
sociedades radicalmente divididas por la controversia política
y donde no se hacen esfuerzos sinceros por la comprensión
y la tolerancia, el trabajo de los periodistas siempre incomoda
a alguien, nuestra labor se vuelve estorbosa, el fruto de nuestro
trabajo odioso, nuestra presencia inaceptable. Cuando los datos
que extraemos de la realidad no encajan en la visión,
la percepción o el interés de una parcialidad
política comenzamos a ser vistos con malos ojos y paulatinamente
va surgiendo la tentación de convertirnos en chivos expiatorios.
Mientras más recia es la confrontación, más
fuertes se vuelven los ataques contra los representantes de
la prensa.
Si eso es
así, si la naturaleza de nuestro trabajo es por definición
riesgosa, con más razón para oponernos y rechazar
de la manera más enérgica el discurso que potencia
y desborda ese riesgo y que definitivamente nos convierte en
blanco de la violencia y nos coloca, por tanto, en peligro de
muerte.
Por eso
considero que la seguridad de los periodistas, especialmente
de los reporteros gráficos, es un tema de absoluta prioridad
en nuestro país y, por lo tanto, para los gremios periodísticos,
especialmente el Círculo de Reporteros Gráficos
de Venezuela. Necesariamente los colegas reporteros tienen que
ser adiestrados para trabajar en entornos de violencia como
el que tenemos en Venezuela. Las normas de seguridad no son
una opción, son una prioridad absoluta.
Por eso
quisiera proponerles que el Círculo de Reporteros Gráficos
de Venezuela y concretamente este Secretariado, tome la iniciativa
de dirigirse a la Oficina Regional del Instituto Internacional
de Prensa (INSI) para que conjuntamente con la Oficina Regional
de la Federación Internacional de Periodistas (FIP) y
el SNTP se organice uno o más talleres de entrenamiento
como el que se realizó en Caracas el año pasado,
involucrando si es posible a las empresas periodísticas
del país y abriendo en la mayor medida posible la participación
a los colegas del interior. Sugiero que así se recoja
en la Declaración Final.
Hay muchos
temas sobre los cuales conversar: el futuro de los gremios de
la prensa, la realización de elecciones en el CNP y en
el SNTP, la reforma estatutaria en éste último,
pero no me quiero extender porque sé que el debate de
ustedes acá es variado, arduo y laborioso. Pienso que
estos organismos tienen que ir, conjuntamente, a una forma de
organización superior que involucre a las tres instancias
y que en un futuro podamos verlas, sin perder su individualidad,
su autonomía y libertad de acción en sus campos
específicos, conformando una gran Federación Nacional
de Periodistas de Venezuela.
También
quiero recalcarles el mensaje sobre la importancia de estar
cada vez más organizados y también más
unidos. De tener una organización cada vez más
eficiente y más útil, mejor preparada y con mayor
capacidad de respuesta y sé que esa es una preocupación
central de la dirigencia nacional y regional de este gremio.
Y esta reunión es un ejemplo. Es la única manera
como nuestro querido Círculo de Reporteros Gráficos
de Venezuela nos trascienda a todos los aquí presentes;
que en un futuro nuestras banderas sean recogidas por quienes
sigan nuestros pasos y que un día ellos también
se sientan orgullosos de nosotros así como hoy nos sentimos
de los fundadores y grandes maestros de la dignidad que hemos
tenido en los gremios periodísticos venezolanos.
Finalmente
quisiera sugerirles que este XX Secretariado Nacional del Círculo
de Reporteros Gráficos de Venezuela fuera bautizado con
el nombre de Jorge Aguirre, como homenaje póstumo a nuestro
compañero y una manera de demostrar que estamos dispuestos
a reclamar justicia y a luchar para que crímenes tan
abominables como el que se cometió en su persona no vuelvan
a repetirse en Venezuela.
Hoy toca
defender la dignidad del gremio. No tengan la menor duda que
la historia lo reconocerá y los reivindicará.
Muchas Gracias.
Gregorio
Salazar
07-05-06