P
alabras del Secretario general del SNTP, Gregorio Salazar,
ante el XX Secretariado General del CRGV, en Maracaibo,
del 21 al 22 de Abril de 2006.

Estimados compañeros: estoy plenamente consciente de que el ambiente de fraternidad y camaradería gremial que reina en este XX Secretariado Nacional del Círculo de Reporteros Gráficos de Venezuela me permitiría intervenir de manera improvisada ante ustedes para compartir algunas de la ideas sobre temas que me parecen son de necesario debate no solamente para el CRGV, sino también para todo el gremio periodístico venezolano.

Sin embargo, hoy prefiero consignar por escrito estas reflexiones porque quisiera que mis palabras no se las lleve el viento o, mejor dicho, el tiempo. Por el contrario, desearía que perduraran como testimonio de esta hora menguada, de los momentos terriblemente difíciles y dolorosos que vive el gremio periodístico venezolano desde hace más de seis largos años.

Es una realidad documentada y constatable que una avalancha de insultos, de agravios, de agresiones físicas, de amenazas legales y procesos judiciales ha caído sobre los periodistas venezolanos, sin distingos, es decir sobre quienes escriben y sobre quienes, como ustedes, recogen la realidad de manera gráfica o audiovisual. Somos un sector de la sociedad bajo acoso permanente y sistemático. Y, lo que es más grave, se nos quiere presentar como indolentes, como faltos de ética y como colocados de espaldas a los más sagrados intereses de nuestra patria y de nuestro pueblo. Nada de eso, por supuesto, es cierto y lo rechazamos de la manera más enérgica y contundente.

Alto ha sido el costo que hemos tenido que pagar los periodistas venezolanos en estos años. Pero ninguno comparado con la dolorosa cuota de sangre que se le ha cobrado, digo cobrado, arrebatado al valeroso gremio que tengo ante mi reunido, y que no son otros que ustedes, ojos del país y de nuestra historia, quienes dejan en registro indeleble, eslabonado instante tras instante, la memoria gráfica de los venezolanos. Me refiero al dignísimo Círculo de Reporteros Gráficos de Venezuela (CRGV).

Dos de los nuestros, de nuestro gremio, pero salidos del seno de ustedes, son hoy mártires del periodismo venezolano. Unamos nuestras voces para decir: ¡Honor y Gloria a nuestros compañeros Jorge Tortoza y Jorge Aguirre, recuerdo eterno a sus memorias!. Que su sacrificio no sea en vano, que sirva para inspirarnos y para nunca desmayar en defensa de nuestros derechos y de ellos el primero: el derecho a la vida.

Necesario es recordar que las agresiones han sido generalizadas: en el 2002 se produjeron 167. Se elevaron a 186 en el 2003 y en el año 2004 alcanzaron la increíble cifra de 305, para un total de 659 agresiones en apenas tres años, según los datos recabados por Espacio Público, IPYS y la Fundación Konrad Adenauer.

Tenemos derecho a trabajar con seguridad, sin temor por nuestra integridad física. Tenemos derecho a trabajar sin ser molestados, sin que se nos despoje del material periodístico que recogemos durante nuestra labor profesional, ni tampoco de nuestros instrumentos de trabajo. Tenemos derecho a que se nos respete y se nos tenga la debida consideración como personas y como profesionales que cumplimos un rol fundamental en toda sociedad democrática. Tenemos derecho a exigir que se nos facilite nuestro trabajo y a que se respalde decididamente nuestra labor de informar.

El pueblo venezolano, ese mismo pueblo de cuyos sectores más humildes venimos -sin excepción- quienes estamos aquí, sabe que siempre hemos sido sus aliados, que hemos potenciado sus reclamos y denunciado sus necesidades, que con él hemos hecho causa común en los momentos de mayores dificultades que ha atravesado nuestra patria; que vivimos de cerca el dolor de nuestra gente en momentos de accidentes, de calamidades o de tragedias naturales. Por ello repudiamos el discurso manipulador que al mismo tiempo que nos estigmatiza como trabajadores y por extensión a nuestros instrumentos de trabajo, nos convierte deliberadamente en blanco de la violencia de los fanáticos, de los sectarios, de los inconscientes.

Bien sabemos que el periodismo es una profesión de alto riesgo, una de las labores más peligrosas del mundo. No en balde 129 periodistas perdieron la vida trágicamente en el 2004 y más de 80 en el 2005. En ambos períodos se produjeron casi 30 muertes trágicas en América Latina. Y en lo que va de 2006 ya son ocho los asesinados, hay uno desaparecido en Paraguay y un reportero acaba de perder la vida en Colombia cuando cubría un desastre natural. En total son diez los colegas afectados trágicamente durante su labor en América Latina.

Cuando se busca la razón de esas muertes en el mundo en años recientes, encontramos que muchas se han producido en campos de batalla, como la guerra de Irak, pero en otras se asoma la mano siniestra de las mafias del narcotráfico, como ocurre frecuentemente en México e inclusive en Venezuela, donde cayó asesinado Mauro Marcano, cuyo crimen sigue impune, de la corrupción o la violencia política, como está ocurriendo actualmente en Nepal, donde hay más de veinte periodistas detenidos.

En aquellas sociedades radicalmente divididas por la controversia política y donde no se hacen esfuerzos sinceros por la comprensión y la tolerancia, el trabajo de los periodistas siempre incomoda a alguien, nuestra labor se vuelve estorbosa, el fruto de nuestro trabajo odioso, nuestra presencia inaceptable. Cuando los datos que extraemos de la realidad no encajan en la visión, la percepción o el interés de una parcialidad política comenzamos a ser vistos con malos ojos y paulatinamente va surgiendo la tentación de convertirnos en chivos expiatorios. Mientras más recia es la confrontación, más fuertes se vuelven los ataques contra los representantes de la prensa.

Si eso es así, si la naturaleza de nuestro trabajo es por definición riesgosa, con más razón para oponernos y rechazar de la manera más enérgica el discurso que potencia y desborda ese riesgo y que definitivamente nos convierte en blanco de la violencia y nos coloca, por tanto, en peligro de muerte.

Por eso considero que la seguridad de los periodistas, especialmente de los reporteros gráficos, es un tema de absoluta prioridad en nuestro país y, por lo tanto, para los gremios periodísticos, especialmente el Círculo de Reporteros Gráficos de Venezuela. Necesariamente los colegas reporteros tienen que ser adiestrados para trabajar en entornos de violencia como el que tenemos en Venezuela. Las normas de seguridad no son una opción, son una prioridad absoluta.

Por eso quisiera proponerles que el Círculo de Reporteros Gráficos de Venezuela y concretamente este Secretariado, tome la iniciativa de dirigirse a la Oficina Regional del Instituto Internacional de Prensa (INSI) para que conjuntamente con la Oficina Regional de la Federación Internacional de Periodistas (FIP) y el SNTP se organice uno o más talleres de entrenamiento como el que se realizó en Caracas el año pasado, involucrando si es posible a las empresas periodísticas del país y abriendo en la mayor medida posible la participación a los colegas del interior. Sugiero que así se recoja en la Declaración Final.

Hay muchos temas sobre los cuales conversar: el futuro de los gremios de la prensa, la realización de elecciones en el CNP y en el SNTP, la reforma estatutaria en éste último, pero no me quiero extender porque sé que el debate de ustedes acá es variado, arduo y laborioso. Pienso que estos organismos tienen que ir, conjuntamente, a una forma de organización superior que involucre a las tres instancias y que en un futuro podamos verlas, sin perder su individualidad, su autonomía y libertad de acción en sus campos específicos, conformando una gran Federación Nacional de Periodistas de Venezuela.

También quiero recalcarles el mensaje sobre la importancia de estar cada vez más organizados y también más unidos. De tener una organización cada vez más eficiente y más útil, mejor preparada y con mayor capacidad de respuesta y sé que esa es una preocupación central de la dirigencia nacional y regional de este gremio. Y esta reunión es un ejemplo. Es la única manera como nuestro querido Círculo de Reporteros Gráficos de Venezuela nos trascienda a todos los aquí presentes; que en un futuro nuestras banderas sean recogidas por quienes sigan nuestros pasos y que un día ellos también se sientan orgullosos de nosotros así como hoy nos sentimos de los fundadores y grandes maestros de la dignidad que hemos tenido en los gremios periodísticos venezolanos.

Finalmente quisiera sugerirles que este XX Secretariado Nacional del Círculo de Reporteros Gráficos de Venezuela fuera bautizado con el nombre de Jorge Aguirre, como homenaje póstumo a nuestro compañero y una manera de demostrar que estamos dispuestos a reclamar justicia y a luchar para que crímenes tan abominables como el que se cometió en su persona no vuelvan a repetirse en Venezuela.

Hoy toca defender la dignidad del gremio. No tengan la menor duda que la historia lo reconocerá y los reivindicará.

Muchas Gracias.

Gregorio Salazar


07-05-06

 

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