El periodismo siempre burla las trabas que le pone el poder

Los periodistas Fernando Cárdenas, chileno radicado en Colombia, y Jorge González, colombiano, acaban de publicar con Ediciones B Los watergates latinos, libro que documenta en clave de crónica todos aquellos casos al sur del Río Grande en los que la prensa ha desempeñado debidamente su papel, al poner al descubierto el entramado de ilícitos que parece estar siempre detrás del poder.

Los casos de siete países latinoamericanos aparecen reseñados en el libro Siete países latinoamericanos aparecen en las páginas de Los watergates latinos por una coincidencia fatal. Quizás un atavismo de la cultura hispánica, o algo irremediable de la condición humana, la corrupción gubernamental tiene en Hispanoamérica expresiones insólitas.

No obstante, esta tara tiene un antídoto ocasional, a veces, implacable:el periodismo de investigación.

Fernando Cárdenas (FC) y Jorge González (JG), autores del libro —en el que se documenta todos aquellos casos de la región en los que la prensa ha dejado al descubierto los ilícitos que, al parecer, siempre acompañan el poder—, vinieron a Venezuela a buscar el caso que calzara mejor a su línea de investigación: gobernantes que han caído luego de un escándalo.

La salida del poder de Carlos Andrés Pérez aparecía cantada para sus propósitos. Paradójicamente, quien estuvo del lado del periodismo esa vez, ahora está al otro lado del tenso cable que tiene en un extremo a la prensa y en el otro el gobierno. El vicepresidente José Vicente Rangel fue el que, a través de su columna en El Universal, dio las primeras pistas del mal uso de la partida secreta, hace más de 10 años.

—¿Llegaron a entrevistar a José Vicente Rangel?

—JG: En el caso venezolano hicimos la reconstrucción de los hechos a partir del testimonio de las personas que trabajaron con él en El Universal. Amén de ser columnista de ese diario, a partir del caso de la partida secreta, se convirtió en el director de facto de un equipo de investigación. Así tuvo acceso al gran compromiso que el entonces presidente Carlos Andrés Pérez con el desvío de dineros de esa cuenta reservada. A Rangel le ocurrió lo que nos ocurre mucho a los colombianos. Aquí, generalmente, no aprovechamos los instrumentos que nos da la legislación. A pesar de que había aparecido en Gaceta Oficial el destino que se le había dado a ese dinero, nadie había reparado en que allí había un hecho punible.

Una suerte de “garganta profunda” le escribe al periódico y así es que Rangel cae en cuenta de la presunta malversación. Esta persona le da ciertos indicios para que el columnista avanzara más en el escrutinio del caso. Y lo primero que hace es consultar la Gaceta. Rangel, entonces, supo aprovechar la letra menuda en la que casi nunca nadie repara.

—¿Llegaron a contactar a la “garganta profunda” en el caso de la partida secreta?

—JG: Sí, pero hubo una solicitud expresa para que su nombre no apareciera, por las consecuencias que, aun pasado tanto tiempo, podría acarrearle.

—FC: En casi todos los casos llegamos a tocar la fibra de la investigación.

Pero pasa que por ejemplo en Perú había el Plan Octavio para acallar a los periodistas. En otros países, por solicitud expresa de los informantes, nos reservamos su identidad. Tenemos cantidad de cosas off the récord, pero hay también un sigilo que ellos jamás quisieran romper. Hay algo que ocurre también en estos casos. Varios de estos escándalos comienzan con información que llega a las redacciones en forma anónima.

—¿Es una constante de todos los casos que tratan en el libro que haya un informante anónimo al estilo de “garganta profunda” y de ahí el título?

—FC: No exactamente. El hilo conductor que inspira el título del libro es que una investigación periodística a través de los medios logra la destitución de un gobernante.

Aunque en el caso de Costa Rica, el ex presidente Rodríguez ya estaba en la OEA cuando lo arrestaron.

O sea que no era un presidente en ejercicio, pero sí un funcionario de la más alta jerarquía internacional.

—JG: Yo añadiría algo a lo que está diciendo Fernando. No en todos los casos hubo “gargantas profundas”. Yo destacaría Nicaragua, Costa Rica y Argentina, particularmente.

En estos casos hubo un gran sentido de pesquisa de parte de los periodistas. Por ejemplo, en Argentina, el supuesto suicidio de Lourdes Di Natale, ex asistente de Emir Yoma, hombre fuerte del régimen de Menem; la voladura de la Base Militar de Río Tercero y el siniestro del helicóptero donde murió parte de la oficialidad argentina comprometida con el tráfico de armas, demuestran que el empeño del conato investigador de los medios argentinos fue muy grande.

—FC: Nosotros elegimos seis casos representativos. Los de México y Venezuela, al momento de hacer el libro, ya tenían más de 10 años de haber ocurrido, entonces tuvimos que desempolvarlos.

Los otros casos son más recientes.

Éstos tienen la ventaja de que añaden la riqueza de la actualidad.

Cuando nosotros fuimos a reportear, estaban las primeras páginas con los casos que estábamos investigando.

Además, añadimos el caso ecuatoriano, el de Lucio Gutiérrez, que no cayó precisamente producto de una investigación periodística, sino que está caracterizado por un hecho anecdótico: una radio fue la que lo tumbó. Una radio que movilizó a las masas para salieran a marchar contra Lucio. La gente llegó hasta puertas de palacio y obligaron a Lucio Gutiérrez a salir en un helicóptero del país.

—¿Fue como el 11 de abril de 2002 en Caracas?

—FC: Es diferente porque en Ecuador se trataba de una radio pobre al mando de un director un poco excéntrico. En cambio que en Caracas se trataba de las cabezas de medios poderosos, las que estaban detrás de la movilización.

—¿Qué llaman el conato investigador?

—FC: Es el ejercicio de saber concatenar una serie de pruebas y contrastarlas para llegar a eso que a veces llamamos la verdad.

La voluntad de los poderes

Desde luego que en periodismo no se puede hablar de verdad como en filosofía. El periodismo debe referir una verdad factual. Para juzgar esos hechos y actuar en consecuencia están los poderes, que no siempre están del lado de la justicia.

En los casos examinados por Cárdenas y González, los funcionarios tomaron las decisiones adecuadas para dar lugar a un sentido de justicia. Desde luego que el ex presidente Pérez incurrió en un ilícito, la malversación, para el que está estipulada una pena. Pero no sólo fue fundamental la acción del periodismo, sino la voluntad de los poderes de castigar a este reo. De no haber existido esa voluntad de los poderes sumada al consenso de una sociedad que quería salir de un presidente que la había defraudado, no habría pasado nada. No era la primera vez que se destapaba un escándalo de corrupción en mitad de un gobierno. Actualmente hay casos de corrupción a la orden del día que los medios denuncian sin ningún correlato en el poder público.

“En todo caso, la salida del poder de Carlos Andrés Pérez no hubiese sido posible sin la acción de los medios”, insiste al respecto Jorge González. Cárdenas agrega: “Yo lo contextualizo de la siguiente manera: si el Congreso de Estados Unidos, si la clase política estadounidense no hubiese reaccionado a las pruebas presentadas sobre espionaje telefónico en la sede del partido demócrata, tampoco hubiese salido Nixon del poder. Si el Poder Judicial en Costa Rica no hubiera actuado frente a las denuncias del periódico La Nación de San José, tampoco se hubiese logrado que dos dignatarios fuesen a la cárcel. ¿Qué quiero decir con esto? Jorge y yo no estamos de acuerdo con que los periodistas se transformen en jueces.


Lo que estamos diciendo es que hay un papel de la prensa que destacar en América Latina por sus deficiencias, por su improvisación, para que sean la punta de lanza frente a lo que tienen que hacer los poderes”.

“Pese a lo que ocurre en países como el suyo —ilustra González—, donde un congreso mayoritariamente chavista aprobó una ley mordaza para tratar de acallar a los medios, independientemente de eso, se debe continuar actuando con rigor ético desde la prensa”.

—¿Ustedes creen que el periodismo siempre encuentra subterfugios a las legislaciones represivas como es el caso de la llamada ley mordaza en Venezuela?

—FC: Eso está en todo el libro: cómo el periodismo burla las trabas, las talanqueras que le pone el poder.

—JG: En el Perú de Fujimori todo tenía carácter de secreto de Estado, hasta los actos más rutinarios de la administración pública. Sin embargo, la prensa logró penetrar ese mundo hermético.

—FC: En el México del PRI, en la época de Salinas de Gortari, la pauta publicitaria del gobierno era la dueña de los medios. En Nicaragua, el poder judicial estaba repartido entre los sandinistas y los liberales de Arnoldo Alemán, los jueces, no obstante, en un acto de valentía, de probidad y una necesidad de hacer justicia, por decirlo de algún modo, filtraban información a la prensa.

Chávez, por ahora, no

—¿Ustedes han estudiado la situación entre la prensa y el Gobierno últimamente en Venezuela?

—JG: La preparación del libro estuvo mediada por circunstancias éticas y políticas que se dan en la Venezuela contemporánea.

Fue un debate constante que mantuvimos mientras hacíamos el libro. Lo de Ecuador pasó mientras lo escribíamos. Y Venezuela estuvo políticamente muy agitada mientras nosotros hacíamos el texto. Justo después del referéndum empezamos a hacer la investigación. Fue muy difícil tomar la decisión de qué fue lo ocurrió con Chávez, porque él estaba todavía en el poder. Hay una verdad sencilla y es que Chávez no fue derrocado técnicamente.

Estuvo sólo unas horas fuera del poder. Nosotros preferimos trabajar con aquellos casos en que la salida del poder fue definitiva.

—FC: El 11 de abril de 2002 es un caso que podíamos haber tratado, pero fíjate que Chávez está en el poder, tiene un amplio apoyo ciudadano.

Además, lamentablemente, en el caso de ese episodio en particular, el juicio resultaría adverso al papel desempeñado por la prensa. Y a nosotros nos interesaban los ejercicios periodísticos que tuvieron rigor y un final feliz. La prensa no tiene que ser necesariamente opositora, tiene que ser objetiva. Y la prensa, en ese momento, en Venezuela tuvo un papel que fue más allá del periodismo. Vi un documental en el que muestran la marcha opositora, transmitida a través de los medios privados, y en la pantalla se puede ver el news board con la frase “Ni un paso atrás”.

Estaban liderando la marcha. Eso pasó en Ecuador también, pero desde otro punto de vista. De cualquier modo, Venezuela nos interesa a ambos sobremanera.

—JG: Y la respuesta a ese periodismo militante, como es el caso de Patricia Poleo, ha sido involucrarla en un crimen de Estado. Fernando y yo veremos con mucho interés lo que va hacer la prensa venezolana de ahora en adelante con el caso Danilo Anderson. Esperamos que en la prensa venezolana sepan decirle más temprano que tarde al presidente Chávez y a su vicepresidente que ya están hartos de escuchar el cuento del gallo pelón.

21-05-06

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