Fuera
de prisión, Judith Miller en un discurso ante periodistas,
no sólo defendió su decisión de ir a la
cárcel para evitar poner en peligro a sus fuentes, sino
que además señaló que en Estados Unidos
se está vulnerando la libertad que tiene el pueblo de
hablar a la prensa sin tener problemas.
Sólo después de anunciar que I.
Lewis Libby, jefe del gabinete del vicepresidente Dick Cheney,
la autorizó a revelar la identidad de la agente encubierta
de la CIA Valerie Plame, y de aceptar colaborar con la investigación,
Judith Miller fue liberada, después de 3 meses.
Tanto el editor Edward Seaton -antiguo presidente
de la Sociedad de Editores de Periódicos de Estados Unidos
y responsable de la cadena Seaton Newspapers- como el antiguo
presidente de AP, Tony Pederson, se pronunciaron el pasado viernes
en la LXI Asamblea General de la Sociedad Interamericana de
Prensa (SIP), señalando que el caso Millar es una vergüenza
para los Estados Unidos “por ser uno de los choques legales
más serios entre la prensa y el gobierno.
“La
administración Bush ha operado con más secretismo
que ningún otro gobierno que yo he conocido", dijo
Pederson quien ya ha expresado su preocupación por los
efectos sobre la libertad de información en Estados Unidos
de esta tendencia.
¿Cómo
llegó Miller al caso?
Valerie Plame es la esposa del ex embajador
Joseph Wilson, quien en julio de 2003 contradijo las versiones
del gobierno de George W. Bush, según las cuales Irak
había intentado comprar uranio de Níger.
Wilson, quien había investigado esas
aseveraciones, acusó al gobierno de "torcer"
la evidencia para exagerar la amenaza iraquí, y así
justificar la invasión.
Se cree que altos funcionarios del gobierno
habrían entonces filtrado detalles sobre la profesión
secreta de Valerie Plame a seis periodistas de Washington, en
un intento de socavar a Wilson.
La historia causó un revuelo político
cuando surgió que la CIA le había pedido al Departamento
de Justicia que investigara la filtración.
El columnista y comentarista de la CNN, Robert
Novak, fue el primero en sacar a la luz que Plame era una agente
de la CIA.
Judith Miller, periodista del New York Times,
entra en el juego por entrevistarse con fuentes relacionadas
al caso -aunque nunca publicó ninguna nota al respecto-,
y por ello es citada para declarar ante el fiscal Patrick Fitzgerald,
bajo amenaza de prisión si no revelaba sus fuentes.
"Los
periodistas no tienen el derecho de prometer confidencialidad
-nadie en Estados Unidos tiene ese derecho", escribió
en documentos judiciales el fiscal Fitzgerald, quien hasta el
momento no ha concluido la investigación de este caso
que pone en el tapete el debate sobre la libertad de prensa
en Estados Unidos.
06-11-05