Esta
carta pública es un ejercicio necesario, tardío
tal vez, pero necesario al fin.
A mediados
de marzo de este año viajé desde Argentina a Venezuela
con el objetivo de observar y ser partícipe (si es que
acaso fuera posible) del proceso revolucionario que se está
desarrollando en el país.
A las 3
semanas de haber llegado, Guillermo García Ponce (GGP)
me dio la posibilidad de trabajar en el diario VEA, posibilidad
que agradezco públicamente.
En virtud
de la significación que el diario VEA tiene para el pueblo
venezolano, y en especial para el pueblo revolucionario de esta
tierra, considero necesario emitir esta carta.
Entiendo
el uso y la manipulación que sectores de la oposición
puedan hacer de ella, pero existe algo mucho más importante
que la oposición venezolana, eso que mi compatriota Ernesto
Guevara llamaba la “verdad revolucionaria”.
Estas líneas
tienen como objetivo prender una luz de alarma sobre la situación
imperante en el diario VEA, y se hacen públicas –insisto-
porque VEA es un proyecto fundamental dentro de este proceso.
Durante
las últimas semanas los trabajadores del diario VEA firmaron
un Convenio Colectivo de Trabajo (CCT).
Según
informó GGP, el CCT iba ser discutido por los trabajadores
para que cada uno pueda hacer los aportes que considerará
correspondientes.
El CCT establece
la escala salarial de los empleados, la que indica que un diagramador
graduado obtiene 750 mil bolívares por cada mes trabajado,
un diagramador no graduado 600 mil y un reportero graduado 500
mil, lo que pone de manifiesto la falta de respeto y consideración
de GGP hacia los profesionales que colaboran en la elaboración
del periódico.
Mi crítica
no se basa en los montos –la observación sobre
los montos la haré a continuación-, se basa en
la valoración profesional y humana. Todos deberían
ganar lo mismo, sean 400, 500 o 1 millón de bolívares.
Cuando ingresé
a trabajar en el diario GGP me avisó que los sueldos
eran muy bajos y yo acepté porque necesitaba el trabajo,
por la experiencia que iba a significar para mí, humana
y profesionalmente y porque además era un medio que estaba
comprometido con la revolución.
GGP proyecta crear un multimedio que incluye la nueva rotativa,
una editorial y un canal de televisión. Para construir
ese aparato son necesarias grandísimas cantidades de
dinero.
Ahora bien,
una cosa es pagar sueldos bajos porque no se tienen los medios
para mejorarlos, y otra muy distinta es construir un multimedio
basándose en la explotación de los trabajadores.
El discurso
oficial explica que quien es un trabajador del diario tiene
que estar comprometido con la revolución, que la revolución
no es para enriquecerse, y que los trabajadores deben hacer
un esfuerzo en pos de construir el soporte mediático
que la revolución necesita.
Pero ningún venezolano que tenga hijos que alimentar
o una familia que mantener puede pensar que se va a enriquecer
ganando, por ejemplo, 1 millón de bolívares. La
revolución tiene que servir para que la gente viva mejor,
no para pasar penurias mientras construimos un imperio mediático.
La primera
imagen que me viene a la mente es la de un Mc Donals con bandera
roja. Si hay que pasar penurias, las pasamos porque estamos
convencidos de lo que creemos y de por qué luchamos,
pero si tenemos la posibilidad de dignificar la vida de nuestros
trabajadores y elegimos no hacerlo, el paradigma revolucionario
se desvanece.
GGP mintió, el CCT nunca se discutió y los trabajadores
fueron presionados para firmarlo.
En lo particular,
no firmé el convenio porque no lo había leído.
GGP, que había afirmado que quien no quisiera refrendarlo
era libre de hacerlo, me hizo la cruz.
Cuando le
expliqué que no lo había firmado porque no lo
había leído, en lugar de ofrecérmelo para
que lo hiciera, argumentó que se había decepcionado
conmigo porque cuando él me contrató no me pidió
ningún papel ni ninguna explicación sobre quién
era, y que entonces como gesto de confianza yo lo debería
haber firmado.
Es una forma
de ver las cosas, yo tengo otra. Cuando firmo algo quiero leer
de qué se trata, no me importa si me lo da GGP, el vecino
de la esquina, Hugo Chávez, el Che Guevara o mi madre.
Simplemente si firmo algo quiero ver lo que firmo.
En lo que
a mí concierne, trataré de no tener el descaro
de exigirle a alguien que me firme algo en blanco, por más
favores que pueda deberme esa persona, de otra manera será
que tengo algo que ocultar.
A partir de ese momento comenzó mi etapa de defunción
dentro del diario, todas las fuentes quitadas.
Pero las
mentiras no terminan ahí. Esta el caso de la compañera
Torres Ramírez Lila, quien acudió junto a las
autoridades del diario a la Inspectoría del Trabajo como
representante de los trabajadores.
GGP afirmó en una reunión de redacción
que la representación de la compañera había
sido discutida con todos los trabajadores del diario menos con
los de la redacción, porque había gente en la
redacción que apenas se enteraba de algo iba a contárselo
a la gente del Sindicato Nacional de Trabajadores de Prensa
(SNTP).
¿Cuál
es el inconveniente en que el SNTP se entere de quién
es el representante de los trabajadores de VEA?
La realidad
es que esta compañera no tiene la representación
de los trabajadores y que es mentira que todo el resto de los
trabajadores fueron consultados, mucho menos que la hayan elegido.
Como premio
por su accionar, a la compañera le fue anunciado un incremento
en sus haberes, lo que constituye una acción absolutamente
paternalista que no tiene ningún viso de revolucionaria,
por ningún lugar por donde se la mire.
Lo que debería
haber hecho GGP es hacer una copia del CCT por cada trabajador,
repartirla, escuchar las propuestas de los trabajadores y luego
negociar y proceder a la firma. En lugar de eso, únicamente
leyó el CCT ante la redacción, y luego argumentó
que el SNTP estaba atentando contra el diario. Bajo ese pretexto
terminó presionando a los trabajadores para que firmen.
El CCT nunca
fue discutido por el plantel de periodistas del diario.
El día que me expulsaron del diario acudí a las
oficinas del Sindicato Nacional de Trabajadores de Prensa, tuve
la necesidad de acudir antelos “sindicaleros” (así
los denomina GGP) para asesorarme acerca de cómo debía
actuar.
Bueno sería
que los trabajadores de un diario revolucionario no necesiten
reclamar sus derechos en ningún sindicato que no está
identificado plenamente con el proceso revolucionario.
Pero mejor
sería que un diario revolucionario no consumara las mismas
bajezas del capitalismo salvaje que declama combatir.
GGP colma de argumentos al SNTP.
Hechos como
estos le hacen mucho daño al proceso revolucionario y
nos deben llevar a una reflexión necesaria sobre hacia
dónde se está yendo y qué es lo que se
está construyendo.
GGP dice
que tiene que construir el capital humano de VEA y que eso le
llevará muchos años. Yo estoy convencido que ningún
capital humano puede construirse basándose en la falta
de respeto, la desconsideración, la injusticia, la mentira
y la arbitrariedad.
GGP podrá argumentar que habló ahora porque me
expulsó del diario, podrá decir que soy un pésimo
profesional, y a lo mejor tenga razón.
Lo que no está en condiciones de hacer es rebatir mis
argumentos, no puede hacerlo sin reincidir en las mentiras o
en la manipulación.
Soy un hombre
de 29 años, cargado de incertidumbres y portador de algunas
certezas fundamentales.
Esta carta
engloba algunas de esas certezas, la Revolución y el
pueblo venezolano se merecen que quienes tienen una responsabilidad
en la construcción de este proceso estén a la
altura de las circunstancias y sean coherentes con las necesidades
que tiene el país, de otra manera repetimos la historia
y no se construye nada distinto.
No puede
haber ninguna revolución sin seres humanos cargados de
amor humanista y revolucionario.
Ningún
pergamino alcanza, la práctica revolucionaria, y ya ni
siquiera revolucionaria, sino humana, debemos demostrarla hasta
el último día de nuestras vidas, de otra manera
nos traicionamos a nosotros mismos.
Demasiados kilómetros he viajado y demasiadas cosas he
perdido, como para no ejercer este mínimo acto de coherencia
y dignidad que el momento me impone.
Aquí
está mi verdad revolucionaria.
¡Hasta
la Victoria Siempre!
¡Venceremos!