Carta de un trabajador

(Por Andrés Sal-Ari, despedido del Diario VEA)

 

Esta carta pública es un ejercicio necesario, tardío tal vez, pero necesario al fin.

A mediados de marzo de este año viajé desde Argentina a Venezuela con el objetivo de observar y ser partícipe (si es que acaso fuera posible) del proceso revolucionario que se está desarrollando en el país.

A las 3 semanas de haber llegado, Guillermo García Ponce (GGP) me dio la posibilidad de trabajar en el diario VEA, posibilidad que agradezco públicamente.

En virtud de la significación que el diario VEA tiene para el pueblo venezolano, y en especial para el pueblo revolucionario de esta tierra, considero necesario emitir esta carta.

Entiendo el uso y la manipulación que sectores de la oposición puedan hacer de ella, pero existe algo mucho más importante que la oposición venezolana, eso que mi compatriota Ernesto Guevara llamaba la “verdad revolucionaria”.

Estas líneas tienen como objetivo prender una luz de alarma sobre la situación imperante en el diario VEA, y se hacen públicas –insisto- porque VEA es un proyecto fundamental dentro de este proceso.

Durante las últimas semanas los trabajadores del diario VEA firmaron un Convenio Colectivo de Trabajo (CCT).

Según informó GGP, el CCT iba ser discutido por los trabajadores para que cada uno pueda hacer los aportes que considerará correspondientes.

El CCT establece la escala salarial de los empleados, la que indica que un diagramador graduado obtiene 750 mil bolívares por cada mes trabajado, un diagramador no graduado 600 mil y un reportero graduado 500 mil, lo que pone de manifiesto la falta de respeto y consideración de GGP hacia los profesionales que colaboran en la elaboración del periódico.

Mi crítica no se basa en los montos –la observación sobre los montos la haré a continuación-, se basa en la valoración profesional y humana. Todos deberían ganar lo mismo, sean 400, 500 o 1 millón de bolívares.

Cuando ingresé a trabajar en el diario GGP me avisó que los sueldos eran muy bajos y yo acepté porque necesitaba el trabajo, por la experiencia que iba a significar para mí, humana y profesionalmente y porque además era un medio que estaba comprometido con la revolución.
GGP proyecta crear un multimedio que incluye la nueva rotativa, una editorial y un canal de televisión. Para construir ese aparato son necesarias grandísimas cantidades de dinero.

Ahora bien, una cosa es pagar sueldos bajos porque no se tienen los medios para mejorarlos, y otra muy distinta es construir un multimedio basándose en la explotación de los trabajadores.

El discurso oficial explica que quien es un trabajador del diario tiene que estar comprometido con la revolución, que la revolución no es para enriquecerse, y que los trabajadores deben hacer un esfuerzo en pos de construir el soporte mediático que la revolución necesita.
Pero ningún venezolano que tenga hijos que alimentar o una familia que mantener puede pensar que se va a enriquecer ganando, por ejemplo, 1 millón de bolívares. La revolución tiene que servir para que la gente viva mejor, no para pasar penurias mientras construimos un imperio mediático.

La primera imagen que me viene a la mente es la de un Mc Donals con bandera roja. Si hay que pasar penurias, las pasamos porque estamos convencidos de lo que creemos y de por qué luchamos, pero si tenemos la posibilidad de dignificar la vida de nuestros trabajadores y elegimos no hacerlo, el paradigma revolucionario se desvanece.
GGP mintió, el CCT nunca se discutió y los trabajadores fueron presionados para firmarlo.

En lo particular, no firmé el convenio porque no lo había leído. GGP, que había afirmado que quien no quisiera refrendarlo era libre de hacerlo, me hizo la cruz.

Cuando le expliqué que no lo había firmado porque no lo había leído, en lugar de ofrecérmelo para que lo hiciera, argumentó que se había decepcionado conmigo porque cuando él me contrató no me pidió ningún papel ni ninguna explicación sobre quién era, y que entonces como gesto de confianza yo lo debería haber firmado.

Es una forma de ver las cosas, yo tengo otra. Cuando firmo algo quiero leer de qué se trata, no me importa si me lo da GGP, el vecino de la esquina, Hugo Chávez, el Che Guevara o mi madre. Simplemente si firmo algo quiero ver lo que firmo.

En lo que a mí concierne, trataré de no tener el descaro de exigirle a alguien que me firme algo en blanco, por más favores que pueda deberme esa persona, de otra manera será que tengo algo que ocultar.
A partir de ese momento comenzó mi etapa de defunción dentro del diario, todas las fuentes quitadas.

Pero las mentiras no terminan ahí. Esta el caso de la compañera Torres Ramírez Lila, quien acudió junto a las autoridades del diario a la Inspectoría del Trabajo como representante de los trabajadores.
GGP afirmó en una reunión de redacción que la representación de la compañera había sido discutida con todos los trabajadores del diario menos con los de la redacción, porque había gente en la redacción que apenas se enteraba de algo iba a contárselo a la gente del Sindicato Nacional de Trabajadores de Prensa (SNTP).

¿Cuál es el inconveniente en que el SNTP se entere de quién es el representante de los trabajadores de VEA?

La realidad es que esta compañera no tiene la representación de los trabajadores y que es mentira que todo el resto de los trabajadores fueron consultados, mucho menos que la hayan elegido.

Como premio por su accionar, a la compañera le fue anunciado un incremento en sus haberes, lo que constituye una acción absolutamente paternalista que no tiene ningún viso de revolucionaria, por ningún lugar por donde se la mire.

Lo que debería haber hecho GGP es hacer una copia del CCT por cada trabajador, repartirla, escuchar las propuestas de los trabajadores y luego negociar y proceder a la firma. En lugar de eso, únicamente leyó el CCT ante la redacción, y luego argumentó que el SNTP estaba atentando contra el diario. Bajo ese pretexto terminó presionando a los trabajadores para que firmen.

El CCT nunca fue discutido por el plantel de periodistas del diario.
El día que me expulsaron del diario acudí a las oficinas del Sindicato Nacional de Trabajadores de Prensa, tuve la necesidad de acudir antelos “sindicaleros” (así los denomina GGP) para asesorarme acerca de cómo debía actuar.

Bueno sería que los trabajadores de un diario revolucionario no necesiten reclamar sus derechos en ningún sindicato que no está identificado plenamente con el proceso revolucionario.

Pero mejor sería que un diario revolucionario no consumara las mismas bajezas del capitalismo salvaje que declama combatir.
GGP colma de argumentos al SNTP.

Hechos como estos le hacen mucho daño al proceso revolucionario y nos deben llevar a una reflexión necesaria sobre hacia dónde se está yendo y qué es lo que se está construyendo.

GGP dice que tiene que construir el capital humano de VEA y que eso le llevará muchos años. Yo estoy convencido que ningún capital humano puede construirse basándose en la falta de respeto, la desconsideración, la injusticia, la mentira y la arbitrariedad.

GGP podrá argumentar que habló ahora porque me expulsó del diario, podrá decir que soy un pésimo profesional, y a lo mejor tenga razón.

Lo que no está en condiciones de hacer es rebatir mis argumentos, no puede hacerlo sin reincidir en las mentiras o en la manipulación.

Soy un hombre de 29 años, cargado de incertidumbres y portador de algunas certezas fundamentales.

Esta carta engloba algunas de esas certezas, la Revolución y el pueblo venezolano se merecen que quienes tienen una responsabilidad en la construcción de este proceso estén a la altura de las circunstancias y sean coherentes con las necesidades que tiene el país, de otra manera repetimos la historia y no se construye nada distinto.

No puede haber ninguna revolución sin seres humanos cargados de amor humanista y revolucionario.

Ningún pergamino alcanza, la práctica revolucionaria, y ya ni siquiera revolucionaria, sino humana, debemos demostrarla hasta el último día de nuestras vidas, de otra manera nos traicionamos a nosotros mismos.
Demasiados kilómetros he viajado y demasiadas cosas he perdido, como para no ejercer este mínimo acto de coherencia y dignidad que el momento me impone.

Aquí está mi verdad revolucionaria.

¡Hasta la Victoria Siempre!

¡Venceremos!

25-09-05

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